Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa México

 

SAN IGNACIO Y SUS BELLOS CONTORNOS

 

Por: Ofelia Carranza de Del Castillo

 

Al sur del estado de Sinaloa, se localiza San Ignacio; forma parte de los dieciocho municipios en que políticamente se divide para su estudio nuestra entidad federativa; colinda al norte con el estado de Durango y tierras de Cosalá, al sur con el Golfo de California, al oriente con territorios de Durango y parte de Mazatlán y al poniente toca aguas del Golfo de California y la municipalidad de Elota.

En la abrupta sierra de Gavilanes, Durango, inicia su vida uno de los once ríos de nuestro estado, que en su largo recorrido y al pasar por mi pueblo, enriquece las fértiles tierras de aluvión que en su trayectoria encuentra: Es el majestuoso río Piaxtla, que orgulloso y no menos altanero atraviesa de oriente a poniente el municipio para venir a desembocar en las aguas del Golfo de California, en un lugar denominado Las Barras de Piaxtla, Estación Dimas. En una de las márgenes de este río, teniendo como fondo romántico los tres cerros de Los Frailes, floreció un pintoresco pueblo que fue bautizado por sus fundadores con el nombre de San Ignacio de Loyola.

Este hermoso rincón sinaloense es la cabecera del municipio del mismo nombre; quien limita al norte con una explanada denominada La Mesa, lugar concurrido en las noches de luna, principalmente por los enamorados y personas del lugar quienes por las tardes desean un descanso de gran esparcimiento y tranquilidad; al sur, el río Piaxtla; al poniente la colonia Laveaga y al noroeste los terrenos de La Azucena y una colonia nueva denominada Los Lotes.

San Ignacio de Loyola fue fundado por los españoles en el año de 1582, su nombre fue puesto en honor de un fraile fundador de la orden de los jesuitas, congregación religiosa que nace a la sombra de Lutero, el héroe de la Contrarreforma.

Se atribuye a los jesuitas Gonzalo de Tapia y Martin Pérez, la fundación de este pueblo, los cuales venían de Durango. El padre Tapia se hizo muy famoso por la cantidad de “infieles” que convirtió, pero la historia cuenta que se hizo tan odioso que los naturales le dieron muerte a palos en el atrio de la iglesia, pues tuvo una muerte lenta a macanazos, quedando en su lugar su colega don Martin Pérez.

 

Descripción de sus barrios

Nuestro pueblo cuenta con cuatro mil habitantes, entre ellos: campesinos, comerciantes amas de casa, niños, profesionistas, algunos empleados de gobierno, personas que se dedican a pequeñas industrias; todas distribuidas en sus barrios que han sido motivo de cantos y grandes inspiraciones poéticas.

En el centro, el corazón del terruño, sobresale, su hermosa y pequeña iglesia, con sus sonoros campanarios, con una torre al frente, un reloj de pared, en el interior y en su altar mayor podemos apreciar a nuestro patrón San Ignacio de Loyola; a un lado el Corazón de Jesús y al otro La Purísima Madre de Dios; a la derecha tenemos el altar de nuestra Guadalupana y Santa Teresita del Niño Jesús, enfrente el Crucificado; en altares menores están: Santa Eduwiges, San Antonio, Santa Teresa y San Martín de Porres; en el altar de la entrada, a la izquierda se hospeda Nuestro Nazareno Bendito.

Muy temprano, al despuntar el alba, se escuchan con claridad las sonoras campanas, que un hombre, El Cuco, se mueve al unísono de sus repiques… llama a misa de seis.

Después aparece una misteriosa mujer… inmutable de vestimenta oscura, de piel morena, de cuerpo encorvado, de mirada profunda; ida, de mente confusa. Acude religiosamente a misa, se confunde con los feligreses,… es La Juventina.

Frente a la iglesia se localiza la pintoresca plazuela, la que solíamos visitar engalanadas en días de fiesta o serenatas; sede de los enamorados y testigo de confidencias amorosas y a veces, de tristes desengaños. Pasando la calle Progreso, está ubicada la Presidencia Municipal, hoy muy transformada y elegantemente amueblada, conservando su sabor tradicional. En el despacho del C. presidente municipal, permanece un cuadro que data de la época del C. Sabino Bastidas y que fue traído de Oaxaca como obsequio del señor Federico Nafarrete.

