Historia de Sinaloa México

Mapa 1838

 

 

UN TERRITORIO LLAMADO SINALOA

 

Por: Francisco Gil Leyva

 

La pitahaya

El Estado de Sinaloa está integrado por diecisiete municipios (1982). Al norte la limita Sonora, al sur Nayarit, al este Durango y Chihuahua, al oeste el Océano Pacífico. Su capital es la ciudad de Culiacán Rosales”.

Así lo dicen los textos de geografía de la escuela primaria, así lo repiten los alumnos y así lo exigen -de corrido y de memoria- los maestros de enseñanza elemental, y así, en forma tan lacónica, sigue persistiendo la cantinela en la evocación del adulto.

Pero, es que ¿siempre ha tenido Sinaloa los límites actuales, siempre lo han integrado diecisiete municipios, siempre ha sido Culiacán la ciudad capital? Pero, es que ¿siempre se ha llamado Sinaloa? Y ese nombre: Sinaloa ¿de donde viene y que significa?

Del vocablo Sinaloa se han dado tres diferentes acepciones:

Ira.- “Sinaloa es una palabra del idioma cahita compuesta de Sina, cierta especie de pitahaya, y lobala cosa redonda; de manera que el nombre de Sinalobala, viene a quedar por metaplasmo en Sinaloba y finalmente en Sinaloa, significando pitahaya redonda”

 

2da.- “Nombre de origen cahita, probablemente de la numerosa nación de los sinaloas avecina dos a orillas del río del Fuerte; el nombre parece impuesto por los misioneros jesuitas, los pitahayas o “tuneros” debieron llamarse sus moradores; de Sina que significa esa planta en lengua cahita”.

 

3ra.- Creo que es muy probable, tomando como base las fuentes históricas, que este vocablo proceda de Cinaró-atl perdió la tl como es usual en las palabras del idioma náhuat, azteca o mexicano, convirtiéndose en Cinaró-a y finalmente, en la pronunciación española se cambió la r por la l y quedó Cinaloa, como lo escribieron los primeros misioneros. La palabra Cinaró-atl, voz híbrida que procede de los idiomas tarasco y azteca, cuyas influencias se conservan en la toponimia indígena de Sinaloa, significaba “Pueblo en el agua”, tal vez por el hecho de que el río periódicamente se desbordaba de su lecho, como lo afirma el verídico testimonio de Pérez de Ribas”.

Hecha mención de las tres interpretaciones que se han dado del vocablo Sinaloa, pasemos a la tarea de hacer una breve relación del proceso que siguió la integración político-territorial de la entidad.

 

Época prehispánica

 

Las poblaciones indígenas de la parte de la Nueva España que un día habría de llamarse Sinaloa, se hallaban a la llegada de los españoles, en 1530, en el período del comunismo primitivo, en la etapa media de la barbarie cada tribu reconocía como propio el territorio necesario para el desempeño de su ocupación principal: la cacería, la pesca o la agricultura.

La estructura social de las tribus indígenas se basaba en las relaciones de parentesco de la sangre. La guerra entre las tribus era permanente y obedecía esencialmente a razones económicas: al cambio de un territorio por otro mejor, a escasez de alimentos y a otros motivos de índole semejante.

Las lenguas que hablaban las tribus eran casi tan numerosas como las tribus mismas. Aun las que tenían idiomas de tronco común habían perdido en el curso de los siglos su parentesco original.

No había, en consecuencia, en el siglo XVI, naciones en el territorio que hoy pertenece a Sinaloa. No existían ciudades-estados como las de los griegos; ni tribus que fueran tributarias de otras. En lo político -o sea en los factores: pueblo, gobierno y territorio- sólo había pequeños núcleos independientes entre sí y ordinariamente en pugna guerrera.

Esos pequeños núcleos estaban constituidos por tres elementos que se repetían en todas las tribus: 1) Un grupo de individuos que hablaban la misma lengua y que estaban vinculados por lazos de parentesco; 2) Una porción de territorio que les permitiera el sustento y que era abandonado en cuanto no satisfacía tal necesidad, y 3) Un jefe -el cacique-, cuya autoridad y designación provenían de hazañas guerreras que le habían otorgado preeminencia sobre el grupo o por ser miembro de un clan mayoritario en el seno de la tribu. Era pues una organización simple, elemental, acorde con su estado cercano a la barbarie.

