Gente de Sinaloa

 

Pablo de Villavicencio

 

Autor: Alejandro Hernández Tyler

Pablo de Villavicencio —defensor meritísimo de la independencia nacional, el más tenaz opositor del imperio de Iturbide, precursor de la Reforma en México— nació en el mineral de Rosario, Sinaloa. Abanderado del liberalismo y gran señor de la polémica, su pluma de escritor puede hermanarse a la que esgrimió, también con mano firme y patriótica, don Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano, con prosa ágil, violenta cáustica escribió incansablemente para el pueblo, haciendo famoso su seudónimo de El Payo del Rosario. Nació el día 27 de enero de 1792, cuando la después Ciudad Asilo del Rosario pertenecía a la antigua Provincia de Sonora.

Hablando de su infancia, El Payo del Rosario apunta: “… No había escuela de primeras letras, y nunca tuve la dicha ni de aprender el musa musae, porque mis padres, siendo pobres, no tuvieron facultades para darme estudios, pero siempre fui algo inclinado a la lectura y no me dejare jugar las barbas por otro tan tonto como yo…” Precisamente en el mineral de Rosario hizo sus primeras armas Pablo de Villavicencio, para defender la causa insurgente de México, elevando su voz admonitoria en contra del obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, quien, allá por el año de 1818, predicó desde la cátedra sagrada en pro de la dominación española y fustigo a los que combatían en su contra en la Provincia de Sonora, a la que también pertenecía Sinaloa.

Solo cuatro instituciones en el mundo poseen actualmente una colección representativa de la obra de Pablo de Villavicencio: Sutro Branch California State Library, de San Francisco, California; Texas University Library, de Austin, Texas; Biblioteca Nacional de México y Yale University, de New Haven, Connecticut.

Pablo de Villavicencio murió asesinado en la antigua Calzada de los Arbolitos, a inmediaciones de Toluca, estado de México, el día 5 de diciembre de 1832. Iba acompañado de José María Guillén, su cuñado, quien también fue abatido por los disparos de la soldadesca. Así, en plena juventud, a los cuarenta años de su vida, el distinguido escritor sinaloense, precursor del liberalismo en México, regó con su sangre de mártir la tierra de sus mayores, en cuya defensa puso los mejores bríos y arrestos de su existencia ejemplar.

El parte oficial de la muerte de Villavicencio fue redactado como sigue: “General Mariano Ortiz de la Pena.- Sección de Operaciones sobre Toluca.- Tengo el honor de poner en el superior conocimiento de Vuestra Señoría, para el del Excelentísimo Señor Presidente, que ahora que son las cuatro de la tarde acabo de ocupar esta ciudad, con sólo la pérdida de un dragón de Tepecuaculco; el enemigo tuvo varios, entre ellos el Payo del Rosario y su hermano.-Dios y Libertad.-Toluca, diciembre 5 de 1832. — Mariano Ortiz de la Peña, firmado”.

El Gobierno del estado de México, en premio a los eminentes servicios que presto Pablo de Villavicencio a la Republica, decretó el 28 de marzo de 1832 una pensión vitalicia a favor de la viuda y la hija del escritor mártir. La comisión dictaminadora, al presentar su fallo para que la pensión fuese aprobada, escribió estas bellas y justas palabras: “Los que suscribimos estamos convencidos de la justicia de esta providencia, y muchos de los individuos de este Cuerpo Legislativo lo están igualmente de los méritos y servicios prestados por el C. Pablo de Villavicencio a la causa de la libertad, aun en los tiempos más difíciles y azarosos…”

El escritor José Flores Magón, uno de los biógrafos de Pablo de Villavicencio, dice de él lo siguiente: “Nuestro héroe fue un periodista de singular personalidad, de un estilo único por su agresividad. Era mordaz, tajante e inflexible a sus convicciones liberales, libertarias y profundamente patrióticas. Se distinguió por defender nuestras instituciones de tipo federalista y es considerado como precursor, del movimiento de Reforma, al lado de José María Luis Mora, de Valentín Gómez Farías, de don Juan Álvarez, de Melchor Ocampo, de Miguel Lerdo de Tejada, de Ponciano Arriaga y del propio don Benito Juárez”.

