Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa México

 

LA VILLA DE SAN SABASTIÁN

 

Francisco de Ibarra, el más joven de los conquistadores españoles nació en Güipuzcoa, España, probablemente el año de 1539. Vino a la Nueva España protegido por su tío Diego de Ibarra, rico minero que financió las expediciones de su sobrino, el cual salió por primera vez de Zacatecas en 1554; y como decíamos, después de fundar Nombre de Dios y Durango, ya con el carácter de Gobernador de Nueva Vizcaya, pasó a Sinaloa el año de 1564; ayudado por Pedro de Tovar pacificó con diplomacia y valor a los zuaques y tehuecos, fundando la Villa de San Juan Bautista de Carapoa; de regreso en la Villa de San Miguel de Culiacán, Ibarra recibió la ayuda nuevamente de don Pedro Tovar; y como la región de Chametla había sido abandonada por los españoles cuando los xiximes destruyeron la Villa del Espíritu Santo, Ibarra decidió conquistar la provincia de Chametla para la Nueva Vizcaya; y después de haber derrotado a los xiximes en algunos combates se apoderó de la provincia de Chametla, la que agregó a la Nueva Vizcaya.

Estando en estas circunstancias tuvo conocimiento de la existencia de ricos yacimientos mineros en la zona donde hoy existen las poblaciones de Concordia, Copala y Pánuco, región que pacificó y, para cimentar su gobierno y apacentar a los indígenas fundó el 20 de enero de 1565, la Villa de San Sebastián.

Hecho tan importante lo reseña el cronista Andrés Pérez de Ribas en las siguientes líneas: “Habiendo dispuesto el gobernador Francisco de Ibarra todo lo relativo al establecimiento de San Juan Bautista de Carapoa, salió de la provincia con la demás gente que le acompañaba, apresurando la partida por una nueva que le llegó de que en Chametla se habían descubierto unas minas muy ricas de plata. Salió a poblarlas y fundó junto a ellas otra villa que llamo de San Sebastián. Estas minas dieron al principio grande riqueza, pero con el tiempo fueron aflojando y se acabó su prosperidad”.

El historiador Baltasar de Obregón relata el hecho con más énfasis, y en el capítulo XIX de su Historia de los Descubrimientos Antiguos y Modernos de la Nueva España, dice: “Después de haber conquistado y pacificado la provincia de Chametla el gobernador Francisco de Ibarra, con tan cristianos pacíficos y concertados medios, hizo llamamiento general a los principales y mandones de los naturales, provincias y así mismo practicó con todos los soldados que se determinasen de lo que acordaban hacer en lo tocante a el avecindarse en aquella provincia y lo restante en la ida a los descubrimientos nuevos que había de hacer, porque su determinación y acuerdo era fundar una villa en aquella provincia y repartir los pueblos en los que quedasen avecindados en ella. Asimismo rogó a Hernando de Trejo con mucho amor, comedimiento y ofrecimientos honrosos que quedase en aquella provincia y villa que quería fundar, por su sustituto, justicia mayor y su lugarteniente para que con su buena industria, solicitud y cuidado la amparase, aumentase y definiese con el acrecentamiento y defensión necesaria a su utilidad y provecho. Hernando de Trejo se escusó capitulando y pidiéndole se con cediese cosas y casos necesarios a la utilidad y provecho de la congregación pro y asiento de la provincia y vecinos de ella, escusando danos y penosos inconvenientes, todo lo cual fue bastante razón para su escusa mayormente que se le ofreció servirle sin cargo porque no se atrevía a gobernar y mandar estando tan necesitado y era caso penoso en tierras nuevas y desproveídas de lo necesario y sin socorro de la real hacienda por cuya causa no podía compeler ni apremiar a los que quisiesen asentarse; y asimismo quería saber e inquirir la voluntad de los que estaban determinados de quedar por vecinos y la pretensión de la gratificación de sus servicios. Ibarra le replicó, obligándole con mayores ofrecimientos y obligaciones forzosas al servicio de Dios, Nuestro Señor y de la Real Corona. Mándole que se juntase con los soldados y todos juntos oyesen una misa ofrecida al Espíritu Santo al cual con mucha devoción pidiesen y suplicasen les alumbrase los entendimientos para que de su junta y acuerdo saliese acordado lo que más fuese y conviniese a su santo servicio y a la utilidad, aumento y provecho de los naturales y congregación y fundamento de la villa que se pretendía fundar y principalmente en la conservación de la paz, concordia y conversión de los naturales al gremio y obediencia de nuestra santa fe católica y a que los aparte de sus bestiales, ciegos y abominables vicios y pecados y fuesen enseñados y concertados en justicia, moderación policía y cristiana vida. Oída la misa se juntaron en una casa. Hernando de Trejo les ofreció su persona y buena amistad con mucho amor y buenos comedimientos y con promesa de acudir a la utilidad, provecho y amparo de sus personas, casas y haciendas. Los soldados se lo agradecieron correspondiendo a las mismas promesas, obediencia y fidelidad en todo lo que les mandase; rogáronle con mucho encarecimiento, amor y comedimiento que aceptase el cargo de Teniente de Gobernador el cual les respondió lo haría por darles contento con que aceptase Ibarra las Capitulaciones que de su junta y acuerdo saliesen, pues era justo prevenir las cosas y casos necesarios para evitar y repararse de los inconvenientes que les pudiesen impedir el asiento y comunidad de la villa y congregación nueva. Agradeciéronle sus buenas voluntades.

