Personajes de Sinaloa

 

Plácido Vega y Dasa

 

Este es el nombre del primer gobernante sinaloense con quien Juárez tuvo relaciones, y fue precisamente Plácido Vega el que de una manera fulminante terminó con el dominio de los conservadores en Sinaloa. A poco más de un año de que la claudicación de Comonfort hizo que don Benito asumiera la presidencia de la República, las fuerzas del general Ignacio Pesqueira y las del entonces poco conocido Plácido Vega, sitiaron y tomaron Mazatlán poniendo fin a la preponderancia del partido reaccionario, que ya no volvió a levantar cabeza en la tierra sinaloense.

Nacido en El Fuerte en el año de 1830, Plácido Vega, retoño de una rama bastarda de la familia que había dominado a la Entidad durante muchos años, dejó su tierra nativa dirigiéndose a Culiacán en busca de mejores perspectivas, y allí trabajó como dependiente en una tienda de su primo el coronel Francisco de la Vega, quien gobernó al Estado durante corto tiempo pues un movimiento subversivo promovido por los comerciantes extranjeros de Mazatlán, dio al traste con su administración. Plácido continuó vendiendo café, ropa y piloncillo en el negocio de su pariente, pero al proclamarse el Plan de Ayutla se metió en el monte capitaneando a un pequeño grupo de liberales para combatir a los militares santanistas, y al instaurarse el régimen liberal, recibió comisión del gobernador don Pomposo Verdugo para perseguir algunos núcleos conservadores que pululaban en los límites de Sinaloa y Durango, mas algunas arbitrariedades que cometió en sus correrías por esa zona, le metieron en un lío del que afortunadamente salió bien librado y entonces se internó en la isla de Altamura, en la que tal vez se dedicaría a negocios de pesca.

Dadas las inquietudes que en él bullían, la vida eremítica que llevaba en Altamura no ha de haber sido muy satisfactoria para Vega, así que cuando Comonfort dio el golpe de Estado abandonó su refugio para dirigirse a El Fuerte y allí empezó a reunirse con jóvenes de extracción liberal; buscó el apoyo del general Pesqueira y el 8 de agosto de 1859 lanzó el Plan del Fuerte proclamando la restauración de la constitución de 1857. Sinaloenses y sonorenses se movilizaron hacia el sur, derrotaron a los conservadores en La Noria, Mocorito, y sitiaron al puerto de Mazatlán, el que acabaron por tomar, y tras esto, Plácido fue designado gobernador y comandante militar de Sinaloa, aunque esto significó algo más: se plantó como amo y señor de la Entidad.

Impuesto al trato de militares de la talla de Zaragoza y con enemigos de la categoría de Miramón y Osollo, Juárez no debe haber prestado gran atención hacia la figura del novel caudillo sinaloense, pero no dejó de reconocer sus méritos los que premió enviándole al mismo tiempo los despachos de coronel de caballería y de general de brigada, sin embargo, las hechuras que Vega fue mostrando, hicieron que el Presidente le cobrara afecto, el cual vino a justificarse en forma más clara cuando don Benito se refugió en San Luis Potosí, pues estando en ese lugar recibió de Vega una cuenta pormenorizada de todos los gastos que había hecho en la campana contra los conservadores, desde el día en que expidió el Plan del Fuerte, hasta el momento, y esto, en un tiempo en que los jefes militares podían rendir las cuentas del gran capitán, debe haber llenado de satisfacción al presidente.

Don Plácido Vega y Dasa era un liberal de tipo ardiente. Desde joven había sostenido relaciones amistosas con “El Nigromante”, con el doctor Miguel Ramírez, hermano del anterior, con Perfecto Mateos y Eustaquio Buelna, así que a pesar de no haber tenido una gran preparación, las pláticas con todos ellos vinieron a cimentar notablemente sus ideas, y la presencia de Juárez en la presidencia le dio un campo muy amplio para proyectarlas en toda su intensidad y para aplicar con todo rigor las leyes de Reforma. Infortunadamente era demasiado autócrata y su voluntad se convirtió en ley, ya que el poder legislativo era un dócil instrumento en sus manos y varias veces tuvo choques con el judicial. Sin embargo, sus defectos no opacaron sus méritos como patriota y como caudillo, pues aplastó definitivamente a los conservadores en Sinaloa al derrotar estrepitosamente al aventurero español Domingo Cajén el combate de El Espinal, y tras de esto fue a hacer la campaña en Tepic y Jalisco.

