Música precortesiana

March 29, 2015

Historia y cultura de Sinaloa México

 

MÚSICA PRECORTESIANA

 

Por: Amalia Millán

 

De un tiempo a esta parte, mucho han discutido musicógrafos folcloristas e historiadores, sobre el problema de si efectivamente existía en Tenochtitlán una música ya organizada, a la llegada de los españoles.

Si damos crédito a los cronistas de la conquista, tendremos que admitir que dicho arte no era sólamente conocido, organizado y estudiado, sino practicado con todas sus reglas y exigencias, por los indígenas precortesianos. La documentación sobre este particular es muy amplia y dudar de su veracidad, sería dudar de la honradez de historiadores como Durán, Bernal Díaz del Castillo, “Torquemada, Motolinía y otros muchos. En cuanto a la existencia de la documentación instrumental, es ella tan vasta, que no sería posible negar el fin por el cual fueron construidos tantos y tan variados instrumentos, cuyo objeto primordial fue el de acompañar los diferentes cantos religiosos y profanos entonados por grandes conjuntos, así como para llamar a la guerra.

 

El hecho de que los cantos no se hayan conservado íntegramente en forma escrita, no nos autoriza a negar ni su existencia precolonial ni su valor intrínseco como índice cultural. Los conquistadores, dado su empeño en extinguir la ideología y cristianizar las razas conquistadas, impidieron la reproducción de los cantos indígenas, como lo demuestra el Concilio Provincial de 1555, el cual ordenó: “que los cantares de sus ritos e historias antiguas no sean entonados, sin que primero sean examinados dichos cantares por religiosos que entiendan muy bien la lengua y en tales cantares se procure por los ministros del evangelio que no cante en ellos cosas profanas”. Para el criterio de los conquistadores, permitir a los indígenas que siguieran cantando sus melodías, significaba un grave error, ya que ellas les recordaban constantemente sus tradiciones y su historia antigua. Esta política religiosa determinó reacciones de diversa índole, y entre otras, el que indígenas se reunieran en lo más intrincado de los bosques, lejos de la mirada de escrutadores de los misioneros, para continuar danzando y cantando a las deidades, que valientemente se defendía del impulso colonizador. Esta natural reacción continuó manifestándose por medio de cantos en los cuales expresaban su dolor ante aquella impuesta esclavitud y debido a esta exaltada queja, la censura española se impuso con más energía según dice Peñafiel; “porque transformaron sus cantares en fábulas o apólogos en los que referían sus cautiverios y la opresión de los conquistadores”.

Los cantos que entonaban a sus dioses, cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, eran oraciones propiciatorias contra las destrucciones ordenadas por los dioses del Viento y el Agua; contra cataclismos, epidemias, persecuciones de las tribus vecinas, alabanzas al Sol, a la Luna y astros en general. Gracias al estudio de estos cantos, los misioneros pudieron reconstruir parte de la historia de los antiguos mexicanos, ya que en ellos se había sintetizado toda su vida espiritual, hechos gloriosos, etc…

 

La música azteca tuvo fines religiosos y sociales. Por la necesidad de entonar nuevos cantos, los reyes en sus palacios y los grupos sacerdotales tuvieron a su servicio, pagándoles grandes sueldos, a los “Cuyapicque” o sea a los maestros componedores de cantos. A este respecto Torquemada nos dice: “Cuando había habido alguna victoria de guerra, o levantaban a un nuevo señor, o se casaban con una señora principal o por otra novedad, los maestros cantores llamados “Cuyapicque”, componían nuevo cantar de más de los generales que tenían de las fiestas de los demonios o de los señores pasados”. Y hablando de la cuidadosa preparación de estos cantos agrega: “Proveían a los cantores algunos días antes de la fiesta lo que habían de cantar. En los pueblos grandes eran muchos los cantores y juntábanse otros con ellos porque no hubiese defecto el día de la fiesta”.

De una manera muy amplia nos habla también el historiador Durán, de la actividad musical de los aztecas, así como de su gran comprensión para este arte, y sorprendido asevera: “Una de las cosas principales que en esta tierra había eran los cantos y bailes; y cada pueblo y cada señor tenía su capilla con sus cantores y éstos buscaban que fueran de buen ingenio para saber componer sus cantares en su modo de metros, y cuando éstos eran buenos contrabajos, teníanlos en muchos, porque los señores en sus casas hacíanlos cantar muchos días en voz baja y muy especialmente componíanse cantos nuevos en la quinta fiesta movible, fiesta de emperadores y de reyes y nobleza de los Colhuas y de Coxoclutl; los músicos eran remunerados más que comúnmente; sólo que estaban obligados a componer nuevos cantares y no habían de reproducir ni cantar hechos que no fueran de fama y celebridad, ni cantarían canciones ya oídas porque quien tal hiciera sería privado del oficio, con otros perjuicios conexos que aquellos les acarreaban”. Cantar era el mayor placer de los antiguos mexicanos y aseguran los cronistas de la conquista, que con frecuencia sorprendía escenas callejeras, en los cuales los trovadores, en plena vía, rodeados de gran público entonaban cantos que aludían a los acontecimientos de la vida diaria. Por otra parte, el estudio de la música y de la danza no fue sólo un placer sino parte integrante de la educación indígena, pues obligada desde su juventud a tañer instrumentos, danzar y cantar lo mejor posible, concurría al “Cuicalli” o “Casa de Canto”, escuela que estuvo situada en lo que es hoy el Portal de Mercaderes. A gran orgullo tenía aquella juventud indígena el dedicarse al canto, según lo asegura nuestro citado historiador en estas palabras: “Preciábanse mucho los mozos y mozas de saber bien cantar y bailar y de ser guías de los demás y tenían los cantos diferencias, pues cantaban unos muy reposados y graves de las solemnidades de mucha autoridad y otros agudos que eran cantos de placer llamados de “Mancebos”, en los cuales cantaban algunos cantares de amores y requiebros como hoy día se cantan cuando se regocijan”.