Añadíosle Francisco de Ibarra ayuda de más armas, caballos, municiones, ropa, herraje y calzado, todo en cantidad y con esta buena prevención orden y concierto fundó Francisco de Ibarra la villa a la cual nombró por abogado a San Sebastián porque fue fundada en su día 20 de enero. Eligio alcaldes y regidores, repartió los pueblos, tierras en encomiendas huertas y solares a cada uno conforme a su calidad servicio y mérito.

Mandó instruir y ensenar a los naturales el uso y ejercicio de nuestra santa fe católica; bautizó Fray Pablo Acevedo muchos principales mandones, muchachos y muchachas y encargó y amonestó a los principales la paz y concordia y conformidad a los cristianos y lo mismo con los de su comarca con quien antes de ser cristianos traían guerra y muy encarecidamente con amenaza que no comiesen carne humana y que conociesen a sus encomenderos a los cuales les dio a conocer a cada uno en particular. Hizo Ibarra una cristiana amonestación y platicas a los vecinos de la nueva villa, díjoles que pues Dios, Nuestro Señor, había sido servido de hacerles merced que por sus trabajos y buenos servicios habían alcanzado fruto y numeración de ellos y alcanzado merecimiento y gratificación de rescate y salvación de las almas que se habían de salvar y que considerasen el título que les obliga a la conservación de la concordia, y paz entre ellos y los naturales; lo cual es conocido su precio, valor y estima como lo afirma y dice el bienaventurado Santo Agustín. Siguió diciéndoles: Que de la paz nace gran claridad en el entendimiento, quietud en el alma, simplicidad en el corazón y una correspondencia de amor acompañada con caridad. Esta quita las enemistades, ataja las guerras, corrige la ira, desecha a la soberbia, da quietud a los humildes, ataja las discordias, pone en amistad a los que mal se quieren, aumenta y crece el estado de las personas y de las Repúblicas, es instrumento de toda honestidad, acarrea frutos y riquezas, gánase con ella la gracia de Dios y de los Reinos, echa de sí toda avaricia, añade honra a los muy honrados y a los que no lo fueren les da nuevo ser para que lo sean, incita el ánimo de cada uno para el servicio de Dios y en fin, la paz es un bien que todos le apetecen y le querían, por tanto quién la alcanzare la guarde y quien la tuviere perdida que procure de cobrarla y al fin el bien de ella es para la consagración del feliz estado, dando la forma, la orden y los medios que se habían de guardar para atajar las discordias y guerras y enemistades y enojos y disensiones y juntamente con guardarla, estimarla y ponerla por obra conservasen lo ganado siendo en todo buenos cristianos temerosos de Dios y obedientes a la real justicia”.

Dice el propio historiador Baltasar de Obregón que vecinos y naturales agradecieron al capitán Francisco de Ibarra sus conceptos y consejos y lo acompañaron en manifestación hasta que salió de los límites de sus tierras.

Francisco de Ibarra, volvió a San Juan Bautista de Carapoa y se internó a Sonora. De Sonora sus huestes atravesaron la Sierra Madre internándose en terrenos de Chihuahua, habiendo llegado hasta Casas Grandes, de allí se regresó a la Villa del Espíritu Santo de Chametla y se radicó en la Villa de San Sebastián dedicado a la minería, explotó los minerales de Charcas, Copala y Pánuco; sus últimos días los pasó en Pánuco en donde una muerte prematura, (ya que sólo contaba el capitán 36 años) cortó la existencia constructiva de Francisco de Ibarra el 17 de Agosto de 1575, habiendo sido sepultado en la iglesia de Pánuco.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 78, páginas 14-17.

 

 

San Sebastián mártir

San Sebastián mártir

 

Summary
Article Name
La Villa de San Sabastián
Author
Description
La historia de la antigua villa sinaloense, en el hoy municipio de Concordia

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*