Contra esquina del recinto oficial, existió la casona vieja de dona Magdalena Castro y don Juan Arreola, actualmente luce con arrogancia y decoro la Unidad Administrativa, es una hermosa mansión colonial que alberga las siguientes oficinas: Recaudación de Rentas, Registro Civil, Ministerio Público, Supervisión Escolar. Este hermoso conjunto es una obra y reliquia arquitectónica construida en el periodo del C. José Alberto Manjarrez Bernal, expresidente municipal (+); frente a estas oficinas se encuentra el jardín de niños fundado por la profesora Victoria Obeso López, atendidos por elementos de la comunidad dirigido por Benigna Blancarte. A un costado y frente a la plazuela, se conserva un edificio de tres pisos que perteneció a doña Carmen Escoboza y don Martín del Campo. Esta arquitectura es el sello de tradición de mi tierra. Dicen que se haría de el un céntrico hotel.

 

Al describir físicamente al terruño, vienen inmediatamente a mi mente sus barrios… “La Nanchi”, “La Tiruta”, “Las Playas”. Los que hemos vivido y crecido en San Ignacio, los que tuvimos el orgullo de beber las aguas cristalinas del Piaxtla, los que aprendimos a amar su tradición que ha sido testigo de muchas generaciones…su gente, sus costumbres, hablamos de “La Nanchi” e inmediatamente las ideas se nutren con los recuerdos de aquella vida provinciana, de esos bellos ratos de solaz alegría y remembranzas. ¿Quién no recuerda “La Nanchi”? Hablamos de este barrio e inmediatamente viene a nosotros la figura y el rostro de nuestro simpático amigo “El Pispis”, hombre sencillo y alegre, quien nos enriquece vivencialmente. Lo vemos con su acordeón, su compañero inseparable, dando un marco de alegría y entusiasmo a nuestras remembranzas. ¿Quién recuerda “La Nanchi”, que no asocie de inmediato a don Esteban Almaral?

Ni el paso de los años lograran borrar estos momentos que en nuestra mente han quedado. Mis respetos.

Cuando hablamos de “Las Playas”, recordamos las figuras de cuatro griegos que llegaron en pos de fortuna, don Ángel Demerutis (+) como figura central, muy familiar y humano, que más tarde se trasladó a la capital. La suerte le fue favorable, se enriqueció y siguió siendo tan bueno y humano como cuando lo conocí; su afán fue ayudar a todo sanignacense que acudía en pos de apoyo económico. Don Ángel fue un trabajador íntegro y hombre positivo.

Por la calle Progreso, cerca de la plazuela, vivió una familia católica y buena, sencilla pero muy caritativa, se distinguió un niño Jesús Manuel Loaiza Peraza, con profunda vocación sacerdotal, contó con el gran apoyo de sus padres, quienes lo estimularon. Este niño oficiaba desde pequeño, llamaba a misa, daba la sagrada comunión después de confesar a todo aquel que acudía a él; los vecinos asistíamos con gran devoción, como si en realidad fuese un ministro de alguna diócesis. Hoy, su sueño de niño se ha cumplido. Es clérigo y psicólogo de gran prestigio. Su labor en su templo de Las Huertas es muy humana y digna de un sacerdote íntegro.

 

Vías de transporte

En 1920, San Ignacio fue un pueblo de comunicaciones pobres, existían caminos vecinales, los arrieros eran los que conducían la carga a los minerales cercanos, las carreteras no se veían y tanto los medios de transporte, el teléfono y telégrafo fueron deficientes. Recuerdo que lo primero que mis ojos vieron, fue un forcito que mi padre compró en Mazatlán y que lo bautizamos con el nombre de “El Perico”, porque era color verde, vivíamos en Camino Real.

