Gente en Sinaloa

 

PEDRO LOZA Y PARDAVÉ, OBISPO DE SONORA

 

Por: Antonio Nakayama

Cuando el Excmo. Sr. D. Lázaro de la Garza y Ballesteros se consagró obispo de Sonora, algunos jóvenes estudiantes del Seminario de México que habían sido sus alumnos, se le acercaron para solicitarle los admitiera en su diócesis. Entre ellos estuvo don Pedro Loza y Pardavé, que acababa de obtener el bachillerato en filosofía y estaba por recibir las órdenes sagradas. Aunque no tenemos mayores datos sobre las relaciones que existían entre el nuevo obispo y el estudiante antes de la preconización del primero, a juzgar por el cariño que De la Garza le mostró durante su estancia en el Obispado de  Sonora, cabe la posibilidad de que ese afecto viniera de más atrás, y que siendo el Br. Loza persona de extracción humilde, el Sr. De la Garza le hubiera estado ayudando desde los días en que era seminarista. Habiéndolo admitido como domiciliario de Sonora, el prelado le confirió las 4 ordenes menores en el Colegio Apostólico de San Fernando de la ciudad de México el 18 de noviembre de 1837 y el 26 del mismo mes lo ordenó subdiácono. Ya en la ciudad de Culiacán le confirió el diaconado el 17 de marzo de 1838, y 2 días después lo ordenó presbítero en el oratorio episcopal.

El nuevo sacerdote no tuvo oportunidad de entregarse a las actividades pastorales ya que su obispo lo destinó a la Curia dándole el cargo de prosecretario de la Mitra, y al inaugurarse el seminario lo designó catedrático y le asignó las materias de latinidad.

Además le confirió el puesto de prefecto, y para el año de 1847 lo nombró secretario de Cámara y Gobierno y rector del seminario, en virtud del fallecimiento del Lic. Pbro. José María Álvarez Bonilla, que había venido desempeñando ambos puestos.

En 1850 el Excmo. Sr. don Lázaro De la Garza y Ballesteros fue trasladado al arzobispado de México, pero no llevó consigo al padre Loza, quien continuó al frente de sus cargos dado que el vicario capitular, el bachiller Juan Francisco Escalante y Moreno, se los ratificó a reserva de que llegara el nuevo obispo. Sin embargo, los desempeñó muy breve tiempo, ya que el 23 de febrero de 1851 solicitó se le expidieran testimoniales para incardinarse en la diócesis de Puebla; éstas le fueron dadas “con no poco sentimiento de este Gobierno. por privarse de un ecco. tan ejemplar y virtuoso”. Ignoramos la fecha en que salió de Culiacán, y los motivos que lo impulsaron a dar ese paso, pero creemos que debe de haber sido porque le llegaron noticias de que el Excmo. Sr. Arzobispo lo propondría para sucederle en Sonora, como en efecto sucedió, ya que en la terna enviada al supremo gobierno por el metropolitano lo presentó en primer lugar, incluyendo en la misma al Pbro. D. Manuel María Encinas, distinguido eclesiástico sonorense.

Tal y como lo expreso al solicitar las testimoniales, se dirigió a la ciudad de Puebla, donde gestionó que se le concediera una plaza de capellán de coro en la catedral, y como allí ignoraban de quien se trataba, le fue concedida sin ninguna dificultad. Mientras tanto, Su Santidad Pío IX lo preconizó el 18 de marzo de 1852, y el señor De la Garza, que tenía conocimiento de que el obispo electo había partido de Culiacán con destino a la ciudad de México, al ver que el tiempo transcurría y no se presentaba, inició algunas diligencias con el fin de saber su paradero, hasta que el obispo de Puebla le informó que el Sr. Loza se encontraba en la catedral angelopolitana. El señor arzobispo tomó las medidas necesarias para que fuese trasladado a la capital, y ya en ella, sin querer verlo, le ordenó hiciese los ejercicios espirituales antecedentes a la consagración, y el 22 de agosto de 1852, en el templo de San Fernando, elevó a la plenitud sacerdotal a su antiguo discípulo, al que apadrinaron los señores Miguel e Ignacio Cortina Chávez.

El Excmo. Sr. Pedro Loza y Pardavé permaneció todavía 3 días más en la ciudad de México, y el padre Vicente de P. Andrade supone que en ese tiempo estuvo tramitando ante el gobierno el pago de $ 61 000 que se adeudaban al Sr. De la Garza por concepto de sueldos como obispo de Sonora, que no le habían sido pagados y que había donado al seminario sonorense. El 15 de diciembre del año que se cita en el párrafo anterior, Loza tomó posesión del obispado en la ciudad de Culiacán, que le recibió jubilosa, pues durante el tiempo en que estuvo acompañando al Sr. De la Garza se ganó el afecto de la población por su humildad, conocimientos y don de gentes. Su llegada coincidió con una etapa dura y sangrienta en la que las fuerzas de Mazatlán derribaron de la gubernatura al coronel Francisco de la Vega; por su parte, los partidarios de éste asesinaron al prefecto de Culiacán don Antonio Eraclio Núñez. Ambos bandos dirigieron comunicaciones al nuevo prelado, pero éste, con gran prudencia y discreción no tomó partido por ninguna de las fuerzas beligerantes.

