PERSONAJES NACIONALES DE MÉXICO

 

VENUSTIANO CARRANZA EN SINALOA

 

Los revolucionarios en la capital.— Una fajina de aristócratas.— Visita de Carranza a Culiacán.— Reconocimiento oficial de Riveras.— El cañonero “Tampico” se une a la Revolución.— El coronel Gregorio Osuna reconoce al gobierno constitucionalista.— Combate entre “El Tampico” y el “Guerrero”, en Punta de Copas.— Obregón visita el cañonero “Tampico”.—Primer combate aéreo del biplano “Sonora”.— Ascensos a los marinos del “Tampico”.— La muerte de Antonio M. Franco.— Mensaje del general Téllez.— Obregón ordeno dinamitar el cañonero “Morelos”— Sitio de Mazatlán.— Un combate naval.—El suicidio de Hilario Rodríguez Malpica.— Comportamiento de los marinos del cañonero “General Guerrero”.

La plaza de Culiacán cayó en poder de los revolucionarios el día 14 de noviembre de 1913.

Por órdenes del general Hill, al día siguiente una escolta de 50 soldados de la tropa del coronel Gaxiola, al mando directo de los mayores Braulio R. Calderas y Ernesto Velázquez (a) “El Chilero” y del teniente Tránsito Duarte, sacó de la cárcel púbica a un grupo de vecinos que habían sido aprehendidos, acusados de colaborar y de servir al gobierno de Huerta; fueron organizados en fajina y obligados a barrer las calles de la ciudad, entre éstos figuraban: Severiano y Juan Tamayo, Francisco B. Rojo e hijos, Gerardo Sisniega, Emilio del Corte, Juan Avilés, Luis R. Izabal, Donaciano Martínez, Teclo Osuna, Pedro P. Villaverde y otros más.

La aristocrática fajina hizo su labor mientras una banda de música (“La Tambora”) tocaba algunas piezas como “El Guango”, “A qué mis tiempos”, “El Toro”, “El Cuervo”, “El Coyote”, “El Tecolote”, “La Culebra Huevera”, “La Reventada”, “La Barrigona”, “El Quelite” y muchas otras.

Al estar haciendo la limpieza de las calles —informa el teniente Duarte— se aproximó a la fajina el general Hill y dirigiéndose a él, le preguntó:

— ¿Que tal barren esos hombres?”

— Pues no lo hacen tan mal, mi general.

El mismo Duarte afirmó que durante toda la faena el pueblo, a carcajada limpia y con gritos de alegría, seguía a la fajina compuesta de personas que habían sido autoridades arbitrarias, despiadados agiotistas, avaros comerciantes para los que el general Benjamín Hill(1) tuvo algunas frases despectivas, calificándolos de reaccionarios y caciques enemigos de la Revolución.

El capitán Francisco Enciso y los hermanos Campero (José y Octavio) hicieron un simulacro de fusilamiento en la persona del señor Villaverde, exprefecto político de Culiacán, atrás de la cárcel pública, este culiacanense fue víctima, justa o injustamente, de venganzas personales y de una persecución que le obligó a dejar la ciudad y radicarse, desde entonces, en el Paso Texas, E.U.A.

En el mes de enero de 1914, el cañonero “Morelos” vigiló la costa desde la bahía de Mazatlán hasta la Barra de Piaxtla, en la desembocadura del río San Ignacio y, por orden del general Rasgado, el día 21 atacó con su artillería Estación Modesto, cuartel general de las fuerzas revolucionarias, próximo al litoral, destruyó el puente del ferrocarril, doce carros de un tren militar y una locomotora.

El general Rasgado, dos días después, a las 2 de la mañana atacó por sorpresa la hacienda del Conchi con algunas guerrillas, causó 15 bajas y cogió 4 prisioneros que fueron ejecutados en el acto. Igualmente, combatió en el sector de “La Marisma”, quitó a los revolucionarios 14 caballos ensillados, 2 acémilas, 7 armas de diferentes calibres, 3 cajas de parque y buena cantidad de provisiones; las tropas atacadas estaban al mando, las primeras, del coronel Ángel Flores y, las segundas, del coronel Manuel A. Salazar; por parte de los federales resultó gravemente herido el capitán Guillermo Rubí, jefe de una de las guerrillas y 4 soldados muertos de otra que mandaba el capitán Atanasio Cisneros.