Tal era le estructura social de los aborígenes cuando llegaron los españoles a estas tierras, y éstos procedieron de inmediato a imponerles las instituciones que prevalecían en España.

 

Época de la Colonia

Las provincias

En el actual territorio sinaloense y en parte del perteneciente a Sonora -en su parte limítrofe con Sinaloa-, los primeros conquistadores españoles distinguieron tres demarcaciones con fundamento en variantes étnicas (los tres grandes grupos aborígenes: Cahitas, Tahues y Totorames) que a poco erigieron en Provincias: la Provincia de Cinaloa que se iniciaba en el río Sebastián de Évora (hoy río Mocorito) y que se extendía hacia el norte hasta las márgenes del río Yaqui; la Provincia de Culiacán que comprendía el territorio delimitado al norte, por el río Sebastián de Évora, y al sur por el río Piaxtla, y la Provincia de Chiametla que se extendía desde el río Piaxtla hasta el río Las Cañas.

Estas tres provincias no constituían una unidad política, pues mientras Chiametla y Cinaloa pertenecían a la gobernación de Nueva Vizcaya, la de Culiacán dependía de la Nueva Galicia. O sea, que las dos primeras tenían su centro director en Guadiana (hoy Durango) y la tercera en Compostela (en el actual Nayarit). Este hecho anómalo que rompía la unidad, se debió a que el capitán Francisco de Ibarra, gobernador de la Nueva Vizcaya, al pacificar y colonizar las provincias extremas de Cinaloa y Chiametla las incorporó a su gobernación por autorización otorgada a su favor por el virrey Luis de Velasco (Cabe señalar que a la gobernación de Nueva Vizcaya pertenecían los territorios que hoy forman los Estados de Durango, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y la parte meridional de Coahuila).

El gobierno efectivo de estas provincias se hacía a través de las autoridades que radicaban en las Villas, pues la obra conquistadora se llevó a cabo mediante la fundación de villas que, estratégicamente situadas, ejercieran su efectivo control sobre la zona circundante, por conducto de los Alcaldes Mayores, especialmente.

Según el historiador Luis Chávez Orozco, la Alcaldía Mayor fue la institución al través de la cual la Corona pretendió ejercer vigilancia sobre los encomenderos, por lo que los Alcaldes Mayores venían a desempeñar funciones que bien pueden considerarse como precursoras de las Jefaturas o Prefecturas políticas. Pero los Alcaldes hicieron grave daño al indígena -al cual estaban obligados a proteger- y en contra de su actuación se alzaron voces severas en España y en América. Creados en 1533, fueron substituidos por los intendentes de 1786.

La Provincia de Sonora -que por siglos estará vinculada en su suerte con la Provincia de Cinaloa- se extendía hacia al norte del río Yaqui. En sus albores dependió de Cinaloa; pero en 1641 fue separada y se le designó un Alcalde Mayor para que atendiera a su gobierno. En 1646 nuevamente fue incorporada a la de Cinaloa, situación que sólo duro dos arios, pues nuevamente fue decretada la separación.

Tenemos así a lo largo del noroeste, cuatro provincias de sur a norte: Chiametla, Culiacán, Cinaloa y Sonora, dependientes de la Nueva Vizcaya, a excepción de la de Culiacán que continúa dependiendo de Nueva Galicia. Poco a poco, la denominación de Cinaloa, que originalmente sólo correspondía a la provincia de tal nombre -comprendida entre los ríos Sebastián de Évora y Yaqui-, se fue extendiendo hacía el sur, abarcando tal denominación las provincias de Culiacán y Chiametla.

Entre tanto, una nueva provincia había nacido del seno de la provincia de Sinaloa; la Provincia de Ostimuri, intermedia entre aquella y la de Sonora. Surgió -al igual que tantas otras asomadas al socavón de las minas- en torno al mineral de San Ildefonso de Ostimuri y nació a la vida política en 1676, al reconocérsele la categoría de provincia y al designársele un Alcalde Mayor.

