Historia de la Revolución Mexicana

 

NOTAS ACERCA DE LA REVOLUCIÓN EN SINALOA

 

Por: Gabriel Ferrer Mendiolea

 

El Plan de San Luis. — Al estallar la Revolución bajo el Plan de San Luis, comenzaron a organizarse en Sinaloa las llamadas “guerrillas”. Cerca de Culiacán comenzaron a operar Ramón F. Iturbe, su secretario Pablo Serrano, el minero Herculano de la Rocha, Pilar Quintero, Cipriano Alonzo, Antonio Franco, Herculano Vega. Por otros lugares, José María Cabañillas, Juan M. Banderas (excaballerango de Redo), Ramón Rangel Valenzuela. Por el rumbo de Cosalá, Claro Molina, Genaro Velázquez. Por el sur del estado, Juan Carrasco, los hermanos Osuna, Pomposo Acosta, Heredia, Justo Tirado, Gregorio Cuevas, Eugenio Damy.

 

La guerrilla de Claro Molina tomó Cosalá, después de once días de tiroteo, en febrero de 1911. En el mismo mes, Justo Tirado tomó Palma Sola; en marzo, Gregorio Cuevas se apoderó de El Palmar, Heredia de Llano Grande. El 13 de mayo Iturbe y Banderas, después de varios días de combate, tomaron Culiacán, derrotando al general Higinio Aguilar y al coronel Luis Morelos.

Entonces se formó en Culiacán una junta revolucionaria, que designó gobernador provisional de Sinaloa al licenciado Celso Gaxiola Rojo. Poco más tarde, hubo muy serias dificultades entre Juan M. Banderas y Ramón F. Iturbe, al grado de que éste estuvo a punto de partir a la Baja California, pero llegó a Culiacán el ingeniero Bonilla como mediador, comisionado por el señor Madero, que pudo apaciguar las rencillas.

Caída la dictadura y bajo el régimen del señor De la Barra, se formo un comité anticaciquista, cuyo secretario fue el del Club Democrático Obrero, José A. Velasco, el cual se presento a la Legislatura local a fin de que los diputados renunciaran sus cargos, lo cual no obtuvo. El licenciado Gaxiola renuncio el gobierno y tomo posesión del cargo el señor Juan M. Banderas el 7 de agosto de 1911, quien nombro secretario de gobierno al licenciado Rosendo R. Rodríguez; este recibió una comunicación del licenciado Emilio Vázquez, todavía como secretario de gobernación, cargo que renuncio el 2 del mismo agosto, en la que pedía a los clubes sinaloenses que desconociesen al señor Madero. Se efectuó una asamblea de los principales revolucionarios, que no llegaron a ningún acuerdo al respecto.

Se efectuaron elecciones para elegir gobernador y resultó triunfante el profesor José María Renteria, contrincante de Ferrel en 1909, quien recibió de Banderas el gobierno, el 27 de septiembre de 1911, para concluir el periodo de Cañedo, al cual faltaba un año como ya hemos visto.

El maderismo. —A los cuatro meses de haber tornado posesión de la presidencia de la República don Francisco I. Madero, se levantó en armas contra su gobierno el general Pascual Orozco en Chihuahua. El movimiento fue secundado en Mazatlán el 26 de marzo de 1912, donde se encontraba el gobernador Rentería, quien abandonó el puerto y se refugió en un buque; los alzados tomaron la ca¬pital del estado el 17 de abril siguiente, y fueron desalojados de ellas por las fuerzas gobiernistas el 6 de mayo, regresando a Culiacán los poderes del estado que se habían trasladado a Mazatlán.

El 15 de junio de 1912 la Legislatura de Sinaloa designó gobernador interino al general José Delgado. Fueron también gobernadores por unos cuantos días los médicos Ruperto L. Paliza y Enrique González Martínez.

