Sinaloa y su geografía

August 10, 2013

Mapas de Sinaloa México

 

SINALOA Y SU GEOGRAFÍA

 

Por: Roberto Ayala E.

Si pocos estados de la República tuvieron la dolorosa infancia y la triste adolescencia de Sinaloa, también son pocos los que han tenido una luminosa juventud como la que ahora vive esta tierra. Atrasada como vivió, dependiendo de los demás estados de la República, como fueron sus años mozos; aislada como transcurrió su vida pasada, es hoy una de las entidades más laboriosas del país, fuente sin la cual no es posible concebir una robusta economía mexicana.

Y ya que nos hemos asomado a la historia para saber cómo ha sido Sinaloa, veamos cómo es ahora.

Con su favorable situación geográfica, dotada de grandes recursos económicos, naturales y humanos, Sinaloa desempeña un papel importantísimo en el desarrollo de la producción nacional. Su potencialidad es enorme y está constituida por valiosas riquezas minerales, agrícolas y ganaderas.

Forma parte Sinaloa, con sus 58 488 kilómetros cuadrados de superficie, de la planicie costera noroccidental,1 que es la faja comprendida entre el litoral del océano Pacífico y la Sierra Madre Occidental. Dentro de esta planicie, además de Sinaloa, se hallan comprendidas importantes porciones de Sonora y Nayarit. Esta planicie costera noroccidental es una amplia superficie llana, de suave pendiente, interrumpida por elevaciones profundamente erosionadas y conos aluviales muy tendidos. A causa de la erosión, han bajado de la sierra vecina materiales que han formado llanuras desérticas en la parte norte del estado, y más al sur llanuras aluviales en donde se observa una tendencia a la inmersión y las cuales dieron origen a las bahías de Mazatlán, Guaymas y Topolobampo que, en realidad, son valles sumergidos.

La precipitación pluvial en la planicie costera noroccidental es baja en el norte y a la orilla del mar; aumenta al pie de las serranías, hasta llegar a 600 mm; más hacia el sur es de 800 mm en el litoral y de 1 200 al pie de las serranías. Llueve de junio a octubre. Su clima va desde el cálido de las costas hasta el frío de las montañas. En las planicies es tropical y lluvioso con lluvias en verano, y en las montañas templado lluvioso con precipitaciones todo el año. Estas lluvias casi permanentes dan sus aguas a los ríos que labran su tierra e irrigan sus cultivos y de los cuales hablaremos más adelante.

La vegetación de la orilla es típica de litoral, formada por manglares, palmeras y amates; hacia el interior aparece en este paisaje una selva espinosa, leguminosas, gramíneas duras y arbustillos enanos y cactáceas. Más hacia el sur, la faja de vegetación se hace más ancha y la selva espinosa es sustituida por una flora tropical, en la que destacan el chicozapote, la primavera, la caoba y el cedro rojo.

Siendo Sinaloa un estado costero y la pesca una de sus más prósperas actividades, describiremos la parte del océano Pacifico que baña sus costas.

 

El océano Pacifico

El Pacífico —que se extiende al oeste del país y ofrece como accidente más importante el Golfo de Cortés o de California— ha sido dividido por nuestros geógrafos más eminentes en 3 regiones, sobre nuestro litoral: primera, frente a la costa occidental de la península de Baja California; segunda, el Golfo de California o Mar de Cortés, y tercera, el área situada enfrente de las costas, desde el extremo de la península de Baja California, hasta Centroamérica.

En la primera de las descritas zonas, la plataforma continental es estrecha y rápidamente se pasa a profundidades de 2 000 a 3 000 metros. En las inmediaciones de la isla de Guadalupe se han encontrado valles submarinos en forma de círculo y a partir del paralelo 28° hacia el sur la plataforma continental se amplía, encerrando dentro de ella a la isla de Cedros, para ir reduciéndose lentamente y desaparecer en el extremo de la península. La zona que se extiende hacia el sur con profundidades de 3 500 a 4 000 metros se va ampliando y separándose de la costa para quedar al final de la península bastante distante. Las aguas someras de esta zona son ricas en peces y vegetales.

