Personajes en Sinaloa

 

Nuño Beltrán de Guzmán

 

Por  Antonio Nakayama

Nuño Beltrán de Guzmán, duro y audaz castellano, fue uno de los personajes que se proyectaron con más fuerza en la etapa de la conquista, ganando para España una gran extensión de lo que hoy es el territorio mexicano, y pese a la sombría personalidad de que fue dueño y de que no son muchos los historiadores que se han ocupado de él en forma amplia, su presencia en el drama de la conquista se encuentra en un primerísimo lugar, solamente inferior al de Cortes.

Se han descrito algunos aspectos de la vida de este temible conquistador, pero la mayoría de los que no se refieren a sus hechos en la conquista de Nueva Galicia están poco apegados a la verdad histórica por desconocimiento de datos sobre su persona. Don Nuño pertenecía a la más rancia nobleza española, y esto ha dado lugar a que se piense que los altos puestos que desempeñó en Nueva España los haya debido a los servicios que su familia había prestado a Carlos I, y también a la influencia de su pariente Gonzalo de Guzmán, que fué gobernador de Cuba. En verdad debe de haber habido algo de esto, pero también es cierto que los obtuvo en gran parte por su posición personal en la Corte Española.

Fué don Nuño el segundo de 5 hijos varones y 2 mujeres procreados por Hernán Beltrán de Guzmán, alguacil mayor de la inquisición, y su esposa Magdalena de Guzmán. El mayor de los hijos fue Juan de Guzmán, quien profesó en la Orden de los Frailes Menores, en la cual alcanzó preeminencia, pues en 1531 fue propuesto comisario general de los franciscanos en Nueva España, cargo que a la postre no se le confirmó dadas las diferencias existentes entre su hermano Nuño y el obispo fray Juan de Zumárraga. Gómez Suárez de Figueroa, tercero de los vástagos de don Hernán, tomó parte en las campañias de Italia emprendidas por Carlos I; fue caballero de la Orden de Santiago y embajador en Génova. Luis Suárez de Guzmán, cuarto hijo, también fue agraciado con el hábito de Santiago; desempeñó el cargo de procurador de Cortés en Guadalajara, y durante el movimiento de los Comuneros tomó el partido del rey, por lo que, como represalia, los rebeldes le incendiaron la casa y otras posesiones. Hernán Beltrán de Figueroa, que fue el menor de los varones, escoltó a Francisco I cuando fue llevado a Madrid, después de que cayó prisionero en la batalla de Pavía, y al igual que sus hermanos vistió el hábito de Santiago. Por lo que respecta a las hijas, se llamaron Isabel de Guzmán y Violente de Figueroa.

Don Nuño nació en Guadalajara, provincia del mismo nombre, y su nacimiento debe de haberse registrado al finalizar la década de 1480, o muy al principio de la de 1490. Se ha dicho que estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, o en las de Salamanca y Valladolid, y que obtuvo el grado de Licenciado en leyes.

Haya estudiado o no, parece que tenía entrenamiento en materia jurídica, mas lo probable es que no fuera abogado, ya que en su juicio de residencia, y en relación con su actuación como presidente de la Audiencia, presentó una breve probanza para establecer el hecho de que “no era letrado”

 

SU EXPEDIENTE ERA BASTANTE EXTENSO

Aunque la mayor parte de su vida permanece en la obscuridad, existen varios datos que esclarecen muchos aspectos de ella. Sabemos que era “contino”, o “continuo”, es decir, miembro de una escolta de 100 caballeros que componían la guardia personal de los reyes de España, con un sueldo anual de 40 mil maravedises, más otros 10 mil como “ayuda de costa”. Su nombre aparece en la lista de “continos” a partir de 1519, y en 1520, en su calidad de miembro de la guardia acompañó al emperador Carlos en un viaje a Flandes; después, alternando con sus deberes como tal, desempeñó algunas comisiones y el año de 1525 fue designado Gobernador de Pánuco, aunque el viaje a su gobernación se demoró casi 2 años, pues tal parece que llegó a ella hasta en mayo de 1527. Ya como gobernador se significó por su crueldad y codicia, pues al amparo del cargo desarrolló un gran tráfico de esclavos, dejando ver cuál iba a ser su conducta en los puestos que ocuparía posteriormente.