Lleno de actividad y de celo religioso, se preocupó por la instrucción religiosa de sus feligreses; combatió las supersticiones que imperaban, y al igual que su maestro el Dr. De la Garza, se complacía en predicar el evangelio de manera constante. Como los primeros años de su pontificado se desarrollaron en medio de una gran tranquilidad, los aprovechó para aumentar el mejoramiento del seminario, que constituía la herencia más preciada que dejara el anterior prelado, y para continuar los trabajos de construcción de la iglesia parroquial de Culiacán, que habían sido iniciados por su antecesor. Abrió una escuela primaria en su sede episcopal; mostró gran interés en que se iniciaran las obras de la parroquia de Mazatlán, dado que el templo de San José ya no respondía a las necesidades de una creciente población, y puso la primera piedra de una capilla dedicada a San Antonio en el poblado de Tierra Blanca, aledaño a Culiacán. Fue en ese tiempo en que aprovechando una de las ausencias del prelado, el padre don José de Jesús María Uriarte construyó la casa que en Culiacán se conoció con el nombre de “El Obispado”. Para levantar el nuevo edificio, demolió el inmueble que hasta entonces servía para vivienda del obispo, y en el sitio donde había estado el oratorio episcopal, quedó un corral donde pastaba un asno que se utilizaba para acarrear del río el agua necesaria para las actividades domésticas. Años más tarde, cuando el Excmo. Sr. Pedro Loza y Pardavé era ya arzobispo de Guadalajara, al recordar su ordenación sacerdotal decía festivamente que había recibido el sacerdocio “en el chiquero del burro”.

Los años tranquilos del obispo duraron bien poco, ya que en 1857 se iniciaron los choques entre el poder civil y el clero con motivo de la implantación de las Leyes de Reforma. El Sr. Loza y Pardave nunca se inmiscuía en los asuntos políticos y administrativos, y solamente atendía aquellos que le eran consultados por el gobierno; pero en esa ocasión se trataba de algo vital para la existencia de la Iglesia, de la cual él mismo formaba parte muy importante, por lo que desde luego expidió circulares sobre la ilicitud del juramento de la nueva Constitución política del país. El conflicto con las autoridades civiles no se hizo esperar, pues mientras el gobierno exigía al prelado que retirase las circulares, éste continuó en su actitud de defensa de los derechos de la Iglesia, y al fin, el 17 de noviembre de 1858 el señor obispo fue desterrado a Sonora, adonde marchó acompañado por el padre Ramón Cárdenas y su familiar Eduardo Sánchez Camacho. Fijó su residencia en Ures donde se dedicó a impartir los sacramentos de la confirmación y la penitencia, y en 15 de julio de 1859 expidió una carta pastoral con motivo de un remitido del Pbro. Nieves Emigdio Acosta, domiciliario de Durango que había sido suspendido por su obispo por jurar la Constitución. El documento del Excmo. Sr. Loza tuvo que imprimirse en Tucson, Arizona, debido a que las autoridades presionaron para que no lo fuese en Ures.

En diciembre de 1859 se le levantó el destierro, por lo que retornó a Culiacán, pero al poco tiempo el gobernador de Sinaloa quiso aprehenderlo, así que de nuevo marchó a Sonora y se estableció en Álamos, donde celebró la cuaresma, consagró óleos y confirió órdenes. Permaneció allí casi todo el año de 1860, pero en las postrimerías del mismo fue aprehendido y llevado a Culiacán y después a Mazatlán. El gobernador don Placido Vega y Dasa le envió unos comisionados para que le exigieran jurar la Constitución, retirar las circulares que había enviado al clero y dar los bienes de la Mitra y $ 20 000 en efectivo. Como es natural, el Excmo. Sr. Obispo se negó; entonces el gobernante le mandó decir que solamente retirara las circulares e hiciera entrega de los bienes; pero ante la nueva negativa, ordenó se le embarcara rumbo al puerto de Acapulco y giró instrucciones al gobernador de Guerrero para que lo enviase al extranjero. El ilustre prelado fue reembarcado para San Francisco, California, donde el arzobispo José Sadoc Alemany lo recibió en forma afectuosa y hospitalaria. Durante su estancia en la ciudad californiana, el Sr. Loza y Pardavé se dedicó a predicar a la gente de habla española y a aprender el inglés; escribió numerosas cartas a sus diocesanos y clérigos y sostuvo una “Polémica filosófico-literaria” con el Lic. Ignacio Ramírez, “El Nigromante”. Sus artículos los firmó con el pseudónimo de “Un Mexicano”. Visitó la diócesis de Marysville —hoy obispado de Sacramento—; allí recibió gentiles atenciones del obispo Eugene O’Conell; celebró de pontifical en varias ocasiones en la catedral de San Francisco; ordenó a varios seminaristas mexicanos que hicieron el viaje para ello, entre otros a fray José de Jesús María Portugal, O.F.M., Francisco de P. Díaz Montes y José María Armas y Rosales, que después serían obispos, y tomó parte en el Sínodo Diocesano de California que se celebró en 1864, en el que dirigió una alocución latina en la última sesión.

