Historia de Sinaloa

 

LA UNIVERSIDAD DE SINALOA Y SU HISTORIA

 

Por: Héctor R. Olea

Liceo Rosales. Esta institución, con los antecedentes citados, se fundó también en el puerto de Mazatlán, por decreto número 42, aprobado por el Congreso Constitucional en su sesión del día 27 de diciembre de 1872 y autorizado por los diputados: Lic. D. Francisco Gómez Flores, D. Carlos M. Escobar y D. Adolfo Vizcarra.

Era Don Ángel Urrea, vicegobernador, encargado del Poder Ejecutivo, por ausencia del gobernador constitucional, Lic. Don Eustaquio Buelna que se encontraba en la ciudad de México.

El Liceo Rosales recibió la expresada denominación en homenaje al héroe de la batalla de San Pedro, señor general Don Antonio Rosales, originario de Juchipila, Zacatecas (nació el 11 de julio de 1822), estudiante en Guadalajara abandonó las aulas para servir a la patria, poeta de brillante inspiración es celebre su poema ¡Quién es Dios!, periodista redactó los semanarios de oposición: El Cantarito y El Pandero, en Sinaloa sostuvo una erudita polémica, en La Bandera de Ayutla, contra el padre D. Miguel Lacarra sobre la famosa encíclica dirigida por Pío VIII a los mexicanos, combatió en Mazatlán a la escuadra comandada por Mr. Lee Normand de Kergrist, en el sur a Manuel Lozada “El Tigre de Alica” y, por su patriotismo y valor, logró que Culiacán fuera la única capital de estado que no pisó el invasor, murió Rosales, en forma heroica, en el Mineral de Álamos, el día 24 de septiembre de 1865.

El citado Liceo fue instituido con el carácter de colegio destinado a impartir enseñanza secundaria en un ciclo de tres años, la junta directiva de estudios, quedó integrada, el día 23 de abril de 1873, en la forma siguiente: presidente y primer rector, Lic. Don Francisco Gómez Flores; vicepresidente, Lic. Don Jesús Betancourt; secretario, Don Domingo Valencia y prosecretario, Dr. Don Mariano Zúñiga.

El ilustre Lic. Gómez Flores (padre del literato del mismo nombre) rector del Liceo Rosales era originario de la ciudad de México; pero desarrolló en Sinaloa una labor eficaz en materia de educación.

El plantel instalado en el edificio que años antes ocupó la Tesorería General del Estado y propiedad de la Casa Echeguren (manzana comprendida entre las actuales calles Escobedo y Constitución, Avenida Venus y Olas Altas) se inauguró con toda pompa oficial hace noventa años el día 5 de mayo de 1873.

Después de este centro educativo se cambio a la casa ubicada en la contraesquina de la Plaza Machado, que rentó la señora, D. Estéfana Galindo y concluyó sus labores escolares en el mes de diciembre de 1873.

D. Ángel Urrea obedeció instrucciones del gobernador Lic. Buelna para la fundación del Liceo pero al regreso del gobernante se acordó trasladarlo a la ciudad de Culiacán, capital del estado, y modificar sus planes de estudio.

El señor Urrea era descendiente de ricos mineros de la Purísima Concepción de los Álamos y también, entre sus antepasados, hubo un capitán de milicias y algunos caudillos del federalismo en Sinaloa.

Colegio Nacional Rosales. En los tres meses siguientes se estudió la nueva reorganización de la institución educativa, que se reinauguró el día 17 de marzo de 1874, con la asistencia de las autoridades y del gobernador constitucional de Sinaloa, Lic. Don Eustaquio Buelna. El festival comenzó con un trozo de la opera Marta, que cantó al piano la preceptora Quintanar; discurso del director del colegio, D. Ismael Castelazo; canto del Miserere del Trovador por la señorita Ignacia Espinoza de los Monteros; el señor gobernador dio lectura a otro discurso; la señorita Alejandra Amezcua, cantó el aria del Trovador Tacea la notte placida; la banda ejecutó varias piezas de música dirigida por el señor Leal.

Esta institución ocupó una casa propiedad de la señora Manuela Fernández de Rojo, después del dominio del señor D. Francisco M. Andrade (en la esquina sureste del cruce de las actuales calles Ángel Flores y Avenida Morelos) en la ciudad de Culiacán.

De este lugar pasó al edificio que se destinó a palacio de gobierno (calle Rosales), llamado entonces La Tercena, donde habíase establecido el estanco de tabacos, finca adquirida por el clero y denunciada por D. Ángel Fabela, prefecto político, a quien se le adjudicó y rentó el segundo piso para el colegio y se reservó para habitación la planta baja, después este inmueble lo adquirió el Dr. D. Ramón Ponce de León, persona que lo vendió al gobernador Ing. D. Mariano Martínez de Castro, en la cantidad de tres mil pesos, en febrero de 1882.

