Biografías de sinaloenses

 

RAFAEL BUELNA TENORIO, GRANITO DE ORO

 

Por: Antonio Uroz

El general Rafael Buelna fue el más joven del movimiento que acaudilló el apóstol don Francisco I. Madero y que determinó la caída del régimen de Porfirio Díaz después de la firma de los tratados de Ciudad Juárez.

Al estallar la rebelión el 20 de noviembre de 1910 en el norte y centro del país, dos días después de los trágicos sucesos de Puebla en los que perdieron la vida Aquiles Serdán y algunos de sus parientes, el entonces estudiante Rafael Buelna cursaba la carrera de abogado en el Colegio Civil Rosales, de Culiacán; por esa profesión sentía viva inclinación, pues era la misma de su padre, el licenciado Pedro Buelna.

Granito de Oro llamaban al que más tarde habría de ser uno de los jefes de las caballerías constitucionalistas, valiente hasta la temeridad; el mote cariñoso se debía al color de su cabello, rubio, y a sus ojos claros y, además, porque era de una calidad de oro de muy altos quilates.

El joven estudiante, que apenas contaba 19 años, se incorporó a la Revolución y desde luego se distinguió por sus grandes dotes de organizador y por su gran valor, que lo situaba siempre en los lugares de mayor peligro.

Tras rápidos ascensos Rafael Buelna Tenorio “El Granito de Oro” obtuvo el grado de general y llegó con las fuerzas victoriosas que le dieron escolta al señor Madero cuando éste hizo su entrada triunfal a la ciudad de México, cuyos habitantes dieron al apóstol una de las recepciones populares más clamorosas de que se tenga memoria. Toda la gente se echó a la calle a aplaudir y vitorear a quien había tenido la suficiente entereza de enfrentarse a un régimen que por más de tres décadas hizo nugatorias las libertades públicas, convirtiendo a la nación en un feudo del grupo llamado de los científicos.

El general Rafael Buelna Tenorio era originario de Mocorito, Sinaloa, y estando en la capital se hizo confeccionar un uniforme como el que usaban los federales, trocando el sombrero tejano por una gorra que llevaba bordada en oro un águila, símbolo del grado. El Imparcial, que no perdía ocasión de censurar a los maderistas por la causa más nimia, pues no podía resignarse al cambio de cosas después de haber servido al porfiriato todo el tiempo que se mantuvo en el poder, censuró acerbamente al joven general diciendo que el uniforme correspondía únicamente a los militares de carrera y los revolucionarios no eran, en todo caso, más que ciudadanos armados.

El general no hizo ningún caso a tales censuras y siguió usando el uniforme, que lo sabía llevar con la prestancia y el garbo de su juventud.

Después del cuartelazo de la Ciudadela que inmoló al presidente y al vicepresidente de la República en forma artera y cruel; a don Gustavo Madero, hermano de aquél, y al intendente de las residencias presidenciales señor Adolfo Bassó Méndez, el general Buelna se alzó contra los asesinos, secundando el Plan de Guadalupe que lanzó en la hacienda de este nombre el gobernador de Coahuila, don Venustiano Carranza.

Buelna, al frente de la columna de caballería que había organizado, fue incorporado al Cuerpo de Ejército del Noroeste que jefaturaba el general Álvaro Obregón, habiendo librado encarnizadas batallas contra los soldados federales que sostenían al régimen espurio de Victoriano Huerta, y que fue abatido en poco más de un año por las fuerzas constitucionalistas de las que era Primer Jefe el señor Carranza.

Después del licenciamiento de las tropas huertistas por virtud del convenio de Teoloyucan que firmaron, por parte de aquéllos, los generales José Refugio Velasco y Eduardo Iturbide, y por los constitucionalistas el general Álvaro Obregón y el ingeniero Alfredo Robles Domínguez, se produjo la escisión en el ejército revolucionario por haber desconocido Francisco Villa, secundado por un nutrido grupo de generales, la autoridad del Primer Jefe.

El país vivió épocas terribles y sufrió perdidas enormes y fue necesario el transcurso de muchos anos para que se repusiera de los daños que la guerra intestina le produjo.

El general Buelna se mantuvo fiel al señor Carranza y participó en numerosas batallas contra los convencionistas, a los que infligió severas derrotas.

Operando combinadamente con una columna de caballería que estaba al mando del general Lucio Blanco se consiguió limpiar de enemigos el territorio de Tepic, en el que se libraron combates sangrientísimos, exhibiendo el general Buelna el valor temerario que lo acampanó hasta su desventurado final.

Dominada la rebelión de Villa, el general Rafael Buelna Tenorio el Granito de Oro continuó en el ejército desempeñando diversas comisiones y cuando el señor Carranza fue asesinado en Tlaxcalantongo estaba resuelto a solicitar su baja, pero algunos antiguos compañeros de lucha lo disuadieron.