El día primero de febrero designó Victoriano Huerta al coronel Miguel Rodríguez, gobernador interino del estado y jefe de las armas, sustituyó al general Rasgado, fue el defensor de Culiacán y desde la caída de esa plaza se había refugiado en Mazatlán; previamente, por disposición del usurpador, se le ascendió a general de brigada con fecha 21 de enero de 1914(2).

El general Riveras después de la toma de Culiacán, hizo una franca invitación al señor Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista para que desde Hermosillo visitara Sinaloa, otros revolucionarios secundaron al gobernador como el general Carrasco, quien mandó como enviado- especial, con el mismo objeto, a su secretario particular el mayor Ernesto Damy Jr.

El señor Carranza aceptó y Riveros, en unión de algunos funcionarios del estado fue a encontrarlo hasta San Blas, al llegar el convoy a la capital, el día 22 de enero, se hicieron grandes manifestaciones de adhesión al ejemplar constitucionalista mexicano; la ciudad se engalanó con arcos triunfales y cuando llegó al salón rojo del Palacio de Gobierno, lo recibieron tres bellas señoritas vistiendo los simbólicos trajes de la Libertad, de la Ley y de la Justicia.

En este acto oficial hablaron el gobernador Riveros; el general Iturbe, en nombre del gremio militar; Andrés Magallón, en representación del general Juan Carrasco; Manuel María Sais, por la Liga Liberal Sinaloense y el señor Ignacio Ocaña, designado por los empleados federales del Correo.

El señor Carranza, con firmeza, contestó a todos expresando su agradecimiento por las múltiples y variadas manifestaciones de simpatía y adhesión de que era objeto, haciendo a la vez importantes y significativas declaraciones sobre la marcha y tendencia liberal del movimiento constitucionalista.

Por primera vez se explicó al pueblo que la Revolución se había originado no sólo por la fórmula política de no reelección sino para buscar la justicia social de las clases oprimidas.

El señor Carranza fue parco en promesas, quizá su deseo era primero “burocratizar” a la Revolución y después darle su contenido social.

Después, desde los balcones del Palacio de Gobierno, el licenciado Miguel Alessio Robles, hizo al pueblo la presentación del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista señor Carranza que fue aclamado con delirio, hubo desfiles militares, bailes, “gallos” (sacar de paseo “La Tambora”) y serenatas.

El señor Carranza, tan querido y admirado en Sinaloa, llegó acompañado de su estado mayor al mando del coronel Jacinto B. Treviño; su secretario particular, Gustavo Espinosa Mireles; del gobernador de Sonora, José María Maytorena y del licenciado Isidro Fabela, general Felipe Ángeles e ingeniero Ignacio Bonillas, encargados respectivamente de los departamentos de Relaciones, de Guerra y de Comunicaciones; además: Jesús Acuña, Nicéforo Zambrano, Adolfo de la Huerta, Rafael Zubaran Capmany, licenciado Miguel Alessio Robles, el poeta peruano José Santos Chocano y la escolta compuesta de cien hombres al mando de los mayores Alberto Cuevas, Miguel Cárdenas y Francisco L. Urquizo.

Hubo una velada literaria, en honor del señor Carranza, en el Colegio Nacional Rosales (hoy Universidad de Sinaloa), ceremonia donde el licenciado Fabela, con inspiradas palabras presentó al poeta Chocano, quien recitó emocionado uno de sus poemas inéditos.

En un banquete, el señor Carranza recordó que el Plan de Guadalupe, en una de sus cláusulas, expresaba terminantemente que se desconocía a los gobiernos constituidos que directa o indirectamente hubieran reconocido a Huerta y señaló que bajo esa sanción estaba el gobierno a cargo de Riveros.

El general Carrasco se levanto y dijo:

—”Oiga jefe: Si usted quita el “hueso” a Riveros, que el pueblo se lo ha dado, yo me volveré Zapatista y no me saca usted de aquí ni con perros de buena raza”.

