Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

LAS HUELLAS DE SATANAS

 

De: Alejandro Lomelí Cota

 

En Sinaloa y hacia el norte; Sonora y las Californias, como quién dice: “Ahí tras lomita amigo” han sucedido los hechos que aquí relatamos y que, como chismes andan en la boca de todo el mundo.

Por que habrán de saber que el chisme, no es otra cosa que la microhistoria oral de los pueblos e “híjole” es la meritita verdad.

Además de la tradición oral, la autenticidad de las anécdotas están avaladas por vaqueros, campesinos, arrieros y fundamentalmente cazadores de cuya veracidad nadie duda… ¿Quiére usted más?

Este es pues, un relato endiablado no sólo por que consta de huellas dejadas por el demonio en sus variados y distintos recorridos por el noroeste, montado en su inseparable macho prieto que como dice la leyenda, arroja lumbre por los ojos y levanta chispas con las herraduras de los cascos.

Para el estudio científico de tan distinguido personaje debemos partir de que, Satanás es tan Español como el baturro más cerrado de mollera nacido en este planeta y cuando llegó dispuesto a hacer “La América” en tierras sinaloenses, supo asimilarse al medio. “Si vas a Culiacán has lo que los Culichis”.

Un detalle simpático del diablo en estas tierras, fue que un disidente como el, de más de 20 siglos, de inmediato simpatizó con las aspiraciones insurgentes que proclamaba en sus pronunciamientos el “Payo de Rosario”, precursor de la Independencia desde 1808.

Además, sin ser católico, como a muchos mexicanos, le cuadraba la virgen de Guadalupe, la cual nunca aparecía en ninguna Pastorela en donde era insultado y siempre vencido por el pinche de San Miguel, a quién sólo le bastaba invocar a nuestra Señora del Pilar, para salir triunfante en la dicotomía santo diablo.

La tal virgen tenía un diminutivo de desmadre, “La Pilarica” en cambio la Guadalupana: virgen por él escogida, tenía un diminutivo lleno de dulzura, “Lupita”.

Y así en el noroeste las niñas nacían “Lupitas y morían Lupitas”.

La picardía no existía en el mundo indígena, lo que no quería decir que el nativo, careciera de humorismo y lo tenía a costa precisamente de los españoles.. .

Cuando los “Yoris” como llamaban a los blancos, los llevaban de cacería en calidad de guías, en las charlas al amor de la hoguera, deslizaban la leyenda de que, quién comiera de un corazón de venado partido en cruz, en el instante de ser cazado; desde ese momento quedaba unido para siempre al destino de los venados que, lo protegerían y lo harían un cazador afortunado que, nunca regresaría a su casa sin antes cobrar una o dos piezas.

Los cazadores blancos se tragaban el anzuelo y, tan pronto como cobraban un venado tenían prisa por sacarle el corazón, partirlo en cruz, asarlo y devorarlo.

Después se armaba el “corredero” de los cazadores con prisa por soltar el chorro intestinal detrás de cualquier mogote; eso, cuando bien les fuera, que en la mayoría de las ocasiones la urgencia de la mierda por salir, era tal que, no les daba tiempo de bajarse los calzones.

Cuando al indio le reclamaban la culpa que tenía en el fétido percance, serenamente decía: “Lo comiste sin orear “mientras por dentro su alma echaba el gato a retozar de puro pinche gusto. . .

¿Serían estas bromas inspiradas por el diablo para festejar su nueva nacionalidad. . .?

Mientras tanto, en estos cuentos notará el lector que en todos hay diablo encerrado. . .

Desde el Real de Pánuco en Sinaloa, hasta el de Real del Castillo, Baja California pasando por el Real de Álamos en Sonora, los cazadores y los arrieros nos exhiben testimonies fehacientes de la presencia del diablo en estas latitudes, los cuales el autor cree a pies juntillas. .. ¿Usted no lector?.. .

Así pues, nuestro diablo se escondió los cuernos dentro de un sombrero de palma; le arriscó las alas por los lados, “a la sinaloense ” de tal manera que, terminaran en punta sobre la frente —al tantéo— casi en medio de los ojos de chivo que, recordaban al tío Marcial; que murió fiel a su destino, sin soltar la botella de mezcal hasta que el alma saliósle por los hoyos del cuerpo, con el último suspiro.

 

Desde entonces vaga por el noroeste y para constancia de sus correrías firman los testimonios; veraces cazadores, solemnes arrieros, que, desde el Real de Pánuco Sinaloa, hasta Real del Castillo en Baja California, pasando por el Real de Álamos Sonora, afirman y confirman la existencia del Demonio, como uno más entre nosotros.

Si alguien dudara de lo que aquí se dice, queda la tradición oral que prueba y comprueba que, el diablo se llevó un obispo y nadie que se respete dice lo contrario.

Y para mayor constancia, el diablo es tan diablo que ni diabla conocida tiene y recuérdelo bien.

El chisme; es la microhistoria oral de los pueblos y ella, jamás se equivoca…

 

Tomado del libro; Entre Pujidos y Angustias, compiladores José María Figueroa Díaz y Nicolás Vidales Soto, Culiacán, Sinaloa, 1993

 

 

Cuento Las huellas de Satanás

Las huellas de Satanás, cuento sinaloense

 

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Las huellas de satanás
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Cuento hecho en Sinaloa-México con el tema de la figura de satanás

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