Gente de Sinaloa

 

RAUL CERVANTES AHUMADA

 

Los hombres que viven en solidaridad con el paisaje y con los demás hombres, tienen que ir a parar, necesariamente, al poema.

El poema manifiesta el libre albedrío de quienes han superado a la existencia como estado de paisaje. Certifica la mayor edad de los espíritus superiores. La poesía es la flor de la cultura; constituye —por indispensable— el lujo de la existencia.

Los críticos, después de trabajosos días, definen así al poeta: un hombre que hace poesía; los demás hacen prosa.

Buscando la razón de ser del poema sale al paso la magia. Hay la razón de la poesía que la razón no comprende. Cosas de encantamiento, del demonio socrático, de la inspiración, del delirio o de la llama sagrada; total: el enigma de la creación poética que divide en lucha de clases a la humanidad: los poetas y los anti-poetas; términos obligados de un proceso dialéctico que habrá de concluir cuando se impongan, en todos los órdenes del fenómeno social, los escogidos de la poesía.

Refiere Jules Renard —el magnífico “desenmascarador de la naturaleza”— que, alguna vez, fue criticado por ser candidato a un puesto de elección popular. Comentó entonces. “Los políticos tienen la manía de decir a los poetas, como si temiesen sus candidaturas: “Dejadnos eso a nosotros: ¡si supieseis lo sucio que es! Pues bien, hagamos política limpia. Y como son siempre los mismos quienes tienen talento, los poetas vencerán a los políticos”.

Lo anterior viene a cuento, en cuanto Raúl Cervantes Ahumada es un varón de polifacética existencia.

El retrato de un poeta se complica si, además, es cazador. Raúl Cervantes Ahumada se echa el rifle al hombro y se va con júbilo a recorrer espacios. Es una manera de entablar diálogo con la naturaleza y sus problemas. Frecuentemente, entonces, apunta a un venado y cobra una metáfora; sale a matar leones y regresa con un soneto, sin que esto ponga en mengua su habitual puntería.

Por lo demás, este hombrón, de aspecto cuidadosamente desaliñado, gusta de cultivar —con malicia— su atmósfera de provincia. No se engañe el observador. Detrás de esta apariencia campirana está un Doctor en Humanismo. Raúl Cervantes Ahumada, haciendo crecer los horarios, ha tenido tiempo para agotar las más diversas disciplinas del pensamiento y de la emoción estética. Si principió a estudiar en el muy renombrado Colegio Civil Rosales de Culiacán, si Leyes en la Facultad Nacional de Jurisprudencia, si abogado en 1939, alcanza el grado de Doctor en Derecho en 1950.

Raúl Cervantes Ahumada es catedrático de Derecho Marítimo — fundador de la cátedra— desde 1944.

En su calidad de catedrático, desde la jerarquía de Maestro, no solamente ha forjado hombres con la conciencia libre —la libertad que descansa en los pilares de la ley— sino que ha elevado el tono de sus lecciones a la estatura del alegato jurídico que clama por las libertades esenciales de los hombres y de los pueblos.

Yo encuentro en esa actitud —respetando su erudición profesional— una emoción poética: será por el contacto del mar, pero estos temas rebasan la definición de sus principios y se entremezclan con las preocupaciones fundamentalmente poéticas.

Reclamo para Cervantes Ahumada el título de Hombre de Letras. Hombre de Letras no es aquél que se entrega exclusivamente a la literatura; lo es, con mayor razón, el hombre a quien todas las cosas del espíritu y de la vida, le preocupan.

Raúl Cervantes Ahumada ha escrito —siempre con talento, con justicia y con pasión humana— sobre filosofía, sobre jurisprudencia, sobre sociología, sobre economía política, sobre arte, sobre poesía ha escrito creando; es un creador, no meramente un comentador, un glosador de libros, no sencillamente un expositor gracioso y afortunado, sino un humanista cabal; vale decir: un humanista en brega, que escribe y actúa, siempre en defensa y salvaguarda de los derechos humanos.