Tenemos ya, dentro de la organización política de la Nueva España en el noroeste, cinco provincias: Chiametla, Culiacán, Cinaloa, Ostimuri y Sonora, aún cuando las tres primeras, decíamos, van cayendo bajo la denominación general de Cinaloa.

Un avance más en la integración politico-territorial de nuestra entidad fue logrado en 1734, al ser constituido el Gobierno de Sinaloa y Sonora -teniendo como capital a la Villa de San Felipe y Santiago- independiente tanto de la Nueva Vizcaya como de la Nueva Galicia, en acatamiento de la Real Cédula expedida en Sevilla el 14 de marzo de 1732. Para integrar el Gobierno de Sinaloa y Sonora fueron segregadas, de la Nueva Vizcaya, las provincias de Cinaloa, Ostimuri y Sonora, y de la Nueva Galicia las provincias de Culiacán y Rosario, pues ya Chiametla había visto declinar su viejo señorío ante la bonanza del Real de Minas de Rosario, siendo absorbida por la Provincia del Rosario.

Pero no todo era poblar y explotar encomiendas. Por el norte los apaches y comanches se mantenían en insurrección permanente e incursionaban en oleadas feroces por la provincia de Sonora. Para unificar esfuerzos que contuvieron a los indómitos y bravíos rebeldes, la Corona española dispuso la erección de un mandato su¬perior que tomara a su cargo los ramos políticos y militares de la región septentrional del virreinato, y para tal efecto, por Real Cédula del 22 de agosto de 1776, se estableció la Comandancia General – ya subordinada, ya autónoma del virreinato- de las Provincias internas de Nueva España, con sede en Arizpe, que comprendía Sinaloa, Sonora, Nueva Vizcaya, las Californias, Coahuila y Nuevo México.

 

Partidos y municipalidades

Al margen de este esfuerzo por ejercer un mayor control sobre la región septentrional, el día 1° de enero de 1788 entró en vigor la Real Orden dictada en octubre del 1786, en virtud de la cual el virreinato de la Nueva España se dividía en doce gobiernos provinciales con la denominación de intendencias, divididas éstas en Partidos cuya administración estaba a cargo de Subdelegados Reales, y los Partidos subdivididos en Municipalidades. Y así surgió la Intendencia de Sinaloa y Sonora, uniendo nueva sus destinos sinaloenses y sonorenses.

¿Cuáles fueron los Partidos que se constituyeron en la porción territorial sinaloense? Datos concretos no hemos podido localizar para dar respuesta a ésta pregunta: pero, tomando como base la organización vigente ya en ese entonces, creemos que hayan sido: Ostimuri, Álamos, El Fuerte, Sinaloa, Culiacán, Cosalá, San Ignacio, San Sebastián y Rosario.

Esta división -intendencia, partidos y municipalidades- subsistió hasta 1820, año en que fue restablecida la Constitución de Cádiz, ordenamiento que sustituía a los intendentes con los Jefes Políticos de las Provincias y ordenaba la instalación de las diputaciones provinciales y la elección de los primeros Ayuntamientos. Al desaparecer la Intendencia nace la designación de Provincias internas de Occidente que agrupaba en su seno a Sinaloa y Sonora. También con la Constitución de Cádiz y sus Jefes Políticos Superiores de las provincias surge la Jefatura Política, una institución antidemocrática que intercepta las relaciones entre la vida local y la autoridad central, mediante su intromisión entre el Ayuntamiento y, digamos, el Supremo Gobierno. Cada provincia estaba a cargo de un Jefe Político, conducto único para las relaciones entre los Ayuntamientos y las autoridades superiores.

Y así, formando parte de las Provincias Internas de Occidente llega Sinaloa a la vida del México Independiente.

 

México independiente

En los últimos días de la Colonia y en vísperas del México Independiente, hallamos a Sinaloa formando parte de las Provincias internas de Occidente: y hallamos también que Sinaloa había aportado a tal entidad política los Partidos de: Ostimuri, Álamos, El Fuerte, Sinaloa, Culiacán, Cosalá, San Ignacio, San Sebastián y Rosario.

