Párrafos de historia sinaoense

 

PERICOS TUMBA DE LA REVOLUCIÓN

 

Por: Francisco Gil Leyva

A escasos 50 kilómetros de la propia capital del estalo, a no más de cien metros de la carretera Internacional, en el año mismo de la constitución, se encuentra enclavado un extenso latifundio de 15 mil hectáreas en cuyo ámbito los jornaleros viven uncidos a la condición de peones acasillados, con tareas agobiantes entre las pencas del henequén, con jornadas que tienen como principio y fin la salida y la puesta del sol; salarios exiguos, burdo escamoteo del séptimo día y -como retoque apropiado a este rincón de la colonia- una tienda de raya en el casco de la hacienda, la revolución ha hecho un mutis vergonzante.

Cantaclaro penetró en la hacienda de Pericos, se adentró por entre los brazos hostiles y punzantes del henequén, y halló un mundo perteneciente a épocas pretéritas; un mundo en el que no rigen las leyes y los principios de la solidaridad humana, sino la ley inicua del más fuerte.

“Con estas manos -habló un campesino, cubierto con ropa hecha jirones- tengo que meterme a “penquear” desde la salida del sol… cortar penca tras penca, hacer los tercios y cargarlos sobre mis espaldas hasta ponerlos a la orilla del camino… Cuando haya acarreado cien tercios, los diez pesos, sino nueve… dicen que ese peso es para pagarnos el séptimo día al fin de semana… así que ese mentado séptimo día está como las correas que salen del mismo cuero”.

Los “penqueros”, con filoso machete en la diestra se internan a la labor y allí han de padecer las cortantes aristas de la penca o el ataque traicionero y súbito de las víboras de cascabel. Un accidente en el trabajo -una herida causada por un corte mal dirigido del machete o la mordedura de una víbora- merece por parte de los amos de la hacienda, medicinas y atención médica, al fin y al cabo será del magro salario del jornalero de donde habrá de ser descontado el costo total de las medicinas y el monto de los honorarios del médico.

La historia de Pericos nos dice que la ultrajante realidad no es de reciente data, sino que arranca de siglos atrás.

 

Hermandad del pillaje y la encomienda

El origen de la hacienda de Pericos, según lo dejó asentado Clemente Camberos en un artículo publicado en “Letras de Sinaloa” es el siguiente: “En la época del Virreinato los españoles fundaron en Álamos, Sonora, una casa de moneda… los cargamentos de moneda se enviaban a lomo de mula hasta los más lejanos lugares, y eran frecuentemente asaltados y robados por partidas de bandoleros… una de estas gavillas, llamada “La banda de los pericos”, tenía sus reales en el sitio exacto donde se levanta la actual población (de Pericos), y desde este lugar salía para realizar sus asaltos a las conductas… para remediar esta situación, las autoridades de la provincia resolvieron enviar una partida de caballería en persecución de los famosos “Pericos”… al frente de dicha partida fue puesto un señor español de nombre Máximo Peiro, quien llegó a estos lugares por esas fechas y estableció su cuartel general en un punto denominado La Lagunita, a unos cinco kilómetros al suroeste por el rumbo de Caimanero. Pero, el remedio fue peor que la enfermedad… el caso es que este señor Peiro al llegar al punto de su cometido, lejos de iniciar una batida contra los asaltantes, se asoció con ellos para hacerse de la vista gorda en los asaltos y repartir después el producto del botín. Al cabo de algún tiempo, rico ya con este doble juego, y temeroso de acabar mal, eliminó a los bandoleros que pudo, desterró a los que no cayeron, y en compañía de un hermano suyo estableció su residencia definitiva fundando una Hacienda a la que llamaron Hacienda de los Pericos… Estos latifundistas… establecieron terribles cacicazgos en los que explotaron de la manera más cruel a los campesinos…

Y… continúa el cacicazgo

De esa historia, hace ya cerca de dos centurias. Los grandes movimientos sociales que han sacudido a México no han afectado a la hacienda de Pericos. El cacicazgo persiste, y con él la explotación de los campesinos. 2,500 pencas por 10 pesos; 250 pencas por un peso; 25 pencas por 10 centavos. Veinticinco pencas que hay que asir con las manos desnudas, cortarlas, reunirlas en un haz y transportarlas hasta el lugar de donde han de ser recogidas por los vehículos recolectores. Veinticinco pencas de doble filo por 10 centavos.

Ya cortada la penca, pasa a la desfibradora. Los que alii laboraban reciben 70 centavos por cada penca de fibra de 100 kilogramos. Y para obtener esa paca deben desfibrar cerca de 3,000 pencas. Todo por el exiguo pago de 70 centavos. 10 kilos de fibra por 7 centavos.

Convertida la penca en fibra, ésta pasa a las manos de un grupo de mujeres encargadas de limpiarla y extenderla en “tendederos” para que se seque bajo la acción del sol. Las “tendedoras” trabajan de las 7 de la mañana a las 5 de la tarde y perciben un salario de 7 pesos diarios, del cual les descuentan el consabido peso para el “séptimo día”.

Al lado de los hombres adultos y de las mujeres, grupos de niños de ambos sexos realizan diversas tareas superiores a sus fuerzas y a su resistencia física, recibiendo como pago la irrisoria suma de 3 pesos diarios, que vienen a quedar en dos por aquello del “séptimo día”.

A tan lacerantes condiciones de trabajo añádase la tienda de raya, donde los jornaleros reciben provisión a cuenta de sus salarios. Provisión que es proporcionada a precios leoninos y prohibitivos. A esto añádase las pocilgas en que viven los trabajadores. Agréguese el espectáculo que brindan a los habitantes de Pericos los viejos traba¬jadores de la hacienda, quienes, por haber quedado ciegos en el departamento de calderas, hoy viven de la caridad pública.

Y por si todo lo anterior no fuera ya bastante para evidenciar que la hacienda de Pericos sigue siendo una supervivencia de épocas ya superadas, tómese nota de que la población vive bajo un enjambre de moscas que se reproducen por millones en los residuos fermentados de la fibra, bagazo que se acumula a la entrada de la Hacienda, y que, aún más, a diario contamina el agua que los habitantes utilizan para lo uso doméstico.

Cantaclaro No.l (abril de 1957)

 

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

Mural de la Revolución Mexicana de Rolando Arjona

Opresión del fuerte contra el dévil; fragmento de mural a al Revolución Mexicana del artista Rolando Arjona ubicado el El Parque Revolución en Cuiliacán, Sinaloa

 

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Pericos tumba de la revolución
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El poblado de Pericos, Mocorito, durante la Revolución Mexicana

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