Se observa que los “Cuyapicque” eran inagotables en la elección de los temas de sus cantos, y la afirmación de que no existió la canción erótica entre los antiguos mexicanos no puede armonizarse con lo que nos dice Durán, ya que éste nos refiere la posibilidad de que los poetas hayan expresado en sus cantos su ternura hacia la mujer amada.

Los músicos instrumentistas que acompañaban los cantos, usaban, para ello, los pequeños y grandes percutores llamados “Teponaztis”, “Huehuetl”, “Panhuehuetl”, así como los instrumentos de viento como chirimías, para acentuar los ritmos unos y llevar las melodías los otros. En los códices Florentino y Precortesiano, vemos ocupar lugar preponderante, a los tocadores de instrumentos musicales, así como gran número de figuras humanas con vírgula floreada que es el símbolo del cantante.

 

Por los datos anteriores extraídos de los relatos y opiniones de los historiadores de la conquista, comprobamos que los antiguos mexicanos, antes de entonar públicamente los cantos de sus dioses habían ya pasado por un período de entrenamiento y grandes disciplinas. Su arte musical y su facilidad de expresión fueron muy admirados por los misioneros que aprovecharon sus facultades innatas para enseñarles nuevos cantos con temas religiosos cristianos, los cuales fueron paulatinamente infiltrándose en el alma indígena. En efecto, las oraciones de la religión católica, enseñadas en frases rítmicas acompañando el canto llano, fueron pronto aprendidas por los indígenas, y con el tiempo incorporadas al mestizaje nacional. Este milagro fue realizado gracias a la abnegación de los Pedro de Gante, Juan de Caro y otros muchos, quienes pacientemente tuvieron primero que aprender la lengua azteca y después expresar con ella un gran número de oraciones, que los indígenas aprendían a la vez que, aparentemente, por lo menos olvidaban sus antiguos cantares.

Si los misioneros que conocieron y admiraron la música de los indígenas hubieran conservado algunas de sus melodías autóctonas, podríamos hoy conocer a fondo las escalas que usaron y su sistema armónico, si acaso alguno tuvieron. Desafortunadamente nada poseemos que pueda orientar nuestra búsqueda, ya que todos los archivos fueron destruídos.

Suponemos que esa música era pentáfona, porque esta escala de cinco sonidos es propia de los pueblos primitivos, por las que podemos imaginar cómo fueron los cantos que eran escuchados por los conquistadores. Al efecto, hemos podido comprobar que los cantos que entonaban los indígenas actuales poseen muchas de las características de los que escucharon los españoles y cuyas descripciones nos dan con amplitud de detalles los historiadores de la conquista. En algunas melodías aztecas recogidas por mí, las supervivencias, tanto en el idioma como en el ritmo, no pueden hablar más claramente de su origen precolonial. Nada menos que el antiguo “Xochiptzahua” aún existe en muchas regiones del interior de la República y una versión que recogí en Sinaloa en el pueblo de Ixpalino dice:

 

Xochipizagyam Yaguelalica, ni canca sonaja,

Xochizahua, yeguelalica ni canca petera,

Xochipizahua, itiztqui, guelica, xochipizahua

 

Otro canto azteca, que conserva la antigua pentafonía y la dulce lengua zapoteca es el que recogí de boca de un anciano azteca que me aseguró lo había aprendido de pequeño, de su abuelo, quien a su vez, lo aprendía de su respectivo abuelo. Se infiere que ese canto lo entonaron varias generaciones y debe ser de procedencia precortesiana. Además la letra de dicho canto la cita el historiador Sahagún como uno de los cantos trasmitidos por los “Teopiles”, asegurando ser poesía original de Netzahualcóyotl. Esta poesía dedicada a la madre, dice:

 

Nonantzin ih cuaenimiquiz motle quilpan

xienchtoca,

Huancuac iaxtli tlaxca chihuaz ompa nopan

paxthoca,

Iahuantl ach mitzhlatlaniz, isoa pille

tlecaetihoca?…

Ticuihuiz xouquicuahuitl nochoctia ica huel

popoca.

 

No sólo se conserva gran cantidad de melodías de origen precortesiano, sino los instrumentos cuyo primitivismo innegable nos hablan de la música tanto como cualquier otro documento. En mi colección de instrumentos precortesianos, conservo un huehuetl azteca y un raspador yaqui, que no tiene menos de cuatro siglos de vida. Estos instrumentos, y las melodías, cuya letra aparece en diferentes lenguas indígenas, son la fuente en que es posible inspirarse para conocer el pasado de nuestros ancestros indígenas. Aún podemos escuchar en las orquestas indígenas los restos de aquella música precortesiana, pues el “pascola” yaqui, danza precortesiana, es siempre acompañada por los antiguos “Huehuetl”, “Ayachicahuastli” o sea el raspador, el violín de una cuerda, la flauta de carrizo, etc. con cuyo sonido aún es posible evocar un pasado cargado de angustias.

Culiacán, Sin., a 17 de marzo de 1955

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 93, páginas 51-53.

 

Música prehispánica

Músicos prehispánicos

 

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La historia de la música ejecutada por las poblaciones indígenas de México antes de la llegada de los españoles.

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