Miguel C. Castro

December 27, 2014

 

Grandes músicos sinaloenses

 

MIGUEL C. CASTRO

 

Por: Enrique Ruiz Alba

 

Nío Guasave, 1885 aproximadamente. Miguel atraído por las notas musicales que surgen de la guitarra, se acerca a su pulsadora, una bella lugareña y le dice:

—Quía, enséñame a tocar la guitarra.

La moza interrumpe su acostumbrado ejercicio, brinda una sonrisa al joven y le responde:

—Te enseñaré un acorde, Miguel, pero a cambio de ello traerás un balde de agua a la noria.

Sediento de saber, Miguel acepta el trato cumplido, lo cual llega a sus manos la primera guitarra. Los viajes de agua se sucedieron a diario, durante algún tiempo, al igual que los acordes que Quía, en justa retribución, le enseñaba.

Fueron las únicas lecciones recibidas por Miguel C. Castro, autodidacta notable que a partir de entonces aprendió por sí solo mucho del arte musical, convirtiéndose en uno de los prolíficos e inspirados compositores sinaloenses.

 

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El autor de un centenar de piezas musicales, entre las que destacan, ¿Por qué Lloras? y “Cuca”, hubo de luchar bastante durante su juventud para penetrar al mundo de la música, es decir, para encontrar, la válvula de escape a su inquietud creadora, a la inspiración que traía por dentro. En Nío, donde recibió la instrucción primaria, no existían mayores posibilidades de estudio, además, la familia era numerosa y había que trabajar.

Así ingresó a la tienda de don Juan, como ayudante de mostrador. Era esta un establecimiento grande, que surtía a la región, a la que un día llegó enorme bulto destinado a una familia rica de La Brecha. A partir de ese día, Miguel se “perdió” a la hora de la comida, sin dar ninguna explicación.

La razón fue esta: el bulto contenía un órgano musical. El muchacho en vez de comer se introducía a la bodega, y a través de roturas que hizo, se deleitaba pisando las teclas del instrumento y los pedales que le alimentaban de aire.

A don Juan le inquietaba la ausencia de Miguel, por lo que decidió investigar. Una tarde se dirigió a la bodega haciendo resonar sus pasos en la crujiente escalera de madera. Miguel escuchó que alguien se aproximaba y pensando que sería el patrón, empezó a tocar en el órgano su pieza preferida. Cuando el comerciante escuchó aquella pieza, esbozó una sonrisa, se plantó ante el muchacho y le dijo: “Ah, conque esta es razón por la que no vas a comer con nosotros: Pues bien, de ahora en adelante tendrás todas las facilidades para que aprendas música”.

 

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En 1896, a los 26 años cumplidos, Miguel C. Castro formaba en Nío su primera orquesta. Había encontrado el quehacer de su vida, aunque inquieto y trabajador, lo compartía con otras actividades. Se hizo comerciante, agricultor, síndico, funcionario municipal (en Guasave), luego habría de revelarse como compositor.

Antes de finalizar el siglo pasado, la Orquesta Nío y la Tamazula eran las únicas en la región, en consecuencia muy solicitadas. La de Miguel C. Castro se desplazaba seguido a Sinaloa, a Guasave y otros lugares. En Guasave hicieron época las “tocadas” a familias de renombre como los Famanía, los López, etc.

Miguel estrenó su primera composición en 1900, la llamó “Cocochila” en honor de un pájaro muy alegre que abunda en la región. En 1908 compuso ¿Por qué Lloras?, danza que alcanzó resonancia internacional y cuyo origen se lo disputaron varios países. La pieza fue escuchada por sinaloenses en París, Nueva York y otras importantes ciudades del mundo. José María “Chuma” Tarriba, el Dr. Brown y el general Antonio Norzagaray, fueron testigos de ello. Cuando Chuma Tarriba preguntó en Francia el nombre del autor, se le respondió que era argentino Norzagaray demostró a un director de banda, en Puebla, que la obra era de Miguel C. Castro, pidiendo a éste le enviara una partitura.

En 1917, Revista de Revistas, publicación de gran prestigio en la época, hizo una semblanza de Miguel C. Castro, reprodujo la partitura de ¿Por qué Lloras? y le concedió el crédito de autor que hasta entonces se le había negado.

