Historia de Sinaloa México

 

El Templo religioso de Guamúchil

 

Por: María Esther Sánchez Armenta

 

Cuando el ingeniero José Villaburu, quien por órdenes de Gobierno del Estado, practicó el levantamiento topográfico y planificó lo que es hoy la ciudad de Guamúchil, con el propósito de dotar de fundo legal al poblado -en 1917-, se señalaron las manzanas número 45,46,55 y 56, superficie que se destinaría para la construcción de edificios públicos y un jardín de la entonces pequeña cabecera de la sindicatura; espacios que posteriormente ocuparon la actual Escuela Primaria Samuel M. Gil, las dos secciones del mercado y la plazuela municipal. De la manzana 64, se marcaron los lotes E, F, G y H; solares que él señor Manuel Riveros Riveros, que en esa época se desempeñaba como presidente municipal de Mocorito, cedió para que fueran empleados en la edificación de una Parroquia.

Contrariamente a lo usual en las ciudades que fueran edificadas por españoles, en las que simultáneamente se construía el Templo, en Guamúchil tuvieron que pasar muchos años para que los creyentes de la fe católica contaran con un santo recinto, pues ante la carencia de éste, se dependía de Mocorito, Parroquia a la que pertenecía la grey católica del pequeño poblado.

En Crónica de Guamúchil, el profesor Carlos Esqueda dice que fue la señora Rosario Araujo, viuda de Figueroa, conocida familiarmente como «doña Chalita», la que animó a los moradores del naciente poblado a echarse a la tarea de erigir una Iglesia. Doña Chalita había llegado a Guamúchil de su natal Bacubirito en 1917. Su esposo, don Ignacio Figueroa, se desempeño como sacristán de la Parroquia de aquel legendario lugar que le sobrevino la muerte.

Doña Chalita, activa militante del catolicismo, tomó con mucho entusiasmo su proyecto cuando corría el año de 1919, haciéndose a liar por dos señoritas de aquella época, siendo una de ellas Rosario Elizalde, posteriormente de Guillén; y la otra, María Rubén Castro, tiempo después de Aguilar, hijas respectivamente de don Rafael Alizalde y de don Ramón Castro, ambos primeros pobladores de Guamúchil.

 

Doña Chalita y las dos muchachas pusieron en marcha una colecta, celebraron fiestas a beneficio y se hizo acopio de materiales para la obra. La campaña recaudadora se llevó a cabo a favor de la Virgen de Guadalupe, imagen que posiblemente todavía se conserve en la sacristía de la parroquia.

 

Del producto de esta primera cruzada el profesor Esqueda dice… «Se arrimó suficiente material para iniciar los trabajos, pero como aquí se acostumbra disponer muy gentilmente de toda propiedad pública (y también de la privada), alguien tomó «prestado» el material para sus construcciones particulares, y de ese modo la obra de la parroquia no pudo iniciarse».

En esta primera etapa, pese al entusiasmo demostrado por doña Chalita y sus dos jóvenes ayudantes, la idea no logró fructificar, pero dejaron sembrada una inquietud.

Los afanes y las buenas intenciones, sólo en eso quedaron: en buenas intenciones.

Tuvieron que pasar dos años; y fue hasta el mes de agosto de 1921, cuando la señora Delfina Echavarría de Salazar -esposa del doctor Carlos Salazar-, organizó el primer Comité de carácter formal para la construcción del Templo a favor de la Virgen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que de haberse concluido, sería la patrona del lugar, quedando la directiva bajo la responsabilidad de las siguientes damas: presidenta, Sra. Delfina Echavarría de Salazar; secretaria, Loreto Belmontes; tesorera, Reynalda Cota; vocales, Ramona Toledo de Angulo y Petra de Gastélum.

Este nuevo grupo de damas más numeroso que el anterior, se puso a trabajar de inmediato, logrando captar una buena cantidad de donativos, tanto en efectivo como en materiales, entre los que cabe destacar el otorgado por don Luis González, consistente en 10,000 ladrillos.

Luego del éxito en la cruzada, el Comité gestionó y obtuvo la autorización eclesiástica para iniciar la obra, la que fue otorgada por el entonces Obispo de Sinaloa, doctor Agustín Aguirre y Ramos. Los cimientos se empezaron a escavar el día 26 de enero de 1922 y tanto el solar, como los cimientos y la primera piedra fueron bendecidos por el señor cura de, Mocorito, Manuel Martínez. La piedra fundamental fue labrada por el cantero, don Pedro Alatorre, un ex soldado porfiriano que estuvo al cuidado del Panteón Reforma de Mocorito durante muchos años.

La arquitectura del Templo según Esqueda, es de un estilo donde se mezclan el angevino y el ojival. El proyecto fue obsequiado al Comité que encabezaba doña Delfina, por el señor Juan R. Sáinz, que por aquel entonces fungía como gerente del ingenio Eldorado, Sinaloa. Era el plano original del Templo que se construyó en aquel lugar, al que se le hicieron algunas modificaciones para adaptarlo al terreno, a las necesidades locales y a los recursos disponibles.