El Golfo de California o Mar de Cortés queda limitado por la península de Baja California y se le atribuye una longitud de 1 200 km; su mayor anchura es de 210 km y la menor de 90 km al sur de la isla de Tiburón. La profundidad media es del orden de 800 metros. La superficie de sus aguas alcanza 181 000 km cuadrados, y se ha cuantificado el volumen de las mismas en 145 000 000 de metros cúbicos. Se trata, a juicio de los geógrafos consultados, de una “moderna depresión” que puede considerarse dividida en dos partes: la sur o externa, en forma de embudo y con profundidades que aumentan paulatinamente hasta la entrada meridional; la zona septentrional, separada de la anterior por una cresta submarina que forma un umbral de 200 metros que parte de la isla de Tiburón con dirección sur-sureste.

La plataforma continental es reducida en las costas occidentales, o sea las de la península, sumamente angosta en la parte oriental, es decir, en las costas de Sonora y Sinaloa, y toma algún desarrollo en el extremo norte, atribuido a los azolves arrastrados por el río Colorado.

En las costas de Sinaloa hay indudables indicios de una reciente sumersión que puede inferirse por la existencia de terrazas que se suponen esculpidas por las olas, en la base de algunos acantilados costeros que hoy se encuentran a una profundidad aproximada de 60 metros. Las aguas poco profundas son muy ricas en peces comestibles.

 

Climatología de Sinaloa

Hecha esta descripción de las aguas que forman parte del océano que baña sus playas, es necesario echar una rápida ojeada al factor clima, que permitirá conocer más adelante el ambiente en que se desarrolla el esfuerzo de los sinaloenses en la tarea de aprovechar los recursos con que la naturaleza dotó a su tierra.

Es necesario —para entender este tema referido a Sinaloa— resumir los factores que definen las características particulares de la climatología de nuestro país: México está cortado por el Trópico de Cáncer y tiene, en esa virtud, parte de su territorio dentro de la zo¬na tropical y la porción restante, que es la que cubre la mayor área, se extiende en la extratropical. De esta manera, la parte del territorio nacional situada al sur del Trópico de Cáncer tiene dos veces al año al sol sobre su cenit, mientras la extratropical nunca lo tiene y siempre llegan inclinados los rayos solares según ángulo variable. La compleja orografía del país impide hacer generalizaciones pensando en grandes extensiones que disfruten de un tipo de clima determinado, porque la altitud, variable en una corta área provoca modificaciones tan singulares que es necesario tener presente la existencia de numerosos microclimas. Asimismo los dos océanos que bañan los litorales de México influyen poderosamente en el clima.

Según la clasificación internacionalmente aceptada de Wilhelm Koeppen, haremos un resumen de las características climatológicas de Sinaloa, comparadas con las de otras regiones del país:

Humedad relativa.—La humedad relativa se distribuye de acuerdo con varios factores, entre los cuales los más importantes son la cercanía al mar y el descenso de masas de aire de la alta atmósfera. El vapor de agua contenido en la atmósfera tiene una gran importancia para los seres vivos. Koeppen asegura que el aire seco tiene el inconveniente de producir nerviosidad, insomnios, aceleración del pulso, mayor sequedad cutánea, etc. Al hacerse el análisis de la carta de humedad relativa media anual, se concluye que a la costa de Sinaloa se le atribuye una humedad relativa comprendida entre 60 y 70%,2 semejante al que priva en el centro del estado de Sonora. La parte de Sinaloa que penetra en la región montañosa de la Sierra Madre Occidental tiene un valor entre 70 y 80%.

(El mismo examen de la carta correspondiente permite observar que la humedad relativa es mayor en la costa del Golfo de México que en los litorales del océano Pacifico).

Nubosidad3. Puede tener en nuestro país, dos fuentes de origen: 1) La invasión de masas de aire frío y secas del norte, que es de escasa importancia y no tiene ninguna relación con las lluvias, y 2) La que acompaña a la invasión de masas de aire caliente y húmedo procedente de los océanos contiguos, que es de gran importancia y sí está relacionada con las lluvias.