Una vez hechas las elecciones constitucionales, el 27 de septiembre de 1912 protestó como gobernador don Felipe Riveros para el periodo que terminaría el 26 de septiembre de 1916. Pero fue interrumpido en el ejercicio del poder por la usurpación huertista, pues mientras se ponía de acuerdo con su grande amigo don José María Maytorena, gobernador de Sonora, fue aprehendido el 21 de marzo de 1913, bajo el cargo de querer levantarse en armas, y substituido en el gobierno por el general Antonio Legorreta.

La representación federal de Sinaloa en la 26a. Legislatura del Congreso de la Unión, electa en julio de 1912, la formaban enton¬ces: licenciado Francisco Verdugo Fálquez, Propietatio, y José de J. Moncayo, Suplente, por el distrito de Culiacán; J. Felipe Valle y Francisco C. Aragón, por Mazatlán; Carlos M. Esquerro e Ignacio Noris, por Concordia; y Pedro R. Zavala y Benjamín Trasviñas, por El Fuerte.

El Plan de Guadalupe.—Al proclamarse este plan, muchos de los antiguos soldados maderistas volvieron a tomar las armas. Estando de destacamento en Badiraguato el capitán segundo Manuel Mezta, supo que su jefe el capitán primero Nevares había reconocido el gobierno usurpador de Huerta, tuvo con él una discusión y Nevares sacó su pistola para agredir a Mezta, pero no le dieron tiempo de usarla los soldados revolucionarios que le dispararon y lo dejaron herido de muerte.

Entonces Mezta se dirigió a Cosalá, a incorporarse con su antiguo jefe Claro Molina. Tuvieron algunos encuentros con los federales en La Joya y otros lugares, hasta que en agosto de 1913 los principales jefes revolucionarios del norte de Sinaloa se concentraron en San Blas, donde organizaron el cuartel general en unión de don Felipe Riveros, gobernador constitucional, con Iturbe, Flores, Mezta, Rodolfo Campos, Cabañillas, Sobarzo, etcétera.

Como San Blas es punto estratégico, pues en esa estación se cruzan las líneas férreas del Sud-Pacífico y del Kansas City, México and Orient, el gobierno huertista destacó tres columnas de federales de Culiacán al norte, para apoderarse de esa plaza: una, por el Sud-Pacífico, otra por Las Guásimas y la tercera, que desembarca en Topolobampo, para atacar por el occidente. Riveros se retiró al norte hasta la estación Don, mientras el teniente coronel Mezta quedó emboscado en la falda del cerro del Sufragio con 25 hombres armados de fusiles y diez indios mayos con arco y flechas. Al acercarse la columna federal, Mezta dio órdenes de que no se disparase hasta el momento que él lo indicase y ya que los tenían a corta distancia, al grado que les oían decir que los revolucionarios estarían seguramente en la cumbre del cerro, se les hizo la primera descarga que les causo nueve bajas; como venían en orden de combate, dispararon los federales, sin efectividad debido a la sorpresa; aguantaron la segunda descarga, pero a la tercera dieron media vuelta y abandonaron el campo, dejando en poder de los sinaloenses una ametralladora y gravemente herido al jefe de la columna, mayor Olague, quien al ser encontrado disparó su pistola contra los revolucionarios, por lo cual fue rematado.

La columna federal que entró por Las Guásimas llegó hasta San Blas, quemaron algunas casas y el puente sobre el río Fuerte, pero al no encontrar a las otras dos columnas retrocedieron al sur. La columna que desembarcó en Topolobampo, al tener conocimiento de la derrota del cerro del Sufragio, se reembarcó cuando ya iba a ser atacada por los revolucionarios. En realidad, este triunfo de los constitucionalistas tuvo grande importancia, porque se consolidó el cuartel general de la revolución en Sinaloa, manteniendo unidos a los distintos grupos del norte del estado. Riveros regresó a San Blas y el primer jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza, felicitó a Mezta y lo ascendió al grado inmediato superior de coronel.