Pues bien: Proclamada la independencia de México con la consiguiente entronización imperial de Iturbide, en 1822, fueron separadas las Provincias Internas de Occidente, dotándose a cada una de su respectivo Jefe Político y de su Diputación Provincial. Y fue en esta separación donde Sinaloa padeció la primera mutilación de su territorio, ya que, al separarla de Sonora, ésta retuvo el partido de Ostimuri, del Ostimuri que naciera de la jurisdicción de la vieja Provincia de Cinaloa.

A la caída de Iturbide y su inmediata consecuencia, el establecimiento del federalismo en la República, un decreto de fecha 19 de julio de 1823 ratificó la separación de Sinaloa y Sonora, y con ello la anexión de Ostimuri a esta última.

Pero, a poco, sinaloenses y sonorenses vuelven a fundir sus destinos en el Acta Constitutiva de la Federación, suscrita el 31 de enero de 1824, Sinaloa y Sonora son nuevamente fusionadas para integrar el Estado Interno de Occidente. Así lo estipulaba el artículo 7°. del Acta, “Los Estados de la Federación son por ahora los siguientes: el interno de Occidente, compuesto de las provincias de Sonora y Sinaloa…”. Ese mismo año, en octubre, la Constitución General ratificaba esta disposición. Por pri¬mera vez aparece la denominación de Estado. Ya no se trata de provincias ni de intendencias,. Sinaloa pertenece ahora al Estado Interno de Occidente, y éste tiene como ciudad capital a El Fuerte.

 

Departamento y partidos

En el orden local, la Constitución Política del Estado de Occidente promulgada el 2 de noviembre de 1825, consignaba la siguiente división política:

‘Artículo 3.- Para su mejor arreglo se divide en los cinco departamentos siguientes:

1.- El de Arizpe, compuesto del partido de su nombre, el de Oposura y Altar. 2.- El de Horcasitas comprende el partido de su nombre, el de Ostimuri y Pític. 3.- El del Fuerte, compuesto del partido de su nombre, Álamos y Sinaloa. 4.- El de Culiacán, comprende el de su nombre y Cosalá. 5.- El de San Sebastián, compuesto del de su nombre, Rosario y San Ignacio de Piaxtla”.

Tal unión no habría de perdurar. En el Congreso Constituyente, instituido para dar nacimiento al nuevo Estado de Occidente, surgieron de inmediato apasionadas controversias entre el grupo de masones yorkinos y los miembros de las logias masónicas del rito escocés, y para el 1°, de septiembre de 1826 ya el Congreso General de la República había intervenido en la cuestión dirigiéndose a los Ayuntamientos con la exhortación de que emitieran su parecer sobre la posible separación de Sinaloa y Sonora, pues del propio seno de la Legislatura local había surgido un movimiento separatista.

La opinión mayoritaria fue en el sentido de que debía de procederse a la separación, argumentando para ello: Primero: Que la longitud del Estado de Occidente obstruía la administración rápida y expedita; Segunda: Que se agudizaba el problema de la falta de comunicación; Tercera: Que la impartición de la justicia era nula en los más apartados lugares; Cuarto: Que era agudo el problema económico de la entidad; y Quinto: Que eran frecuentes las invasiones de los indios apaches en la zona norte (la sonorense); argumentación que se hizo llegar al Congreso General de la República.

Pero, como la Constitución General de la República prevenía que la propia Constitución no podría ser reformada antes de tener una vigencia de seis años, la corriente en pro de la separación sólo pudo triunfar en 1830. Fue entonces cuando el Congreso General resolvió favorablemente la división del Estado de Occidente por decreto del 13 de octubre de 1830, cuyo texto transcribimos a continuación:

“El vice-presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, a los habitantes de la república, sabed: Que el Congreso General ha decretado lo siguiente:

“Se aprueba la división del Estado de Sonora y Sinaloa en los términos que pide su honorable legislatura, formando Sinaloa un solo Estado y otro Sonora.-Casimiro Liceaga, Presidente de la Cámara de Diputados. Ramón Morales, Presidente del Senado.- Joaquín Guerrero, diputado secretario.- Miguel Duque Estrada, senador secretario”.

“Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le de el debido cumplimiento.- Palacio de gobierno federal en México a 13 de octubre de 1830.- Anastasio Bustamente.- A. D. Lucas Alamán”.