Trabajó incansablemente para consolidar el poderío del partido liberal levantando constantemente nuevos cuerpos de ejército, y dueño de una gran capacidad de organización, su obra no solamente se concretó a Sinaloa, sino que también auxilió con armas y dinero a gobiernos de entidades distantes como Jalisco, Colima, Guerrero, Durango y Sonora, y al territorio de la Baja California no sólo con aquellos elementos, sino con soldados. Desde años atrás, el general Ignacio Pesqueira deseaba auxiliar al gobierno de la república enviando tropas de Sonora, pero Juárez siempre se opuso a la idea desde una distancia tan inmensa como la que separa a ese Estado de la Capital el contingente que de hombres se señaló a Sonora”, así que le recomendaba “desistiera de la idea de manifestándole que era “muy costoso y muy difícil hacer venir reorganizarlo y enviarlo”. La negativa del presidente era justificada, pues aparte la erogación que representaba, suponía un gran riesgo, mas la idea de Pesqueira se fijó en el ánimo de Vega, y como no era hombre a quien contuviese el no del presidente, máxime que ahora se trataba de luchar contra un invasor extranjero, se afanó en integrar un cuerpo de ejército que fuera de Sinaloa a la altiplanicie, y con soldados sinaloenses y sonorenses a los que equipó y armo a costa del erario de la Entidad, la Brigada Sinaloa, compuesta por dos mil soldados embarcó en Mazatlán el 5 de febrero de 1863 en los barcos “Mazatlán”, “Caribe”, “Alerta”, “Conde Cavour” y “Esmeralda”, llevando como jefe al general Vega y como jefe de estado mayor al general Emilio Lanberg.

La flotilla tuvo que sortear la persecución de las naves francesas y por fin pudo fondear en Zihuatanejo, de donde la Brigada marchó a Acapulco desembarcando bastante diezmada por el clima y las enfermedades, y dejando allí bastantes hombres inutilizados y las tres bandas de música que los acompañaban, el resto de los soldados emprendió una torturante peregrinación por las serranías de Guerrero, mientras que don Plácido y sus oficiales lo hacían en caballos que les fueron facilitados, hasta llegar a la capital de la República, donde, tras de descansar algunos días, desfilaron ante don Benito Juárez, quien tenía a su derecha a don Plácido Vega y no podía ocultar su emoción, mientras los habitantes de la gran ciudad ovacionaban y llenaban de vítores a los bravos soldados que marchaban arrogantes por las calles capitalinas. ¡El caudillo sinaloense había marcado un jalón en la historia militar de México, al conducir a un cuerpo de ejército desde una región tan lejana!

La Brigada pasó a formar parte del Ejercito del Centro a las órdenes de don Ignacio Comonfort, encuadrando en la Tercera División que fue encomendada a don Plácido, y cuando ese Ejército fue derrotado por los franceses en el Cerro de San Lorenzo, se salvó del desastre total gracias al valor de los soldados sinaloenses, y pudo seguir en la campaña en el interior bajo las órdenes del general Porfirio Díaz.

Vega conocía su capacidad militar y al ver que en la División había jefes altamente dotados y con gran experiencia, a más de que sus enemigos habían aprovechado su ausencia logrando que el vicegobernador Gral. Manuel Márquez de León fuera retirado del servicio activo para que ocupara la gubernatura, pidió licencia para dejar la campaña y regresar a Sinaloa a reasumir el poder, a lo que no se opuso el presidente. Sin embargo, la gran capacidad de organización del general sinaloense motivó que el señor Juárez le hablara para proponerle la comisión de ir a los Estados Unidos para comprar armamento, pertrechos y buscar ayuda monetaria.

En principio, el primer mandatario era enemigo de ese procedimiento, más el avance de los franceses le hizo doblar las manos y aceptar que algunos agentes fueran a los Estados Unidos en ese plan. A las primeras de cambio don Plácido no quiso aceptar, y aún ya nombrado hizo algunas observaciones sobre la conveniencia de que sus “pequeños servicios podían ser más útiles en estos Estados fronterizos, amenazados por la invasión francesa”, pero como sus intentos resultaron negativos, puso manos a la obra.

