Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa México

 

 

LOS ORÍGENES DE LA VILLA SAN MIGUEL DE CULIACAN

 

Por: Hector R. Olea Castaños

 

Cuando el historiador don Eustaquio Buelna, en 1887, escribió el fascículo: “Peregrinación de los Aztecas y Nombres Geográficos Indígenas de Sinaloa”, todavía no se conocían los importantes estudios científicos sobre Prohistoria, Prehistoria, Petroglifos y Pinturas Rupestres, Lexicografía, Etnología y Antropología, para determinar, hasta donde fuera posible, los orígenes de la villa de San Miguel de Culiacán.

“Los aztecas llegaron a Culiacán -aseguró el señor Buelna- el año ce-tec-patl 648, según se deduce del jeroglífico del Museo (Nacional), pues, si la situación de los signos indica algo, allí está colocado el cronológico respectivo no en la isla de donde aquellos salieron, sino enfrente del cerro torcido que expresa a Culiacán, y ya fuera de las aguas que rodeaban el punto de partida. Además, si ellos, como lo creo, vinieron de la Atlántida, es más seguro en este supuesto atribuir la fecha citada a la llegada a Culiacán, que a la salida de Atlatlán…” Y el mismo autor aceptó como verdadera teoría de las inmigraciones asiáticas, a través del Estrecho de Behring, como el origen de los indios de América.

El doctor e ingeniero Alberto Escalona Ramos, ilustre amigo ya desaparecido, sobre este asunto categóricamente afirmó: “El hombre de América procede principalmente del suroeste de Asia, de donde empezó a trasladarse cuando, más que una diferenciación racial había ya una diferenciación idiomática”. Y después agregó: “¡Cuánto daño le ha hecho a los estudios antropológicos de América el que ve los mapas y no conoce la realidad de los que representan en el suelo, que hayan visto tan cerca América y Asia en el Estrecho de Behring! Sin tal (prejuicio) hace mucho tiempo que se habría de explicar por qué casi todos los pueblos de América, quizá con excepción de los esquimales, han llegado a ésta atravesando el Océano.

Por otra parte, el señor Buelna, no obstante que observó que el lugar quedaba “enfrente del cerro torcido que expresa Culiacán”, al explicar su etimología indígena, erróneamente, dice: “Culiacán, de coloacán, compuesto de coloa, verbo que significa rodear camino y la terminación verbal cán, que indica localidad, significando: lugar donde el caminante torció camino. Lo mismo significa Colhuacán, compuesto de colochtli, rodeo, la partícula posesiva hua, y la posposición cán. el nombre de Huey-colhuacán que se le daba desde la antigüedad, parece referirse a la circunstancia de haber sido la primera Colhuacán, comparada con la población del mismo nombre en el Valle de México, a la que se le dio también después y en recuerdo de aquella. Colhuacán tenía por jeroglífico un cerro torcido en la cima, representación fonética de ese nombre”.

El doctor don Cecilio A. Robelo aclaró la etimología indígena de Culhuacán, esto es, Culiacán, que es un vocablo del idioma azteca compuesto de Col-hua-cán o Cul-hua-cán de la manera siguiente: Col es Coltzin, nombre de un dios; hua, que tienen; cán, lugar; en consecuencia quiere decir: “Lugar de los que tienen (adoran) al dios Coltzin”.

“Si alguna duda (explicó Robelo) pudiera caber en la interpretación gramatical, ésta desaparecería con la vista del jeroglífico (refiérese al Códice Mendocino): consistente éste en un cerro con una cabeza humana en la cima, torcida o muy inclinada hacia delante; esa cabeza torcida, inclinada, es Coltzin, el dios que dio nombre a una tribu nahuatlaca colhua, y ésta al pueblo de su residencia”.

Analizó también, el mismo sabio nahuatlaco, el nombre del dios Coltzin, compuesto de coltic, torcido, y tzin, expresión de reverencia, es decir le llamaban: “El Torcidito”.

 

Es necesario aclarar que en las viejas teogonías indígenas se atribuía gran valor mágico a las personas deformes, enanos, jorobados o “xolomes”, cojos, torcidos, hombres con los pies zopos, adefesios, fenómenos, seres macro y micro-céfalos a quienes se les consideraba poseídos de poderes sobrenaturales y eran consejeros de los hechiceros y reyes, por este motivo los nahuas tuvieron un dios cojo como Tezcatlipoca y otro torcido, Coltzin.

