Semana Santa Yoreme

March 31, 2015

 

Tradiciones y cultura de Sinaloa México

 

SEMANA SANTA YOREME

 

Por: Carmen Aída Guerra Miguel

 

“Ito Wincate Jurue sem”!! A ese grito que en caíta, la lengua de los yoremes, quiere decir ¡YA VIENEN LOS JUDIOS!, avanza la “conti” (procesión). Se hace un alto en las “corridas”. Es jueves Santo, y aquí, ante los ojos de los habitantes de San Miguel Zapotitlán y de uno que otro turista desbalagado, se repite un año más la tradición que se initió ¿ hace dos siglos? (o tal vez más).

El rítmico sonar de la “tambora” (tambor hecho por los mismos indios”, con cuero de cochi o de venado), acompañado por el acompasado sonar de los “tanábiris”, de los “coyolis”, de los ayales y el “bajiponero” nos proporcionan un marco impresionante —aunque quienes desde el momento mismo de abrir los ojos a la vida han visto transcurrir ésta en la participación o contemplación de estas fiestas ¿paganas? ¿cristianas?—, a esa reunión masiva de grupos de indios procedentes de los municipios de Ahome, El Fuerte, Choix y Guasave.

La “conti” asciende y baja, una y… otra vez. Al llegar a la cumbre del cerro, en donde a manera de guarnición se encuentra enclavada la que ellos —los yoremes— llaman la “iglesia de los pobres”, se detienen unos instantes para escuchar la voz de su jefe, Lorenzo Cebejeca, a quien bautizan con el nombre de “El Pilatos”. El Pilatos es reconocible a vuelo de pájaro por su ¿corona? y su cetro (una vara en cuya punta lleva una pequeña bandera roja).

Se deja de escuchar el acompasado y monótono ritmo de la “pascola” para enseguida, ordenadamente, penetraren la puerta lateral izquierda y reiniciar su danza en torno de la Santa Cruz. Su salida es porta puerta lateral derecha con un nuevo alto y reunión en la afueras en forma de círculo, y en ese accidentado atrio natural unos guardan silencio (según su decir es la manda ofrecida por un favor recibido o para perdón de sus pecados, pero aunque esto sería fácil desdecirlo porque la mayoría, por no decir que todos los adultos traen aliento alcohólico).

En ese círculo, alguien se acerca y les pide que canten “Flor de Capomo”, lo que hacen dos de los “judíos” en su lengua nativa, entre tanto el pueblo se prepara para contemplar una especie de danza de relevos en la que sin orden alguno van pasando al centro (los mejores danzarines) para ofrecer la (tan celebrada por propios y extraños) Danza del Venado” (poema). Esta se podría también llamar danza generacional, porque dentro del círculo se reúnen abuelo, padre e hijo para ofrecer su arte ¿en honra de Dios? preguntamos, y ellos nos contestan con monosilábicos: “si”, o “nomás”, o simplemente se encogen de hombros.

Dentro de la iglesia se encuentra Santa Loreto y con ella una de las leyendas más repetidas de boca en boca de los yoremes. “Esta virgen es hermana de San Juanito y una vez en el mar, a San Juanito se le fueron los remos y Santa Loreto se arrancó los brazos para que los suplieran y se pudieran salvar en medio de la tormenta”. La Virgen a quien se refieren la visten de gala y la “corren” junto con San Juanito, de un enramada que está a la entrada del pueblo hasta la cumbre del cerro en la iglesia, en donde “los espera” la Dolorosa. Esta “corrida” tiene un gran contenido místico para ellos. Significa el aviso de que el mal se ha quedado en la enramada y ellos vienen a comunicarlo a la Virgen y luego los sacan a los tres en procesión por todo el poblado.

Los grupos étnicos existen en Sonora y Sinaloa —estados que en el siglo XX integraban el territorio de occidente.., tienen en su historia mucho en común, que ha continuado hermanándolos en el idioma universal que es la danza. Por eso, el día Domingo de Resurrección que es cuando se baila con mayor vigor la “Danza del Venado“, a la que indistintamente se le considera originaria de Sinaloa o de Sonora, pudimos constatar que hay una pequeña diferencia entre la que se baila en Sonora y la de Sinaloa, pero únicamente en lo que los yoremes llaman “el paseo”, que en la de Sinaloa es mucho más largo, porque utilizan el mismo atavió, el venado sale a beber agua, corre y salta huyéndole a los cazadores y finalmente muere, todo en un lapso que a veces se prolonga hasta una hora, para reiniciarla otros y así, mantenerse bailando pascola y el venado hasta las 12 de la noche del domingo.