Entre los arbitrios que se pusieron a su disposición se contaron las entradas de la aduana marítima de Mazatlán, de las cuales envió $ 100,000.00 a Juárez y el 12 de enero de 1864 embarcó rumbo a San Francisco, California, a donde llegó ocho días después. El viaje inició el eclipse de su carre¬ra, ya que en su ausencia algunos jefes militares que operaban en Sinaloa, entre ellos Antonio Rosales, Ramón Corona, Joaquín Sánchez Román y varios más, terminaron con el poderío de Vega al deponer mediante un bochornoso cuartelazo al gobernador interino general Jesús García Morales, acto que provocó una gran indignación al presidente Juárez. Rosales fue elevado a la gubernatura por los revoltosos, pero aquel decidió que se le abriera juicio y que entregara el mando al general Gaspar Sánchez Ochoa, pues su deseo era que García Morales se hiciera cargo nuevamente del poder, mas como el ameritado militar sonorense no quiso aceptarlo, el primer magistrado consintió en que Rosales se encargase del gobierno tomando en cuenta los servicios que había prestado. Aunque en realidad se vio obligado a consentir orillado por las circunstancias en que se encontraba el país.

Ya en San Francisco, el militar sinaloense entró en actividad mas encontró que la tarea de sacar armas se presentaba difícil, dado que por la guerra civil que afectaba a los Estados Unidos el gobierno había decretado una prohibición sobre el particular. Sin embargo, no se amilanó, solamente que tropezó con otro escollo: el cónsul francés en la ciudad Charles Cazotte, quien empezó a derramar dólares entre el recaudador de impuestos y el jefe de la policía, que incautaron los envíos de armas hechos por don Plácido, el que por su parte acusó de cohecho al cónsulo involucrando en esto a varios funcionarios norteamericanos, y a pesar de todo, algunas remesas pudieron llegar a México. Desgraciadamente, el abandono en que lo tuvo el gobierno le impidió efectuar un trabajo más intenso, llegando al grado de que su situación económica sufrió tal quebranto, que sufrió demandas hasta por alimentación, y para fletar un barco que transportara armas, tuvo que empeñar las joyas de su familia.

Al terminar la guerra de Secesión, el gobierno americano levantó la suspensión que había para sacar armas, y entonces don Plácido volvió a México con un gran cargamento de implementos bélicos que fueron desembarcados en el Estero de las Piedras en la boca del río Fuerte. Acompañado de su escolta y unos pocos voluntarios norteamericanos partió para Chihuahua, y en el trayecto fue objeto de marcada hostilidad de algunas autoridades hechuras de Corona. En Choix estuvo a punto de ser asesinado por Adolfo Palacio y después fue perseguido por una fuerza al mando de Ascensión Correa y Jorge García Granados, a la que burló en los caminos de la Sierra Madre y llegó a la ciudad de Chihuahua donde entregó el armamento al presidente Juárez, quien ordenó a don Luis Terrazas le diera $ 5,000.00.

Sus enemigos eran muchos. Ramón Corona, que ya había alcanzado renombre ante el gobierno, se valió de don Sebastián Lerdo de Tejada para minar la buena voluntad que Juárez le tenía, así que se le acuso de malversación de fondos y el gabinete le conminó a presentarse para que rindiera una cuenta pormenorizada de su gestión, lo cual no hizo porque sabía que a pesar de todo se le encarcelaría, así que el ministro de la guerra ordenó se le arrestara como a desertor, haciendo que Vega escapara de la comitiva presidencial para refugiarse en Tepic al amparo de Manuel Lozada, y desde allí hizo circular un folleto en el que informaba detalladamente sobre su gestión en los Estados Unidos. Así, de esta manera, terminaron las relaciones entre Benito Juárez y el hombre que hizo posible el triunfo del liberalismo en Sinaloa.

En febrero de 1868 Vega embarcó a San Blas con destino a la Baja California, pero el barco tuvo que fondear en Mazatlán. El comandante militar de la plaza era Bibiano Dávalos, reconocido como un adicto a Corona, y tan pronto como supo que don Plácido estaba a bordo lo mandó aprehender, y tras de tenerlo preso algunos días lo envió a Colima donde le dieron la ciudad por cárcel, mas no era empresa fácil enjaular al barbudo de El Fuerte, que en un acto de audacia escapó de la ciudad para poco después entrar a San Blas donde asaltó un comercio propiedad del señor Enrique Freyman sacando 2999 rifles, posiblemente de los que trajo de California y que debe haber depositado allí, llevándolos al pueblo de San Luis donde residía Lozada y él mismo tenía su casa. Al año siguiente se levantó en armas secundando el movimiento del general Trinidad García de la Cadena, y su acto más audaz fue la invasión de Guaymas, que encomendó a un antiguo conservador llamado Fortino Vizcaíno, quien tomó como botín de guerra S70.000.00 en letras; $50,000.00 en efectos comerciales y 5000 rifles de los mismos que Vega había enviado al gobierno de la República desde San Francisco.

