Historia y cultura de Sinaloa, México

 

LA ÚLTIMA CAMPAÑA REELECCIONISTA

 

 

Por: Héctor R. Olea

 

La muerte del general Francisco Cañedo.—El gobernador interino convoca a elecciones.—Los candidatos.—Renuncias de los licenciados Rojo y Zazueta.—Ferrel, candidato independiente.—Redo, candidato porfirista.—La lucha política.—El estudiante Rafael Buelna, ferrelista.—Diego Redo impuesto por Corral.— Francisco I. Madero visita Sinaloa.—La última campaña reeleccionista.—La aplicación de la “Ley Fuga” a Gabriel Leyva.—La convención antirreeleccionista.—El Plan de San Luis.—El sacrificio de Aquiles Serdán.

 

“El día que pareció ser el de la libertad —escribió el periodista J. C. Valadés— fue aquel en que se anunció la muerte de Francisco Cañedo”.

 

Murió, el general Cañedo, en la ciudad de Culiacán, a las 11:30 de la noche del día 5 de junio de 1909. Se procedió a embalsamar el cadáver y, al día siguiente, trasladóse el cuerpo al salón de recepciones oficiales del palacio de gobierno donde permaneció expuesto hasta el martes 8 de junio. La Legislatura local declaró días de luto del 6 al 8 del mismo mes y, un decreto de la misma proclamó a Francisco Cañedo, Benemérito del estado.

 

El día 8 de junio a las 7 de la mañana se verificó el funeral de Cañedo. Presidió el duelo, el gobernador interino licenciado Heriberto Zazueta, en unión del presidente del Congreso licenciado Ignacio M. Gastélum, el presidente del Supremo Tribunal de Justicia licenciado Manuel L. Choza y el jefe de las armas, coronel Agustín Migoni.

 

Cañedo, amigo íntimo del presidente Díaz, gobernó a Sinaloa bajo un régimen patriarcal durante un poco más de 30 años y, en breves periodos se autoeligió diputado y senador de la República.

 

El señor Zazueta, gobernador interino, nació en San Javier, Sinaloa, en 1859, estudió en el Seminario Conciliar de Culiacán y en la Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara, Jalisco, donde recibió su título de Licenciado en Derecho en 1885; desde entonces sirvió a la administraci6n, hombre honorable y servidor leal del general Cañedo.

 

El gobernador, el 14 de junio, convocó a elecciones generales y extraordinarias para elegir al Ejecutivo del estado y, en la lucha electoral, participaron cuatro grupos: primero, los antiguos porfiristas, que esperaban recibir la herencia política de Cañedo; segundo, los nuevos porfiristas o “científicos” encabezados por José Ives Limantour; tercero, los amigos de Ramón Corral, vicepresidente de la República y, cuatro, los viejos reyistas de la campaña del clavel rojo en 1908.

 

En el casino de Culiacán, el día 11 de junio, iniciáronse los trabajos para la postulación de los candidatos: licenciado Juan B. Rojo, Diego Redo, licenciado José Castellot, licenciado Heriberto Zazueta, general Mariano Ruiz, licenciado Jesús Uriarte y licenciado José Ferrel.

 

El candidato licenciado Rojo, tres días después, por medio de un manifiesto declinó su postulación y expresó:

 

[... ] hago renuncia de mi candidatura, rogando a mis amigos y partidarios, a quienes vivo reconocido, que con sus elementos engruesen y robustezcan, el partido de alguna de las otras candidaturas que han surgido. No temo la lucha de los partidos pero las circunstancias me obligan a tomar esta determinación, que juzgo honrada y patriótica.

 

Soy enemigo —dijo en su renuncia el licenciado Zazueta— de toda lucha personalista y de toda pugna que lleve la división a los buenos elementos de la sociedad. Nunca he tenido ambiciones y mi papel al lado del señor general Francisco Cañedo, ha sido el de un amigo leal y el de un honrado sostenedor de los principios políticos de ese ilustre hombre público.

