Documentos históricos del estado de Sinaloa, México

 

 

Mocorito

“La luz del sol descansa en él”

 

Por: Juan Macedo López

 

No se entristezca, don Taciturno, porque andamos entre el polvo y bajo el sol. Ya llegaremos a la región de las palmeras, cuya cintura, inverosímilmente prolongada, estalla en una precisa tempestad verde de hojas equidistantes; hay sombra rumorosa y riachos para refrescar la calentura del viaje interminable; quizá la hostia gloriosa de los quesos nos haga comulgar, bajo el cobertizo lugareño, con la noble prosapia del pasto mocoriteño y la santidad bíblica de su vacada.

Mire que estamos llegando a la tierra más clara del solar sinaloense: Mocorito. Usted, que es hombre de sabidurías, le ha de placer enterarse que en este pueblo luminoso – “la luz del sol descansa en el” – hubo desde siempre preclaras inteligencias que supieron oír la voz del bosque, del suelo y de los hombres, como José Sabás de la Mora, que editó La Voz del Norte, en la imprenta del mismo nombre.

 

¡Vaya que si fue talento el maestro de la Mora! “Por sus frutos los conoceréis”, dicen que dice la Biblia, ese bello diccionario de picardías y donosuras, animado por el soplo caldeado de la voz de sus profetas.

Buelna

Pues Rafael y Miguel Buelna fueron sus discípulos, de hondo cogollo rebelde; el fundador de la dinastía, don José Miguel, ascendró en él sus funciones de ciudadano y patriarca. Allá por el mes de mayo de 1890, cuando la tierra se calcina con el chorro de luz del trópico y la semilla germina hasta en las manos del viento, nació Granito de Oro, esa tempestad sinaloense, a caballo, que casé sin el bozo anunciatriz de la virilidad, ya había ganado batallas a los pelones.

 

Buena raíz de sangre tienen los Buelna. Don Eustaquio Buelna Pérez es el político, el historiador y el hombre de ciencia que cubre el final del siglo diecinueve con su prestigio; ya sabe el poeta que él fundó el Colegio Civil Rosales y escribió Apuntes para la Historia de Sinaloa y otros libros sabedores de las cosas y gentes sinaloenses.

 

Mocorito entregó su sangre y su pensamiento para quemarles en el torbellino violento de la Revolución; Miguel anduvo junto al hermano aprendiendo las primeras letras de la angustia patria, que luego el pueblo había de acunar en romance y canción.

 

Yantar

¿Será verdad que los poetas se alimentan con los líricos caramelos del crepúsculo y beben nomás el rosiclear de las albadas? Buen yantar tiene usted, don Taciturno, y lo convoco al convivio de la mesa mocoriteña para que escriba un soneto en loor de este queso, imagen de la luna, síntesis del sol, porque su sabia amarilla está diluida en su íntima frescura grumosa.

 

¿No le llega un tufillo delicioso de la cocina distante? Válgame, don Silencioso, que se va a deslumbrar con la carne adobada, servida en el platón de la guía, naufraga la coqueta entre el vaho de la especiería y en el llanto rojioscuro del chile tatemado, molido y asperjado por las manos benditas de la cocinera.

 

Si teme a la minúscula lujuria de las especies, entonces que la maritornes dore la cecina en el fogón y la entregue todavía crepitante, aromada por la sangre tierna de los pastos y para calmar su apetito poético, el chorizo, hermano martirizado de la carne en adobo, puede empujarlo a dormir la siesta bajo el portal, mientras las gotas de bronce de las campanas se echan a rodar desde lo alto para rondar su sueño de Pantagruel.

Rumbos (suplemento cultural de El Diario de Culiacán 18 de octubre de 1964

 

 

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

 

Mocorito, Sinaloa, México

Fragmento del escudo de Mocorito, Sinaloa, México

 

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Mocorito, la luz del sol descanza en él
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Artículo escrito en forma de conversación que habla del municipio de Mocorito-Sinaloa-México y sus personajes emblemáticos

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