La vaca perra

September 8, 2014

 

Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

LA VACA PERRA

 

Por: Dámaso Murúa

 

Jandón y yo fuímos a la asamblea de la Cooperativa, porque nos juntamos arriba de un camión ahuacalado, treinta que éramos entonces todos, y ahí me dijo que ya no tenía carne que vender en el abasto.

—Yo tengo una vaca ques perra le dije, riéndome.

— Hombre, véndemela.

Nos interrumpió la platicada Güilín, diciéndome que los estatutos no los escribimos con tinta y por eso todos andábamos en desorden, allá en la pesca del camarón. Las batangas olorosas sólo las cobra el español chaparrito pero centavero, que se aprovecha de las ignorancias de los atarrayeros. Dijo Güilín, que ya estaba bueno el empulle y que los vales grandes de muchas toneladas de camarón, se cobraran a precio de billetes y no de cacharpas. Bien dicho que lo dijo Güilín, y yo lo aprobé con un salivazo que escupí de lado, haciéndome a la derecha el puro apagado que ya nomás era bachicha.

Jandón vende carne en el mercado, pero ahora que las cornudas están escasas y f lacas, nadie quiere vender ni becerro boludo. A la mejor se queda sin chamba y luego andará haciéndome la competencia con el acordión, yo que lo toco tan bramador y barato. Toco por gusto.

—Véndeme la vaca, Güilito.

— ¿No te dije ques perra?

—Yo se lo quito. Nomás la cuelgo en los fierros y ya verás que destaza da los mugidos bravos se le acabaran, porque la cabeza se la vendo a las menuderas.

— Entonces vete mañana pa mi casa.

Yo llegué anocheciendo cuando el café negro lo servía mi vieja, la Chona, y la cena era una lisa tatemada con salsa’ brava de tomate verde. Las tortillas calientitas estaban en el comal, del nixtamal que les había molido en su molino tronador, don Enrique. Luego me serví una caliente, con lonjas gordas y mantequeras. La lisa olía a río, al agua de Caligüey, donde la anzuelié por la mañana, antes de venirme de baliar a los borregones que se comían el camarón. Malditos tragones los aludos. Cuando me serví los frijoles refritos le dije a la Chona:

— ¿Vendemos la vaca, Chona?

— ¿De qué sirve que la vendamos? Y me vió con desconfianza como que yo venía de la calle con tequila o con mezcal. No sirve pa nada, ¿quién te la compra?

— Jandón me la quiere comprar.

— Pues véndesela, porque así engordamos con los machihuis al cochi.

Al día siguiente me despertaron mis hijas, acabándome los sueños camaroneros y liseros, y le ví la cara al Jandón.

—Venimos por la vaca, a ver si es tan perra me dijo.

Porque no venía solo. Traía caminando detrás de él a un buey pinto, con cara de cura enojado, contentos los dos como si fueran a una fiesta. Me levanté y me encalzoné con manta larga y arrugada y salí a la cocina.

— ¿Ontá la vaca, Chona?

— Por ahí anda, por el patio.

Voltié a ver al Jandón que ya se venía con el calabrote listo pa lazar a la vaca.

Le grite: vaca toma-toma vaca, y la perrita se vino coliando la cola, alegre como vieja.

— Aquí está la vaca, Jandón.

— Pero no es vaca, Güilo.

— Yo te dije que era una perra la vaca, no te hagas.

Se regresó cursiento del coraje, a su casa. Después me contaron que se varó en la cantina del Chivas y que no se la cortó ni cuando mató al buey tonto que Ilevó ese día.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 3, página 32.

 

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El Güilo Mentiras; la vaca perra

 

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La vaca perra
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La aventura del Guilo Mentiras donde vende su mascota

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