En 1932, nos trasladamos a San Ignacio en el mes de julio y aún conservo la figura de un hombre fuerte, rústico, moreno quemado por el sol; muestra al desnudo su piel acharolada, con su panga, transporte rudimentario manufacturado en madera, barrotes y tambos. Esta persona fue don Santos Ríos, que desafiando las inclemencias del tiempo, sol y lluvias, incansable y siempre de buen humor, realizaba el transporte de carga, la gente y las pocas unidades que en el pueblo existían por esa época.

En este año, el señor don Francisco Ferreyra adquiere las primeras unidades de carga, éstas fueron trasladadas por los conductos “Bonilla y Humarán”. La gente del pueblo los bautizó como “Los pericones”. Un norteamericano apodado “Chale”, inició el camino a Tayoltita por el río, utilizando tractores.

Fue mucha la admiración que causaron estos carros y hasta personas grandes hacían caminos al río para admirarlos, se hacían verdaderas romerías. En el camino a los minerales necesitaron mucho tiempo, pues muchas veces lo que el tractor hacía, el río Piaxtla lo descomponía.

Después vinieron las primeras unidades motorizadas que sirvieron al correo: el primer contratista fue el señor Francisco Ferreyra, después el señor Manuel Gamboa asumió esta gran responsabilidad. Por la década de los cuarenta, se funda una cooperativa: Transportes o Camioneros Unidos, por los señores Bonilla, Humarán Hermanos, Hermanos Gama, Pedro y El Güero Figueroa.

Hoy, San Ignacio es un pueblo que cuenta con muchísimas unidades de transporte (carga y coches particulares).

Haciendo honor a uno de los transportistas del pueblo, que su generosidad lo consagra como un amigo verdadero de los sanignacenses, me permito hacerle un merecido reconocimiento a don Pablo Bonilla Osuna.

 

Don Pablo Bonilla

Querido lector: permíteme elevar mis sentimientos hacia lo infinito de las letras para que mi pensamiento traduzca lo más valioso que la vida nos ha dado: la amistad.

Siendo aún muy niña, allá por la década de los treinta, llegó al pueblo de San Ignacio un joven alto, moreno de complexión delgada y su sonrisa agradable. Este hombre fue Pablo Bonilla Osuna, el mismo que venía de Mazatlán donde pasó su infancia al lado de sus padres el señor don Antonio Bonilla y su señora esposa doña Rosa Osuna. Desde pequeño fue aficionado al transporte y sus primeros trabajos en el pueblo se realizaron al lado del señor don Francisco Ferreira. El joven creció y se casó con la señorita M. Herminia Mancillas, con la que logra integrar una hermosa familia, hijos trabajadores y hospitalarios que siguiendo el ejemplo de su padre los vemos con sus unidades de transporte San Ignacio a Culiacán.

Don Pablo Bonilla Osuna supo hacer amistades, su gran generosidad y su grandeza de alma, lo coloca como uno de los grandes valores que mi pueblo tiene. A la edad de setenta años y a consecuencia de la pérdida de su hijo Pablo, enfermo del corazón por la muerte irreparable de un ser a quien adoraba. Actualmente se encuentra recluido en la intimidad de su hogar, donde es atendido con cariño y esmero. Visité San Ignacio, pero tuve la pena de que no me reconociera, me dolió, porque siempre consideré a mi compadre como un fiel amigo que supo ganarse mi amistad, y la de todas las gentes que lo tratamos. Compadre: al ver que salías al comedor como de costumbre a tomar tus alimentos, me di cuenta de que la luz y la claridad de tu mente poco a poco se extinguían. No penetré a tu habitación a saludarte porque tuve miedo de tropezarme con la oscuridad de tu silencio. ¡Perdoname, yo sé que tú me hubieras comprendido! “Los hombres se miden por la grandeza de su alma y la calidad de su espíritu”.

(Tornado del libro Memorias de mi pueblo: San Ignacio, de Ofelia Carranza de Del Castillo)

 

San Ignacio, Sinaloa, dibujo

San, Ignacio, Sinaloa, México- dibujo

 

Summary
Article Name
San Ignacio y sus bellos contornos
Author
Description
San Ignacio, pueblo del Estado de Sinaloa en México y sus atributos históricos, sus etapas de desarrollo.

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Previous Post
«