El incidente provocó una junta de militares con el señor Carranza, en las afueras de la ciudad, en un lugar llamado “La Toma de Agua”, en donde el Primer Jefe convino en reconocer, como de hecho lo estaba, a Riveros como gobernador del estado.

El señor Carranza al mes siguiente abandonó Sinaloa y el gobernador Riveros, el día 24 de febrero, con júbilo, recibió un telegrama del comandante Hilario Rodríguez Malpica, desde Topolobampo, protestándole la adhesión de los jefes y la tripulación del cañonero “Tampico”.

El grito de rebelión se dio a las 8:45 de la noche del domingo 22 de febrero de 1914, en Bacochibampo, a un lado de Guaymas, el comandante Rodríguez Malpica, aprehendió a Castellanos; Fernando Palacios a Smith y a Rodríguez; Luis Morfín y Manuel Márquez, maquinistas, pusieron en movimiento el barco, mientras el pagador Agustín V. Rabatet, fue encargado de impedir auxilio de tierra.

Los oficiales mencionados y 40 marinos se hicieron a la mar con el fin de rodear el Cabo Haro, entrar a Guaymas y proceder a quitar los cierres del cañonero “Guerrero”, pero un golpe de mar reventó uno de los guardianes del timón que habían olvidado soltar y quedó el barco al garete, hasta el amanecer se luchó por arreglar el desperfecto, la marinería se entregó a una borrachera desenfrenada, en medio de un júbilo que pedía, en nombre de la tiranía sufrida, hacerse justicia por su mano fusilando desde el comandante Castellanos hasta el despencero, “que los había mantenido a ración de hambre”.

A aquella noche le siguió un amanecer tormentoso y el “Tampico” llegó, impulsado por las corrientes, frente a la costa de Santa Rosalía. Arreglado el timón se dio rumbo a Topolobampo y durante su navegación capturó al barco mercante “Herrerías”, que utilizó para mandar a Mazatlán a los prisioneros.

De Culiacán partieron, el 25 de febrero, en un tren especial, el coronel Eduardo Hay y el mayor Fidencio Schmidt, ayudante éste de Riveros, hacia San Blas, con el objeto de recibir a los marinos, en representación de las autoridades.

Carranza se fue de Hermosillo el 26 de febrero, rumbo a Nogales, acompañado del general Obregón quien recibió, en estación Santa Ana, un telegrama del general Iturbe comunicándole que el “Tampico” se ponía a las órdenes de la Revolución.

En Nogales, Sonora, el 27 de febrero, por bando especial, se dieron a conocer los ascensos concedidos por el Primer Jefe, señor Carranza, a los marinos revolucionarios: Hilario Rodríguez Malpica, comandante del “Tampico” a capitán de navío; Fernando Palacios, segundo comandante, a capitán de fragata; Agustín V. Rabatet, pagador, a teniente mayor; Luis Morfín, jefe de maquinas y Manuel Márquez a tenientes mayores de máquinas y a la marinería y clases al grado inmediato.

El día 1 de marzo ancló el “Tampico”, en la bahía de Topolobampo, que había sido abandonada por los constitucionalistas, y Palacios logró comunicarse por teléfono a Los Mochis con el teniente coronel Manuel Riveros, hermano del gobernador y jefe de las armas en aquel sector, quien los autorizó para que pasaran a este último punto.

Rodríguez Malpica, acompañado de Palacios y cinco marineros, salió en un armón para Los Mochis y después de algunas dificultades con una avanzada de yaquis que querían impedirle el paso, le dio el encuentro el teniente coronel Riveros y condujo a su cuartel.

Palacios partió de Los Mochis por acuerdo del comandante Rodríguez Malpica para informar personalmente al señor Carranza de lo acaecido, quien se incorporó a la comitiva en Nogales donde fue bien recibido, en la estación, por los representantes del Primer Jefe, el general Felipe Ángeles y el coronel Jacinto B. Treviño.

En Nogales, el general Obregón comisionó al marino Palacios para que se trasladara a Estados Unidos, con el fin de comprar un barco ligero que se destinaría a transportar pertrechos de la costa de Sinaloa, “dándole para tal objeto la cantidad de treinta mil dólares”.