El escritor Joaquín Fernández Córdoba, otro de los biógrafos de El Payo del Rosario, dice en una obra que no es muy conocida del gran público porque su tiraje fue únicamente de trescientos ejemplares, lo siguiente:

“En las postrimerías del régimen colonial, su terruño estaba sujeto a la férula de Fernando Espinoza de los Montes, jefe de las armas, y del irascible obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, dos hombres dominadores y voluntariosos que administraban el poder militar, civil y temporal en favor de los españoles —en su mayoría descendientes de conquistadores —, al amparo de la descentralización y lejanía de sus extensos dominios en aquellas latitudes cálidas, despobladas y fabulosas”.

Sus primeros pasos en el vida política se encaminaron a proteger en el sur de su solar nativo la gloriosa cauda insurgente y su inicial rasgo de carácter consistió en elevar enérgica protesta, en El Rosario, en contra del obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, quien al encargarse de su diócesis en el año de 1818, predicó en pro de la dominación española y fustigó a los que la combatían en Sinaloa.

Consumada la independencia, Villavicencio se trasladó a la ciudad de México, y a partir del año de 1822 comenzó a escribir folletos sobre cuestiones políticas, que pronto hicieron posar sobre él la atención pública.

Su prosa es llana, franca, ágil y agresiva, Villavicencio escribió

para el pueblo y nadie como él —a excepción de José Joaquín Fernández de Lizardi— logró penetrar tanto en la conciencia de las multitudes. Hasta los mismos títulos de sus impresos, casi siempre rimados, son ingeniosos y atrayentes para el populacho.

Victima de injustas persecuciones; privado varias veces de su libertad; atacado y calumniado con saña por sus enemigos y prematuramente perdido para la causa democrática, El Payo del Rosario fue un escritor constante y desgraciado como El Pensador Mexicano.

En 1932, al cumplirse el primer centenario de la muerte de Pablo de Villavicencio, el entonces gobernador constitucional de Sinaloa, profesor don Manuel Páez, mando construir a iniciativa del diputado José Palomares una escuela en la ciudad de Rosario, imponiéndole el nombre del batallador escritor y periodista, el fogoso mestizo que sufrió prisión en la fortaleza de Acapulco por defender sus ideas de libertad.

Más tarde, el general Gabriel Leyva Velázquez, que estaba en 1961 al frente del Poder Ejecutivo de Sinaloa, comisionó al historiador Antonio Nakayama para que se trasladara a Toluca, con el fin de localizar los restos de El Payo del Rosario, traerlos a Culiacán y depositaria en la Rotonda de los Sinaloenses Ilustres, pero desgraciadamente la tumba no se encontró.

En cambio, el Gobierno del Estado de Sinaloa mandó publicar una obra que se intituló “Artículos periodísticos de doctrina y combate”, de Pablo de Villavicencio, honrando así su memoria y rindiéndosele fervoroso homenaje en letras de molde.

Finalmente, a iniciativa del mismo gobernador Gabriel Leyva Velázquez, la XLIII Legislatura del Estado de Sinaloa expidió su decreto número 337, el 30 de agosto de 1962, en el que puede leerse: “Artículo primero.- Se declara benemérito del Estado al C. Pablo de Villavicencio.- Artículo segundo.- Escríbase con letras de oro, en el Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado, la siguiente inscripción: Pablo de Villavicencio, El Payo del Rosario.

 

Sinaloa; su gente, sus personajes ilustres

 

Tomado de; Lecturas de Sinaloa, Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, México, D.F., 1988.

Pablo de Villavicencio

Pablo de Villavicencio, El Payo del Rosario

Summary
Name
Pablo de Villavicencio González
Nickname
(El Payo del Rosario)
Job Title
Periodista liberal mexicano, escritos, político, pensador
Company
Benemérito del Estado de Sinaloa
Address
El Rosario,Sinaloa, México

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