Personajes sinaloenses – revolucionarios de México

 

 

RAFAEL BUELNA TENORIO, PASIÓN REVOLUCIONARIA

 

Por: Carlos Rodríguez Buelna

 

Las revoluciones sociales encarnan el fin supremo del hombre: un regreso a sí mismo, con la reintegración de todas sus potencialidades y posibilidades para humanizar la existencia, frente al poderío de la reacción social, que siempre se empeña en detener el paso de la historia.

La Revolución Mexicana, acaudillada por el apóstol Francisco I. Madero, cambio de raíz la línea del desarrollo económico, político y social de nuestro país, he abrió las puertas del futuro al pueblo mexicano. Pero esta revolución creó un ejército popular, integrado por combatientes civiles, cuya pasión por las ansias populares los llevaron hasta el sacrificio.

En el destacamento más significado de la Revolución que estalló el 20 de noviembre de 1910, se levanta la figura de Rafael Buelna Tenorio, nacido el 23 de mayo de 1890, en Mocorito, un pueblo al pie de la Sierra Madre, que hasta los últimos años del siglo pasado fue centro comercial de una rica región minera.

Hijo de don Pedro Buelna y doña Marcelina Tenorio, termino su educación primaria en su pueblo natal; por su inclinación a las letras, y su don de mando, sus padres lo enviaron a estudiar la carrera de Leyes al Colegio Civil Rosales, de Culiacán. El 1o. de enero de 1907 quedo inscrito en dicha institución.

El joven Rafael Buelna Tenorio, pronto destaco en el Colegio como uno de los estudiantes mas aprovechados e inteligentes e hizo sus pininos en el periodismo, enviando permanentemente sus colaboraciones literarias a “El Correo de la Tarde”, de Mazatlán, el periódico que por un cuarto de siglo fue la tribuna más independiente y la mas enérgica, en la Costa Occidental de México.

Rafael Buelna se encontraba entregado a sus estudios, cuando en mayo de 1909, los sinaloenses sintieron la hora del cambio, con la muerte del general Francisco Cañedo, gobernador del Estado durante 32 años; se abría la esperanza de un cambio de hombres y de política, después de una larga noche de privilegios económicos y de crímenes políticos. El gobierno cañedista había sido en el Noroeste de México, uno de los mejores puntales de la dictadura porfirista. De esa época vienen nuevos hombres: jóvenes, caballerosos, románticos y valientes.

 

LA CAMPAÑA ELECTORAL DE 1909 EN SINALOA

Dos hombres fueron mencionados como candidatos independientes al gobierno de Sinaloa: José Rentería y José Ferrel este último era uno de los más conocidos periodistas mexicanos. Escritor de garra, tenia conquistada una notoria position como enemigo de la dicta dura, a la que había exhibido en sus lacras políticas y sociales.

Fue Rafael Buelna el primero en sentirse atraído por la lucha e inicio sus actividades políticas en el seno del Colegio Civil Rosales, lo que le valió la expulsión.

Pequeño de cuerpo, muy delgado, con su cara de niño, Rafael Buelna, a la edad de 19 años, se había convertido en Culiacán en orador popular. Había en su palabra honda convicción y un entusiasmo sin límite.

¡He cortado mis estudios, pero que importa!, escribió al Club Democrático de Mazatlán, cuartel general del ferrelismo. Rafael organizaba, hablaba, escribía asiduamente en “El Correo de la Tarde”. Se había convertido en un propagandista revolucionario. Era el preludio de la tempestad de 1910. La campana electoral fue brevísima. Diego Redo, candidato del grupo científica, fue declarado victorioso. La decepción sufrida por los sinaloenses, como consecuencia de la imposición de Redo, fue inmensa, y espero la oportunidad, que no tardaría más que unos cuantos meses.

Rafael Buelna, quedó convencido que por el camino electoral, no podría ser derrotado el grupo que sostenía a la dictadura porfiriana.