Se conoce que en 1519, Nuño se mantuvo en continuos viajes entre las ciudades de Victoria, Valladolid y Santander, posiblemente en comisiones oficiales, y que en 1522 estaba viviendo en Valladolid, que era la residenciada la corte. Donald E. Chipman en su trabajo New Light on the Career of Nuño de Guzmán, dice que en 1523, Guzmán fue enviado en misión diplomática a la villa fortificada de Pareja en la diócesis de Cuenca, ya que el obispo Diego Ramírez de Villaescusa estaba residiendo en Roma y rehusaba volver al obispado a pesar de las órdenes de Carlos V y de las instancias que con el mismo objeto hacia el embajador español ante la Santa Sede.

Provisto de una cédula real que lo autorizaba para tomar el gobierno de la villa, don Nuño Ilegó a Pareja el 9 de mayo, mas estando penado con muerte traspasar las murallas, y no habiéndose permitido pernoctar en algún sitio del poblado, pasó la noche acostado en una banca y hasta el día siguiente se le permitió ver al provisor de la villa, quien le facilitó un escribano para que se copiara la cédula.

En agosto 10, es decir 3 meses más tarde, Guzmán escribió una carta al rey y otra al gran canciller, expresando que las autoridades de Pareja debían ser castigadas por el trato que le habían dado, siendo un sirviente de la Corona; sólo que su petición fue extemporánea ya que la autoridad real había entrado en acción desde el día 1o. del citado mes, desposeyendo al obispo de sus poderes temporales y dando órdenes al alcance para que depositara en Nuño las llaves y las armas de la villa.

 

INICIA SU SERIE DE CONQUISTAS

Al fundarse la primera Audiencia de la Nueva España, Nuño fue designado presidente de la misma, y tan pronto como llegó a la ciudad de México se mostró enemigo de Cortes, de fray Juan de Zumárraga, así como de los conquistadores adictos a don Hernando, y como éste se encontraba en las Hibueras, Guzmán aprovechó para iniciar una serie de persecuciones y abusos contra los soldados del conquistador del imperio mexica, entre los que el más prominente era Pedro de Alvarado.

Después vino su choque contra los frailes franciscanos, que empezaron a criticarlo desde los púlpitos por la vida de crápula que llevaba junto con sus compañeros de la Audiencia, por lo que en reciprocidad los acusó de malas costumbres. El señor Zumárraga envió sus quejas al rey, pero Nuño ordenó interceptar su correspondencia; mas al final el obispo logró hacer llegar sus acusaciones ante el monarca, y esto, más el hecho de que Hernán Cortés regresaba de España investido por el cargo de capitán general, hicieron que el presidente de la Audiencia se sintiera perdido, y para desvirtuar cualquier intento en su contra organizó una expedición que tendría como objetivos la conquista de la Tierra de las Amazonas y las legendarias Siete Ciudades.

El 21 de diciembre de 1529 salió de la ciudad de México al frente de 300 soldados españoles y unos 7 mil aliados indígenas, los que cometiendo toda clase de desmanes a su paso, llegaron al reino de Michoacán. En Tzintzuntzan el Calzonzi recibió a Nuño con toda clase de agasajos, pero esto no satisfizo al cruel castellano, que ordenó se diera tormento al monarca para que entregara el oro y la plata, y después lo condenó a muerte. En Cuitzeo, la hueste se enfrentó por primera vez a los naturales, y habiendo salido victoriosa prosiguió su marcha a través de la región de Guanajuato, para luego internarse en la de Jalisco. En Tonalá tuvieron otra batalla en la que por muy poco se libraron de la derrota, escapando Nuño de ser muerto, y ya en el territorio nayarita se enfrentaron a los totorames, quedando dueños de la victoria y del señorío de Centispac. En el poblado de Aztatlán los sorprendió una tremenda inundación que estuvo a punto de terminar con la expedición, ya que aparte del peligro en que los puso, se desarrollaron enfermedades que diezmaron a la tropa, cebándose especialmente entre los indios, aliados, pero el capitán general se enfrentó a la adversidad con la energía que le era característica, reprimiendo los brotes de indisciplina, y tras reponerse penetró en las tierras sinaloenses, apoderándose del señorío de Chametla.

