Poesía de Sinaloa

 

NAVEGACIONES

 

De: Irma Garmendia

 

I

Hoy regreso por esa misma noche

donde mis huellas labran sus cansancios.

 

Miro atrás,

serpentean en cuitas al desvelo,

esos giros que nunca proclamaron

las mejores esencias de los siglos.

 

Vuelve a solas

con mutismos que astillan

en márgenes de asombro,

las luces y presagios de los días.

 

Sin brújulas retorno

para buscarle sitio y acomodo

a mi ración de viento, a mis vestigios

de caracol o germen.

 

En funciones de hiedra me introduzco

a I estudio que inventa las razones

o el pretexto y la magia del arraigo.

 

Porque llevo la cosquilla del tiempo

siempre adherida al polen de mi sangre,

acontezco.

 

II

Mis tuétanos bosquejan los insomnios.

Siento cómo desnudan la memoria

la sonda y cascabel de los relojes;

un sinfín de pupilas desbocadas

desfilan por andamios de salitres

y ningún prisma obsequia un arcoíris

a la savia que atisba y desespera.

 

Sólo ausencias de luna y confusiones

masticarán los signos

cuando los foros del ensueño acudan

a rentar sus vellones,

su espuma y fantasía.

 

Y también llegará la transparencia

a la hora de siempre, en su costumbre

de manantial o fuego.

 

Esparcirá canciones y sonrisas

en el sitio que aguza el horizonte.

 

Allí, deambulan, medran, permanecen,

las esporas que ayuntan conjunciones

de tempestad, de polvo.

 

III

Escudriño y recuento

lloviznas de luz que sin rumbo otean.

 

Dispersas imágenes me recuerdan

lo que mi sombra escurridiza y sorda

percibió en su albedrío: a conveniencia

 

Ajenas raíces me sedujeron

y en disfraces extraños, aberrantes,

asumí, según las marejadas,

Ios poros y perfiles

que la piel señalara en sus andanzas.

 

Nunca quise saber en cuántas brumas

arrinconé las cepas del origen.

A destiempo,

deshilvané los suncos de mis ansias

por los filos ambidiestros del Cosmos.

Vegeto a la deriva

y a sabiendas,

enquiste mis sudores,

los destino,

a su latente inmigración de escombro.

 

¡Cuál embriagues de soles me dispuse

a socavar sin timbre las opciones

donde los músculos del sueño abarcan

espejos de lumbre, de miel, de paja?

 

Cabalgo en esta incógnita y me arrastro

con un sopor de miedo

que redunda y se anida entre mis huesos…

 

IV

Sonámbulo atestiguo las rutinas

y escucho sin oír el desosiego

del aire que pregona las distancias.

 

Así me busca afiliación y sesgo

alguna arteria que sin hiel palpita

en viejos laberintos de mi cuerpo.

Entrevera su fragua de nostalgias

hasta el núcleo más indómito y vuelve,

una y otra vez revuelve

las costras confinadas al exilio.

 

Amorosas corrientes me transforman;

advierto, que un rumor de antigua hechura

me permuta otra estuche de compases,

otras atmósferas para que abreven

los ciclos azarosos, sin descanso.

 

Aprovecho el vaivén y romerías

mientras la tregua imita

blancura y abalorios

que las estrellas visten en las fiestas.

 

Laxo, quizás de hipnosis,

se aligera en olvidos

todo mi ser y su séquito de espectros.

 

V

Saludo, me estrechan; no me desconocen

los trajines del aire cotidiano.

Mis pies rondan y danzan por las calles

sin sentir zancadillas ni zozobras;

los rugidos de siempre se apaciguan,

cesan los tambores y los aliños

del ritual de caníbales, de topos.

 

El paraje descuelga sus campanas

y no hay tímpanos baratos, ni señuelos

rebozantes de ofertas.

 

Las arañas invernan en su agosto.

Y dormita la rosa de los vientos,

sus hélices auspician novilunios

y esquivan el carril donde las águilas

consignan llamaradas, desvaríos,

 

Arrullos idénticos se congregan,

deslizan en cordiales pentagramas

un cántico sideral, el zurco,

de símbolos que fueron inasibles

en la contemplación oscura y coja

de millares de lustros errabundos.

 

VI

Me pellizco, tres veces lo repito;

ya nada es creíble en estos reinos

donde lo ficticio es cierto, y lo cierto:

una sarta de pus y de aguijones…

 

Semblanza, enajenaciones, tal vez,

un propósito a medias o inconcluso

que viene persuasivo en sus plumajes

a multiplicar las formas, los modos,

que la ceguera intuye al evadirse

cuando se colma de ardores y espantos.

 

Vuelo sin alas al lastre y al hueco

que el ritmo de la noche,

sus virajes,

me designan para bregar los rumbos

del estruendo que luego identifico.

 

Me despierto,

la flama del instinto zigzaguea

y en su primera matriz se cobija

sin otra excusa que salvar su fuego

del naufragio que a diario le amenaza.

 

¿Cuantas orillas buscará en los trances

de humos y de saliva?

¿En qué espejismo triscarán los párpados

cuando la hondura del pavor descienda

hasta el venero exacto

de vísceras y espigas?

 

VII

Sobre el brocal que endosa la existencia,

estibará en su precio y desafío

la serial de fugaz abreviatura:

delatante,

oblicua

 

Piedra a piedra,

mi nombre va diminuto de brisas,

enarbola en sus páginas el peso,

las anchuras,

de sal e incertidumbres.

 

Cada minuto se adelante y pisa

su silueta de ráfaga, de estrago.

 

Detrás de los silencios,

le seguirán de cerca, enflaquecidos,

los plazos y el sonido

que el desabrimiento enciende al llamado

muy fiel de la ceniza.

 

 

 

Navegaciones, poesía sinaloense

Embarcaciones de la época de la Conquista, navegaciones

 

 

 

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Navegaciones
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Poesía de la autora sinaloense Irma Garmendia, titulada Navegaciones

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