La rebelión de García de la Cadena fue dominada y don Plácido no pudo consumar los planes que tenía para Sinaloa, pero en compensación, el fracaso del movimiento de La Noria le dio oportunidad de refrescar su vieja amistad con Porfirio Díaz cuando éste pasó por San Luis y estuvo a visitar a Lozada, y es seguro que desde entonces se convirtió en activo agente del futuro dictador. Al expedir el presidente Lerdo la Ley de Amnistía, Vega envió una solicitud al jefe político y militar de La Bayona, Tepic, manifestando que “como mexicano amante del orden y la paz” deponía “toda hostilidad al Supremo Gobierno”, pidiendo se le expidiese salvoconducto, y a esto, el ministro de la guerra contestó que como había desobedecido la orden que se le diera en Durango de que se presentase en la capital de la República, era necesario lo efectuase para resolver su petición. Fácil es suponer que no lo hizo, y poco después alineó con Lozada en la batalla de La Mojonera, en la que se hundió para siempre el poderío del jefe indígena, y desde entonces el nombre de Plácido Vega ya no se oyó sonar, aunque sabemos que llevó una vida muy activa como agente de enlace de Porfirio Díaz y sus partidarios, y en vísperas de la revolución de Tuxtepec se le vio muy atareado en la compra de armas en la frontera de Brownsville.

Las esperanzas de don Plácido Vega estaban cifradas en la elevación de Díaz, y de hecho, al triunfar el movimiento tuxtepecano hubiera vuelto al primer plano para reconquistar de nuevo el poderío en su tierra natal, pero viejas dolencias minaron su organismo que fue hecho presa de la tuberculosis, y cuando se dirigía a Sinaloa no sabemos en qué comisión, murió en Acapulco el 4 de enero de 1878 a la edad de cuarenta y ocho años.

Es indudable que la figura de Plácido Vega fue la más vigorosa y pintoresca que surgió en Sinaloa en el siglo pasado. Su vida está salpicada de hechos que no pueden ser narrados en unas cuantas líneas, y en la realidad fue hombre de una gran audacia dueño de una personalidad arrolladora que opacó a todos los prohombres de la Reforma en el noroccidente, lo que le acarreó celos y envidias de todos ellos, que siempre pugnaron por derrumbarlo del pedestal que sus hazañas le levantaron. Eustaquio Buelna lo pone de oro y azul en sus obras históricas, y desde luego que hay algo de cierto en sus juicios, pero cabe recordar que el historiador era un hombre pasional que nunca perdonó a Vega que hay a vetado su designación como gobernador substituto en 1862.

Dos episodios de su vida se le han criticado duramente: su misión en San Francisco, y el haberse refugiado con Lozada. La primera sirvió a sus enemigos para cubrirlo de cieno y fue la determinante de su caída, pero hay que decirlo con toda honradez, la cumplió con decoro y honradez. En cuanto a la segunda, sólo fue el resultado de las intrigas de que se le hizo víctima. Requerido por el gobierno federal por el delito de deserción; con el territorio sinaloense ocupado por los hombres de su mortal enemigo Ramón Corona y grandes zonas del país bajo la férula de los imperialistas franceses, su instinto de supervivencia lo llevó a refugiarse en Tepic que estaba bajo el control del “Tigre de Alica”, y allí permaneció hasta los albores del movimiento de Tuxtepec.

Sus relaciones con Juárez fueron cordiales hasta que la intriga las rompió. Sin embargo, de esto, parece que el patricio siempre le guardó afecto, pues no debe haber olvidado los servicios que Vega prestó a la causa de la libertad, que en verdad fueron muy valiosos. En sus cartas,, don Benito no era muy parco para tratar a sus enemigos. A los jefes revoltosos los llamaba “bandidos’, y a González Ortega lo tildó de “mal mexicano”‘, sin embargo, en las que hace mención al jefe sinaloense después de que éste regresó de San Francisco, lo llama don Plácido, o bien, Vega, y es que en realidad el caudillo hizo mucho más por la causa libertaria, que muchos de los jefes republicanos.

 

 

Plácido Vega

Plácido Vega y Dasa, general sinaloense, gobernador de Sinaloa

Summary
Name
Plácido Vega y Dasa
Job Title
Militar, político, Gobernador de Sinaloa
Company
Brigada Sinaloa, Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
El Fuerte,Sinaloa, México

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