Por este tiempo se conoció en Sinaloa la noticia de que por la noche del 16 de marzo había sido capturado en la ciudad de Guadalajara, por las autoridades locales, el guerrillero Antonio M. Franco, acusado de “hacer trabajos revolucionarios” y, cuatro días después, amaneció ahorcado en el calabozo de la prisión explicando sus carceleros que se había suicidado.

 

Franco, originario de Tamazula, Durango, fue de los primeros revolucionarios en Sinaloa, iba a unirse a su amigo el general Banderas que se había refugiado, después de recobrar su libertad, con las tropas de Zapata en el estado de Morelos.

El general Obregón, el día 23 de marzo, recibió otro mensaje del general Iturbe, procedente de Culiacán, comunicándole que el teniente coronel Gregorio Osuna, comandante militar del distrito sur de Baja California, a bordo del vapor “Bonita” se incorporó al gobierno constitucionalista, en el puerto de Altata, conduciendo prisionero a Modesto Cruz, prefecto político de Guaymas, en compañía de los capitanes Carlos González y Urbano Angulo, licenciados Enrique de Kératry y Enrique Pérez Arce, el periodista Enrique Bañuelos Cabezudt y 165 personas más.

El capitán de navío Rodríguez Malpica, comandante del “Tampico”, el día 31 de marzo sostuvo un combate contra los cañoneros “Guerrero” y “Morelos”, en alta mar; habiendo sufrido el barco serias averías logró encallar a la altura de “Punta de Copas”. Obregón le ordenó permanecer a bordo y le prometió el envió de una eficaz y pronta ayuda para salvarlo.

Llegó a Topolobampo, el 15 de abril, el general Obregón y en una lancha de gasolina, con su estado mayor, se trasladó al “Tampico”, que abordaron a las 10 de la mañana mientras el biplano “Sonora”, tripulado por el capitán Gustavo Salinas y su ayudante Teodoro Madariaga, arrojó algunas bombas, sin éxito, sobre los cañoneros “Guerrero” y “Morelos”.

Obregón volvió a Culiacán el 20 de abril, y allí, al día siguiente, recibió algunas notas del Primer Jefe, señor Carranza, en relación con la intervención norteamericana, y sobre este mismo asunto, el general Salvador Alvarado,(3) desde Cruz de Piedra, Sonora, le transcribió a Culiacán un mensaje del general federal Joaquín Téllez, jefe de la guarnición sitiada en Guaymas, proponiéndole unirse para combatir a los invasores norteamericanos y le contestó a Téllez lo siguiente: …”El ejército constitucionalista, al que me honro en pertenecer, luchará hasta agotar sus últimos elementos, contra la invasión… no estamos dispuestos a unirnos con un ejército corrompido, que sólo ha sabido pactar con la traición y el crimen”.

El día 29 de abril salió Obregón de Culiacán hacia el cuartel general establecido en Estación Modesto, con las tropas y artillería del general Hill, después se trasladó a Venadillo, lugar donde el general Juan Carrasco y el coronel Ángel Flores habían levantado su campamento.

El general Obregón dictó las disposiciones que estimó convenientes para cerrar el sitio al puerto de Mazatlán y movió, el día 4 de mayo, su cuartel general a Casa Blanca, a cuatro kilómetros del fuerte federal “Loma Atravesada”.

El general Juan C. Cabral le rindió parte al general Obregón de que el día anterior, 3 de mayo, el capitán J. Manuel Sobarzo, había practicado un reconocimiento por la isla de La Piedra y vio varado al cañonero “Morelos” próximo a la costa.

Confirmado el parte anterior, el general Obregón dispuso que en canoas, durante la noche, se trasbordara un cañón de 57mm. a la isla de La Piedra y, después de emplazarlo convenientemente, al amanecer del día 5 de mayo, con esa pieza se abrió el fuego sobre el barco enemigo, ataque que contestaron los federales desde los fuertes de “Loma Atravesada” y “Nevería” y los cañones del “Guerrero”.

