Sinaloenses revolucionarios

 

RAFAEL BUELNA TENORIO, CABALLERO ROSALINO

 

Por: Enrique Romero Jiménez

 

La vida de Rafael Buelna se antoja como un marco fulgurante, como una parábola de luz, espacial y cósmica, que se enciende en Mocorito el 29 de mayo de 1891 y se apaga repentinamente en Morelia, entre los impactos rítmicos de una ametralladora, el 23 de enero de 1924.

De su tío abuelo don Eustaquio Buelna, el viejo magnífico de barba caprina, mirada penetrante y pensamiento lúcido, recibe desde su niñez, permeada por las brisas del Ebora, la corriente liberal, tumultuosa y ancha, que hará brotar desde su adolescencia el inconformismo hacia una paz impuesta por la fuerza de espadones y bayonetas, con todo el aparato ostentoso, multicoloro y falso de una dictadura prolongada.

En el silencio reprobable de las claudicaciones y de las entregas, su voz hubo de ser, con trémolos de ira, la voz de la verdad y de la dignidad del hombre de México: sometido, medroso, necesitado de pan y de justicia en aquel período medieval de nuestra historia, en aquella noche ominosa de nuestra vida nacional.

Por eso a los 18 años, cuando el ferrelismo traza en el cielo de Sinaloa los signos anunciadores del nuevo apocalipsis, su grito de rebeldía rompe tumultuosamente los canceles del claustro rosalino y sale a la plazuela inmediata anunciando, con su gesto, la alborada de la liberación y la muerte de una tiranía.

Se le expulsa escandalosamente con la complicidad de sayones y comparsas que, sin saberlo, abren las puertas a su espíritu inquieto para que inicie su vuelo temerario y pueda cumplir, inexorablemente, con su destino señalado.

Después saldrá en igual forma del Liceo de Varones de Guadalajara para prepararse, en un lapso perentorio, para la gran aventura que le espera en los campos estremecidos de la patria; para el encuentro frontal de sistemas y de hombres en el incendio gigantesco que fué el movimiento armado de 1910.

Incorporado por voluntad propia a las filas del constitucionalismo, sólo, secundado únicamente por la fidelidad de Soto y de Garay, sus dos grandes compañeros y amigos de aventura, levanta de la nada, de su entusiasmo juvenil, de su hombría excepcional, el ejército con que realiza la campaña de Tepic que le confiere el título de valiente, las tres estrellas de Coronel y más tarde el águila del generalato, ganadas en combates donde expone la vida, siempre el primero en el ataque, el último en la retirada.

Pero llega el momento en que sus impulsos generosos y desinteresados chocan con la ambición manifiesta, con el espíritu calculador y frío de Obregón y pone entonces su simpatía, su brazo y su esfuerzo en el villismo, porque en ese minuto de su vida y de nuestro acontecer, el Centauro del Norte representa, para él, los intereses, los anhelos, el camino verdadero de nuestro pueblo, como instrumento de violencia necesario para arribar al futuro de restauración que le espera, cuando termine la lucha dolorosa.

Su carácter definido y sincero repudia el personalismo que se disfraza de patriotismo, y sobre todo, las tenebrosidades y sofismas de la política que divide a los caudillos señeros cuando se juegan los destinos de una patria que él sueña abierta y amplia para todos, trascendente y material en la tierra y en el agua, en la alegría y el trabajo, enaltecida y fecundada con el sacrificio de los que le entregan su vida en los frentes de batalla.

 

En el transcurso de los breves años, su nombre vuela, peregrino afortunado, en los corridos populares, y en sus acciones hazañosas se comentan con asombro al calor de las hogueras campiranas. Es ya una leyenda de valor, de juventud indómita y recia y en su corcel preferido, recorre incansable la costa noroccidental, en todo tiempo al frente de sus tropas que lo quieren y lo siguen como jefe indiscutible.

Es el “Chamaco” Buelna; será después “El Granito de Oro“, el benjamín de los generales, con su car a aniñada en cuyos ojos brilla la luz profunda del héroe consentido de la fama y de la gloria; pero en los que también se asoma a veces la tristeza del mártir, del que nunca verá la tierra prometida, del predestinado a morir sin poder terminar la tarea fatigosa y titánica de formar pueblos libres, de crear hombres dignos con el fulgor del Prometeo. Con idéntico destino al de los héroes pretéritos y luminosos de la mitología griega, preferidos de los dioses para el holocausto en los años floridos y hermosos.

Pero nunca dejará de ser el caballero rosalino, el que pelea y derriba limpiamente; el que respeta y salva al enemigo herido; el que se alegra y sufre con el coraje, la alegría y el sufrimiento de los suyos; el visionario que anticipa la imagen más humana del México que vendrá mañana.

Es un atormentado que adivina su trágico final, que siente en el interior de sí mismo el fuego que lo consume y que habrá de llevarlo conscientemente a su destrucción, por el camino del sacrificio inevitable.

Es el romanticismo a caballo con el máusser vengador en las manos.

Sus acciones guerreras hablan muy alto de su arrojo temerario:

San Ignacio, Pánuco, Escuinapa, Santiago Ixcuintla, La Muralla, Cuautla, Acaponeta, Rosa Morada, Tepic, La Labor y finalmente Morelia, donde ocurre su trágico final, con sus cartas de presentación, las credenciales que lo acreditan como joven caudillo de la revolución.

En el cincuenta y cuatro aniversario de su tránsito terreno, su nombre se conserva amorosamente en la entraña emotiva y generosa de su pueblo, junto al de otras figuras legendarias que fueron actores principales en nuestro drama purificador de principios de siglo.

Rafael Buelna Tenorio representa, con gallardía, a una generación esforzada que supo despedazar mordazas y temores, convencionalismos y resignaciones, tótems y tabúes en el ambiente mortal de la autocracia porfiriana y que hizo que los fusiles y cañones hablaran por los principios y las ideas, cuando se silenciaba la voz de los hombres que los defendían.

Para la juventud de Sinaloa, Rafael Buelna debe ser el símbolo permanente de la rebeldía constructiva y fecunda; de la que se levante, con emoción telúrica, con la fuerza de la sangre nueva, a denunciar y combatir la miseria, la corrupción, el fariseísmo, los cacicazgos, la injusticia social y el predominio de las oligarquías y de las plutocracias que señorean y ensombrecen nuestros horizontes y dificultan nuestro caminar.

Y donde quiera que se niegue la libertad, que se conculquen los derechos, que se atente contra la dignidad humana, que se impongan las conquistas ideológicas o económicas, Rafael Buelna será la bandera encendida que enarbolen los hombres de estas latitudes con pasión universal.

Culiacan, Rosales, enero 23 de 1978.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 7, páginas 4-5.

 

Gral. Rafael Buelna

Rafael Buelna Tenorio, El Caballero Rosalino

 

Summary
Name
Rafael Buelna Tenorio
Job Title
General revolucionario
Company
Ejército revolucionario mexicano
Address
Mocorito,Sinaloa, México

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