Poesía sinaloense

 

 

POLICROMÍAS FOLKLÓRICAS

 

 

Por: Carlos Mc Gregor Giacinti

 

1. LAS MAÑANITAS

“Estas son las mañanitas”. Se desgrana

la voz sin tono de un tenor barato,

y el gendarme de guardia, da al silbato

un sonido de seis de la mañana.

 

La música de cuerdas, se engalana

con canciones rancheras, por un rato,

para luego volverse garabato

de danzones al pie de la ventana.

 

En tanto que la banda sopla y grita,

suena el nombre de alguna rancherita. . .

Y en la boca de un hombre que de nada

 

se asusta si hay tequila y habanero,

se oyen frases que dicen “yo te quiero”

y hay olor de limón y madrugada.

 

2. EL HUAPANGO.

Las coplas ofensivas se provocan

en los labios nerviosos de rancheros,

que en segundos, en bajos y en primeros,

cantan al son que las guitarras tocan.

 

Hay miradas que viéndose, dislocan

el rubor de la luz en los mecheros

de petróleo, que enciende sus luceros

como potros de sol que se desbocan.

 

“Y hasta el amor bebo en jarro”. Por fuera:

cuando escucha las coplas, la ranchera,

brinda al aire el doblez de su rebozo. . .

 

Y se pierde una música de ensueño,

que al son del “pajarillo barranqueño”

grito con las guitarras su alborozo.

 

3. EL SARAPE.

Sarapes de Saltillo. —Nacionales

colores vivos de algodón caliente—,

que en la franca alegría del ambiente

ponen sus hilos como pompas reales.

 

Sus tejidos engarzan los rituales

de una vieja inquietud, —canción demente—,

que estalla en las gargantas de mi gente

como un trueno de barro y de cristales.

 

 

Es iris de sus rayas, la alegría

que marcha paralela en la poesía

de sus varios colores y su brillo,

 

si a la mujer que se adoró sin tregua,

se le rapta en el lomo de una yegua

envuelta en un sarape de Saltillo.

 

 

4. EL CIRCO.

El circo nos llegó de madrugada.

Y el domingo, debuta el trapecista

con la guapa mujer contorsionista

y una pantera por la voz domada.

 

Los carteles del circo en algarada

de colores, se miran en la arista

de la esquina, con un equilibrista,

anunciando la próxima jornada.

AI circo nos iremos. . . Y como antes,

miraremos leopardos y elefantes,

escuchando algún chiste que no alienta

al payaso que a Bell tiene olvidado. . .

¡Y de nuevo pondrán en el tablado

la pantomima de La Cenicienta…¡

 

 

5. LA PIROTECNIA.

Juegos pirotécnicos: de colores

viste el cielo su falda en el tejado;

con lumbre, los cohetes, han dejado

una lluvia de estrellas como flores.

 

Es de noche y hay fuegos: los amores

hacen cálido el clima, saturado

de la añeja tristeza del poblado

que quema en los “castillos” sus dolores.

 

Columpios y caballos de madera,

rifas y volantines… y en la acera,

con luz de pirotecnia se han quedado

 

como rasgos de patria en el ambiente,

mil caras de Uruapan y el valiente

perfil de los sombreros galoneados.

 

 

6. LAS FERIAS.

¡Oh ferias nacionales! ;Oh, Alameda!

Canción recía de la chiquillería

que silba la inquietud de su alegría

en las trompetas de papel de seda.

 

 

Puestos blancos, de manta, donde queda

sabor de pueblo por su dulcería:

¡”ates”! ¡”buñuelos”! y confitería

que en almíbar sus ópalos enreda.

 

j Oh, ferias de mi tierra mexicana

con matracas y con loza poblana

donde un muñeco de cartón imita

 

para el pobre, la rica alfarería. . .!

Yo siento que en tu voz el pueblo grita

las tonadas de tu policromía!

 

 

7. LA CARPA.

—”Esta y l’otra. . . ¡Luneta! ¡ Galería!

y la carpa se llena de soldados,

de mujeres y obreros ya cansados

de las ocho horas de trabajo al día.

 

Teatro pobre, que en su escenografía

de tiempos y lugares ya olvidados,

les alegra las penas con bocados

de drama, de comedia y de armonía.

 

Así es como mi pueblo va de prisa:

hoy carcajada y mañana sonrisa.

Y nada turba su gozar tardío,

 

porque nada hay más bello en un tablado,

que una “china” bailando un zapateado

al compás del “jarabe tapatío”.

 

 

8. LOS GALLOS.

En el pueblo hay “jugada”; los “tostones”,

son reflejos del alma del ranchero,

que en un albur arriesga su dinero

cuando juegan dos gallos copetones.

 

¡”Kiki-ri-kis” sonoros! Variaciones

del “mariachi” en tequila y habanero:

—Al “giro” mi pistola y mi sombrero,

grita un hombre que apuesta sensaciones.

 

El pico con la espuela y la navaja

luchan sin tregua por sacar ventaja. . .

y al fin de la contienda, ya agotado

 

por grave puñalada inoportuna,

rueda un gallo, llevando la fortuna

de su dueño en el pecho ensangrentado.

 

 

9. MI PRIETA.

Mi prieta es prieta, porque no podría

ser nunca blanca su carne canela. . .

y en su pelo, un contraste le cincela

un rubio amanecer de ranchería.

 

Y así la quiero: con la lozanía

de su cuerpo que tanto me desvela,

con olores de barro y de cazuela

y frescura de caña y de sandía.

 

Y tiene verde la mirada. . . Y mira,

como en blanco, también mi amor suspira

y en sus labios se vuelve un canto rojo. . .

 

¡ Prieta fresca como fruta temprana;

si pasa junto a mí, de ella recojo

el sabor de mi tierra mexicana. . .!

 

Poema Sinaloaense; Policromías folklóricas

Poemas de Sinaloa; Policromías folclóricas

 

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Policromías Folklóricas
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Mosaicos folclóricos mexicanos en versos

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