Rafael Buelna en San Ignacio

December 18, 2014

Sinaloenses revolucionarios

 

RAFAEL BUELNA TENORIO EN SAN IGNACIO

 

Por: Francisco Higuera López

 

Rafael Buelna Tenorio regresó de Estados Unidos a mediados de julio de 1913, luego de sufrir su primera derrota militar en las cercanías de Tepic y abandonar el país en accidentada huida por la vía marítima desde el rústico puerto de Teacapán, municipio de Escuinapa.

El coronel Buelna entró por Nogales con una idea persistente: empujar a las fuerzas huertistas de todo el noroeste hasta el centro del país y controlar la vía del ferrocarril Guadalajara-Nogales, de vital importancia para los revolucionarios.

Buelna se presentó ante el general Álvaro Obregón en Hermosillo para exponerle con entusiasmo y pasión el citado plan militar, que no dejaba de ser ambicioso y lleno de peligros.

El caudillo sonorense escuchó con interés el proyecto del jovencito rubio que ostentaba el grado de coronel, aunque carecía de hoja de servicios y no disponía de armas, municiones, hombres, dinero y experiencia en campos de batalla.

Obregón, que ya comenzaba a descollar como caudillo militar tomó una decisión rápida: desechó el proyecto y despidió a Buelna con un ligero apretón de manos. ¡Nunca serían amigos los dos colosos militares!

Nervioso, inquieto y un poco frustrado, Rafael Buelna se trasladó a San Blas, Sinaloa, última avanzada del ejército constitucionalista para dialogar y pedir auxilio a los generales Ramón F. Iturbe y Felipe Riveros.

Iturbe, general brigadier a los 22 años y héroe maderista, nada quiso saber de las aventuras bélicas de Buelna. Otro tanto hizo por segunda ocasión el general Felipe Riveros a la sazón reconocido como Gobernador Constitucional de Sinaloa.

Ninguno de estos fracasos amilanó el espíritu revolucionario del Granito de Oro. Rafael Buelna no cejaba en su idea posesiva: formar un ejército popular para combatir y expulsar del occidente del país a las fuerzas huertistas. Tampoco olvidaba una promesa romántica hecha a su novia María Luisa Sarría: tomar a sangre y fuego la ciudad de Tepic y llevarle serenata.

El coronel Buelna inició su asombrosa carrera militar reclutando gente en las regiones serranas de Sinaloa de Leyva, Mocorito, Badiraguato y Culiacán.

Palemón Higuera, antiguo gambusino de los arroyos que alimentan el río Évora, causó alta como asistente personal del coronel Buelna y fue quien lo condujo por las veredas alteñas hasta los límites entre San Ignacio y Durango.

Por aquellos días los rancheros serranos hacían comentarios favorables de dos jefes guerrilleros que habían sostenido escaramuzas con partidas federales, se llamaban Rafael Garay y Vidal Soto.

Buelna se enteró de que en el rancho Santa Lucía se estaban congregando algunos jefes revolucionarios, entre los que destacaba el futuro general Miguel V. Laveaga, quien operaba con más sagacidad que arrojo bélico desde su rancho La Calavera.

El coronel Rafael Buelna entró en contacto con Vidal Soto, un arriero honrado y valiente, a quien le propuso con aire resuelto hacer armas en el territorio de Tepic.

El aspecto juvenil de Buelna no impactó inicialmente al endurecido ranchero, pero su actitud cambió cuando Buelna comenzó a platicar con ese tono cantarino y amistoso, suave y convincente con el que ganaba confianza y tres jefes avanzaron en abanico con 120 hombres en total. El objetivo principal era tomar la iglesia, donde estaba parapetado el grueso de una compañía huertista.

Horas después el muchacho dorado de Mocorito envolvió con su palabra fácil y temerarios planes al intrépido guerrillero Rafael Garay, un hombre que jamás conoció el miedo.

Garay explicó a Buelna que existía un compromiso previo con Miguel Laveaga para unir fuerzas y atacar el pueblo de San Ignacio, guarnecido por una compañía federal reforzada.

El Granito de Oro adujo argumentos de peso, como el factor sorpresa, el ataque por tres puntos y el conocimiento exacto de la distribución de las fuerzas huertistas.

Rafael Garay y Vidal Soto aceptaron al fin del plan de Buelna y en la madrugada del 12 de agosto de 1913 en medio de una fina lluvia, los tres jefes avanzaron en abanico con 120 hombres en total. El objetivo principal era tomar la iglesia, donde estaba parapetado el grueso de una compañía huertista.

El joven Buelna inició el ataque al templo con armas largas y fuego nutrido.

Los vecinos que vivían en las inmediaciones del templo como Alfredo Lafarga, don Ignacio Manjarrez, Altagracia Bastidas, don Bernardo Escoboza, Uvaldina Manjarrez, María Domenech, Víctor Rochín y los Robles del Campo, observaron asombrados cómo un jovencito rubio avanzaba a pie firme hasta la fachada principal de la iglesia y a dos manos disparaba sobre los federales.

¡Ninguna bala tocó a Rafael Buelna! El ejemplo temerario del Granito de Oro fue el acicate para que el resto de las fuerzas atacaran con más bríos y tomaran por asalto las posiciones enemigas.

El ejército huertista cedió totalmente ante la embestida y se batió en retirada. Rafael Garay se encargó de diezmar a los que huían y tomó docenas de prisioneros.

El botín de guerra fue cuantioso: armas, municiones y vituallas para pertrechar a una columna de 300 hombres.

La batalla de San Ignacio fue la primera acción de armas importante que ganó el coronel Rafael Buelna y el inicio de su fulgurante carrera militar.

De San Ignacio se dirigió Rafael Buelna a caballo por caminos serranos hasta el municipio de Rosario y acampó en pleno monte haciendo vivac, y desde ahí, con fuerza irresistible cayó como un huracán sobre la histórica Ciudad Asilo.

Esta toma rapidísima de Rosario causó asombro en todo el país y fue el inicio de la fama legendaria del Granito de Oro.

Luego se sucedieron otras victorias decisivas: Escuinapa, Santiago Ixcuintla, sitió a la ciudad de Tepic, Sautla y otra vez Escuinapa donde finalmente se estableció para reorganizarse, formar su estado mayor, adiestrar, disciplinar y armar a un ejército de tres mil hombres.

Y era apenas el mes de octubre de 1913, dos meses después de la toma de San Ignacio.

¡Había alcanzado Rafael Buelna el generalato en menos de sesenta días!

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 63, páginas 24-25.

 

Rafael Buelna grano de oro en San Ignacio

Rafael Buelna en San Ignacio, Sinaloa

 

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Rafael Buelna en San Ignacio
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El paso y estancia del Granito de Oro por el municipio de San Ignacio Sinaloa

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