Historia de la grandes odiseas de la humanidad

 

LOS CUATRO NAUFRAGOS

 

Por: Antonio Nakayama

 

Barbudo, la pelambre larguísima e hirsuta, vestido con pieles de animales, aquel hombre se miraba como un ser irreal. Era blanco, pero el sol lo había curtido de tal manera que podía confundirse con los nativos. Precedido por una banda de indios pimas y de la región, caminaba por las veredas del monte y a su lado marchaba un negro que empuñaba un pequeño calabazo adornado con plumas.

Habían vadeado un gran río cuando percibieron sonidos lejanos que les parecieron familiares, y que poco a poco se fueron haciendo más audibles. ¡No! ¡No podían estar equivocados!, eran pisadas de caballos, tintinear de espuelas y ladridos de perros. La alegría se reflejó en los rostros de la pareja, y subió de punto al aparecer soldados españoles que sujetaban furiosos mastines.

 

Lázaro de Cebreros —que capitaneaba el grupo de castellanos— detuvo el paso de su cabalgadura observando a la comitiva que se aproximaba, y al igual que sus hombres quedó mudo de asombro al contemplar al ser que se antojaba visión de otro mundo Lo estuvieron “mirando mucho espacio de tiempo, tan atónitos, que no hablaban ni acertaban” a preguntarle “nada”, y su asombro fue mayor cuando el hombre habló en español a Cebreros pidiéndole los llevara ante su jefe.

El capitán Diego de Alcaraz, comisionado por Nuño de Guzmán para capturar nativos que se vendían como esclavos, se encontraba a media legua de distancia y a la sazón se ocupaba de uno de esos “safaris”, que hasta el momento había resultado improductivo.

 

Esto, el hecho de que andaban extraviados en el monte, y que las provisiones se les habían agotado, lo tenían de un humor negro que desapareció para dar lugar al estupor que le causó la vista de aquel hombre, de quien escuchó un increíble relato; pero cuando el desconocido le informó que a 10 leguas atrás estaban otros 2 españoles acompañados por muchos indígenas, la codicia volvió a invadirle al pensar en los centenares de indios que podría llevarse como esclavos, así que ordenó que 3 jinetes y 50 nativos guiados por el negro, fueran por ellos. La entrevista finalizó cuando el extraño individuo le pidió que se diese testimonio del año, el mes y el día en que había llegado, así como de la manera en que venía.

Cinco días después arribaron los otros 2 españoles acompañados de 600 indios que habían huido de un poblado ante la proximidad de los esclavistas, y Alcaraz pidió a los 4 hombres que mandaran llamar a los nativos que andaban fugitivos para que les dijesen que trajeran comida, aunque esto último fue innecesario, ya que los naturales acudieron llevando gran cantidad de provisiones.

Después siguieron altercados bastante duros entre el capitán y los recién llegados, ya que les exigía que llamasen a los indígenas para sujetarlos a la esclavitud, a lo cual se opusieron firmemente, y exasperado por las tenaces negativas de los peregrinos, ordenó a Lázaro de Cebreros que los llevara por caminos extraviados hasta el valle de Eutuacán (¿Pericos?) para que los indios no se percataran de que eran españoles distintos, ya que se mostraban enemigos de la esclavitud y de que se tratara mal a los nativos, y además, aprovechando su ausencia, lograr una provechosa redada de esclavos.

En Eutuacán fueron recibidos con gran alegría por el capitán Melchor Díaz alcalde mayor de San Miguel de Culiacán, quien los llevó a la villa donde llegaron el 1º de abril de 1536. ¡Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado, y el negro Estebanico, habían dado fin a una dura odisea que se prolongó durante ocho años!

 

LA GRAN ODISEA

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, hijo de Francisco de Vera y Teresa Cabeza de Vaca, nació en Jerez de la Frontera, España, el año de 1507, siendo nieto de don Pedro de Vera, conquistador de la Gran Canaria, y cuando Pánfilo de Narváez obtuvo concesión para conquistar la Florida, se enroló en la expedición con el cargo de tesorero.