La mayor nubosidad se localiza en la falda este de la Sierra Madre Oriental, Sierra Madre de Oaxaca y Mesa Central de Chiapas, en alturas comprendidas entre 200 y 1 000 metros, donde se registran 150 días nublados anualmente, según la carta correspondiente. Esta zona queda comprendida desde Soto La Marina al sur, hasta penetrar en la República de Guatemala. Dentro de las zonas de nubosidad de 120 a 150 días al año, se encuentran las vecinas a esa serranía en la falda oriental hasta llegar a sus cimas; la parte central de la península de Yucatán; la vertiente del Pacífico de la sierra occidental en la zona limítrofe entre Sinaloa, Durango y Nayarit, y la vertiente marítima de la sierra de Coalcomán. Los valores más bajos de la nubosidad se observan en las costas de la parte norte del Mar de Cortés, entre la boca del río Colorado y la Isla de Tiburón, en la Altiplanicie Septentrional y en la porción norte de los estados de Chihuahua y Sonora. En conjunto, en febrero se registra el menor número de días nublados y el valor máximo en septiembre.

Heladas. Sinaloa no está a salvo del enfriamiento intenso que llega a producirse a causa de la pérdida nocturna del calor por la irradiación terrestre, hecho que produce la helada, y que se presenta generalmente coincidiendo con la salida del sol o poco después de ella. Este fenómeno tan importante para la vida vegetal, especialmente para los cultivos, porque ese descenso de temperatura es a veces tan violento que provoca la congelación de la savia de las plantas que no tienen eficaz defensa, y que con frecuencia afecta seriamente la producción agrícola del estado, no se registra general¬mente en la zona baja de altitud no mayor de mil metros y situada dentro de la zona tropical; es más frecuente en la mayor parte de la zona intertropical que tiene alturas superiores, pero se presenta con mayor frecuencia en las altiplanicies y en la Sierra Madre Occidental. Además de estas aéreas se presenta el fenómeno en los pequeños valles situados en zonas limitadas por altas serranías y como consecuencia de masas de aire continental del norte.

Lluvias. Los mismos contrastes que ofrece la topografía del país, presenta el régimen de lluvias en México. En la costa del Pacífico la precipitación se mantiene en valores bajos, pero aumenta en algunos sitios por efecto de factores locales. En general en la planicie costera, la lluvia se mantiene abajo de 1 000 milímetros anuales4 y recorriéndola de sur a norte, estos valores se van reduciendo hasta llegar al noroeste de Sonora a donde desciende hasta 500 milímetros en la porción norte del desierto de Altar. Si tomáramos en cuenta exclusivamente la precipitación anual, podríamos formarnos una idea errónea de los recursos pluviales. Por eso es necesario examinar las cartas de lluvias en los meses de estaciones extremas:

1) Durante el mes de enero todo el territorio nacional tiene menos de diez milímetros de altura media mensual de la lluvia, excepto en el extremo noroeste de Baja California que tiene lluvias en invierno con más de 50 milímetros y en la región situada al este del meridiano 100° de longitud oeste de Greenwich, donde debido a la invasión de masas de aire de los alisios procedentes del Golfo de México, las lluvias alcanzan más de 25 milímetros de altura media mensual.

2) Durante el mes de julio todo el territorio nacional tiene más de 25 milímetros de altura media mensual de la lluvia, excepto en las altas cimas de todas las serranías, donde se observan los más altos valores. En la costa del Pacífico, la parte montañosa del estado de Sonora tiene escasa lluvia que no excede de 100 milímetros; en cambio, la porción de los estados de Sinaloa, Nayarit y “parte de Durango en la falda poniente de la Sierra Madre Occidental, recibe intensas lluvias superiores a 300 milímetros.

Las llanuras costeras de Sinaloa se hallan situadas dentro de la zona seca de acuerdo con la clasificación que de las zonas de clima de la República mexicana hizo Wilhelm Koeppen. Esa zona se caracteriza porque la altura media anual de la lluvia es, aproximadamente, inferior a 750 mm si es tropical, a 580 mm si es templado y llueve en. verano, y a 300 mm si es templado y llueve en invierno. Las llanuras del sur de Sinaloa, en el litoral del Pacífico, se hallan en la zona de “clima tropical lluvioso”, con lluvias en verano. Este tipo se caracteriza porque la temperatura media de todos los meses es superior a 18°C y porque tiene lluvias de verano. La región formada por las llanuras de Sonora y el norte de Sinaloa corresponden al clima seco estepario, que se caracteriza porque la altura media anual de la lluvia es aproximadamente inferior a 750 mm si es tropical, a 580 mm si es templado y llueve en verano, y a 300 mm si es templado y llueve en invierno. Este tipo de clima estepario tiene dos subtipos principales, según su régimen térmico, en el territorio nacional: a) caliente con una temperatura media anual superior a 18°C que es el que predomina en la zona seca con excepción de las regiones frías que en seguida enumeraremos, y b) frío, con una temperatura media anual inferior a 18°C, que solamente se encuentra en las montañas transversales de la altiplanicie, al sur de Coahuila y Nuevo León y al norte de Durango y de San Luis Potosí, y en la región situada al este de la Sierra Madre Occidental, en toda su extensión. En uno y en otro casos es la altitud la que determina el régimen térmico frío.