En virtud de que ese nombre genuino del idioma azteca de Colhuacan o Culhuacán se compone de colhua o cuhlua, y de cán, lugar, se usó en forma genérica y significó: “Lugar de los colhuas, esto es, habitado por la tribu colhua, generalización que explica por qué hubo ranchos Culiacanenses en el trayecto de la peregrinación.

“Desde Culiacán, en Sinaloa, hasta Colhuacán, la antigua rival de México -gloso Gutierre Tibón-, se encuentran varios Colhuacanes, cerros con la cumbre torcida consagrados a una deidad omnipotente y misteriosa”.

El referido escritor italiano pretende encontrar una relación entre el vocablo azteca y el cerro de Jicuco cercano a Tula; al igual recuerda que en el hoy Estado de Hidalgo existe una ranchería llamada Colhuacán; otro Culhuacán con cuevas, descubrió Escalona Ramos, en un cerro encorvado en la cúspide, en la vega de Metztitlán; afirma que de otro Culhuacán habla el nieto de Moctezuma, Tezozómoc, quien escribió sus crónicas a fines del siglo XVI; el mismo Tezozómoc refiérese también a Culhuacán-Xalixco, que el autor sitúa al sur de Tepic, y los más recientes, en Guanajuato, San Isidro Culiacán y San Agustín Culiacán, haciendas en las cercanías de Cortazar, nombres quizá por influencia del elevado y volcánico cerro de Culiacán.

La primera población indígena fundada por los culhuas se llamó Huey-colhuacan o Teocolhuacán, de donde procede el diminutivo de Culiacancito, también localizado en Sinaloa, la ciudad azteca se supone que estuvo tres leguas debajo de este lugar.

En este adoratorio establecieron la divinidad a Huitzilopochtli; de 648 a 650, según las crónicas, un sacerdote, guerrero, hechicero y nigromante, que se transformaba en colibrí para dictar sus presagios, les dijo: “Él los había sacado de Aztlán, que sería su dios para protegerlos y llenarlos de beneficios y que él los llevaría felizmente a su destino”.

El nombre de este dios se compone de huitzilin, colibrí; opochtli, izquierdo, siniestro: “Colibrí siniestro”; también los conquistadores le llamaron “Vichilobos”.

En el siglo XVI la expedición de Nuño Beltrán de Guzmán, que salió de la ciudad de Tenoxtitlán (México), el 21 de diciembre de 1529, llegó a la antigua estación de los culhuas, es decir a Culiacán, nombre que en esa época se aplicaba a toda la Provincia, y el fiero conquistador fundó, en el Valle del Río de San Lorenzo, la población que llevó el nombre de San Miguel de Navito, transladada después un día de San Miguel -29 de septiembre probablemente de 1531- puso, como era costumbre, bajo la advocación de este santo la nueva fundación española y le dio también el nombre de Culiacán, que tenia la población indígena.

El conquistador Nuño Beltrán de Guzmán formó así la villa de San Miguel de Culiacán, acompañado por Diego de Mendoza, los Baeza, los Ibarra, Juan de Bastida, Álvarez, López Utrera, Ávila y Maldonado, Cordero y Alcaraz, fungiendo como capellán de la ceremonia religiosa el Bachiller Gutiérrez.

Por la enemistad de Nuño Beltrán de Guzmán con el Capitán General de la Nueva España, Hernán Cortes, nunca se le otorgó a la población la cedula Real, dándole el título de villa con todos sus privilegios y, por el contrario, existen documentos donde el Rey de España, a principios del siglo XIX, negó reconocerle la categoría de Villa, que de hecho tenia la población desde la época.

 

El Muy Magnífico Señor don Nuño Beltrán de Guzmán, fundador de la poblazón española de la villa de San Miguel de Culiacán, era de Guadalajara, España, togado en Derecho, Gobernador de Pánuco, Presidente de la Real Audiencia de México y Conquistador de la Nueva

Galicia.

Acusado de cometer crueldades con los indios, Nuño de Guzmán, fue confinado a Torrejón de Velasco, pasó a Valladolid donde finó su azarosa vida, en el más completo olvido, por el ahí de 1550.

 

En la famosa “Tira de Tlaxcala” se pintó a Nuño de Guzmán a caballo y en el cielo una culebra, símbolo de destrucción, porque era como el Dios Sol: “que mata al fantasma de la noche y ahuyenta al ejercito de las estrellas”.

 

Rumbos Nuevos No. 6 septiembre de 1961.

 

 

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

Villa de San Miguel

Villa de San Miguel de Culiacán; catedral

 

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Los orígenes de la Villa de San Miguel de Culiacán
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Descripción histórica de la antigua Villa de San Miguel de Culiacán, hoy capital del estado de Sinaloa

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