En San Blas comenzó Mezta la organización del 2° batallón de Sinaloa y con él se dirigió al Sur, habiendo tornado en combate la población de Sinaloa el 5 de octubre y no en las otras fechas que asientan diversos autores. Aquí encontraron el archivo de un vecino, Antonio Caballero, en el que hallaron un telegrama de felicitación al general Victoriano Huerta por el asesinato de los primeros magistrados de la República, Madero y Pino Suárez, ordenando que se le formase consejo de guerra que fue presidido por el propio coronel Mezta. Al ser condenado a muerte el señor Caballero, Mezta, recibió algunas peticiones de clemencia a las cuales contestó: “Perdonar un agravio personal, es un acto de nobleza; perdonar un agravio a una causa noble como la Revolución, es un crimen”.

El 2° batallón de Sinaloa se apoderó de Mocorito; a principios de noviembre llegó con numerosas fuerzas el general Álvaro Obregón y tomó el mando de las operaciones para atacar Culiacán. Iturbe se posesionó de Navolato el día 5, y Lucio Blanco tomó Altata el día 7; del 9 al 14 de noviembre de 1913 se combate frente a la capital de Sinaloa, que cae al fin en poder de los constitucionalistas; cuando el general Obregón se encontró a Mezta en el sector de la ciudad de que se había apoderado, bajó del caballo, le felicitó y dijo al coronel: “Parece que no ha entrado un soldado”, refiriéndose al orden que había en ese sector y a la disciplina de los soldados del 2° batallón.

Anteriormente, el primer jefe Carranza había atravesado la Sierra Madre Occidental procedente de Durango, siendo recibido en Chinobampo por el gobernador Riveros, y a quien le confirmó en el cargo, en El Fuerte por el general Obregón, el 13 de septiembre del propio año; Carranza continuo para Hermosillo, Son., donde estuvo algunos meses y regresó a Culiacán, en las primeras semanas de 1914; en este viaje supo de las palabras que había dicho Mezta en el jurado de Caballero, transcritas arriba, y le pidió que las inscribiese en una bandera mexicana en la que hacían que estamparan sus firmas los generales del Ejército Constitucionalista, haciéndole notar que se trataba de una honrosa excepción en su favor por tener grado inferior al de brigadier; Mezta agradeció la distinción.

Respecto de las autoridades huertistas, desde el 12 de octubre de 1913 el general Alberto T. Rasgado había sustituido como gobernador al general Legorreta, y aquél traslado los poderes de Culiacán a Mazatlán. Más tarde, el 6 de febrero de 1914 el general Miguel Rodríguez se encargó del gobierno de Sinaloa, en sustitucion del general Rasgado.

 

Mientras tanto, se organizaba debidamente la brigada Sinaloa bajo el mando del general Ramón F. Iturbe, con la escasa cooperación del gobernador constitucional Riveros, habiendo quedado integrada por los batallones siguientes: 1° bajo el mando del coronel Macario Gaxiola, el cual resultó mejor armado por contar con máuseres modernos; el 2°, organizado por el coronel Manuel Mezta; el 3°, por el coronel Máximo Gámez, y el compañero del precursor Gabriel Leyva Solano; el 4°, por el coronel Mateo Muñoz; el 5°, que nunca llegó a integrarse completo, al mando del coronel Carlos Real; el 6°, organizado por el coronel Ángel Flores, cuando dejó de ser el segundo jefe de las fuerzas de Juan Carrasco; y el 7°, bajo el mando del teniente coronel Emiliano Ceceña, subjefe, anteriormente del 2° batallón que tampoco llegó a completarse.