 

El litoral sinaloense

La Sierra Madre Occidental, que sirve a la altiplanicie mexicana de barrera occidental y limita la planicie costera del Mar de Cortés y parte de la del océano Pacífico, atraviesa el estado de Sinaloa, y da al estado gran parte de los ríos que irrigan las tierras de labor. Antes de examinar sus ríos y sus cuencas, conviene estudiar brevemente el litoral sinaloense, que coincidiendo con la planicie costera noroccidental es, en lo general, bajo y arenoso, debido a los efectos de la sedimentación, interrumpida en algunos lugares y al través de la historia geológica por intrusiones volcánicas, que han formado acantilados a causa de los movimientos del mar cuyas olas revisten allí la importancia de escultoras de la línea costera. La plataforma continental está bastante desarrollada y puede considerarse que es la prolongación de la llanura de la costa. Esta es, en su mayor parte, de emersión; sin embargo, hay diversos tipos como en el delta del río Fuerte, que hace que el perfil de la costa sea convexo. En otros sitios las llanuras aluviales han avanzado sobre el mar y producen un perfil submarino recto. El magnífico fondeadero natural de Topolobampo, cuyas costas están formadas por materiales volcánicos, ha sido originado, a juicio de uno de los autores consultados para ilustrar esta monografía, por explosiones geológicas recientes, aunque otros más, interrogados para esclarecer este punto, aseguran que ello se debe a sumersiones y no a estallidos volcánicos. Se ve que en algunos lugares del litoral, la costa tiene la tendencia de ir ganando terreno al mar, merced al desarrollo de la vegetación en aguas submarinas que le sirve de avanzada al depósito de azolves. Así surge, en algunas secciones de la costa, una tendencia general a la recta, con formación de esteros, barras, cordones y pequeñas albuferas.

De Mazatlán al sur, la costa continúa siendo baja y arenosa, sin vegetación espesa, hasta la desembocadura del río Presidio. De allí hasta alcanzar la boca del río Baluarte, surge una serie de pantanos y marismas.

 

Los ríos, cultores de Sinaloa

La historia del suelo de Sinaloa se halla inscrita en gran parte en el agua. En el capítulo respectivo, estudiaremos la función importantísima que el agua desempeña en el esfuerzo gigantesco de los sinaloenses que en las últimas décadas han prodigado el milagro de hacer rendir a la tierra una agricultura que ya en la Colonia se adivinaba abundante, pero que no lo ha sido sino hasta hace pocos años. El hombre es el brazo; el agua es todo. Fertiliza la tierra y humedece la atmósfera que la ha estado hurtando sin cesar a la superficie de la tierra para devolverla a la tierra constantemente. Y es que toda superficie húmeda bajo el sol rinde tributo eterno a la atmosfera. Los ríos nacen para morir y volver a nacer, lo mismo que las civilizaciones que se han sucedido en sus valles. En Sinaloa, sus ríos han rendido una agricultura que contribuye a aliviar la escasez de una República mexicana en impetuoso crecimiento demográfico.

Río Fuerte. Su nacimiento tiene lugar en la parte norte de las elevadas serranías de los tepehuanes. Los arroyos Chinatú y Verde se unen para darle vida, en tierras de Chihuahua. El joven río nacido de esa unión penetra en Sinaloa donde por la margen derecha recibe los arroyos de Batopilas y de Urique, que son a su vez límites entre Chihuahua y Sinaloa. Luego, mientras labra las tierras de Sinaloa recibe el tributo de los ríos Choix, Oteros y Septentrión, que se le unen. Por último el río Álamos llega hasta él para depositarle sus aguas y morir con él.