 

Por igual, los demás candidatos renunciaron y sólo quedó Redo, apoyado por los porfiristas de Corral y, el licenciado Ferrel, sostenido por los expartidarios del general Bernardo Reyes.

 

A fines de mayo, habíase organizado en la ciudad de México el Partido Antirreeleccionista, por Francisco I. Madero opositor al ge¬neral Díaz, “Gran Elector”, y las elecciones de Sinaloa despertaron un interés nacional debido a que se ponía a prueba la sinceridad del presidente de la República, en sus declaraciones al periodista norteamericano Mr. James Creelman, cuando el día 3 de marzo de 1908, expresó: “He esperado con paciencia el día en que el pueblo estaría en aptitud de escoger y cambiar su gobierno, y creo que ese día ha llegado”.

 

Redo llegó a Culiacán, procedente de la ciudad de México, acompañado del campechano licenciado José Castellot, el día 23 de junio a las 7:30 de la noche y se le recibió entre banderas, arcos, festones y palmas por sus pudientes partidarios, que organizaron una cabalgata y un desfile de carruajes, dióle la bienvenida a nombre del Club Central Electoral, el licenciado Arsenio Espinosa y también hablaron: Juan B. Rojo Jr., representante de la Joven Sinaloa y el licenciado Francisco Sánchez Velázquez, quien le ofreció, en el casino, un Lunch-Champagne donde se escuchó de nuevo la oratoria conservadora de los abogados Castellot y Carlos López Portillo.

 

Inició, el señor Redo, una gira de propaganda política por el estado, en unión del licenciado Castellot, licenciado Francisco Verdugo Fálquez, doctor Francisco de P. Millán, José C. Castellot, Antonio Tarriba, Marcelino Almada, Manuel Borboa, Patricio Robles, Teodoro M. Valenzuela (padre del periodista Benigno del mismo apellido). Filiberto R. Quintero y Blas Borton y en Mazatlán reapareció el periódico: El Occidente, y en Culiacán: El Clarín, bajo la dirección de Julio G. Arce de filiación redista

 

Redo era un hombre impopular, culiacanense de origen; nació el 9 de diciembre de 1870, hijo del industrial Joaquín Redo y de Alejandra de la Vega, se le acusó de aristócrata pero era de ascendencia humilde, su progenitor fue un emigrado español y modesto comerciante venido de Durango, carente de títulos nobiliarios, llegó éste a Sinaloa en 1850 donde con bastante éxito se dedicó a la industria y, después, la política de colonización del “manco” presidente Manuel González, convirtió a sus descendientes en los latifundistas más ricos de Sinaloa.

 

La postulación del periodista Ferrel sostenida por el Club Democrático Sinaloense integrado por los exreyistas Francisco Valadés, Heriberto Frías, Miguel Retes, Andrés Avendaño, Dámaso Sotomayor Arellano y otros más, fue recibida con gran júbilo popular.

 

El pueblo se entusiasmó, por todo el estado estableciéronse partidos políticos a favor del ferrelismo, creyó que ya estaba apto para elegir a sus gobernantes; pero las autoridades ante ese delirio democrático, empezaron a cometer atropellos: en el Rosario, por una manifestación, encarcelaron a los ferrelistas Anastasio Aguilar, Camilo Sánchez, Regino Alday y Román Cruz; en el Fuerte, a Carlos Félix, al doctor José García de León, editor de El Paladín y al joven Emiliano C. García, estudiante de medicina, redactor del periódico: El Alfiler y, en Mazatlán, a José del Corte.

 

En Concordia, Solomé Vizcarra, se alistó en las filas de Ferrel y escribió artículos periodísticos en defensa de la democracia; en Copala, Manuel A. Salazar (a) “El Chango”, formó el club Bernardo Vázquez, bajo la presidencia de Francisco Niebla, también ferrelista y, en la villa de Sinaloa, se instaló el Club Domingo Rubí, con iguales propósitos, figuró como presidente Emiliano Arrayales y vocales: Onofre Sandoval, Francisco Javier Seracho y secretario Rosendo Verdugo (a) “El Chimine”.