El ejército siguió rumbo al norte, y en la confluencia de los ríos Humaya y Tamazula derrotó a los indígenas en la batalla de Culiacán, conquistando el señorio de ese nombre. Nuño mandó explotar el valle de Culiacán hasta el mar, y envió 3 expediciones a reconocer la tierra y a buscar el camino hacia el septentrión: una que llegó hasta la región de Santiago de los Caballeros, en Badiraguato; otra encabezada por Lope de Samaniego, que penetró hasta la zona de Petatlán, y la tercera, al mando de Gonzalo López, que cruzó la Sierra Madre por Topia, alcanzando hasta la región del Nazas, de donde regresó a Culiacán.

Tras de repartir la tierra en encomiendas, el 29 de septiembre de 1531 fundó la Villa de San Miguel en las márgenes del río San Lorenzo, y después retornó al sur, erigiendo también las del Espíritu Santo en las cercanías del río Baluarte, y Compostela en tierras nayaritas, estableciendo en esta última la sede de su gobernación, a la que dió el nombre de Conquista del Espíritu Santo de la Mayor España, designación que fue cambiada por la de Nueva Galicia, por no haber sido del agrado de la Corona.

Lo arbitrario y monstruoso de su conducta obligaron a que se le despojara del gobierno y se le condujese preso a España, pero lo que se ha dicho de que fue confinado en Torrejón de Velasco, y de que murió en completa miseria, no pasa de ser un infundio, ya que Bernal Díaz del Castillo, quien lo encontró en Madrid en ocasión de la muerte de la emperatriz doña Isabel, dice que a “Nuño de Guzmán le mandaron desterrar de su tierra, y que siempre anduviese en la corte, y le sentenciaron en cierta cantidad de pesos de oro, mas no le quitaron los indios de su encomienda en Jalisco: y también andaba él y sus criados cargados de luto (por la emperatriz). Y como en la corte nos veían así el Mar¬qués Cortés, como a Pizarro y a Nuño de Guzmán y todos los que venimos de la Nueva España a negocios, y otras personas del Perú, tenían por chiste de llamarnos los indianos peruleros enlutados”.

El testimonio del cronista de la conquista aclara, pues, que no hubo tal confinamiento, ni pobreza. El hombre residía en la Corte y tenia lo suficiente para poder sostener un tren de criados a los que vestía de luto. Seguía disfrutando de su encomienda que le daba lo bastante para sostener los gastos de la vida palaciega, y algo debió de quedarle del lucrativo negocio de la venta de esclavos que manejó cuando estuvo al frente de las gubernaturas de Pánuco y de Nueva Galicia.

Por otra parte se ha comprobado que en 1539 volvió a su posición de contino al servicio de Carlos I, y después de la abdicación de éste, siguió como tal en el de Felipe II. Desde luego que su carrera en la Corte ya no fue la misma que antes de que marchara a Pánuco, pero de cualquier manera no vivía en el estado de miseria que se ha dicho, aunque si bien es cierto que se encontraba bajo un arresto casero en la corte, que tal vez se prolongó hasta su muerte.

Su nombre continuó apareciendo en la lista de continos hasta el año de 1561, por lo que durante todo ese tiempo disfrutó de los 40 mil maravidises anuales.

Su fallecimiento ha sido fijado en 1544, pero por lo arriba expuesto, debe de haber fenecido entre 1560 y 1561, ya que en la nómina de continos del último de los años citados, después de su nombre aparece la anotación de “muerto”.

Casi todos los historiadores que han tratado sobre don Nuño, están acordes que su personalidad fue sombría, tenebrosa; mas como siempre sucede, hay también algunos que han tornado su defensa y no ha faltado el que exponga que fue todo lo contrario de lo que mostró en su actuación. El buscar atenuantes a la conducta del conquistador de Nueva Galicia no ha conducido a nada. Sus hechos en la sojuzgación de las tribus que encontró desde Michoacán hasta Culiacán dan una idea clara de su personalidad y hay que tomar en cuenta que quienes denunciaron sus desmanes fueron nada menos que sus mismos soldados y compañeros. El testimonio de su “alma negra” García del Pilar, no puede ser más contundente.

