Noviembre mes de los muertos

November 1, 2014

Tradiciones, fiestas y costumbres de México y Sinaloa

 

NOVIEMBRE MES DE LOS MUERTOS

 

 

Por: Jesús Munguía y Mejía

 

Una corriente milenaria de adoración y miedo a la muerte, transmitida de generación en generación, se remansa con dulce esperanza en las piadosas prácticas del culto a los difuntos.

 

Noviembre es el mes de los muertos. La Iglesia Católica Romana, en este mes solemniza con actos litúrgicos, cubriendo sus altares con paños y gasas de luto sobre los catafalcos que se levantan en medio de los soberbios y bastos claustros de las altivas catedrales y en las humildes capillas lejanas, entre cirios cintilantes y severas cruces.

Tañidos de broncíneas campanas que hacen eco en las brumas otoñales, se levantan las volutas de los turiferarios, entre los monótonos cantos fúnebres de los oficios divinos, surgiendo de entre la niebla las estrofas gregorianas del terrible “Dies Irae” que entonan graves canónigos o sencillos capellanes, proclamando la vanidad de las grandezas humanas y la igualdad de los hombres, ante la Divina Mente que rige al Universo.

Los siglos nos han dicho la adoración y el miedo a la muerte, la gran niveladora que se ha transmitido en todos los tiempos para terminar en una esperanza, que sosiega nuestras almas inquietas ante lo desconocido. Con razón se ha dicho que el misterioso tránsito del hombre a la región ignota, forma la base y punto de partida de la evolución de las religiones.

 

La muerte y los muertos mandan sobre los vivos. Ninguna nación civilizada o no, se escapa de la servidumbre. De ahí nace el culto que se rinde a los espíritus, a las almas que han ido, culto público o privado desde que el mundo es mundo.

No se tiene memoria de pueblo alguno sobre cuyas preocupaciones religiosas no prive como estímulo, la medrosa veneración a los muertos. Todas las naciones mantienen este culto a través de sus edades. Las variantes del mismo suman las diversas expresiones de la reacción obsesiva del hombre ante la muerte, desde las ceremonias religiosas a las supersticiones más groseras o estrafalarias provocadas por el temor primario al más allá, las inquietudes metafísicas y los impulsos de carácter científico encaminados a descifrar el gran enigma.

 

CONTINUACION DE LA VIDA

Noviembre ha sido especialmente designado por la Iglesia Católica Romana, para avivar el recuerdo de los muertos en los vivos y estimular a estos para que rueguen por los espíritus que aún no han logrado pasar del purgatorio a la región de la eterna bienaventuranza. En general el culto de la muerte supone la continuación de la vida en el transmundo. La doctrina católica establece como artículo de fé que los que mueren según el estado de gracia en que se encuentran van al cielo, al purgatorio o al infierno o bien al limbo. Las almas de los que están en el cielo, por especial favor a Dios, pueden dispensar a sus parientes, amigos o devotos, mercedes o dádivas.

Los vínculos de relación entre los muertos y los vivos se encuentran al respecto en todas las religiones. Desde las remotas épocas perdidas por los mitos primitivos, hasta las modernas, casi todas señalan un tiempo en un año, una fecha o varios días, para rendir culto a los difuntos. La posibilidad de que los muertos gocen en el piano de la vida eterna, una existencia venturosa, se estima generalmente que depende de los cuidados que les presten los vivos. Si los hombres ofrecen a sus deudos oraciones y banquetes, sus espíritus velan por la tranquilidad y bienestar de los oferentes.

La costumbre generalizada en México, de las ofrendas fúnebres en el Día de los Muertos, se puede decir que es universal.

En el Libro de los Muertos, la Biblia de la religión primitiva egipcia, asegura que la sombra de los difuntos en los feroces campos de Aalú (su paraíso de transmundo) siembran, recogen la cosecha, muelen el trigo, comen y aman mientras la momia suya permanece intacta. Por eso, en los sepulcros egipcios junto a las momias se han encontrado comidas, muebles y todos los objetos que necesita en la vida el muerto. Parecidas creencias mantienen la mayoría de los pueblos de Asia, África, América y Oceanía y otros pueblos considerados como supercivilizados de la vieja Europa.

 

RETORNO DE LOS ESPÍRITUS

En la culta Atenas, se creía que durante las fiestas anthesterias las almas de los muertos se escapaban de sus moradas subterráneas, más allá del río Aqueroste y de la Laguna Estigia, para volver a los lugares de su nacimiento.

