Historia de Sinaloa, México

 

 

LA TRADICIÓN ROMÁNTICA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SINALOA

 

Por: Enrique Félix Castro

 

La Universidad de Sinaloa es un parto romántico de 1873. Nació en la boca de los fusiles urgidos de inmortalidad, al cruzarse la inquietud madura de Eustaquio Buelna y la victoria polvosa y sangrante del epónimo Antonio Rosales, surgió de la blanca matriz de la Reforma. Se meció en el pensamiento de Benito Juárez y se formó en la entraña de la Patria amanecida también de inmortalidad.

 

La Universidad es romántica porque es el albergue de la juventud. La juventud de Sinaloa que §e explica como el mayor espectáculo de sinceridad. La juventud del Noroeste de México que es la potencia de todo romanticismo, porque secreta la onírica suprema de la lucha simbólica de San Jorge y el dragón porque su alma está hecha del amor universal a la luna, de mares que no existen, de sirenas varadas y leyendas marinas, de estrellas polares y de lanzas cruzadas, porque su alma es una cárcel de párpados dormidos, de medusas cortadas, de banderas de piratas, de landas estériles y zamponas y corderos.

La juventud es romántica porque es intuición. Porque es balbuceo y sollozo. Tanteo y zozobra. Avance en la madrugada. Sacudimiento de albas y horizontes. Rompimientos de márgenes espirituales. Temblores de roció. Es el monstruo del ideal de todos los tiempos. Es la edad pura del corazón. Es ella, en su entraña golpeada de luces, donde radica el misterio de la santidad de Chuy Andrade.

“La capacidad emotiva de la juventud sinaloense, se revela en fuertes colores en la figura sentimental de Rafael Buelna, cabalgando el centauro de coraje de su pureza masculada en el alma de México, cuando despedazó la cancela rosalina, cuando prendió fuego a las tardes de Morelia y cuando cerró sus ojos en el sueño eterno de la Revolución”.

El contenido emocional universitario se demuestra en las frases de cristal de Juan Francisco López, guerrillero de la palabra, soldado del corazón, es el mejor resumen de la generación romántica de 1925. En el fervor de sus manos siempre se vió bien la hermosura de una flor, la rudeza del látigo, la canción desesperada y el significado de una bandera.

También tenemos a Genaro Estrada, el humilde Gutenberg de las imprentas de Culiacán, que un buen día se fue de nosotros, como un sonámbulo enamorado de la ciencia y del arte, pegando carteles literarios en todas las esquinas del mundo, y buscando la espuma de la conciencia de los hombres, para vaciar por fin, en su doctrina Estrada, la vieja espera de la libertad de América que ya empieza a romper la vergüenza secular de sus cadenas.

¿Quien no recuerda la algarada de Vésper? Aquel tropel de voces florecidas. Aquella marejada de palabras. La cantata de los muchachos de Vésper, tan siempre enaltecida de nubes y figuras de colores; tan turbada del ensueño de Amiel tan urgida románticamente de presagios que nunca se cumplieron. Los muchachos de Vésper, que no tuvieron pecho suficiente para su enorme corazón. Mirad, todavía flota, en la transparencia de la Plaza, en la conversación romántica de su voz atropellada, el perfume cortado de sus naranjos musicales y la emoción sin palabras de las novias cristalinas, que nunca sintieron el calor de un beso, porque todo era fragancia y claridad.

En 1932, cuando mi sangre nueva se agitó en la malicia de mis viejos maestros que me dieron la disciplina elemental de la idea comtiana, el Colegio Rosales era un arpa romántica suavemente pulsada por los ángeles diluídos de nuestra juventud. El ambiente rosalino estaba cargado de voces de pájaros y de dulces bandolines. Nuestras manos aprendían a jugar con las miradas de las muchachas y con la lumbre de las es¬trellas. Hicimos los primeros versos con el sol que se untaba sobre las bardas y supimos adormecer, con la guitarra entre los brazos, el sueño de la novia inmaculada que jamás volveremos a ver.

Un buen día, nomás porque sí, salimos a la calle con pendojes de coraje, gritando las palabras raras de un tal filósofo Carlos Marx. Nuestros maestros sonrieron patriarcalmente de aquel inusitado esplendor. Nos permitieron discutir con ellos las sentencias de Gabino Barreda. Nos presentaron sus renuncias. Nos dejaron aparentemente solos. Éramos los románticos retobados. Los inconformes. Los que producen las canas de sus maestros. Éramos aprendices de hombres en la ruptura de órbitas y latitudes. Éramos el viento animal del porvenir.

 

UAS

Fachada del edificio central de la Universidad Autónoma de Sinaloa

 

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La tradición romántica de la Universidad Autónoma de Sinaloa
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El pensador sinaloense expresa su sentir por el Alma Mater estatal

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