Nunca fueron tanta verdad las frases de un inmortal buscador de ríos —James Hutton— quien demostró para siempre que los valles con ríos son obra de los ríos que los recorren. El río Fuerte es uno de los gigantescos labradores de la agricultura sinaloense. Irriga una zona agrícola que cada vez tiene mayor importancia. Ofrece sus aguas a la presa Miguel Hidalgo y Costilla, que tendrá una capacidad de 2 000 millones de metros cúbicos, según veremos más en detalle al hablar de la irrigación en Sinaloa; generará luz y fuerza motriz y ha dado vida, en sus riberas, a poblaciones que se han convertido en fuerzas de fecunda actividad creadora, como El Fuerte, bautizada así en su honor, San Blas, Los Mochis. Su cuenca tiene un área de 33 890 km2 y su escurrimiento virgen se estima en 5 420 millones de metros cúbicos.

Río Sinaloa. También nace en las cimas de la Sierra Madre Occidental, sobre el estado de Chihuahua, debido a la unión de los ríos Besonapa y Nohinora. Baja a la planicie sinaloense y su volumen crece con la tributación de los arroyos de Cabrera y Ocoroni, en la región costera. Desemboca en el Golfo de California o Mar de Cortés, después de tocar en su recorrido, entre otras, Bamoa y Guasave. La cuenca de captación tiene una extensión de 12 400 km2, y su caudal en la desembocadura es de 2 294 millones de me¬tros cúbicos. Más adelante volveremos a hablar de él, cuando examinemos su obra en la irrigación.

Río Mocorito. También es conocido como río Évora. Nace en una de las estribaciones de la Sierra Madre Occidental, y sus aguas descienden vertiginosamente para llegar a la planicie costera bañando antes Guamúchil y Mocorito. Su cuenca tiene un área de 2 592 km2, comprendida en su mayor parte en el estado de Sinaloa. Su escurrimiento medio anual se calcula en 285 millones de metros cúbicos.

Río Culiacán. Este río a cuyas riberas vive la capital del estado, nace, a diferencia de los anteriores, en Durango, en los altos picachos de la sierra. El río de Los Lobos le da vida. Luego se le une la corriente que drena la quebrada del valle y más tarde el río del valle de Topia. Al entrar en Sinaloa se le conoce con el nombre de río Tahuehueto, y comienza a recibir los afluentes de los arroyos sinaloenses. El río San Fernando le da sus aguas; más tarde se las entrega el arroyo de Banopa y en seguida el río de Badiraguato. Al pasar cerca del poblado de Humaya, toma ese nombre y en adelante así lo nombrarán. Enfrente de la capital del estado, recibe la tributacion del rio Tamazula.

La extensión total de la cuenca de captación de este río es de 17 026 km2 y su escurrimiento medio anual es, a la altura de la ciudad capital, de 3 810 millones de metros cúbicos.

Su función irrigadora es de las más importantes, según veremos en capítulos posteriores.

Río San Lorenzo. También lo denominan Quilá. Como sus hermanos, tiene el mismo origen: la Sierra Madre, en territorio duranguense. Nace en las vecindades de Santiago Papasquiaro y llega a Sinaloa por su parte media. Inicialmente lleva otro nombre: río de Los Remedios, todavía en sus nativas tierras durangueñas. Su volumen es enriquecido por los escurrimientos de los torrentes de los ríos Presidio, San Gregorio y San Juan. En Sinaloa es bautizado formalmente con el nombre de su patrono San Lorenzo y va a entregar su carga de agua al mar, en la bahía de Quevedo. Pasa por San Lorenzo, cuyo nombre toma, tras de irrigar sus tierras cañeras, pero luego los vecinos de Quilá, cuyas vecindades fertiliza, lo denominan con el nombre de su pueblo. El área de su cuenca es de 9 928 km2. Se calcula su escurrimiento promedio en 1 490 millones de metros cúbicos.

Río Piaxtla. También es de origen durangueño. Su nombre al nacer es el de río de la Ventana; pasa por San Ignacio y en adelante se llamara río San Ignacio; irriga otro pueblo, San Javier, pero no lo atrae el nombre, hasta que llega a Piaxtla, cuya denominación sí toma para morir como tal en la barra de ese nombre. La cuenca de su área es de 7 654 km2 y su escurrimiento es de 1 016 millones de metros cúbicos.