En el citado año se ocupó la casa por los poderes del estado, con algunas reformas y se trasladó el plantel al Mesón del Refugio, en la esquina de las calles Hidalgo y Constitución (hoy general Juan Carrasco), que entonces se llamaba Callejón del Beso.

Del sitio antes mencionado se cambió la casa de estudios al Mesón de San Carlos, que el gobierno del general D. Francisco Cañedo compró en ocho mil pesos al señor Lic. D. Basilio Avina, situado en las calles del Águila y Libertad (hoy general Rafael Buelna) y, por último, de este lugar se cambió al edificio que en la actualidad ocupa la Universidad frente a la Plaza Antonio Rosales.

El primer director del Colegio Nacional Rosales, señor D. Ismael Castelazo, era un viejo educador y periodista originario de Guadalajara, Jalisco, en esa época organizó en Culiacán la Sociedad Científica Literaria centro del movimiento intelectual que publicó el órgano Adelante y El Porvenir de Sinaloa periódicos en que se exponían, en sus páginas, trabajos importantes sobre diversas materias como la educación de la mujer y artículos en relación con las ciencias naturales.

Este grupo liberal que aportó importantes ideas para la historia política de la región se formó por el Dr. D. Ramón Ponce de León, ilustre poblano que llegó a Sinaloa en 1870 y ocupó con brillo una cátedra en la institución; el historiador sinaloense D. Francisco Armienta; el Ing. D. Luis G. Orozco, quien publicó su obra: Introducción al estudio de las matemáticas para uso de los alumnos del Colegio Nacional Rosales; artículos regionales de D. Ángel Urrea; la traducción de Los Derechos del Hombre por Mr. Eugenio Pelletan hecha por el jalisciense Lic. D. Ladislao Gaona; Apuntes Geográficos de Sinaloa por el Lic. D. Eustaquio Buelna; poemas del poeta y periodista D. Pedro Victoria; comentarios jurídicos por el Lic. D. Jesús María Gaxiola y colaboraciones del Lic. D. Francisco Javier del Castillo Negrete y D. Carlos F. Galán, D. Luis del Castillo Negrete, D. Francisco C. Alcalde, D. Luis Álvarez León, D. Ernesto Peláez, D. José Ferrel, Dr. D. Juan Jacobo Valadés, D. Jesús López Portillo, D. Darío Elenes Gaxiola, D. Ignacio Gastélum, D. Ángel Beltrán y D. Casimiro Alvarado.

La idea motriz del Lic. Buelna, al fundar el Colegio Nacional Rosales era contrarrestar las cátedras conservadoras del Seminario Nacional y Tridentino de Sonora y las prédicas iracundas del obispo Loza y Pardavé.

Creo necesario exponer los principales datos biográficos del fundador del colegio; Buelna nació en un medio rural —Mocorito— el 30 de septiembre de 1830. Fue hijo de D. José Miguel Buelna, acomodado comerciante y de doña Estéfana Pérez. Estudió en el Seminario Nacional Tridentino de Sonora y en la Universidad de Guadalajara donde se graduó de Licenciado en Derecho, en 1855. En plena juventud vivió las inquietudes de las ideas positivas del Plan de Ayutla.

Se initio, Buelna, en el mundo de las letras a través del periódico, La Bandera de Ayutla que apareció en la ciudad de Culiacán en febrero de 1856, editado por D. Antonio Rosales, D. Miguel Ramírez (hermano del “Nigromante”), D. Mariano Romero y D. Francisco Cortés.

Al triunfo de la Revolución de Ayutla desempeñó varios cargos públicos en el estado: prefecto de Culiacán (1885), juez de primera instancia y diputado al Congreso Local.

Casó el señor Lic. Buelna con la señora doña Dolores Medina a principios de 1862 de cuyo matrimonio nacieron: un hijo, D. Alejandro (también abogado) y dos hijas doña Dolores y doña María Guadalupe, estas últimas residentes actualmente en la capital de la República.

Durante la Intervención Francesa formó parte el Lic. Buelna de las fuerzas del célebre guerrillero D. Plácido Vega y pronunció un encendido discurso, en la ciudad de Culiacán, con motivo del aniversario de la consumación de la Independencia, que ocasionó su prisión por orden del general D. Domingo Rubí, gobernador y comandante militar, el día 27 de septiembre de 1866.