Ese mismo día rindió parte el general Obregón al Primer Jefe, señor Carranza, informándole que a las 7 horas a.m., había logrado hacer Bianco ocho proyectiles sobre el “Morelos” y que para las tres de la tarde había quedado imposibilitado; pero hasta el día 7 de mayo el cañonero varado fue abandonado por su tripulación y entonces consideró prudente ordenar la voladura con dinamita del “Morelos”, acto que presencio Obregón con su estado mayor y el licenciado Manuel Aguirre Berlanga.

La noche del 10 de mayo a las 8:30 horas, el puerto de Mazatlán se iluminó con el incendio del cañonero “Morelos”, siete días después, resolvió continuar su avance sobre Guadalajara, Jalisco, dejando el puerto sitiado por tres mil revolucionarios que disponían de cinco cañones y tres ametralladoras, al mando del general Iturbe y de otros jefes subalternos como los generales Juan Carrasco y Macario Gaxiola; los coroneles Ángel Flores, Manuel Mesta, Mateo Muñoz, Isaac Espinosa, Fructuoso Méndez, los tenientes coroneles Ernesto Damy Jr., y Ascensión Escalante y los mayores Manuel Barraza y Pedro H. Zavala, jefe de la artillería.

Operó también en el sitio de Mazatlán el biplano “Sonora” con el capitán Salinas y su ayudante Madariaga; el domingo 3 de mayo bombardeó el fuerte “Antonio Rosales”, sin grandes consecuencias y arrojó sobre la población proclamas; pues en una de sus acciones sufrió una descompostura y tuvo que aterrizar de emergencia en la cuesta de Los Brasiles.

El día 14 de junio, el comandante de uno de los barcos norteamericanos surtos en Guaymas, informó al general Téllez, jefe de la división del Yaqui, que el cañonero “Tampico” había sido puesto a flote y marchaba rumbo a Mazatlán.

Téllez dio instrucciones, el día 15 por la mañana a Ignacio Arenas, comandante del “Guerrero”, de dar caza al “Tampico”, que logró avistar, en la madrugada del día siguiente, en el farallón de San Ignacio, cerca de Topolobampo, el buque perseguido se vio obligado a presentar combate. A las 7 horas 35 minutos, inició el fuego sobre “El Guerrero”, en una acción naval desventajosa para el cañonero constitucionalista, en virtud de que no podía maniobrar ya que tenía calderas apagadas y se encontraba fondeado.

El “Tampico” recibió varias granadas y sus tripulantes abandonaron la pieza de popa que carecía de municiones, el comandante Rodríguez Malpica, tomó una decisión rápida, sacó su revólver y ordenó cubrir la batería inmediatamente y al no ser obedecido hizo tres disparos matando a dos e hiriendo a uno de los marinos, ante su energía los otros combatientes volvieron a ocupar sus puestos, mientras el comandante apuntó y dirigió el primer disparo que hizo blanco en la roda del “Guerrero “, inutilizando una de las anclas. El clarín tocó a diana.

Serían las 9 horas 45 minutos, cuando una granada hizo volar el pico, tirando sobre cubierta la bandera nacional; un marinero, rápido, levantó el lábaro patrio.

Los barcos se hacían disparos a corta distancia y durante las evoluciones llegaron a quedar hasta a 130 metros, una granada que cayó en la popa del “Tampico” explotó y provocó el incendio de unas latas de alcohol y entonces el comandante, viendo su barco perdido, ordenó al maquinista Johnson abrir las válvulas de inundación para sumergir al cañonero en el fondo del mar.

Ordenó también el comandante, embarcar 17 heridos en una lancha y un bote de remos, y fue él quien en último lugar tomó sitio en la lancha remolcadora y dio a sus subordinados la orden:

—Nadie debe de refugiarse, por ningún motivo, en los barcos norteamericanos.

Eran el crucero norteamericano “New Orleans” y los destróyeres “Perry” y “Preble”.

Rodríguez Malpica indagó:

—< ¿Dónde está Rabatet? (4)

—^ ¿Quién sabe? Nadie lo vio tirarse al agua — contestó un marino.

 

—Es muy probable, mi comandante, que se haya suicidado a bordo —agregó otro.