Después de publican Intrascendente voz (Poemas) 1947; En marco de silencio (Poemas) 1947; Este canto (Poemas) 1955, con la versión italiana de Teresita Messineo; Servidumbre de amor (Poemas) 1956; después de publicar dos libros de relates sinaloenses, Relatos sinaloenses (1942) y Napalá (1952), al fin reuniendo su obra poética —la bibliografía de su obra total, textos y tratados de jurisprudencia, sociología, discursos, etc., vendrá al final— viene esta Antología con miras a trazar el perfil completo de este varón de multiforme ingenio, cuya más íntima vocación, a pesar de todo, radica en la poesía.

La obra de Cervantes Ahumada sostiene unidad poética: se afinan matices, se aclaran imágenes, se apuntan audacias metafóricas, tiemblan ritmos, se decantan asombros y la emoción da sorpresas y tumbos inauditos, pero la personalidad liga las variaciones en torno al estilo y al hombre’.

En su soneto “El poeta”, se precisa a manera de contraseña:

Subió desde las vastas soledades

por la escala audaz del pensamiento

a la cima ideal de los ensueños

y un vértigo sintió de eternidades.

El vértigo de las eternidades da color a la poesía. El poeta, sobre la montaña, pastor de idilios salvajes, lucha contra el tiempo. Cuando el cazador de poemas ha disparado sus armas contra las sombras —contra la Noche, capitana de lobos— el alba, mal herida, viene a sus manos con su melancolía de corza.

Por culpa del amor a la poesía, Raúl Cervantes Ahumada, anda enfermo de eternidades, como todo poeta.

Desde su primer libro, la preocupación mayor ha sido encaminar sus versos hacia la poesía. Los versos cumplen su destino de ramas en epitalamio:

como brazos amantes se entrelazan las ramas

y las flores se entreabren como doncellas castas,

que temblando se inician en el rito nupcial.

El poeta es sembrador. Siembra en el aire. Poemas caen en piedra y ahí mueren; otros en arena movediza y ahí concluyen, pero hay, también, poemas afortunados que germinan en corazón con afinidades secretas y ahí se multiplican.

Emana tibiamente de la tierra regada

un olor voluptuoso de hembra recién bañada

y cada surco tiene temblor de corazón.

Nada hay más fiel al hombre —cuando existe el amor mutuo— que la fidelidad de los paisajes. Lo saben los poetas — puesta a prueba su intuición creadora—; lo saben los cazadores — asomado el ensueño a sus presunciones pragmáticas.

Las ramas

enredaban su angustia

con ansia desflorecer entre tus manos.

 

Con tu ausente presencia

el paisaje tejía sus esencias.

 

Por la espera frustrada

lloró la estrella, derramando trémula,

su poema de luz sobre las ramas.

 

Y el poema de luz, despedazado

por el silencio de la espera inútil,

deshojando sus rosas en las ramas!

A las veces, el tono tranquilo, de riente fluir de ritmos y de imágenes, se atormenta, se encrespa, se angustia. Tal sucede, por ejemplo, en su Elegía, (al tránsito de dos amigos queridos). Límpida la voz —aun transida por el luto— el poema se levanta como túmulo heroico con la solemnidad de un paisaje en rito funerario y con la rebelión de sus árboles azotados por la muerte.

es estéril la fuerza de mi inútil empeño,

y es inútil mi grito que en la noche te nombra!

Este canto —traducido al italiano; cabe decir: sumergido en un baño de músicas es reclamo amoroso. El amor —¡que suprema intención de vencer al tiempo!—, el amor que todo lo enternece, afina la flauta de caña y adelgaza el recio hablar de los humanos.

Este rumor de esencias florecidas;

esta angustia de ritmos

sin rumbo y sin distancia;

ese tu paso trémulo en la noche,

cayendo sobre el tiempo…

Este canto, que finca tu presencia

en las tierras del alma;

este canto,

que en cuerda de emoción vibra potente

y lleva luz a mi solar vacío…

En otro poema, de otro libro, Canción nueva:

¡Bendita tú, porque el amor renace

con el fulgor de tu mirada clara!