 

En Culiacán, la noche del día 25 de junio, un muchacho valiente y audaz, Rafael Buelna (a) “Granito de Oro”, alentó a los alumnos del Colegio Nacional Rosales para que abandonaran el internado, en manifestación pública a favor de Ferrel, actitud que motivó su expulsión del plantel “por instrucciones del gobernador del estado”.

 

Hubo, dos días después, otra tumultosa manifestación estudiantil, también acaudillada por el inquieto Rosalino Buelna, que movió al periodista Frías a escribir un brillante editorial, en El Correo de la Tarde, titulado: “El heroísmo de los estudiantes ferrelistas del Colegio Rosales“.

 

Ferrel era un conocido periodista de oposición al porfirismo, encendió una de las campañas políticas más apasionadas, candidato independiente, contó con el apoyo popular, nació en Hermosillo, Sonora, el 16 de septiembre de 1865, prometió: “Iba a levantar los ultrajados derechos de los pobres y abatir las funestas tiranías de los ricos” y nada cumplió, hombre de principios políticos poco firmes, claudicó años después, sirvió al usurpador Victoriano Huerta.

 

Las elecciones tuvieron lugar el domingo 8 de agosto y el día 25 del mismo mes, la Legislatura del estado, por conducto de los diputados Ignacio M. Gastélum, Julio G. Arce y José Ramos, declaró gobernador constitucional electo al señor Redo para que terminara el periodo que comenzó el 27 de septiembre de 1908 y que tenía como límite el 26 de septiembre de 1912.

 

Algunos autores han asegurado que el señor Limantour sugirió al general Díaz la gubernatura para el señor Redo, dato completamente falso y aclarado por el licenciado Rodolfo Reyes —Memorias Políticas, t. I., p. 43— que dice: Diego Redo candidato impuesto en Sinaloa por el señor Corral. . .

 

El día 27 de septiembre a las 9 de la mañana, en el palacio de gobierno, rindió su protesta el señor Redo ante los diputados: licenciado Gastélum, Arce, doctor Ramón Ponce de León, licenciado Francisco G. Alcalde, Antonio J. Izábal y Eladio de la Rocha, la recepción fue bastante rumbosa hubo desfiles, cabalgatas, serenatas, bailes y el maestro Jarero compuso una marcha: Viva Redo.

 

Las primeras autoridades designadas por Redo fueron: el campechano licenciado Castellot, secretario general de gobierno; Alberto Almada, recaudador de rentas de Culiacán; prefectos políticos de Mocorito, y Concordia, al cubano teniente coronel Ricardo Carricarte y Juan Puga, respectivamente; proveedor, al yucateco Fernando García Fajardo; y como inspector general de policía a Pascual Amelio originario de la capital de la República.

 

La imposición de Redo desilusionó al pueblo y Ferrel volvió a la redacción de los periódicos: El Progreso Latino y El Demócrata Mexicano pero la campaña antirreeleccionista, iniciada por el señor Madero, cobró bastante auge en todo el país, el día 31 de diciembre se embarcó el candidato demócrata, en unión de su esposa, Sara Pérez de Madero; su secretario particular, Roque Estrada; y el taquígrafo, Elías de los Ríos, en el vapor Acapulco, que zarpó de Manzanillo y ancló en Mazatlán el 2 de enero de 1910.

 

Una comisión, encabezada por el periodista Heriberto Frías, recibió en el muelle al señor Madero y además se congregaron como unas 500 personas más.

 

“Ya en el hotel Central — escribió Estrada, La Revolución y Francisco I. Madero, p. 152-153—, el señor Madero habló con los señores Frías y Valadés (Francisco), solicitando su cooperación en la causa antirreeleccionista. Estos señores habían sostenido la campaña ferrelista; el primero con su talento desde las columnas de El Correo de la Tarde y, el segundo, en unión del señor Avendaño (Andrés), por medio de sus recursos pecuniarios”.

No podían colaborar con nosotros; la situación era difícil; la campaña ferrelista habíalos dejado maltrechos; tenían, según ellos, amenazas del gobierno y, sobre todo, razones poderosísimas que no podían exponer. Todo fue inútil.