Partieron de San Lúcar el 17 de junio de 1527, llegando al puerto de Santa Cruz, Cuba, el 5 de abril de 1528, para zarpar rumbo a las costas de Florida. Desembarcaron en un punto cercano al que hoy ocupa la ciudad de Tampa y exploraron la tierra, pero desilusionados por la pobreza que encontraron y hostilizados por los nativos, enfilaron hacia la Nueva España, la que no pudieron alcanzar debido a una tormenta que hizo naufragar las naves, terminando con la expedición.

 

Alvar pudo salvarse y Ilegó a la isla de Malhado donde permaneció un año en calidad de esclavo de los indígenas, pero pudo fugarse y se dirigió a la tierra firme donde se dedicó a mercader y curandero, haciendo curaciones a base de oraciones y de la señal de la cruz, con lo que ganó un gran prestigio entre los habitantes.

Tras de 5 años de soledad encontró a Dorantes, a Maldonado y al negro Esteban, que también habían escapado del naufragio y habían sido reducidos a la esclavitud por los naturales, y en diciembre de 1533 decidieron abandonar la región, consiguiéndolo al año siguiente. Remontaron la corriente del río Colorado cerca de la costa de Texas, tomaron rumbo al oeste atravesando la región de los mezquites; flanquearon el lado sur del Llano Estacado, y cruzaron el río Pecos.

Precedidos por la gran fama de curanderos que fueron ganando a su paso por los poblados, recibían las aclamaciones de los nativos; Esteban adquirió una gran influencia sobre estos últimos debido tal vez a su color. Aprendió las lenguas de las tribus y recibió como obsequio un pequeño calabazo adornado con plumas, lo cual le dio un gran poder sobre los indígenas.

Vadearon el río Bravo a la altura del Conchos, y después pasaron por Nuevo México y Arizona, para internarse en Sonora. Entraron a la región de la Opatería y después a la de los pimas, en la que encontraron un poblado al que denominaron Corazones porque allí le obsequiaron a Dorantes “más de seiscientos corazones de venado, abiertos, de que ellos tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento”, y al abandonar la zona se les unió un grupo numeroso de pimas que los acompañó durante el resto del viaje.

Cruzaron los valles del Yaqui y del Mayo y se internaron en tierras sinaloenses, encontrando a los españoles en la región del río Petatlán, y aquí se despidieron de los pimas, que no quisieron regresar a su lugar de origen y fundaron el pueblo de Bamoa en las márgenes del último de los ríos mencionados. Mapa de la ruta de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.

Los peregrinos partieron de San Miguel el 15 de mayo, dirigiéndose a Compostela donde fueron agasajados por Nuño Beltrán de Guzmán, y de ese lugar salieron para la ciudad de México, a la que llegaron el 23 de Julio de 1536, siendo recibidos espléndidamente por el virrey don Antonio de Mendoza.

En el otoño de ese mismo año, Cabeza de Vaca y Dorantes resolvieron partir para España, ya que su hazaña les había dado una gran personalidad que podían capitalizar en la Corte, y en vista de esto, el virrey, que ya pensaba en una expedición al norte, concertó con el segundo de ellos la compra del negro Esteban, pues podría servirle de mucha utilidad.

 

FELIZ DE SENLACE

Alvar embarcó en Veracruz en 1537, y tras de una travesía en la que menudearon las tormentas y los piratas, Ilegó a Lisboa el 9 de agosto de dicho año. El 18 de marzo de 1540 capituló con Carlos I los términos para una expedición a Río de la Plata, siendo nombrado administrador de esa colonia. Durante su gestión exploró el río Iguayú, y sometió a los indios guaycuries y guaraníes, pero su oposición a que se maltratara a los naturales le ganó el odio de sus compatriotas, que se le rebelaron, lo tomaron preso, lo despojaron del mando, y tras de tenerlo encarcelado durante 10 meses lo enviaron a España donde el Consejo de Indias lo sentenció a 8 años de destierro en Orán con privación de oficio; más al hacerse la revisión del proceso fue absuelto e indemnizado con 2 mil ducados, pero con prohibición de volver a Río de la Plata.