Tu voz resuena, con su dulce arpegio

En el sonoro caracol del alma…

¿Quién, que es, no cantó sus cantares de mar y viento? ¿Quién, que es, no sembró sus canciones para cantar en el alba?

Voy lanzando mis canciones

por la orilla de la mar,

las olas, el sol y el viento,

dan alas a mi cantar.

Raúl Cervantes Ahumada ha sido traducido a otros idiomas. Ha pasado, por ello, la prueba de fuego de la poesía, que pide el enorme Alberto Hidalgo. El genial poeta peruano dice, al respecto, que la poesía —esencia sutil que queda cuando se han cernido los versos y han perdido la rima, y, también el ritmo, se revela mediante la traducción a otro idioma.

Tal vez tenga razón. Los elementos sensoriales —música, consonantes, etc.— son, apenas, medios para que se revele la poesía; si desaparecidos los efectos extra-poéticos, permanece intacta la emoción poética, entonces, ya no cabrá duda de la existencia de ese milagro de la emoción, la sensualidad y el intelecto, además de la magia: la poesía.

Raúl Cervantes Ahumada, además, ha traducido del francés, del italiano y del inglés. No pudo escapar a la tentación de las traducciones. Xavier Villaurrutia decía: “Porque la traducción de una poesía es siempre un trabajo melancólico”.

Sus traducciones —esa lucha implacable con fantasmas— revelan, sin embargo, la gama de sus simpatías y sirven para completar las señales de su pasaporte literario.

Debo confesar que mientras más me adentro en esta antología del espíritu de Raúl Cervantes Ahumada, más me golpea la certidumbre de su sencilla complejidad o de su compleja sencillez. Imposible glosar toda la obra. No es cuestión de reproducir más fragmentos y además, tendría que entresacar cien imágenes distintivas que caracterizaran muy especialmente la imaginación de este poeta. Hágalo el lector.

Resalto una manifestación de Raúl Cervantes Ahumada — producto de su temperamento poético— su don de amistad. La poesía es un don; don es la amistad; amistad y poesía son vidas paralelas que se encuentran a menudo, debido ello a la geometría poética, en donde las paralelas siempre acaban por fundir sus existencias.

Este hombrón tiene las manos anchas. En ellas caben todos los amigos del mundo. Es hombre sin puertas; abierto.

Para cumplir su sino —dime cómo es el hombre y te diré cómo es su casa; dame a leer un poema y te diré el color de su alma—, Raúl Cervantes Ahumada, grabó este soneto en el pórtico de su casa; pero yo lo resalto en estas líneas para que te sirva como aldabón cordial, ahora que vas a penetrar al corazón amistoso del poeta Cervantes Ahumada:

 

BIENVENIDA

El proverbio cumplí, construí mi casa;

un libro ya escribí; ya tengo un hijo;

el árbol que plante da sombra tibia

y cobija los trinos de los pájaros…

A mitad de la ruta, doy el paso

seguro y firme, sin temor al sino;

y mi casa le ofrece al peregrino,

albergue acogedor para el descanso.

Coda quien debe hacer bajo este techo

suyos la sombra y el calor que abrigan

los claros muros… Del amigo el pecho

abierto encontrarás, y mi sencilla

canción, su bienvenida irá diciendo:

canción de paz y amor, para el amigo!

 

José Muñoz Cota.

México, 1958

 

Tomado del libro; Raúl Cervantes Ahumada, Obras 2, Colegio de Sinaloa, Once Ríos Editores, Culiacán, Sinaloa, 2000.

 

 

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Summary
Name
Raúl Cervantes Ahumada
Job Title
Abogado, jurista, educador, historiador, poeta, cuentista
Company
UNAM, Rector Universidad Autónoma de Sinaloa, Biblioteca Nacional de México, El Colegio de Sinaloa
Address
El Amole, Guasave,Sinaloa, México

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