Se agenció, sin dificultad, por los partidarios del señor Madero, rentar la carpa del circo Atayde para la celebración de un mitin, y se logró reunir un poco más de dos mil personas, asamblea que eligió libremente el Club Antirreeleccionista de Mazatlán.

 

En Culiacán, el día 4 de enero, se recibió al señor Madero con más entusiasmo, hubo una reunión política que se celebró, en la Sociedad Mutualista de Obreros Miguel Hidalgo, bajo la presidencia de Juan Francisco Vidales (a) “El Loco” y secretario José A. Velasco, sobre esta reunión, el secretario de Madero (op. cit.) apuntó:

El pueblo propuso para presidente [del club] a un señor licenciado [Francisco] Verdugo Fálquez, quien estaba presente; pero al escuchar la proposición abandonó el lugar; lo cual dio motivo a aclamaciones de protesta y desagrado en su contra. Se propuso entonces para aquel cargo al señor ingeniero Manuel Bonilla, quien lo aceptó mereciendo su actitud una ruidosa aclamación.

El señor Bonilla, a la hora de la protesta del cargo, dijo:

Acepto a conciencia el cargo que se me confiere; lo he meditado bien, y ya que la labor nuestra es de peligros y de trascendencia, deseo que los demás miembros aquí presentes mediten durante 24 horas sobre la responsabilidad de sus cargos.

Los demás miembros del Club Antirreeleccionista de Culiacán fueron: Rosendo Verdugo, tesorero; E. Saavedra Gómez, secretario; José L. Osuna, pro-secretario y vocales: J. C. Avendaño, Jesús I. Penne, Amado A. Zazueta, Benigno A. Zazueta, Jesús M. Burgos, Manuel C. Prieto, Crisanto Arredondo, Francisco Ramos Obeso y Anastasio Yuriar.

 

Después, el 6 de enero, los señores Madero y Estrada, visitaron Angostura, en donde se hizo cargo de los trabajos antirreeleccionistas el señor Felipe Riveros.

 

El modernismo cundió por todo Sinaloa, campo de resentimientos e intrigas donde se multiplicó, bien pronto, la actividad política, que formó numerosos clubs antirreeleccionistas y el pueblo, con más coraje y empuje que antes, se lanzó a la lucha política.

 

La Convención Antirreeleccionista inició sus trabajos, asistieron como delegados por Sinaloa a la ciudad de México los señores Rosendo Verdugo y Felipe Riveros, el día 15 de abril de 1910.

 

El día 10 de junio del mismo año, el comité ejecutivo del Partido Antirreeleccionista, publicó un Manifiesto a la Nación, donde expresó:

 

[. . .] que se había propuesto, ir paso a paso, pero firmemente, utilizando a su tiempo todos y cada uno de los arbitrios, recursos y expedientes que pudieran suministrarles las leyes para la defensa de sus derechos, en el terreno netamente pacífico, a pesar de los innúmeros atropellos y vejaciones de que eran objeto, hasta que fuesen agotadas todas aquellas medidas y quedase plenamente justificada la revolución.

Tres días después de publicado el manifiesto anterior, en la villa de Sinaloa, en un paraje hacia el norte, el capitán Ignacio Herrera y Cairo, jefe de las fuerzas rurales del estado, le aplicó la odiosa Ley Fuga a Gabriel Leyva a las 5 de la tarde del día 13 de junio de 1910.

 

El crimen, inútil y absurdo, causó enorme indignación en todo el estado ya que la víctima era una persona generosa y pacífica, tiempo después, Herrera y Cairo, en las constancias procesales, manifestó:

Que por orden verbal del prefecto de Sinaloa, capitán Antonio Barreda [que ebrio festejaba su onomástico], fusiló al señor Gabriel Leyva Solano, como a un kilometro antes de llegar a Cabrera de Inzunza, habiéndole dado dos balazos por la espalda a Leyva los soldados Jesús Medina y Rafael Ochoa, y como Leyva no muriese, con pistola le dieron otros dos, uno en el pecho y otro en la cara, y enseguida mandó avisar al prefecto Barreda que estaba cumplida su orden [Declaración textual que aparece en el "Voto Particular" del licenciado Enrique O. Moreno, magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, fecha 10 de marzo de 1912].