Río Presidio. Surge primero, en la alta serranía de Durango, como río Ventanas, un homónimo de su anterior hermano, aunque desprovisto del artículo las pero cambia de nombre al penetrar en Sinaloa, donde definitivamente es bautizado con el nombre de Presidio que lo acompaña hasta el mar, al sureste de Mazatlán. Pasa por las cercanías de Siqueros y de Villa Unión. Su cuenca se extiende en un área de 4 825 km2 y su escurrimiento es, aproximadamente, de 844 millones de metros cúbicos.

Río Baluarte. Este tiene, en sus orígenes, la misma cuna: las estribaciones de la Sierra Madre Occidental en el estado de Durango, conocidas como Quebradas de Guadalupe. El río lleva primero dos nombres diferentes: Chamela, al principio; Rosario, después. Recibe las aguas del río Pánuco y en adelante se denominará Baluarte, con el cual tributa al mar. Tiene una cuenca de 5 383 km2 y entrega al Pacífico 807 millones de metros cúbicos.

 

Los suelos de Sinaloa

Trazada así la breve biografía de los principales ríos, es conveniente detener nuestra atención en el problema de los suelos, aun cuando no dispongamos de mayores ni más profundos detalles técnicos, pues tales deben ser desarrollados en un trabajo de mayor envergadura. Para el efecto de conocer la fisonomía del estado, observemos sus suelos agrícolas.

Se conoce como suelo la parte exterior de la corteza terrestre que nutre las raíces de las plantas. Los suelos se forman de la descomposición, o más propiamente dicho, de la desintegración de las rocas a causa del intemperismo. Las materias descompuestas integran, a su vez, una cubierta en la que vive la flora y fauna microbiana, como activo laboratorio, más propiamente dicho, como eficaz caldo de cultivo que transforma la materia mineral en alimento de la vida vegetal. Es la muerte de formas milenarias para engendrar la vida. El suelo es —visto de otro modo— el recurso natural que, unido al agua de las corrientes o de las lluvias, permite el establecimiento de la riqueza forestal, agrícola, ganadera. El suelo, por lo que hemos dicho, está compuesto de partículas minerales finamente divididas con cantidades variables de materia orgánica, agua, flora y fauna microbianas, todas ellas acomodadas, formando capas u horizontes de eluvación o iluviación que siguen planos más o menos paralelos a la superficie del terreno.

Las tierras de Sinaloa, bien en los declives de la Sierra Madre Occidental, o ya en la zona de clima seco formada por sus llanuras, han sido clasificadas dentro de los suelos de chernozem, chesnut, sierozem y desierto.

Los suelos de chernozem5 se originan en un proceso de intemperización poco intenso En México corresponden a regiones de tipo templado lluvioso, con lluvias todo el año o con lluvias en verano. Los suelos de chesnut corresponden a un proceso de intemperización de muy escasa intensidad. En México corresponden a tipo de clima seco, estepario. Los suelos de sierozem y de desierto corresponden al proceso de intemperización de más escasa intensidad. En México se encuentran en regiones de clima seco, desértico.

Los suelos de chernozem, en Sinaloa, se hallan en los declives de la Sierra Madre. Los de chesnut, sierozem y de desierto, en sus llanuras.

Las fuentes a las que se ha recurrido para ofrecer esta pequeña monografía carecen, desafortunadamente, de estudios completos y exhaustivos sobre la localización exacta de cada suelo en el estado. Surge como urgente y obvia la necesidad de profundizar en el problema para levantar un inventario de los suelos agrícolas de Sinaloa, que sería de excepcional importancia para mejorar el rendimiento del esfuerzo de sus hombres del campo.

También se encuentran en Sinaloa suelos de la clasificación de pradera (prairies).

La estructura de los suelos chernozem es granular y migajosa. Se forman, repetimos, en climas templados, semisecos, con inviernos fríos y veranos calientes. De manera invariable tienen una capa bajo el nivel del suelo formada por la acumulación de cal. Son ricos en materias orgánicas (del 6 al 16%) y la arcilla se encuentra bien distribuida en toda su profundidad. Son fértiles de manera general; las plantas que en ellos se engendren pueden mostrar deficiencias de calcio, fácilmente remediado con labores profundas de arado que lleven a la superficie las capas inferiores, donde hay acumulaciones de ese elemento.