Le produjo honda pena la muerte de don Venustiano y guardó en su corazón un sentimiento de repudio hacia los que eran señalados como directamente responsables del tal suceso, y al estallar en diciembre de 1923 la rebelión encabezada por el ex secretario de Hacienda, don Adolfo de la Huerta, como protesta contra desafueros cometidos por el gobierno del general Obregón, tales como la desaparición de poderes en San Luis Potosí, el homicidio del senador Field Jurado y el secuestro de los también senadores Ildefonso Vázquez y Francisco Trejo por no haberse plegado a aceptar los Tratados de Bucareli, el general Buelna se incorporó a las tropas del general Enrique Estrada, jefe de las operaciones militares en el estado de Jalisco, levantado en armas contra el régimen de Obregón.

Tres cuartas partes del territorio de la República se hallaban en poder de los rebeldes que constituían las cuatro quintas partes del total del ejército. Las trincheras construidas en Ocotlán bajo la dirección del gene¬ral Gustavo A. Salas eran inexpugnables y sólo mediante la traición de uno de los jefes sublevados, de apellido Anzaldo, pudieron ser ocupadas por los obregonistas, que tuvieron tiempo de recibir grandes remesas de parque y armas, entre éstas las pistolas escuadra 45 con las que efectivos al mando del general Escobar dieron una carga contra los estradistas que se encontraban sesteando cerca de Palo Verde, y el general Estrada, para ponerse en cobro, tuvo que dejar abandonados en aquel lugar sus anteojos de campaña y su chamarra, que después fueron exhibidos como valiosos trofeos en el frente de Ocotlán.

Un rasgo revelador del generoso corazón del general Buelna fue cuando hizo prisionero al general Lázaro Cárdenas: el jefe supremo de las tropas del gobierno, que lo era el propio Presidente de la República, general Álvaro Obregón, dio órdenes al general Cárdenas de que con una pequeña fuerza de caballería levantara tramos de vía y distrajera la atención del enemigo, pero sin comprometerse en ningún combate formal.

El 26 de diciembre de 1923 el general Cárdenas avistó una fuerza en Teocuicatlán, por el rumbo de Sayula y haciendo un lado la recomendación recibida se empeñó en un combate con los estradistas, a cuya cabeza iba nada menos que el general Buelna.

La fuerza de Cárdenas quedó deshecha y él cayó prisionero, herido. Otro general que no hubiese tenido la calidad caballeresca de Buelna tal vez hubiera ordenado su ejecución sobre la marcha. El ex alumno del Colegio Rosales ordenó que el prisionero fuese conducido a Guadalajara para su atención médica.

El general Estrada ordenó que se internara al general Cárdenas en el hospital francés, de donde se fugó o le protegieron la fuga; pero el hecho es que cuando el general Estrada regresó de su largo destierro, el entonces Presidente de la República, Lázaro Cárdenas, lo hizo gerente general de los Ferrocarriles Nacionales.

Después del desastre de Ocotlán, en cuyo auxilio se habían movilizado las tropas victoriosas del frente de Veracruz por haber aniquilado completamente a los delahuertistas, se planeó por el estado mayor estradista atacar la ciudad de Morelia como una finta, para luego caer a la retaguardia de los obregonistas y apoderarse de los convoyes militares de que disponían.

Obregón, sumamente astuto, se dio cuenta de la maniobra y ordenó que los trenes fueran movilizados hacia Irapuato. Mientras tanto, las tropas estradistas atacaban furiosamente Morelia y al frente de sus soldados, como siempre, con el valor temerario que tanta fama le dio, el general Rafael Buelna, quien al intentar apoderarse de la plaza de toros cayó acribillado a balazos.

Uno de los jefes que lo acompañaban se acercó a él para recibir instrucciones y sus últimas palabras fueron:

—¡ Sigan atacando!

El general Rafeal Buelna Tenorio murió a los 33 años de edad, después de haber militado catorce en las filas de la Revolución.

Retrocediendo un poco en el tiempo, cuando se informó al general Obregón que Cárdenas había caído herido y prisionero en poder de Buelna, el Presidente, que conocía el valor de su antiguo subordinado (Rafael Buelna) y de su gran pericia para combatir, hizo este comentario:

—“Pero que ocurrencia de Cárdenas, presentarle batalla a Granito de Oro”.

 

Tomado del libro: Hombres y Mujeres de México, Uroz, Antonio, Editorial Lic. Antonio Uroz, México, D.F., 1972.

 

Ilustración: obra del pintor mexicano Benjamín Orozco López, tomada de su página oficial.

 

 

Rafael Buelna "El Granito de Oro"

General revolucionario sinaloense Rafael Buelna Tenorio “El Granito de Oro”

 

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*