Por los meses de mayo o junio [anotó Roque Estrada, secretario de Madero], el Distrito de Sinaloa presenció la económica y dramática muerte de un activo propagandista del antirreeleccionismo, Gabriel Leyva. Se supo que era de grandes energías; que Diego Redo ordenó su persecución y quizá la aplicación del conocido procedimiento de Ley Fuga; que fue aprehendido Leyva en un poblacho y que sus conductores dieron cuenta de su vida en el aislamiento de los campos.

 

La campaña reeleccionista, con fecha 11 de julio, volvió a imponerse por medio de los colegios electorales, el del primer distrito, reunido en Culiacán, integrado entre otros por Alejandro Rojo y Uriarte, Mariano Romero, Vicente López Beltrán (a) “El Niño”, licenciado Francisco Sánchez Velázquez, Florentino Esquerra, Faustino Díaz; Ignacio Sais y, el segundo distrito, en el puerto de Mazatlán, compuesto por Pastor Cabañillas, Martín Careaga, Teodoro Cruz, Alfredo Ibarra, Cecilio Ocón, Santiago Paredes, Demetrio F. Sotomayor y otros más, con su carácter de “electores” resolvieron y firmaron la reelección del general Porfirio Díaz, “El Lépero de Tuxtepec”, y de Ramón Corral.

 

El Partido Antirreeleccionista insistió en su línea política del 10 de junio y por medio de otro manifiesto dijo:

Asimismo, este comité se cree en el deber de advertir a todos sus correligionarios que nuestros enemigos, tanto verbalmente como por medio de la prensa andan propalando sin cesar falsos rumores de levantamientos de carácter político, en diversas regiones de la República, con el fin manifiesto de poner a prueba la serenidad y el amor a la paz de los amigos del pueblo.

Los dirigentes antirreeleccionistas pidieron a la Cámara de Diputados una declaración de nulidad de las elecciones federales, con fecha 1° de septiembre y el Congreso General, erigido en Colegio Electoral, el día 27 del mismo mes, acordó: “no ha lugar a declarar la nulidad de las elecciones” y, el 14 de octubre siguiente, se publicó por Bando, en toda la República, la reelección de Diaz-Corral.

 

Los maderistas, después de haber agotado todos los recursos legales, contestaron con el Plan de San Luis Potosí del 5 de octubre de 1910, firmado por el candidato antirreeleccionista Francisco I. Madero, que en su artículo 7° dice:

El día 20 del mes de noviembre de las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la Republica tomaran las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente gobiernan.

No vaciléis [decía al final], pues, un momento tomad las armas, arrojad del poder a los usurpadores, recobrad nuestros derechos de hombres libres y recordad que nuestros antepasados nos legaron una herencia de gloria que no podemos mancillar. Sed como ellos fueron: invencibles en la guerra, magnánimos en la victoria.

Aquel día estalló la Revolución mexicana.

 

Cuenta la mitología [dijo el egregio orador Jesús Urueta, Discurso, julio 11 de 1911] que una gota de leche desprendida del seno de Juno hizo correr en el cielo los esplendores de la Vía Láctea. De igual suerte, una gota de sangre desprendida del corazón de Aquiles Serdán hizo surgir en las cumbres de nuestra historia la teoría de los mártires y la legión de los héroes.

El apóstol Francisco I. Madero — “Documentos del Archivo Per-sonal de Aquiles Serdán”, p. II—, categóricamente declaró a Serdán:

El primero de los mártires y el héroe más grande de la Revolución mexicana.

 

 

Campaña reeleccionista en Sinaloa, México

La última campaña reeleccionista en el estado de Sinaloa, México

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La última campaña reeleccionista en Sinaloa
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En tiempos de la época prerrevolucionaria, la agitación social en Sinaloa se presenta en la campaña para suceder a Francisco Cañedo a su muerte.

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