Incorporada la brigada Sinaloa al cuerpo de Ejército del Noroeste, recibió mejor dotación de fusiles y pertrechos; el 2° batallón recibió órdenes de ir a reforzar el asedio de Mazatlán que le tenían puesto las fuerzas de Juan Carrasco y allí estuvo combatiendo, entretanto el grueso del Ejército del Noroeste seguía en dirección del sur, para Tepic y Jalisco. Estando el jefe de él, general Obregón, en Culiacán y al saber el desembarco de marinos norteamericanos en Veracruz, pidió autorización al primer jefe del Ejército Constitucionalista para proponer a los defensores federales de Mazatlán, que librasen ellos y los revolucionarios un combate a campo raso, para que el vencedor fuese quien defendiera dicho puerto del ataque de los norteamericanos que se avecinaba, según creía la opinión pública, pues tenían barcos de guerra surtos en la bahía.

En las nuevas corporaciones del Ejército Constitucionalista, se daba frecuentemente el caso de que cualquier enemistad entre los propios elementos se liquidaba recurriendo al pretexto de que se les “iba el tiro”. Para que no repitiesen estos graves incidentes, el coronel Mezta dio órdenes precisas de que sería fusilado al que se le fuese el tiro, y solamente ocurrió una vez después de dicha orden, habiendo sido ejecutado un soldado del 2° batallón que había matado a un sargento primero.

El general Iturbe, jefe de la brigada Sinaloa, que tuvo como jefe de su estado mayor por unos meses al coronel Eduardo Hay, continuó el bloqueo de Mazatlán por tierra, mientras los federales eran derrotados en todos los frentes; tenía su cuartel general en Venadillo, y una vez huido al extranjero el usurpador Huerta, el defensor de Mazatlán, general Miguel Rodríguez, abandonó el puerto el 9 de agosto de 1914, habiéndole hecho prisioneros a los soldados que las tropas de los batallones 6° y 2°, primeros en entrar a la ciudad, pudieron alcanzar en una panga que había roto las amarras con que era remolcada por el cañonero federal Guerrero. Por la ocupación de Mazatlán fue ascendido a brigadier el coronel Ángel Flores, como era de justicia; pero también correspondía el ascenso al coronel Mezta, quien no lo recibió, injustificadamente.

La escisión villista.—El 5 de septiembre siguiente; el C. Carranza convocó a una convención de gobernadores y generales constitucionalistas, que inició sus sesiones en la ciudad de México el 1° de octubre de 1914, pero acordó continuarlas el 10 del propio mes en Aguascalientes. A estas reuniones asistió el general Ramón F. Iturbe, quien regresó a Sinaloa cuando comenzó a ahondarse la división entre Villa y Carranza.

El gobernador Riveros, amigo de Maytorena, gobernador de Sonora adicto a Villa y seguramente bajo la influencia de éste, manifestaba simpatías por el villismo y alguna vez había declarado “que ningún hombre solo, aunque se llamase Venustiano Carranza, podría resolver los graves problemas planteados por la Revolución”. Entrevistados Riveros e Iturbe, éste dirigió un telegrama al general Obregón manifestándole que, después de haber consultado a las corporaciones militares del estado, estaban dispuestos a apoyar al gobernador Riveros.

Al recibir copia de este telegrama el coronel Mezta, acantonado con su 2° batallón en Mocorito, contestó a Iturbe que ellos no apoyarían a Riveros si se aliaba al villismo y que si movilizaba fuerzas simpatizadoras de Villa, de Mazatlán hacia el norte del estado, consideraría rotas las hostilidades entre ellos. Remitió copia de este te¬legrama al general Ángel Flores y en la comunicación que envió con ella, lo instaba a que como el jefe de mayor grado se pusiese a la cabeza de las fuerzas que quedasen leales al Plan de Guadalupe, y sin tener necesidad de esperar la llegada del enviado de Carranza (que ya les había anunciado), el exfederal y exdiputado Pedro R. Zavala, que traería instrucciones del primer jefe y terminaba con estas frases “hay que decidirse de una vez por todas y sin necesidad de esperar al tal Zavala. Somos o no somos”.