 

Estado libre y soberano de Sinaloa

 

Y cuando, en obediencia al decreto del Congreso General, Sinaloa se erige en Estado Libre y Soberano, su territorio se integra con tres de los cinco departamentos que formaban el Estado de Occidente: “El Fuerte, Culiacán y San Sebastián. Y con tal integración sufre una nueva mutilación de su territorio: Ya el Partido de Álamos -que comprende los Ayuntamientos de El Fuerte. No está incluido a pesar de que, al dividirse el Estado de Occidente, se convino en que cada una de las Provincias conservaría su anterior jurisdicción “en consecuencia -nos dice el Lic. Héctor R. Olea, en “Estudios históricos de Sinaloa”, Página 221- el departamento de El Fuerte estaba compuesto del Partido de su nombre, Álamos y Sinaloa; por este motivo Álamos pertenecía a Sinaloa; el límite natural entre las regiones era el río Mayo; pero los diputados Arriola, Gaxiola y Escalante, obedeciendo a sus intereses personales, maniobraron para que los fundos mineros de Álamos quedaran en la jurisdicción de Sonora. Al efecto, aprovechando la ausencia de los diputados por Sinaloa expidieron el decreto número169, de fecha 30 de septiembre de 1830, anexando el Partido de Álamos al Departamento de Horcasitas, Sonora”.

Ante las protestas elevadas por el Gobierno de Sinaloa, el Congreso de la Unión ratificó la validez del decreto y confirmó la adjudicación de Álamos al Estado de Sonora, consolidándose así una mutilación más del territorio sinaloense.

Como consecuencia de tal mutilación, el territorio sinaloense, al ser promulgada la primera Constitución Política del Estado de Sinaloa el 12 de diciembre de 1831, se encontraba integrado por siete Partidos: El Fuerte, Sinaloa, Culiacán, Cosalá, San Ignacio, Concordia (San Sebastián) y Rosario.

 

El centralismo de Santa Anna

En naciente Estado de Sinaloa quedó unido en 1836 al centralismo bajo el gobierno de Santa Anna. El Estado tomó el nombre de Departamento, éste se dividió en Distritos y éstos en Partidos. El gobernador pasó a depender del Presidente de la República, la Legislatura local fue disuelta y su lugar ocupado por una Junta Departamental. Fue una etapa que don Eustaquio Buelna calificó como “La Edad Media en Sinaloa y quizá de toda la República”. Como Jefe de Distrito imperó un fatídico personaje: el Prefecto.

En agosto de 1846 es restablecido el gobierno federal en Sinaloa. Desaparece el Departamento y lo sustituye el Estado, es disuelta la Junta Departamental y retorna la Legislatura: Los Ayuntamientos vuelven a fungir; pero el Prefecto no fue suprimido. Abría de subsistir a lo largo de todo el siglo XIX.

En 1861 hallamos al Estado dividido en nueve Distritos: El Fuerte, Sinaloa, Mocorito, Culiacán, Cosalá, San Ignacio, Mazatlán, Concordia y El Rosario. Ya los tradicionales siete distritos se han visto aumentados en dos: Mocorito, segregado de El Fuerte, y Mazatlán desvinculado de Concordia.

 

La intervención y el imperio

La llegada de Maximiliano de Habsburgo a México, en 1864 y con él, el establecimiento del Imperio no provocó en Sinaloa un cambio en su organización política. Si bien es cierto que el territorio nacional quedó dividido en Departamentos, cada Departamento en Distrito y cada distrito en Municipalidades, tal división no tuvo acatamiento en Sinaloa, pues las fuerzas liberales siempre mantuvieron bajo control la mayor parte del Estado. Sólo en la región sur -la circundante a Mazatlán-, con la presencia de las fuerzas francesas pudo quedar sujeta, aunque en forma efímera, a la nueva organización político-territorial.

Don Eustaquio Buelna en sus Apuntes para la Historia de Sinaloa, página 96, establece que el 13 de noviembre de 1866 “terminó en Sinaloa el Gobierno imperial, ruda y patrióticamente combatido por los hijos de este heroico suelo, desde el desembarco de los franceses en Mazatlán. Nunca lograron estos ocupar la tercera parte del Estado, y ya en los últimos meses se redujeron exclusivamente a la plaza del puerto, donde, sin embargo, no eran bien queridos y apenas fueron tolerados por la fuerza”.

