Políticos sinaloenses

 

LEOPOLDO SÁNCHEZ CELIS

 

Por: Francisco Higuera López

 

Hace apenas unas cuantas semanas platiqué con Leopoldo Sánchez Celis en sus oficinas que esporádicamente utiliza en el Departamento del Distrito Federal. Como de costumbre la pequeña antesala rebosaba de paisanos. Hombres y mujeres, débiles y poderosos, viejos y jóvenes.

Polo —así le dicen sus amigos y también los audaces—, recibe a todos los que acuden sin previa cita, como siempre lo ha hecho.

 

Yo lo vi igual que antes: tranquilo, receptivo, alerta y con el ánimo presto. Exige substancia con la mirada y el ademán a todos los interlocutores. No hay excepciones en estos lances. Así lo impone su carácter.

A nadie vi salir disgustado o con desaliento perceptible. Fue entonces cuando recordé el sistema preciso y efectivo de Sánchez Celis para atacar o resolver este o aquel asunto propuesto: personalmente o por vía telefónica. Nada de cartitas, telegramas, tarjetas con sello oficial o relegar la petición en segundas manos.

 

Hace muchos años —cuentan testigos oculares—, cuando Sánchez Celis era senador de la República, solicitó audiencia con el ministro de Agricultura para exponerle algunos problemas que afectaban a parvifundistas sinaloenses. El ministro estaba enterado del conflicto y conocía la solución, pero se resistía a resolver la querella por intermedio del “joven senador”, como acostumbraba decirle el entonces presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos.

Sánchez Celis utilizó toda su astucia y sus infinitos contactos políticos para concertar la entrevista con el ministro. Todo inútil. Así pasaron los días y las semanas. Los agricultores persistían en su gestión haciendo larguísimas antesalas burocráticas; más vueltas con el senador Sánchez Celis y renovados lamentos en borrascosas noches de ronda.

Un día apareció Sánchez Celis con una amplia sonrisa en su despacho senatorial. Estaba radiante. Rápidamente explicó el motivo de su satisfacción. La noche anterior el presidente López Mateos había acordado que los agricultores sinaloenses tenían autorización para importar ciertas semillas mejoradas para siembra en virtud de que no se podían encontrar otras similares en el mercado nacional. También logró el senador nuevos incentivos presidenciales para el mejoramiento de la agricultura sinaloense. Una explosión de júbilo sacudió a los paisanos del legislador. — Reían ruidosos Pepe Chuy Sánchez, Atilano Bon Bustamante, Aurelio Pimentel, Nacho Bórquez, Luis Gaxiola Clouthier, Ricardo Tamayo Muller, Chuy Beltrán y otros reconocidos productores agrícolas de la tierra de los once ríos.

De pronto surgió el político nato. Polo levantó la ceja, le brillaron las pupilas y surgieron pequeños relámpagos a través de sus enormes lentes de carey. “Espérenme aquí —dijo a los presentes—, voy a ver a Julián”.

La Secretaria de Agricultura se encontraba a unos cuantos metros del Senado de la República. Polo recorrió con paso vivo el corto tramo. Subió las gastadas escaleras del ruinoso edificio ministerial y se apersonó en la antesala del titular. Lo acompañaban un ayudante y el secretario particular. Polo pidió audiencia una vez más.

“Tiene usted cita, señor senador”, preguntó el jefe de los ujieres.

“No, pero el señor secretario es mi amigo y creo que no habrá problema para que me reciba cinco minutos”, arguyó Polo.

El ujier se introdujó al despacho del ministro y momentos después apareció en el umbral el secretario particular del señor ministro con cara compungida.

“Ah, señor senador, que apenado estoy, pero fíjese que el señor secretario no podrá recibirlo en estos momentos porque…”

No alcanzó a terminar la frase cortesana el secretario particular. De un empeñón lo hizo a un lado y con el pie derecho abrió de un golpe la pesada puerta. Polo avanzó decidido hasta el enorme escritorio del asombrado ministro.

“Polo, mi hermano”, dijo balbuciente el ministro.

“Ni tu hermano ni tu amigo, sólo pude entrar de esta manera para decirte que el problema que quería plantearte ya está resuelto, y para gritarte en tu cara que eres un tal por cual”.

Sánchez Celis abandonó con paso largo el despacho del Secretario de Estado ante el asombro y la consternación de ayudantes, secretarias, ujieres, funcionarios y público presente.

 

Han pasado los años. Muchos años. El grupo político de Sánchez Celis se consolidó en Sinaloa durante el mandato constitucional que encabezo de 1963 a 1968.

Fue un grupo compacto que permaneció fiel al “hombre de Cosalá” por muchos años, con algunas defecciones inevitables. ¿Sus nombres? Para qué. Están perfectamente identificados. Nadie los ve en el hotel Executivo cuando Polo visita anualmente Culiacán.

También hubo jóvenes en el equipo de trabajo de Sánchez Celis. Muchos jóvenes. Por primera vez incursionaron en la política activa Fortunato Álvarez Castro, Alejandro Ríos Espinosa, Raúl René Rosas Echavarría, Oscar Morán Tavizón. Arnoldo Berrelleza y otros más que han llegado a ser útiles a Sinaloa y a México.

Quiero decir que el Polo de ayer y hoy es reiteradamente el mismo. No ha cambiado un ápice. Bueno, ahora tiene el pelo completamente blanco, descansa el cuerpo a lo ancho del respaldo de su sillón, ha bajado un poco el timbre de su voz, porque el tiempo es el tiempo. Pero si nos fijamos en el carácter del hombre, en su personalidad, en sus ideas, en el trato directo y perentorio, no hay nada que agregar. Polo se repite a sí mismo en todas sus manifestaciones: “Hermano, que quieres que haga, no puedo ser de otra manera. ¿Cambiar a mis años?”

Y siguen llegando los paisanos desde Sinaloa o los que ya tienen largos años radicados en el Distrito Federal.

Con Polo trabajan docenas de jóvenes técnicos sinaloenses en la Coordinación Agropecuaria del Distrito Federal. Y también algunos políticos.

“Saldremos adelante con el Programa Agropecuario —dice Polo— porque sellamos un compromiso con el señor presidente José López Portillo y el profesor Carlos Hank González. No podemos fallar. Para ello contamos con recursos humanos y materiales”.

Repiquetea el teléfono, aumenta la audiencia, se suceden las juntas de trabajo. Los presentes sienten la fuerza del tráfago. Esto ocurre cada vez que Sánchez Celis llega a su pequeño despacho del Departamento Central una vez a la semana. El resto del tiempo labora sin cesar en el edificio de la Coordinación Agropecuaria, allá por el sur de la ciudad de México, junto al Anillo Periférico.

Así transcurre el tiempo vital de Leopoldo Sánchez Celis, desde las seis de la mañana hasta que las sombras de la noche y el viento frío de San Jerónimo lo reciben de regreso a casa, tarde ya, cumplida la tarea que él mismo se impuso ante la imposibilidad de reposar confortablemente en su hogar, rodeado de familiares.

 

ABRIL 1978.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 10, páginas 22-23.

 

Polo Sánchez Celis

Leopoldo Sánchez Celis

 

Summary
Name
Leopoldo Sánchez Celis
Nickname
(El hombre del paliacate)
Job Title
Político
Address
Cosalá,Sinaloa, México

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