Estas comunicaciones hicieron decidirse al general Flores, quien se hallaba acantonado con su 6° batallón en El Fuerte, el cual envió parte de sus fuerzas a Topolobampo, con la mira, que se logró, de controlar las fuerzas del 1er. batallón en favor del Plan de Guadalupe, al desembarcar en dicho puerto, las cuales fueron desarmadas.

Dominada la situación militar de la región por el general Flores, se reunieron en San Blas para conferenciar Iturbe, Flores y Mezta; aquí se convenció el general Iturbe de que eran insignificantes las fuerzas con que contarían para apoyar a la Convención y les dijo a sus colegas en armas que lo tuviesen como su prisionero y dispusiesen de su persona; Flores replicó que no había tal cosa y que le proporcionarían una escolta para que lo acompañase hasta donde pudiese incorporarse con sus simpatizantes; entonces el general Iturbe decidió continuar dentro del constitucionalismo y le dirigió un telegrama al gobernador Riveros diciéndole que como no contaba con tropas desistía de ayudarle y que lo esperase en Culiacán, a donde ya salía para conferenciar con él.

En un tren especial salieron para la capital del estado Iturbe, Flores y Mezta, con sus ayudantes y escoltas, pero cuando llegaron no encontraron a Riveros, quien ya había partido hacia la Sierra Madre Occidental rumbo a Durango, declarándose abiertamente partidario de la Convención el 20 de noviembre de 1914, como uno de los doce gobernadores de estado que se sumaron a ella; le acompañaron el teniente coronel Emiliano Ceceña y el mayor Carlos Real con su incompleto 5° batallón. El general Macario Gaxiola y el capitán 1 ° ayudante Manuel Limón se pasaron a las fuerzas sonorenses villistas. Por su parte, el presidente de la Convención general Eulalio Gutiérrez ratificó a Riveros en el cargo de gobernador de Sinaloa, el 5 de diciembre de 1914.

El general Iturbe designó al ingeniero Rodríguez Gutiérrez como gobernador del estado en sustitución de Riveros. Mientras tanto, don Venustiano Carranza, primer jefe de la Nación, se instaló en Veracruz desde el 25 de noviembre de 1914; de aquí giro instrucciones al general Iturbe para que avanzasen las fuerzas leales de San Blas hacia el norte, para contener a los villistas y convencionistas sonorenses. De San Blas partió la Columna Expedicionaria de Sina¬loa, formada con los batallones 2° al mando del general Mezta (ascendido en diciembre de este año); 6° al mando del general Flores, y fracción del 3° al mando del teniente coronel Anatolio B. Ortega. A esta columna se incorporaron por distintos motivos, algunos jefes y oficiales sonorenses leales al Constitucionalismo, sin fuerzas, entre otros, el coronel Arnulfo R. Gómez que pretendía que su medio hermano Nolasco dejase a los villistas; tenientes coroneles Pablo Macías Valenzuela y Roberto Cruz; mayores José Aguilar y Ricardo Topete.

 

Varias semanas transcurrieron antes de iniciarse las operaciones militares en firme entre los constitucionalistas y los convencionistas. La Columna Expedicionaria avanzó con ligeras escaramuzas hasta Navojoa, Sonora, de la que se apoderó fácilmente, y aquí esperó instrucciones el comandante en jefe, general Ángel Flores, y refuerzos que nunca llegaron aunque el general Iturbe los estuvo ofreciendo; varias veces telegrafió desde Culiacán que ya enviaba al coronel José Gonzalo Escobar, que estaba reorganizando una vez más el 5° batallón. En Navojoa permaneció la columna expedicionaria, siendo amagada constantemente por villistas y maytorenistas, además de que algunas veces llegaban partidas de indígenas mayos a merodear por las inmediaciones.