Ya en la Capital de la República se une al grupo conspirador de revolucionarios. En el Territorio de Tepic, bajo las órdenes de Martin Espinosa, recibe el grado de coronel. Entran victoriosas las fuerzas maderistas a Tepic, en donde Buelna se hace cargo de la secretaría de Gobierno.

Después del “Cuartelazo de la Ciudadela”, que inmolo al Presidente Madero y al Vicepresidente Pino Suárez, en forma artera y cruel, ya con el grado de general, Buelna se alzo contra los asesinos, secundando el “Plan de Guadalupe”, que lanzo en la hacienda de ese nombre el gobernador de Coahuila, don Venustiano Carranza.

Rafael Buelna, al frente de una columna de caballería que había organizado con muchos esfuerzos, fue incorporado al Cuerpo del Ejercito del Noroeste, que jefaturaba el general Álvaro Obregón, y libro encarnizadas batallas en contra de los soldados federales que sostenían el régimen espurio de Victoriano Huerta, que fue abatido en poco más de un año por las fuerzas constitucionalistas, de las que era primer jefe el señor Carranza.

Cabe señalar el continuado enfrentamiento de dos personalidades, recias y cada una con sus propias características: el Gral. Álvaro Obregón y el joven Gral. Rafael Buelna. Obregón jamás perdono a Buelna el renombre y. la gloria, ganada a pulso y valor en los campos de combate.

La fama de valiente, inteligente organizador de las caballerías y la simpatía que despertaba este joven general, hacían que los ejércitos sintieran confianza, de tener a un jefe de tanta valía. Obregón no disimulaba su celo hacia el general Buelnita, como cariñosamente lo llamaban los combatientes revolucionarios.

Fueron reiteradas las ocasiones en que tuvo que intervenir don Venustiano Carranza, para aliviar las tensiones entre los dos militares. En cierta ocasión Buelna afirmo: “Obregón es un hombre de desmesuradas ambiciones, y no se detendrá ante nada con tal de verlas realizadas; Obregón traicionara a Carranza, a la Revolución, y antes que esto suceda creo que debemos tomar una resolución enérgica y definitiva”. El tiempo habría de dar la razón a estas palabras proféticas de “el Granito de Oro”.

En Ixtlán, el general Rafael Buelna tomó prisionero a Álvaro Obregón y a sus ayudantes, y le hizo saber que había dispuesto pasar lo por las armas, para acabar de una vez con todas las intrigas políticas que estaban dividiendo a los revolucionarios, desde que Obregón había sido nombrado General en Jefe de las operaciones en la Costa Occidental.

Solo la oportuna intervención del Gral. Lucio Blanco, amigo entrañable de Buelna, lo convenció de que conferenciara con Obregón, hasta que Blanco logró que Buelna y Obregón se dieran un abrazo. Dramático momento que habría dado, tal vez, un giro a la historia nacional.

Únicamente la noble decisión, en el sentido vivo del movimiento transformador y la lucidez y limpieza moral que reflejaba una substancia, una emoción autentica de combatiente desinteresado y no las ambiciones de tomar el poder por el poder mismo, como satisfacción personal, hizo que Buelna escuchara al general Lucio Blanco y desistiera de pasar por las armas a Obregón.

Obregón, sobrado de sagacidad, abrigaba ambiciones de poder y no podía permitir se opacara su figura, en tanto ello significara cerrarle el paso a sus proyectos.

La vida del revolucionario Rafael Buelna es elevada, noble y aleccionadora, estremecida desde la más temprana juventud por el arrebato de una pasión, que lo llevó por línea recta, sin titubeos y sin claudicaciones, hacia las grandes batallas, sin que las victorias lo hicieran perder el sentido de las proporciones, lo mismo en contacto con las masas Zapatistas que a las órdenes del Gral. Francisco Villa.

Fue árbol fecundo de fuerza revolucionaria y tenaz, que infundía confianza por el vigor de sus convicciones y su valentía puesta al servicio de la causa popular.

