Teponaxtli

August 6, 2014

 

Poesía de autores sinaloenses

 

TEPONAXTLI

 

Por: Esteban Zamora

(Para María Ninfa, mi mujer)

Yo no sé si en los vasos de mi sangre,

o en los oídos,

o en los tuétanos,

o en el cerebro,

o en lo que los doctores llaman el superego,

yo tengo un teponaxtli

atávico,

tribal,

ungido por el limo del Génesis,

por la sangre de los mártires,

por el sudor de los siervos,

por el óleo de los reyes

y por la linfa del bautismo;

bruñido por los soles,

lamido por los siglos,

barrido por los vientos,

macerado en las lágrimas de los mares eternos,

templado en el sereno parpadeo de las galaxias,

afinado al temblor del universo

 

Por eso

cuando acampo

en el umbral del sueño,

cuando suelto las riendas,

cuando recorro el velo,

yo percibo el tam tam del teponaxtli,

de la piel a la sangre,

de la sangre a los huesos-

pulsación, estridor o golpeteo.

 

A veces es el grito enardecido,

el redoble marcial

que suscita al desfile

de penachos como cabezas de palmera,

de lanzas y de flechas,

de rodelas como ojos del tiempo,

de hondas en vivaz circunferencia

para herir las estrellas…

Entonces se me encrespan las alas,

se me afilan las garras

de caballero tigre

y hierve en mis entrañas la hiel de la pelea.

 

Otras veces me traen sus percusiones

murmullos de la selva,

olor de playa y suavidad de arena,

tinte de orquídeas,

retumbos de la danza

y fiebre de la hoguera.

Entonces se estremece cada fibra

y resopla el jadeo en la garganta,

los sentidos se tensan en acecho

y en el temblor de la ansiedad sin tiempo

se retuercen los brazos cual serpientes aladas

en busca de la gota de roció

que mitigue a la brasa.

 

Pero a veces el ritmo se detiene

al borde del silencio

y resuenan los ecos del misterio

que repiten parábolas,

profecías y salmos.

 

Arden visiones de cosmogonías

y en cascadas de ensueños

fluyen lentos veneros

donde el plasma inicial se vivifica

con la infusión de un beso.

 

Oigo latir el corazón del tiempo

y el oído se empina

por encima del cerco de las eras.

 

Me rodean rumores que no entiendo,

que me juntan la angustia y la esperanza,

la alegría del vino de las bodas

con fa hiel y el vinagre de la lanza,

la Vida con la muerte,

la sangre con el agua,

el perdón y la culpa,

¡el Amor infinito que cabe en una hogaza!

…y en humos de copal,

a las alturas,

se deslíe mi alma.

 

Perdonarán, amigos, que no siga

el paso que me marca

el tambor de hojalata,

ni al silbato

que resopla el sargento,

ni a la flauta

que guía a la manada,

ni al pandero

con que los osos bailan.

 

Marcho sólo al compás del teponaxtli

que, no sé donde, llevo,

si en la sangre,

en la entraña,

o en los nervios,

o en la flama

que consume mi vida

e ilumina mi ánima.

Culiacán, Sinaloa, a 30 de mayo de 1977.

 

Tomado de; Presagio, Revista de Sinaloa; número 1, página 31.

 

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Teponaxtli
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Versos para el instrumento musical precolombino

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