 

NO PERDONABA A NADIE

Feroz, irreductible en sus decisiones, no perdonaba a nadie. Recientemente, alguien trató de ver poesía en uno de sus escritos, algo inconvencible en la compleja psiquis del fundador de San Miguel, ya que todo podría sentir menos una emoción estética de esa índole, pues solo hallaría hermosura en el vestuario que portaba en las grandes ocasiones o en los rojizos resplandores de las aldeas que incendiaban castellanos e indios aliados.

Por otra parte, la sed de oro que lo embargaba le hacía estar exigiendo a los seides que tenía en su gobernación para que continuamente se dedicaran a la cacería de indios para la venta de esclavos. En la villa de Culiacán se distinguió sobremanera el alcalde mayor Diego de Proaño, y tras la destitución de éste, la misión recayó en Diego de Alcaraz, tan feroz como el propio Nuño.

Lo positivo de Guzmán no puede encontrarse. El tormento y la muerte del infeliz Tzintzicha; la matanza de Cuitzeo; la manera de afrentar a los propios castellanos y su inhumanidad al dejaren San Miguel encadenados y como esclavos a los indios aliados que lo acompañaron, nos dan una vívida pintura de su sombrío modo de ser y de actuar.

Su orgullo corría parejas con la voluntad de acero que le significaba; así el día en que don Diego de la Torre lo tomó prisionero delante del virrey Antonio de Mendoza, Nuño debe de haber sentido que se le venía el mundo encima, y su estadía en la cárcel de la ciudad de México constituiría el clímax de la humillación.

 

SU PLEITO CON CORTES

La personalidad fuerte y definida del muy Magnífico Señor se perfila siniestra en la historia de la conquista de México, y su vida y hazañas no son para narrarse en unas cuantas líneas. Su pleito con Hernán Cortés tuvo mucho de personal, pero es indudable que trajo instrucciones de España para oponerse al creciente poderío del conquistador. Sin embargo, fué una pelea desigual: Cortés era un tipo sereno, socarrón, con mucha habilidad política; Guzmán era violento, de mediana capacidad y perdía fácilmente los estribos, así que el extremeño le ganó la partida, y lo que es más, las ofensas que le infiriera el Muy Magnífico Señor durante el tiempo en que había presidido a la Audiencia, las vengó poniéndolo en ridículo, que es la forma más cruel en que puede humillarse a un enemigo.

En 1535, año en que don Hernando llevó a efecto su expedición a la California, decidió cruzar por la región de Xalisco con el deliberado propósito de enfrentarse a su enemigo para aclarar paradas y exigirle la devolución de un barco que Nuño retenía en Chametla. El navío era una de los 2 que Cortés puso al mando de Diego Becerra y Hernando de Grijalva, para que fuesen a buscar la nao de Diego Hurtado de Mendoza, y del cual se apoderó el segundo de a bordo Fortún Ximénez tras de provocar un motín en el cual murió Becerra.

El rebelde enfiló hacia California, habiendo desembarcado en la Bahía de Santa Cruz, donde fue asesinado por los indígenas junto con la mayoría de la tripulación, y los que quedaron a bordo, importantes para detener la matanza, se apresuraron a levar anclas, habiendo llegado a Chametla donde fueron aprehendidos y el bajel confiscado por órdenes de Nuño Beltrán de Guzmán, así que ahora que había iniciado su expedición, Cortés decidió recuperarlo pues le seria de mucha utilidad.

 

LA RABIA DE DON NUNO

Obvio es manifestar la indignación y la ira que llenaron a Guzmán cuando supo la nueva de que su odiado enemigo”… había entrado a su gobernación con pendón en mano, a manera de descubridor y conquistador”, y de inmediato le envió varios coléricos y teatrales requerimientos para que no siguiera adelante; mas don. Hernando continuó imperturbable la marcha y para hacer más fuerte el berrinche de Nuño, le envió una carta con Hernán Arias de Saavedra en la que le decía: “… que” se “holgara y” se “alegrara con su venida y los brazos abiertos le recibiera”, lo que originó que al poner los hechos en conocímiento de la Audiencia de la Nueva España, el Muy Magnífico Señor escribiera barbotando rabia: “… no puedo estar contento, aunque fuera mi padre ó el embajador mi hermano los que vinieran”.