Esta fiesta en la que los yoremes rinden vasallaje “al santo” según su propia expresión, o dicho en su caíta, a ¡tomatche! (Señor Jesucristo), se inicia con la cuaresma con las famosas “corridas” que dispersan a los grupos de “judíos fariseos” —como los llaman ellos en la interpretación de que son los que salen fuera para disponerse a pagar la promesa hecha por sus padres o por ellos mismos. Así se alejan de sus casas en grupos de dos, tres, cuatro o cinco como máximo. A estos grupos los denominan “pascola”. Sin dejar de bailar viven de la limosna para sus subsistencia entre tanto dura su peregrinar.

Los días Jueves, Viernes y Sábado Santo se encuentran en San Miguel Zapotitlán. Llegan de todas partes para ofrecer esa peregrinación masiva a su “Tatita Dios”. Tienen una gran devoción por la Santa Cruz. En sus casas, en la afueras, la clavan en el patio, pero es muy difícil comprender la interpretación que dan a esta devoción.

Froilán Zacarías, el sacristán o “azuaya” en su lengua nativa, dijo que la cruz se pone allí para alejar los malos espíritus y para protegerse contra todas las calamidades.

Tienen de los sagrado (como por ejemplo de la enramada a donde llevan “al santo a descansar”), un concepto muy especial, porque allí se emborrachan y comen y hasta se suscitan pelitos.

El Jueves y Viernes Santo, bajan en procesión. Esta Imagen de Cristo como la de San Miguel Arcángel y la Purísima Concepción son reliquias que están aquí resguardadas por los “yoremes” en su templo, el que les dejaron —así los aseguran— para su cuidado los Jesuitas durante su expulsión.

Afuera, el campanario que también es patrimonio de los yoremes, tiene cuatro campanas, dos de ellas originales con un sonido de bronces y oro y con esta inscripción “ano de 1733″.

A las 4 de la mañana del sábado se “guarda el santo” después de que ha sido velado en la enramada y continúa “la velación”, con su pascola bailada interminablemente en las afueras del templo y en el interior del mismo en torno a la Cruz, hasta las doce del día que es cuando se forma un muñeco con el atavió judío y la máscara y se colocan en el centra de “la plaza” una hondonada con un diámetro aproximado de 100 metros); se enciende la hoguera y se procede a hacer la tradicional “QUEMA DE LAS MASCARAS”. “No las quemamos todas” —comenta graciosamente el jefe Cebejeca— y explica que solamente queman las que no son muy costosas, porque las hay de madera tallada y otras de pelos de venado, de puerco espín o de otros animales.

Después de la quema de máscaras se inicia el júbilo de la fiesta y los yoremes llegados de Charay, Olas Altas, Zapotillo, Los Goros, Compuertas, La Vaca, Choacahui, Camayea, Bacaporo, Capomos, etc., bailan con todo el esplendor que encierran las danzas del Venado y del Coyote.

Cantan, también, cantan como musitando, apenas pegando el oído a sus labios pudimos escuchar algo así como: “sábadolotusica , domingotuyessa, paniminonuca, inopalaguaca”, cuya traducción dada por Froilán Zacarías, el sacristán, entendimos así: el sábado rayamos, el domingo nos divertimos y el lunes volvemos a trabajar.

Froilán nos explica también que “yorem” quiere decir “el que habla fuerte”, lo que en opinión nuestra contrasta con la mayoría de las máscaras que llevan en su expresión algo místico, dulce. Su temor más grande es al “lemonyo” que es siempre representado por un yoreme jurue”, el que danza la pascola alrededor de Itomatchei, pidiéndole que convierta las piedras en pan, después de su ayuno de 40 días.

Se termina la Semana Santa Yoreme, en la que desde “afuera” han participado también algunos “yoris” (blancos) que al decir de Froilán, viene de yorimuni (frijol blanco), o el nombre del frijol se le dio por los yoris. En los oídos de las gentes que aquí estuvieron queda el monótono y acompasado sonar de la tambora, de los tanábaris goscpo, de los coyolis, del bajipondero (güejas), del arpas y las flautas y del “lavel” (violín), sobre todo del Viernes Santo, en que las flautas suenan como en un lamento, cuando conmemoran, como bautizados que son, LA MUERTE DEL SEÑOR.

AGOSTO/1978

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 14, páginas 7-9.

 

Festividades yoremes

Músicos y danzantes yoremes

 

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Semana Santa yoreme
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La cultura indígena se mezcla con costumbres religiosas para dar paso a las tradiciones religiosas de la población yoreme en Sinaloa-México.

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