El primer maestro albañil que se empleó en la obra, fue el señor Sebastián González. Los trabajos que se desarrollaron a ritmo lento, se suspendieron en 1928. El avance de la obra apenas logró alcanzar los dos metros de altura en los muros, más el local de la sacristía en donde se colocó un pequeño altar en el que esporádicamente oficiaba el párroco de Mocorito a petición de los fieles del lugar. El Comité encabezado por doña Delfina, cumplió con creces la segunda etapa; no se terminó la obra pero se entregaron buenos resultados; y ya para enton¬ces esa zona del poblado era conocida como «el barrio de la capilla».

El profesor Esqueda asienta en Crónica de Guamúchil, que en un corte de caja que presentó el Comité en 1922, se consigna el costo del carro de arena en 30 centavos; el jornal del peón en un peso; el carro de tierra en 28 centavos; la carreta de piedra en un peso; un miliar de ladri¬llos en 15 pesos; la fanega de cal en 75 centavos, y el acarreo del miliar de ladrillos en 5 pe¬sos.

En 1942, después de no haberse pegado un solo ladrillo, don Eduardo Rodríguez encabezó un nuevo grupo de vecinos para continuar la obra. El Comité lo integraron don Luis González, don Plácido Sánchez, don Lauro Díaz, don Cosme Villaverde y el propio don Eduardo, entre otros. Dos años fueron suficientes para que quedaran totalmente terminados los muros y la bóveda y casi concluida la casa cural, quedando por hacer las dos torres.

El día 27 de abril de 1944, se entregó el Tempo al presbítero Alejandro Ruiz, quien venía de Bacubirito, en donde por largo tiempo estuvo a cargo de la Parroquia del lugar.

La bendición de la Iglesia se hizo el día 10 de mayo de ese mismo año por el Obispo de Sinaloa, señor Lino Aguirre y García.

El padre Alejandro ya como titular, terminó la casa cural, levantó las dos torres e instaló la campana mayor, la cual fue bendecida por el Obispo, señor Lino Aguirre y García; fungieron como padrinos del acto los señores Eduardo Rodríguez, Leopoldo Inclán, Cosme Villaverde y Jorge Aguilar. Auxiliado por el Comité que había encabezado don Eduardo, se lograron instalar vitrales, donados por familias de la localidad, en los que quedaron plasmados los nombres de cada uno de los donantes.

Cuando el padre Alejandro fue adscrito a Navolato, Monseñor José Rodríguez llegó como titular del Templo. La primera tarea que se echó a cuestas fue la instalación del altar; obra de buen gusto hecha totalmente de ónix. La imagen guadalupana llegó y permaneció en casa de don Eduardo Rodríguez hasta que fue colocada en el nuevo altar.

Tiempo después el presbítero Rubén Rojas, con inversión directa recubrió la bóveda; obra en un estilo tirando a rococó, donde la nave de cañón corrido con trabes circulares está supercargada de yesería con diferentes dibujos; trabajos de muy mal gusto según opinión de los doctos en la materia.

El padre Isaías Gutiérrez por su parte, con aportaciones que él recolectó, recubrió los muros del recinto con marmolería. La última mejora de consideración la emprendió el padre Fran¬cisco Favela, con la remodelación y adoquinamiento del atrio, obra que estuvo a cargo del arquitecto Cosme Pablo Villaverde.

En los últimos días corrió la versión de una posible ampliación del tempo; inclusive se habló de un proyecto y presupuesto, y todavía más, la intención de parte de la Diócesis de otorgar la autorización para iniciar los trabajos.

Los dignatarios eclesiásticos según nos informaron, argumentan el estado deplorable en que se encuentran los techos. De acuerdo, pero también opinan que el cupo de la nave es limitado, insuficiente. Razonamiento éste, muy discutible, porque por más que se amplíe la nave, en los actos religiosos tradicionales, la incapacidad de albergue se volverá a manifestar.

Lo procedente según una gran mayoría -opinión que compartimos-, es la de aplicar parte de la cuantiosa inversión presupuestada, en rehabilitarlo, y destinar el remanente en terminar los dos templos en proceso de construcción, que sumados al de Guamúchil Viejo, diversificarían la afluencia de fieles con el consiguiente desahogo en la Parroquia Guadalupana.

De llevarse a cabo la remodelación, se trastocaría la arquitectura original del inmueble; transformación que el pueblo no ve con agrado, porque desde siempre, la Iglesia junto con el edificio Davimar, la vieja Escuela Secundaria y el Reloj Público cuando existía, que si bien es cierto, ninguno está considerado como joya arquitectónica, si forman parte del patrimonio cultural de Guamúchil, porque en cada ladrillo, en cada palada de cal, se encuentran rastros de su pasado histórico, y porque han sido los símbolos distintivos de la ciudad.

Finalmente todo proyecto se suspendió.

 

 

Tomado de: 18 Encuentros con la historia, revista cultural Presagio, 2000.

 

 

Templo religioso de Guamúchil Sinaloa

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El templo de Guamúchil
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Historia de la construcción ícono religioso de la ciudad cabecera del municipio de Salvador Alvarado en Sinaloa-México.

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