En 1880 hallamos los mismos nueves distritos ya mencionados, según lo determinaba la Constitución local. Habiendo sido reformada la Constitución en 1890, la división política del Estado permaneció sin variaciones en el texto legal. Pero consideramos que en éste se cometió una seria omisión consistente en no consignar un décimo distrito ya existente: el de Badiraguato. Una omisión a manera de prenuncio de lo que habría de ser su vida futura: olvido, marginación.

 

Basamos nuestro aserto de que la Constitución local de 1890 incurrió en omisión respecto de Badiraguato, en los siguientes datos: 1) La Legislatura que expidiera la Constitución ,de 1880 tenía un representante por el distrito de Badiraguato; 2) El Lic. Ignacio M. Gastélum, en unas instrucciones formuladas con el propósito de suplir la falta de una Ley que reglamentara los procedimientos de las autoridades político-administrativas, señalaba en enero de 1886 que, según el Artículo 51 de la Constitución del Estado (o sea la de 1880), el territorio estatal se encontraba dividido en diez distritos, y al enumerarlos el propio Lic. Gastélum hacia mención del distrito de Badiraguato; y 3) La Legislatura que aprobara las reformas a la Constitución de 1890, tenía también entre sus miembros a un representante del distrito de Badiraguato.

En la Constitución local de 1894 aparece ya dividido Sinaloa en diez distritos, haciéndose mención expresa de Badiraguato.

 

MEXICO DE LA REVOLUCION

Por muchos años —los del porfiriato— no hubo ya cambios en la estructura política de Sinaloa. Habrían de producirse cuando la marejada de la Revolución derrumbó viejos sistemas. Fue así como, bajo su impulso, en 1915 el gobernador provisional Ing. Manuel Rodríguez Gutiérrez expide un decreto el 13 de abril en el que, haciendo uso de las facultades extraordinarias de que se hallaba investido, reformaba la Constitución local para ponerla en armonía con las reformas decretadas a la Carta Magna por el Primer jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, don Venustiano Carranza, reformas que expidiera en diciembre de 1914.

 

EL MUNICIPIO LIBRE

El decreto del gobernador Rodríguez Gutiérrez reformaba, entre otros artículos, el número 11 (once), quedando redactado en los siguientes términos.

“El Gobierno del Estado es republicano, representativa, popular, y tendrá como base para su división territorial y de su organización política, el Municipio Libre, administrado por Ayuntamientos de elección popular directa, y sin que haya autoridades intermedias entre éstos y el Gobierno del Estado”.

No obstante, la división básica siguió siendo la que tenía por elemento fundamental al Distrito. La vieja decena de distritos subsistió, nada más que ahora, en virtud del decreto del gobernador Rodríguez Gutiérrez, éstos se encontraban integrados por Municipios. Un año después, según veremos más adelante, saldría avante el Municipio Libre.

En los años de 1915 y 1917 nacen seis nuevos municipios: Escuinapa, Guasave, Angostura, Choix, Ahome y Elota, todos ellos antiguas Directorías de los Municipios de los cuales fueron segregados.

Los decretos que dieron vida institucional a los nuevos municipios son los siguientes.

Escuinapa/ Decreto número 21 expedido por el gobernador provisional, Ing. Manuel Rodríguez Gutiérrez con fecha 7 de Septiembre de 1915, publicado en el periódico oficial número 101 del 19 de octubre del mismo año. El decreto establecía en su artículo 5°. que el Ayuntamiento quedaría constituido el día 8 de septiembre y que la instalación solemne (artículo 6°.) se verificaría el día 15 del mismo mes, o sea en el aniversario de la iniciación de la lucha por la independencia de México. Escuinapa fue segregado de Rosario.

 

Guasave: En su carácter de gobernador y comandante militar del Estado, el Gral. Ángel Flores expidió sendos decretos creando los restantes cinco municipios. El de Guasave nació en virtud del decreto de fecha 30 de noviembre de 1916, publicado en el periódico oficial número 132 del 5 de diciembre del mismo año. El Ayuntamiento quedaría instalado el día 1°. de enero de 1917. Guasave fue segregado del municipio de Sinaloa.