Las lanchas estaban casi al costado de estribor del “Guerrero” y antes de caer prisionero, Rodríguez Malpica, sacó su pistola y grito:

—Compañeros: ¡Viva la Revolución! —y se pegó un tiro en la boca, la bala le salió por la región cervical y cayó de bruces en el rondo de la lancha.

Nadie contestó su último grito, un profundo silencio reinó entre los vencidos, el barco vencedor arrió su bandera a media asta, acto imitado por los buques norteamericanos.

Rodríguez Malpica nació en Coatzacoalcos (Puerto México), Veracruz, el día 2 de noviembre de 1889. Ingresó a la Escuela Naval Militar el 4 de julio de 1904 y terminó sus estudios en 1909. Prestó sus servicios en el cañonero “Bravo” y en los buques “Progreso”, “Morelos”, “Yucatán” y “Zaragoza”.

Marino intrépido y guardián fiel de las tradiciones heroicas de los hombres del mar. Había muerto un hombre, un héroe.

Eran las 11 horas 40 minutos de la mañana, cuando se hundió en las aguas del Pacífico por la popa, para siempre, el “Tampico”; al día siguiente, 17 de junio, en la bahía de “Olas Altas”, el comandante Arenas rindió parte del combate naval y sus consecuencias y, por la noche en unión del aspirante Rafael López Fuentes (a) “Lucifer” (después capitán de altura) y del práctico del puerto Ignacio González Sánchez, en una lancha bajó el cadáver de Rodríguez Malpica, al que se le dio sepultura en el panteón municipal de Mazatlán.

Zarpó rumbo a Guaymas el “Guerrero” el 19 de junio, llevando a bordo los prisioneros de Topolobampo y su tripulación puso al general Téllez un telegrama diciéndole:

 

“El General Guerrero” fía ciegamente en altos sentimientos altruistas para que ninguno de los prisioneros sea pasado por las armas”.

El 21 de junio, al medio día, se desembarcó a los prisioneros que fueron entregados a las fuerzas del general Joaquín Téllez, jefe de la división del Yaqui y conducidos después a la penitenciara unos y otros al Hospital Militar.

Aquel día terminó la heroica epopeya del marino constitucionalista Hilario Rodríguez Malpica; el sol brilló en el cenit dando esplendores de gloria a su hazaña inolvidable.

“Señor general Téllez, si usted lo aprueba —pidió el comandante Ignacio Arenas— como merecido culto al valor de los vencidos muertos, las banderas del “General Guerrero” estarán a media asta por todo el día”.

Y la bandera mexicana ondeó en serial de duelo, en el puerto de Guaymas.

 

 

Notas:

1.- Nació en San Antonio, Sinaloa en 1875, hizo sus estudios en Italia, fue agricultor, regidor, antirreeleccionista y Secretario de Guerra y Marina, murió en la ciudad de México el 15 de diciembre de 1920.

2.- Murió retirado del ejército, en Azcapotzalco, D.F., el día 12 de julio de 1938,

 

3.-Nació en Culiacán, Sin., el 20 de julio de 1880, maderista, el ideólogo más avanzado de la Revolución Mexicanos, progresista gobernador de Yucatán, Secretario de Hacienda y Crédito Público, delabuertista designado jefe militar en el sureste, murió asesinado por el teniente coronel Diego Zubiaur cumpliendo órdenes del coronel Federico Aparicio, en el rancho de La Hormiga, cerca de Monte Crista Tabasco, el día 9 de junio de 1924.

 

4.- Cayó prisionero. Tiempo después. el general Téllez faltando a su palabra de honor, al tocar Manzanillo. Col., ordeno el fusilamiento del capitán de fragata Agustín Rabatet.

 

Tomada de: LA REVOLUCIÓN EN SINALOA, Olea, Héctor R, Centro de Estudios Históricos del Noroeste, Sociedad Cooperativa EL DIARIO DE SINALOA, Culiacán, Sinaloa, 1993

 

 

Venustiano Carranza

Venustiano Carranza en Sinaloa

 

Summary
Name
Venustiano Carranza
Nickname
(Jefe Constitucionalista)
Job Title
Presidente mexicano
Company
Presidencia Mexicana
Address
Cuatrociénegas,Coahuila, México

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