Dentro de la generación de la Revolución de 1910, destaca como el general más joven y uno de los más valientes y, sobre todo, un fiel combatiente por la causa en que creyó y por la cual murió. El sentido de la lealtad a los principios, por encima de las calumnias, las envidias e intrigas; su pasión revolucionaria se levantó siempre como una vida hecha y vivida en plenitud para la revolución.

Un hecho que refleja la nobleza y el sentido caballeroso del Gral. Rafael Buelna sucedió cuando, a los 33 años de edad, el Gral. Enrique Estrada lo comisionó para que saliera a combatir a las fuerzas gobiernistas, al mando del general Lázaro Cárdenas del Río. Tenia todavía Buelna el aspecto de muchacho audaz, inquieto, decidido, que representaba, cuando la compañía de 1913.

Lampiño, menudo de cuerpo, de fácil y persuasiva palabra, Rafael poseía, sin embargo, mayor serenidad, aunque no por ello dejaba de ser menos arrojado. Salió al encuentro de las fuerzas del general Cárdenas y en un Jugar llamado Puerto de Huejotitlán, tras rudos combates, las fuerzas gobiernistas se rindieron.

El general Cárdenas se encontraba herido, había sangrado toda la noche y pidió hablar con el general Buelna, a quien solicito fuera respetada la vida de sus soldados, pues ellos sólo habían cumplido con su deber, y se dispusiera de la propia. Buelna ordenó fuera trasladado Cárdenas a Guadalajara, en donde fue internado en un sanatorio particular, del cual escapo posteriormente.

Los hechos y las circunstancias, ponen a los grandes frente a frente, ante los acontecimientos trascendentales de la historia.

Lo habitual era que el general derrotado fuera pasado por las armas. No eran días de muchas contemplaciones, se necesitaba la entereza y caballerosidad de un Buelna para haber dado esta lección: era un león en los combates pero sabía perdonar, después del triunfo.

Un momento del destino. Buelna no supo jamás que el hombre que salvo de la muerte, sería el ejecutor de sus sentidos ideales de redención popular y el Presidente más grande de este siglo, más respetado para siempre por los mexicanos. Buelna estaba girando con el reloj de la historia, escribiendo hechos para los tiempos futuros. Así es la vida de los hombres en las grandes revoluciones; así se teje el dramático rumbo del futuro…

El general Rafael Buelna Tenorio, muere frente a la ciudad de Morelia, el 23 de enero de 1924. Una emboscada o una traición, todo pudo suceder, lo cierto es que las ametralladoras dieron su mensaje brutal y por el suelo rodó el militar que jamás había conocido la derrota. Una vez rescatado su cuerpo, todavía con vida, Buelna abrió un ojo y quiso sonreír. El Gral. Arnaiz le preguntó cuál era su última disposición, la respuesta no se hizo esperar: ” ¡Que triunfemos!”, fue la última orden de mando, en el estertor de la muerte. Las fuerzas desfilaron ante el cadáver del Gral. Rafael Buelna, lo despedían con la conciencia de que la ultima orden de su general se cumpliría…

Sólo la muerte pudo apagar la pasión revolucionaria de este hombre ejemplar. 33 años de vida, 14 en las filas de la Revolución, ejemplo redivivo para las actuales generaciones de mexicanos, quienes podrán obtener valiosas enseñanzas, que deben servir de ejemplo a los hombres, jóvenes o maduros, de este país que se inclinan ante la profesión de los mismos ideales por los cuales entrego su juventud magistral.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número5, páginas 20-23.

 

Grano de oro de la revolución

Gral Rafael Buelna Tenorio, pasión revolucionaria

 

Summary
Name
Rafael Buelna
Nickname
(Grano de Oro)
Job Title
Militar revolucionario
Company
Ejército revolucionario mexicano
Address
Mocorito,Sinaloa, México

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