 

Para precaverse contra los males que los espíritus pudieran desatar contra los vivos se cerraban herméticamente las puertas de los templos, reforzándolos con cuerdas y ramas de ladierno. Las casas eran embadurnadas con betún, para ahuyentar a los huéspedes invisibles, pero presentes. Al terminar las fiestas y después de haber ofrecido a los espíritus comida, expuesta en calles y plazas, les conminaban a que los dejaran tranquilos con palabras imperativas como: “¡Huíd espíritus de los muertos; las Antehesterias han terminado”!. En la mayoría de los pueblos primitivos en cada tres o cuatro años y en otros pueblos cada ano, se celebra una fiesta llamada “La Huida de los Espíritus”, durante la cual, después de haberles ofrecido comidas a las que fueron especialmente afectos en vida, les ruegan que salgan de la región o del territorio de la tribu y que no atormenten por más tiempo la vida de los deudos y amigos.

En Roma se celebraban en el mes de mayo durante tres días, fiestas en honor de los muertos. Los templos eran cerrados como en Atenas. El culto a los espíritus se celebraba en la intimidad de los hogares. Además los ofrecimientos de las comidas y bebidas, otra pintoresca ceremonia ocupaba los desvelos de los padres de familia.

En cada casa, el jefe de la comunidad familiar en presencia de los hijos, mujeres y esclavos, se lavaba las manos con mucho cuidado, después trazaba en el aire unos signos mágicos y sin mirar hacia atrás, arrojaba a continuación unas cuantas habas, mientras repetía nueve veces: “Con estas habas me rindo yo y los míos”.

Se creía que los espíritus domésticos recogían las habas.

Pasado algún tiempo el paterfamiliae se lavaba nuevamente las manos. Procuraba hacer mucho ruido con algún objeto de hierro o bronce para asustar a los espíritus y volviendo la cabeza, ordenaba nueve veces: “marchaos, sombras protectoras”.

 

LA DANZA DE LA MUERTE

La propensión de los pueblos germánicos y eslavos al panteísmo difuso en la naturaleza y a las exaltaciones de un misticismo agudo, hizo florecer en la edad media y hasta los comienzos de la edad moderna, a la sombra de los castillos y de las abadías monásticas, un movimiento de ascetismo fúnebre, que se convirtió al influir en él las masas ignorantes en un manto de dramáticas supersticiones, lindante con la demencia. Los espíritus eran identificados como las fuerzas infernales del mal. Se invocaba a los muertos y se les encomendaban venganzas. Turbas de fanáticos y autosugestionados por el terror, danzaban sobre las tumbas en fantásticos aquelarres, en los que participaban clérigos, doncellas, campesinos, pastores y nobles.

Eran las famosas “Danzas de la Muerte”, de tan frecuente resonancia en las baladas y poemas de la literatura germánica. La costumbre y el tema literario, se desbordaron por Francia, Países Bajos e Inglaterra. Llegaron a algunas regiones de España, como Vasconia y Cataluña.

 

En las canciones y en las ceremonias de los grupos dominados por tan tétricas preocupaciones: el Papa, arzobispos, reyes, soldados y plebeyos, reinas y pastoras danzaban en impresionante zarabanda, en torno a la Muerte, con una gÜadaña al hombro y su reloj de arena en la mano.

En los libros de horas de la Edad Media y hasta en el Renacimiento, en los retablos de las Animas de las Catedrales góticas y en las pinturas de los primitivos italianos, flamencos, germanos y españoles, “el triunfo de la muerte” aparece como uno de los temas principales. El Bosco y Padre Bruheguel, legaron al pasmo de la posteridad obras sobre el tema, que acreditan una genialidad insuperable, para la interpretación plástica del mundo de lo tétrico.

Alberto Durero, en sus aguafuertes, hizo de la muerte uno de los temas favoritos de la misma manera que otros muchos artistas de su tiempo.

Los Chinos, los Hindúes, los Persas, los Negros Metabeles, los Hebreos, los supercivilizados americanos y los europeos, tienden a identificar la vida eterna de sus deudos muertos con su propia vida terrena y a tener siempre presentes los espíritus de los que se fueron mediante innovaciones y prácticas religiosas.

Se puede decir que en el instinto natural de miedo y amor a los muertos, la humanidad, sin distinción de grados de evolución, ni de razas, sintoniza la misma inquietud.

Los vivos vivimos pendientes de los muertos, mientras doblan las campanas a su memoria siquiera una vez al año y se encienden lámparas votivas sobre las tumbas engalanadas con ofrendas florales.

La Memoria de los Vivos es la Vida de los Muertos.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 5, páginas 35-37 .

 

Noviembre mes de los muertos en México

Fragmento de mural de Rolando Arjona; Centro Civico Constitución-Culiacán, Sinaloa, México

 

 

 

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Noviembre mes de los muertos
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Artículo sobre la tradición en México de celebrar el día de muertos

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