Cultivó el señor Buelna una amistad estrecha con el benemérito Lic. D. Benito Juárez, quien le regaló una silla de montar, según se asegura, con la siguiente dedicatoria grabada en plata: “Al Sr. Lic. Don Eustaquio Buelna, representante de las ideas liberales en Sinaloa”, galantería que correspondió el escritor sinaloense llevando al señor Presidente de la República algunas piezas de exquisito queso y “chilorio” de Mocorito, que el connotado político oaxaqueño “hizo probar a sus más allegados colaboradores y en ellos despertó los más elogiosos comentarios”.

En 1873, en unión del señor D. Ismael Castelazo el Lic. D. Eustaquio Buelna redactó el mencionado periódico: Adelante, órgano donde aparecieron, por primera vez, sus apuntes geográficos, artículos económicos, históricos, comerciales y hacendarios y redactó también El Correo de Occidente, en compañía del señor Ing. D. Antonio Moreno.

D. Eustaquio Buelna fue gobernador constitucional del estado (27 de septiembre de 1871 a 23 de enero de 1872) su gobierno estuvo inestable en Mazatlán, Culiacán, Mocorito, El Fuerte y obligado, por la revolución de los sufragistas, salió a Sonora a pedir ayuda al general D. Ignacio Pesqueira para sostener el juarismo en el estado.

Pesqueira invadió a Sinaloa con sus fuerzas y obtuvo el exterminio de los sufragistas; pero no pudo restituir en el poder al Lic. Buelna debido a que el general Rocha llegó a Mazatlán y declaró “el estado de sitio”, designó al general Rubí, comandante militar y gobernador del estado y Buelna, al respecto, asegura “que calló por una exigencia de patriotismo”.

Su gobierno se mantuvo en un ambiente hostil, en consecuencia a la amnistía de los pronunciados de la Revolución del Sufragio Libre y a la llegada a Sinaloa del general D. Porfirio Díaz; pero no obstante el señor Buelna ocupó de nuevo el gobierno (1 de marzo al 7 de mayo de 1872) y, por segunda vez, tuvo que volver a la ciudad de México obligado por la inseguridad del poder público y dejó en su lugar a D. Ángel Urrea.

Después de la muerte del presidente Juárez, por tercera vez, tomó el Lic. Buelna el gobierno (del 5 de febrero de 1873 al 11 de mayo de 1875) y amplió la magna obra cultural, iniciada en Mazatlán, con la reinauguración del Colegio Nacional Rosales.

El gobernador Buelna personalmente redactó el nuevo proyecto y los planes de estudio, con un cariño admirable levantó aquella atalaya para contrarrestar las doctrinas conservadoras y la enseñanza teológica del Seminario Nacional Tridentino de Sonora; pero además, visionario, observó el aislamiento de la región de las fuentes culturales de Durango, Guadalajara, Morelia, Toluca y México, estimó la falta de recursos económicos de la juventud para educarse y la urgencia del establecimiento de una institución educativa donde florecieran los talentos de aquellas lejanas provincias.

El gobierno buelnista, tormentoso, accidentado, pródigo en vicisitudes por un verdadero prodigio —el talento de Buelna— mantuvo su predominio en Sinaloa, con frecuencia era acusado de “delitos oficiales” por el periodista D. José Cayetano Valadés.

Buelna, historiador certero en sus juicios: patriota, al relatar los episodios para la Historia de la Guerra de Intervención en Sinaloa; metódico y científico, en sus apuntes geográficos, lingüísticos, prehistóricos y en sus obras: La Atmosfera y La Atlántida la última Tule.

D. Genaro Estrada, al prologar sus anales, afirmó:

Buelna vivió intensamente estas efemérides y en ocasiones el giro de la frase es deshecho o desenfadado; en ciertos momentos apunta el hombre de estudio, celoso del detalle y la minucia y frecuentemente aparece el político dando rienda suelta a la pasión y lanzándose agresivo, contra sus enemigos.

 

Al comentar este juicio su hijo Lic. Don Alejandro Buelna, decíame:

Mi padre era altivo con el poderoso —a propósito de la afirmación del señor Estrada—, pero bondadoso con el débil. Nunca renegó de su veneración a Juárez ni aceptó someterse a los vencedores de Lerdo de Tejada, no obstante la amistad que tuvo con algunos porfiristas prominentes como los generales Don Ramón Corona y Don Bernardo Reyes.

En efecto, existen cartas del señor general Corona admirando el talento y la rectitud del Lic. Buelna y éste trató de descubrir, en el general Reyes, al futuro opositor del porfirismo y fue el primero en ceñir sobre la frente de Don Bernardo los laureles del héroe por su campaña de Villa Unión, juicio que expresó frente al destacado militar en un brindis el día 12 de febrero de 1881.