Cansado el general Angel Flores de estas partidas de bandoleros, ordenó al general Mezta que saliese a batirlos por el rumbo de Santa Rosa; partieron con él algunos de los jefes sonorenses: Gómez, Cruz y Topete. Pero hubo la coincidencia de que ese mismo día tenían preparado los convencionistas un serio ataque contra Navojoa. El enemigo se apoderó de la artillería desde el principio del ataque, pero la serenidad del comandante en jefe Flores, la cachaza del teniente Pablo Macías Valenzuela que recuperó la artillería, la distribución acertada de las pocas fuerzas con que se contaba hecha por el jefe de día mayor José Velasco Adame, amén por supuesto de la alta moral de la tropa que hasta entonces nunca había sufrido una derrota, determinaron el descalabro del enemigo, entre el cual contaba el general Macario Gaxiola que perdió tres ametralladoras en la acción. De acuerdo con varios documentos que se recogieron a los muertos y una libreta de apuntes a algunos de los jefes de los atacantes, fueron 4 000 los soldados que atacaron la plaza y los defensores de esta solamente llegaban a 400 individuos de tropa; lo cual constituye una verdadera hazaña, casi desconocida en nuestra his¬toria militar.

Pasado este combate se inició la temporada de lluvias, con el consiguiente crecimiento de las aguas del río Mayo, lo que suspendió las operaciones guerreras por varios meses. Prácticamente Iturbe y Flores quedaron aislados en el noroeste del país, sin conexiones de ninguna clase con las demás fuerzas constitucionalistas; y aunque no batidos tan formidablemente como Treviño en El Ébano, no deja de constituir otra hazaña el haberse sostenido tanto tiempo sin retroceder, entre tanto se efectuaban los grandes combates entre los villistas y los constitucionalistas en el resto de la República.

Después de ganar la segunda batalla de Celaya, el general Obregón fue nombrado jefe del Ejército de Operaciones sobre el centro y el norte de México. Murguía se apoderó a sangre y fuego de León de los Aldamas el 5 de junio de 1915; Obregón tomó por asalto Aguascalientes el 10 de julio. El 15 de este mes había sido atacada Guadalajara por los villistas, que no pudieron tomarla y el general Obregón había destacado al general Manuel M. Diéguez para reforzar la defensa. Después de la toma de Aguascalientes y libre de villistas el occidente, como jefe del Ejército de Operaciones el general Obregón comisionó al general Diéguez para hacer la campana de Sonora, el 19 de agosto de 1915. Con esta comisión, desde luego procedió a organizar en Guadalajara, Jal., una columna de caballería para hacer la campana de Sonora.

La campaña de Sonora.—Teniendo conocimiento el general Flores del avance de la fuerza constitucionalista, con la necesaria lentitud porque se hacía por tierra, a su vez salió de Navojoa rumbo al norte, sobre la vía del Sud-Pacifico, librando las acciones de Puerto Nuevo, Buenavista y Álamos contra los villistas. Llegó por fin la caballería de Diéguez y el 11° batallón al mando del coronel Ibáñez, y juntos con la Columna Expedicionaria se presentaron frente a Guaymas, que después de ligeros combates del 9 al 12 de octubre la ocuparon este último día.

Desalojado Villa de Torreón el 28 de septiembre, se retiró a Chihuahua y después a Ciudad Juárez; de aquí partió para Casas Grandes, Chihuahua, donde concentró una columna de 15 000 hombres, con 40 cañones y 60 ametralladoras, y atravesó el cañon del Púlpito pa¬ra atacar a Agua Prieta del 1° al 4 de noviembre de 1915, de donde fue rechazado con pérdidas considerables.

Mientras tanto, las fuerzas constitucionalistas al mando supre¬mo de Diéguez y directo de Flores, toman Estación Torres, después de combatir con los villistas desde Estación Moreno, el 1° de noviembre; y prosiguen su avance hacia Hermosillo que ocupan el día 6 del propio mes tras de derrotar a Maytorena. Siguen adelante y nuevamente triunfan sobre los villistas en Zacatán y Estación Saucedo, el 18 de noviembre, habiendo sufrido importantes bajas las fuerzas floristas, que tuvieron que reconcentrarse en Hermosillo, mientras que las fuerzas de Diéguez se retiran al sur, siendo cortadas cerca de Estación Torres por tropas villistas al mando del general Medinaveytia, que llegan a un acuerdo con el jefe carrancista.