Los suelos chesnut se forman por el mismo proceso de intemperización que el anterior. Se diferencian de aquellos principalmente por el color (castaño) y por su menor contenido de materia orgánica (del 3 al 5%). Contienen una capa subterránea con acumulaciones de cal, más cerca del nivel del suelo. La arcilla esta más o menos bien distribuida, y se presenta en todas las clases de textura (arcillosa, arenosa, migajones, etc.). En ellos se da idealmente el trigo, frijol, garbanzo, etcétera.

Tanto los pueblos chernozem (negros) como los chesnut (castaños) se forman por el proceso llamado de calcificación, que es típico de regiones secas, con lluvias que solubilizan al carbonato de calcio, arrastrándolo a niveles superiores del propio suelo.

Los suelos de pradera {prairies) son típicos de transición entre los de las regiones de climas húmedos, poblados de bosques y los de clima seco, cuya vegetación está representada por los pastos. No contienen, por lo general, concentraciones calizas. Su característica más interesante es que tienen una capacidad retentiva al agua muy notable. Son ricos en materia orgánica, permeables, con la arcilla bien distribuida, profundos y fértiles.

 

La provincia biótica sinaloense

Los geógrafos modernos han introducido al estudio de la República mexicana la biogeografía, que es, según uno de sus más firmes sostenedores, Emanuel de Martonne, el estudio de la distribución de los seres vivos, en la superficie del globo y el análisis de sus causas, y han distribuido el país en “provincias bióticas” para hacer la distribución de las especies vegetales y animales dentro de las zonas de características físicas bien definidas, de manera que el conjunto de especies vegetales y animales puede significar prototipos de la región que se estudia.

El doctor Osorio Tafall, conocido investigador, ha dividido en 18 provincias bióticas al país, y le ha asignado el número diez a la “provincia biótica sinaloense”. Según tal estudio, esta provincia se extiende desde el río Santiago hacia el norte, ocupando en toda su anchura la planicie costera de Nayarit y el sur y el centro de Sinaloa. Tiene lluvias escasas en verano y algunas de corto valor en invierno, por lo que la apariencia general es la de región semiárida cubierta de vegetación baja y de poca intensidad. Es una provincia de transición, limitada al sur por la línea de separación de las regiones neoártica y neotropical. Las especies más características son pochote y acacia, guayacán, casahuate, y los animales, la onza, el tigrillo, el jabalí y el venado cola blanca. Las aves: gavilán, codorniz, carpintero y primavera.

La región norte de Sinaloa es clasificada, por el mismo método, en la “provincia biótica sonorense”, cubierta por plantas xerófolas y algunas herbáceas, en reducidas extensiones, en las vecindades de las corrientes de alguna importancia. Las plantas más características son la gobernadora, el ocotillo, el palo verde, la uña de gato, el cardón; y por lo que hace a los mamíferos, el coyote, el bura o cola prieta, el oso, el zorrillo, el mapache, el jabalí, el berrendo y el tlacuache. Finalmente, las partes altas de Sinaloa (Sierra Madre), están clasificadas, por ese mismo método, en la “provincia biótica oesteserranense” que cubre la parte de más de 1 000 metros de altura de la Sierra, y que se extiende desde la frontera internacional, hasta el extremo norte de Jalisco. Su clima es seco en las partes bajas; lluvioso en las alturas. Allí, las coníferas tienen sus mejores ga-las; en las medias abunda el bosque mixto. En las laderas se encuentra el pino, el madrono, el pinabete, el abeto, el álamo temblón; en las partes bajas suelen encontrarse madroños y arbustos tales como la manzanita. Entre los mamíferos se destacan el oso negro, el oso gris, el lobo, el puma, y el venado cola blanca. Entre las aves figuran el guajolote silvestre, el gorrión, la primavera, el carpintero y el magueyero.

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987. Tomo I.

 

 

mapa de Sinaloa México

Mapa geográfico de Sinaloa México

 

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Sinaloa y su geografía
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Descripción de aspectos geográficos, climatológicos y recursos hidráulicos de la región sinaloense

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