Se le nombró juez del Tribunal Superior de Sevilla, y murió pobre pero lleno de honra el año de 1559. Su obra Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y relación de la Jornada que hizo a la Florida con el adelantado Pánfilo de Narváez, fue motivo para que la Academia Española incluyera su nombre en el Catálogo de Autoridades de la Lengua.

Andrés Dorantes de Carranza, “natural de Béjar, e hijo legítimo de Pablo Dorantes y de Beatriz de Carranza, natural de las Montañas”, se encontraba en Veracruz en espera de un barco que le llevara a España, cuando recibió un mensaje del virrey Mendoza en el que le pedía regresara a la ciudad de México, pues deseaba hablar con él de algunos tópicos. Ya en la capital del virreinato, don Antonio le propuso encabezara una expedición al norte, que no fuera muy costosa, la cual se integraría con frailes y soldados. Don Andrés aceptó en principio, pero parece que fue desentendiéndose del ofrecimiento, por lo que Mendoza dejó de pensar en él.

 

Es posible que durante la estadía de Dorantes y Cabeza de Vaca en Veracruz, hayan planeado una expedición a las tierras de su aventura, y que esto haya influido para que no cooperaran con el virrey. De cualquier manera, Dorantes ya no tomó parte en ninguna expedición, pues habiendo radicado en la ciudad de México, casó allí con viuda rica, convirtiéndose en personaje de mucha importancia, estima do por el virrey como caballero muy principal.

Por su parte, Alonso del Castillo Maldonado, “natural de Salamanca, hijo del doctor Castillo y de doña Aldonza Maldonado”, con la experiencia adquirida en su fantástica hazaña se hastió de aventuras; casó también con viuda rica y con ello adquirió buena condición económica, permaneciendo en la ciudad de México por el resto de su vida, y en cuanto a Estebanico, “negro alárabe, natural de Almanzor”, su nuevo amo el virrey lo tenía destinado para una nueva aventura en el norte, donde al fin terminó sus días a manos de los indígenas al fallarle los poderes mágicos del “bule” emplumado.

La aventura de Cabeza de Vaca y sus compañeros es una de las epopeyas más grandiosas que ha contemplado la humanidad. Durante 8 años lucharon contra la adversidad, y en muchas ocasiones sufrieron el maltrato de los naturales. Aprendieron en carne viva que los indígenas eran seres humanos iguales a los españoles, y escalaron el doloroso calvario de la vida del esclavo.

Desnudos; soportando los rigores del clima, alimentándose con raíces, tunas, y de lo que buenamente podían; peregrinaron a través del continente dejando sus huellas en las tierras de Florida, Louisiana, Texas, Coahuila, Nuevo México, Arizona, Sonora y Sinaloa. Tal era su estado físico al llegar a Culiacán, que durante muchos días no pudieron vestir ropa europea, ni dormir en cama alguna que no fuera el suelo.

Esta gesta llenó de asombro a sus contemporáneos, y sus resultados fueron de un gran alcance, a saber: 1) El informe sobre una gran civilización en el norte revivió el interés en la leyenda de Cíbola, haciendo que el virrey don Antonio de Mendoza tomara participación directa en las expediciones al septentrión. 2) El largo peregrinar probó la existencia de una gran masa de tierra de proporciones continentales en el norte de Nueva España. 3) Demostró la certidumbre de un camino indígena que iba al norte, que más tarde se convertiría en el camino real de la conquista. 4) Dió a conocer la existencia de 2 tribus semicivilizadas al norte del país de los cahitas: la opata y la pima y 5) Las ardientes protestas de Cabeza de Vaca contra la cacería de esclavos, precipito el final de la explotación de los indios por los compinches de Nuño de Guzmán, la cual hubiera traído la extinción de los cahitas meridionales.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, caballero del infortunio, es, indiscutiblemente, una de las grandes figuras de la humanidad.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 4, páginas 28-29.

 

La odisea de los 4 naúfragos

La gran odisea en la época de la conquista que terminó en Sinaloa, la expedición de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

 

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Los cuatro naufragos
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La historia de la odisea que culminón en el estado de Sinaloa, en la época de la colonia

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