En dicha publicación se compara a Miguel C. Castro con Juventino Rosas, por la afinidad de sobra conocidas.

 

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La fama tiene un precio. Miguel, tuvo que pagarlo. En 1909 se le nombra a petición del pueblo, síndico de Nío. Para entonces ya tenía su propio comercio, sembraba y criaba ganado. La Revolución lo sorprende en el cargo municipal. Caen todos los funcionarios públicos identificados con el porfirismo, pero Miguel que llegó al cargo por petición popular y no por designación porfirista. El tenía sus propias convicciones, era liberal; tal situación le acarreó enemistad con los conservadores que pugnaron por su salida del cargo municipal, aunque sin lograrlo. En 1912, uno de sus enemigos, incluso pariente, atentó contra su vida. Le hizo un disparo a través de la ventana de la oficina, la bala se incrustó en el escritorio que aún conserva Benito, uno de sus hijos.

Miguel no lo pensó mucho. Encargó la tienda a sus esposa dictó las recomendaciones del caso y se fue a Sonora. Allá hizo amistad con Manuel, un violinista ciego con quien tocó en una orquesta.

Manuel era hermano del general Francisco Serrano, asesinado tiempo después en el camino a Cuernavaca. Miguel vivió en Huatabampo, entre 1914 y 1915 regresó a Nío, vendió la tienda, las tierras y el ganado. Con doña Leocadia y sus hijos José María, Miguel, Perfecta, Jesús y Catalina, se vino a radicar a Guasave.

En 1917, al iniciar funciones el primer Ayuntamiento que presidió don Francisco Ruiz, fue designado auxiliar de la tesorería, actividad que compartió con los quehaceres de su vida: la música y la composición. Trabajó en orquestas, formó otras conocidas tradidicionalmente como “la de los Níos” y viajó a menudo a Los Mochis, llamado por sus compañeros de allá. Llegó a dominar la guitarra, el violín, el chelo, el piano y el contrabajo…sin haber estudiado método mucho menos asistido a escuela o conservatorio de música.

Talento natural y esfuerzo constante de este hombre singular que se mantuvo en el campo filarmónico hasta 1930, para dedicarse enseguida de lleno a la composición. En 1947 viajó a la ciudad de México para registrar ¿Por qué Lloras? y “Cuca”, sus más conocidas composiciones. En 1948, cuando preparaba el registro de “No me Digas Adiós” y otras piezas, le sorprendió la muerte. Fue poco antes de su fallecimiento, cuando de manera formal, empezó Miguel C. Castro a tomar las primeras lecciones de música con un maestro violinista de la localidad:

Antes de morir, en ocasión de los Primeros Juegos Florales en Guasave, fue objeto de justo homenaje por el mantenedor del evento Lic. Raúl Cervantes Ahumada.

Su hija Jesús Castro Vda. de Gámez, aportadora de los datos contenidos en este trabajo, obsequió las partituras de ¿Por qué Lloras? y “Cuca” al maestro Luis Ximénez Caballero, director de la Orquesta Sinfónica del Noroeste, quien las incluyó en el repertorio y las ejecutó en Guasave en acto emotivo celebrado en la escuela “18 de Marzo” ante miles de asistentes.

Como homenajes póstumos se recuerdan el que le rindió el Ayuntamiento municipal que presidió el señor José de Jesús Sánchez, en 1969-71.

El tributado en la ceremonia de develación de la placa en una calle de Guasave a la que se impuso su nombre, al igual que una escuela de Gambino, lugar donde nació.

La banda musical de Porfino Amarillas grabó en acetato ¿Por qué Lloras? pero lamentablemente se omitió el nombre del autor.

En la obra de Miguel C. Castro en su mayor parte inédita se conjugan inspiración, arte y buen gusto, al decir de quienes la han escuchado y conocen, y esto es cosa que solo los buenos autores musicales han logrado.

Por ello los guasavenses están orgullosos de él y le reconocen a uno de sus mejores hijos.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 40, páginas 14-16.

 

Miguel C. Castro gente sinaloense

Miguel C. Castro, gran músico sinaloense

 

Summary
Name
Miguel C. Castro
Job Title
Músico
Address
Nío, Guasave,Sinaloa, México

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