A mediados de 1865 se dirigió a Mazatlán, que estaba ocupada por los franceses; mas su estancia allí duró bien poco ya que en octubre decidió embarcar rumbo a Guaymas, de donde pasó a Hermosillo, y durante su estadía en esta ciudad aprovechó para visitar gran parte de las parroquias de Sonora y para dedicarse a la predicación. Proyectó la fundación de un seminario en la misma población, dado que el de Culiacán había sido clausurado por el gobierno, pero desgraciadamente no logró realizar la idea debido a que no encontró cooperación entre los habitantes. En enero de 1866 abandonó Hermosillo y se embarcó en Guaymas hacia San Blas, y tras de un accidentado viaje llegó a su destino. Pasó a Tepic, pero las circunstancias que privaban en ese lugar lo hicieron marchar a Guadalajara, donde estuvo residiendo hasta febrero de 1867 en que pudo regresar a su sede episcopal, que lo recibió con gran júbilo.

El 4 de enero de 1868 se levantaron en armas en Culiacán los coroneles Jorge García Granados y Adolfo Palacio, y una de sus medidas fue sacar $ 70 000 de la Casa de Moneda. El Excmo. Sr. Loza intervino diligentemente para que la revuelta no tomara mayores proporciones, y en la primera oportunidad predicó en contra del robo, lo cual fue motivo para que circulara la versión de que García Granados “había entrado al templo para matar el Ilmo. Sr. Obispo”. No sabemos qué tanta verdad haya encerrado el rumor, pero lo cierto fue que el prelado, “a pesar de esto, continuó los domingos siguientes el mismo tema, y además, sobre el respeto á las autoridades y á la ley, y el amor á la paz y el orden público”.

En abril, 2 meses después de la llegada de Pedro Loza y Pardavé a Culiacán, las autoridades recibieron un decreto del gobierno general para que dejase en paz al prelado, lo cual aprovechó para reconstruir la diócesis. Entre otras cosas promovió la apertura de escuelas parroquiales y la construcción de 2 templos, uno en Agua Caliente de Gárate y el otro en Mesillas, poblaciones ambas del municipio de Concordia, Sinaloa. Desgraciadamente la salud del obispo comenzó a resentirse, y al iniciarse la temporada de calores los facultativos le indicaron que necesitaba un cambio de clima; pero él no consintió y manifestó que estaba dispuesto a morir en medio de sus fieles. Por fortuna para él, y para desolación de su grey, Su Santidad Pío IX lo trasladó a Guadalajara el 22 de junio de ese mismo año, y habiendo recibido sus bulas el 21 de noviembre siguiente, tras de despedirse “por medio de una tarjeta impresa, de todos sus amigos, ricos y pobres, ofreciéndoles sus servicios en Guadalajara”, el 27 de diciembre partió para su nueva sede, a la que llegó el 10 de febrero de 1869. Recibió el palio el 7 de marzo de manos del Excmo. Sr. Obispo de León, Dr. José de Jesús Díez de Sollano y Dávalos; tomó posesión de la arquidiócesis el siguiente día 23.

Reseñar la actuación del Excmo. Sr. Loza en Guadalajara sería objeto de numerosas páginas. Solamente mencionaremos que asistió al Concilio Vaticano; que fue delegado pontificio para efectuar la erección de varios obispados y arzobispados que se crearon en el país, y que consagró a numerosos obispos. Visitó muchas veces las parroquias, y su fama le ganó un gran prestigio en Roma, al grado de que cuando presentó la renuncia a principios de 1893, debido a su edad y a sus achaques, rogando que no se le nombrara un coadjutor “para evitar divisiones”, el cardenal secretario de Estado le contestó diciéndole entre otras cosas: “. . . Su Santidad rehusó aceptar la renuncia que hicisteis de vuestra Sede Arzobispal. . .” y “. . . os exhorta paternalmente a que permanezcáis con ánimo tranquilo en vuestro oficio. . . confiando plenamente en el auxilio divino que os dará fuerza abundante para que en lo sucesivo continuéis, como hasta ahora, llenando cumplidamente el cargo que por dilatados años habéis venido desempeñando piadosamente y con aplauso de la Santa Sede. . .”En mayo de 1897 celebró el Primer Concilio Provincial de Guadalajara, cuando ya se encontraba en condiciones de salud bastante precarias, que se recrudecieron con una caída que sufrió.

Monseñor Pedro Loza y Pardavé, que había nacido en Puebla el 18 de enero de 1815, falleció en Guadalajara el 15 de noviembre de 1898, en el cuadragésimo sexto año de su pontificado.

 

 

Pedro José de Jesús Loza y Pardavé

Pedro Loza y Pardavé, obispo de Sonora, segundo arzobispo de Guadalajara

Summary
Name
Pedro Loza y Pardavé
Job Title
Obispo de Sonora
Company
Seminario de México, Obispado de Sonora
Address
Puebla de Los Ángeles,Puebla, México

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