Sin embargo, lo anterior fué una cosa inocente en comparación con lo que vino después. En Ahuacatlán, el conquistador de los aztecas envió su respuesta oficial a Guzmán, en la que, entre otras cosas, dijo lo siguiente: “… porque yo, por mandado é autoridad de su Majestad, é como capitán general que soy, envié armada y gente a descubrir las tierras… e se descubrieron por mi gente… (a) las cuales yo al presente voy, e impedir el paso para ello necesario de palabra ni de hecho, sería impedir el servicio de su Magestad y el acrecentamiento de sus reynos y señoríos, lo cual a todo hombre de cualquier ley, estado e condición que sea, es prohibido y punible, mayormente a los vasallos de su Magestad, y aquellos que especial obligación tienen al servicio, como el dicho Nuño de Guzmán la tiene así por razón del oficio de gobernador que tiene… e porque Su Magestad, por las provisiones a mi dirigidas, manda a todas las ciudades, Villas, e lugares, e provincias de sus reynos e señoríos, e a todas las justicias, gobernadores e asistentes de los otros oficiales… a los vecinos e moradores… me den todo favor de ayuda necesario… por la presente mando al dicho Nuño de Guzmán, e a todos los concejos, justicias, regidores, oficiales, e omes buenos de las ciudades, villas e luga¬res de la dicha provincia de la Nueva Galicia… de aquí adelante, de hecho ni de palabra, no impidan ni embarguen el dicho viaje en servicio de Su Magestad, antes les mando que dén todo favor de ayuda…”

El Muy Magnífico Señor debe de haber quedado al borde del colapso cuando su secretario le leyó lo anterior, pues eso de que alguien le mandara algo no podía tolerarlo, y menos de Cortés. Jamás nadie lo había humilladlo de esa manera.

El encuentro entre los 2 hombres tuvo lugar en Compostela, y uno puede imaginarse la escena que se desarrolló: la casa de la gobernación rodeada por la guardia personal de Nuño, mientras que la plaza era una muralla de hierro que formaban los jinetes y peones de don Hernando. En el interior del edificio gubernamental, Guzmán, lívido de ira, tratando de amedrentar al extremeño, el que por su parte, con fina ironía, la sonrisa a flor de labio y sin subir el tono de voz, lo iba acorralando; hacía valer sus derechos de capitán general; le quitaba el navío y lo dejaba masticando su humillación y su rabia.

 

SE QUEJO ANTE EL REY

Días después, el Muy Magnífico Señor escribía al rey para decirle: “… El Marqués se embarco a XVIII de Abril con ciento y treze peones y cuarenta de cavallo, y quedaron en la costa casi sesenta de cavallo para el segundo viaje; lleva descontenta la gente y vá mal proveydo de bastimentos y no se el fundamento de su camino… Vuestra Magestad no se me ha tenido en servicio, y por esto no me quiero quejar de los que el Marqués ha hecho conmigo, aunque me á destruido…”

Al quejarse ante el monarca sobre el particular, le dijo: “… junto el virrey y los oidores con el juez me enviaron a llamar y me notificaron la cédula de mi prisión para que de aquel lugar donde en nombre de su magestad y como su presidente había mandado y gobernado toda la tierra siendo su capitán general y su gobernador me llevasen “coram populo” a la cárcel pública donde negros y ladrones y otras gentes estaban y alii estuve diez é ocho meses y diez é ocho días preso sin salir della y delante de mi daban tormento a ladrones y negros y a otras personas…”

 

ASESINO DESPIADADO

Cruel, ambicioso, despiadado, pero con una energía indomable y un valor a toda prueba, Nuño Beltrán de Guzmán se adentro en las páginas de la historia con rasgos propios y negativos. La ruta de su expedición se caracterizó por un rastro de pueblos incendiados; por una larga procesión de indios herrados y en collera; por el pillaje, la desolación y la sangre. Se ha calculado que cuando llegó a los señoríos de Chametla y Culiacán, la población nativa era de unos 250 mil habitantes. Poco después de terminada la conquista, los españoles y las enfermedades europeas dejaron casi despoblada la región.

¡Los aborígenes lo representaron con una víbora que caía del cielo!

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; números 1 y 2.

 

Nuño Beltrán de Guzmán

Nuño Beltrán de Guzmán

 

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