El escritor Buelna perteneció a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, a la Sociedad Antonio Álzate y a otras agrupaciones, científicas e históricas donde cultivó la amistad de D. Antonio Peñafiel, D. Antonio García Cubas, Dr. D. Cecilio A. Robelo y otros escritores.

El señor Buelna sirvió a su amigo el Ing. D. Mariano Martínez de Castro, gobernador constitucional del estado, el puesto de tesorero general de gobierno durante los años de 1880-82.

Creo necesario informar también que el Lic. Buelna tuvo una alta calidad de historiador, veraz y justo, en su obra: Apuntes para la historia de Sinaloa (1923), comentada por el señor Estrada, en ella aparecen algunas notas marginales escritas por el encargado de la edición, que expresa: “En blanco en el original”, “Una frase ilegible”, etc., cotejé el referido libro con el original en compañía de su hijo Don Alejandro Buelna y resultó que no existían tales omisiones, Don Eustaquio tuvo siempre la valentía de decir las cosas claras y señalar a los responsables de aquellos sucesos históricos que creyó de justicia combatir.

El Lic. Buelna adquirió una magnitud nacional como escritor y jurista, ocupó una curul en el Congreso de la Unión y desempeñó el cargo de magistrado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación desde octubre de 1866.

Combatió, hasta sus últimos años, al gobernador porfirista general D. Francisco Cañedo y a los reeleccionistas de su administración.

Buelna murió, en el abandono más completo, el día 30 de abril de 1907, en la ciudad de Culiacán, ante la indiferencia de los hombres públicos; pero legó a la posteridad el acervo de sus consultadas obras de historia y la fundación de la más venerable casa de estudios en el noroeste del país.

Fueron directores de la multicitada institución educativa las personas siguientes: Ing. Don Ismael Castelazo (1874-75), Ing. Don Luis G. Orozco (1875-92), Ing. Don Francisco Sosa y Ávila (1892-93), Dr. Don Ruperto Paliza (1893-1911), Dr. Don Jesús Moncayo (1911-15), Dr. D. Bernardo J. Gastélum (1915-16) y D. Epitacio Osuna (1916-1917).

El Ing. D. Mariano Martínez de Castro, gobernador constitucional del estado, por gestiones del tesorero de gobierno, Lic. Buelna, adquirió en Europa en 1883, instrumentos científicos de Física, Química y demás asignaturas para el Colegio Nacional Rosales.

El Dr. Paliza por dieciocho años prestó sus servicios a la institución, originario de la ciudad de México, becado por el presidente Juárez hizo sus estudios, sirvió de practicante especial al Dr. Lavista, recibió las Palmas Académicas de Francia y llegó a ser gobernador de Sinaloa.

El Colegio Nacional Rosales dio el fruto de las más brillantes generaciones: hidroagrimensores: D. Jorge R. Douglas y D. Rómulo Rico; educadoras, señoritas Mariana Valdez, Trinidad Dórame, Dolores Vega y Concepción Ocaranza; los poetas, D. Francisco de P. Vega y Florentino Arciniega; el escritor, D. Herlindo Elenes Gaxiola y los preceptores: D. Hilario Millán y D. Miguel Gutiérrez; licenciados en Derecho: Celso Gaxiola Rojo que llegó a gobernador del estado; D. Fidel C. Pujol, escritor; D. Francisco Elenes Gaxiola, historiador; D. Francisco Verdugo Falquez, cronista y literato; D. Ignacio Noris, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del D.F. (1916-19); D. Fortino Gómez, D. Pedro Zavala, D.I. Alfonso Gastélum, D. Enrique Moreno, D. Eduardo Salmón y D. Carlos C. Echevarría, magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (1919-25), y D. Eduardo G. Bátiz.

En su nómina aparecen los ingenieros: D. Ramón Ponce de León, elocuente orador, abnegado educador y periodista de cabal honradez y rectitud; D. Juan. L. Paliza, poeta y escritor; D. Francisco Sosa y Ávila, catedrático erudito; D. Alfonso M. Zevada, perito en problemas económicos y D. Manuel Rivas, gobernador interino del estado y senador de la República.

También salieron de sus aulas: Don Genaro Estrada, poeta historiador y diplomático; Lic. y general D. Fernando Cuén, orador y escritor; Dr. D. José Rojo de la Vega, eminente cirujano; Dr. D. Baltazar Izaguirre Rojo, fecundo e inspirado poeta; Lic. D. Juan B. Rojo (Jr.) internacionalista que formó parte de la Comisión Unida Mexicana-Americana (1915) y participó en las conferencias del Niágara; D. Jorge Flores D., historiador, y general Rafael Buelna, destacado revolucionario que abandonó sus estudios de ingeniero por unirse a la Revolución de 1910.

 

 

UAS

Universidad Autónoma de Sinaloa, logo

 

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*