Francisco Villa se dispone a atacar Hermosillo con todos los elementos de combate que logró salvar de Agua Prieta, y Diéguez, por instrucciones del general Obregón que le manda retirarse de Guaymas por creerlo indefendible, le ordena al general Flores que abandone Her¬mosillo y se retire a Guaymas; pero Flores no lo hace porque tendría que abandonar sus numerosos heridos, que perecerían a manos de los villistas y se apresta a la resistencia hasta morir. El ataque fue tremendo, pero las nunca vencidas fuerzas sinaloenses logran aguantar y rechazar al enemigo logrando un magnifico triunfo, pues dejaron los villistas en poder de Flores dos trenes con víveres y pertrechos de guerra, seis ametralladoras, dos cañones, la imprenta en que hacían sus billetes y varias pacas de éstos sin estrenar.

Todavía alcanzan a los villistas desmoralizados en San Joaquín y los vuelven a batir, contando con la cooperación de los vecinos del lugar deseosos de vengar los destrozos y atentados que habían cometido las ya desorganizadas huestes del general Villa. Llegaron las fuerzas de Sinaloa hasta la frontera norteamericana, junto con otras muchas constitucionalistas, y luego se concentraron a Hermosillo. Al termino de la campaña, con las fuerzas de la Columna Expedicionaria se creó la Tercera División del Ejército Constitucionalista, quedando al mando del general Ángel Flores, quien regresó con sus tropas a Sinaloa a disfrutar de un merecido descanso; todos sus elementos fueron ascendidos por disposición del primer jefe al grado inmediato superior.

El periodo posterior.—Durante casi todo el año de 1915 y principios de 1916, fungió como gobernador provisional el general Ramón F. Iturbe, hasta el 26 de abril de este año, día en que entregó al general Ángel Flores, nombrado por el primer jefe, gobernador interino. Con este carácter quiso implantar en el estado la prohibición del tráfico de alcohol, igual que lo hacía en Sonora el general Calles, y con este motivo fueron fusilados algunos comerciantes del mercado de Mazatlán, hechos que se atribuyen al general Mezta, sien¬do ordenados por el gobernador y jefe de la Tercera Divisi6n, Flores.

El general de brigada Manuel Mezta fue llamado a México por don Venustiano Carranza, a donde partió con su estado mayor, vía Guadalajara en el año de 1916.

Se efectuaron las elecciones para diputados al Congreso Constituyente, convocado por el encargado del Poder Ejecutivo de la nación, y representaron a Sinaloa los siguientes: por el Distrito de Culiacán, el poeta y exfederal Pedro R. Zavala, propietario y Juan Francisco Vidales, suplente; por el de Mazatlán, el C. Andrés Magallón y el escritor José C. Valadés; por el de Concordia, el “renovador” Carlos M. Esquerro y Mariano Rivas; y por el de El Fuerte, el C. Emiliano C. García y Antonio R. Castro.

Una vez expedida la Constitución Política de 1917, en abril del propio año autorizó el primer jefe la celebración de elecciones en el estado para que volviese al régimen constitucional, habiéndose presentado como candidatos los generales Flores, Iturbe y Mezta; se efectuaron en junio siguiente y resultó triunfante el general Iturbe, para el periodo que terminaría el 26 de septiembre de 1920. Recibió el gobierno y el 13 de agosto de 1917 traslado los poderes locales de Mazatlán a Culiacán.

 

 

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

Ilustración: obra del pintor sinaloense Arturo Moyers tomada de Presagio, Revista de Sinaloa; número 5.

 

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Notas acerca de la Revolución en Sinaloa
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Artículo que retoma a partir del Plan de San, la Revolución en tierras sinaloenses

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