Angostura: Decreto de fecha 30 de noviembre de 1916, publicado en el periódico oficial número 133 del 7 de diciembre de 1916. Fecha de instalación: 1 °. de enero de 1917. Fue segregado del municipio de Mocorito.

Choix: Decreto de fecha 30 de noviembre de 1916, publicado en el periódico oficial número 134 del 9 de diciembre del mismo año. Fecha de instalación: 1 °. de enero de 1917. Fue segregado del Municipio de El Fuerte.

Ahome: Decreto de fecha 20 de diciembre de 1916, publicado en el periódico oficial número 138 del 26 de diciembre del mismo año. Fecha de instalación del Ayuntamiento: 1o. de enero de 1917. Fue segregado del municipio de El Fuerte.

Elota: Decreto de fecha 3 de abril de 1917, publicado en el periódico oficial número 29 del día 17 del mismo mes y año. Fecha de instalación: 5 de mayo de 1917 (aniversario de la batalla de Puebla). Fue segregado del municipio de Cosalá.

Los municipios así creados. adquirieron confirmación constitucional en agosto de 1917 al quedar incluidos en la división territorial que consignaba la Constitución local expedida en esa fecha por el XXVII Legislatura integrada por los diputados Ing. Emiliano Z. López, Pedro L. Gavica, Manuel María Sáinz, Julio E. Ramírez, Arnulfo Iriarte, Diego Peregrina, Genaro Noris, Eliseo Quintero, Serapio López, Alfonso Leyzaola, Miguel C. Ceceña, Fernando B. Martínez, Félix A. Mendoza, Leopoldo A. Dorado y Susano Tisnado. Era gobernador del Estado el Gral. Ramón F. Iturbe.

Finalmente, el municipio de más reciente creación el de Salvador Alvarado, nació a la vida política como consecuencia de una fuerte demanda popular, que contó con el apoyo del entonces gobernador del Estado el Gral. Gabriel Leyva Velázquez. Fue creado mediante decreto número 280 de fecha 27 de febrero de 1962, publicado en el periódico oficial del 6 de marzo de 1962. Fecha de instalación: 1°. de enero de 1963. Fue segregado del municipio de Mocorito.

Cabe señalar que los legisladores cometieron el error de calificar de Ayuntamiento al grupo de concejales que rindiera su protesta como grupo rector del naciente municipio, ya que el Ayuntamiento sólo puede tener origen en la elección popular directa, según lo establecido por la Constitución General de la República con su Artículo 115 fracción 1. Y como en este caso la designación de las primeras autoridades del municipio estuvo a cargo de la Legislatura local, la denominación correcta debió haber sido la de Consejo Municipal.

 

Y HOY EN DIA

Hoy en día, la Constitución Política del Estado de Sinaloa en su artículo 18 establece:

“El territorio del Estado se divide política y administrativamente, como sigue:

“I.- En diecisiete municipalidades autónomas a saber:

Ahome, (El) Fuerte, Choix, Guasave, Sinaloa, Angostura, Salvador Alvarado, Mocorito, Badiraguato, Culiacán, Elota, Cosalá, San Ignacio, Mazatlán, Concordia, Rosario y Escuinapa”.

Tal ha sido el proceso que siguiera la integración política-territorial de la entidad, y que se iniciara en las antiguas provincias de Cinaloa, Culiacán y Chiametla, para culminar en los actuales 17 municipios que integran el Estado de Sinaloa.

Fue un largo y anfractuoso camino el que hubieron de recorrer tanto la Nación mexicana como las gentes que se arraigaron en estas tierras, en ese permanente afán del hombre por edificar un hogar, obtener el pan de cada día y orientar su esfuerzo y su ensueño hacia la conquista de un bienestar común, solidario y nacional.

Ya lo advirtió el poeta: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

 

 

 

Tomado de la revista: Letras de Sinaloa, número 60, páginas 23-32, Universidad Autónoma de Sinaloa, marzo-abril 1982, Culiacán, Sinaloa, México.

 

 

Mapa Sinaloa

Mapa Sinaloa 1838

 

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Un territorio llamado Sinaloa
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Breve historia del estado de Sinaloa-México desde la época prehispánica a mediados del soglo XX.

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