La rebelión de Nacabeba

August 13, 2014

Historia de Sinaloa, México

 

 

LA REBELIÓN DE NACABEBA

 

Por: Francisco Gil Leyva

 

“En los tiempos de la colonia y por los rumbos de lo que hoy es el Estado de Sinaloa, no siempre el indígena sujeto a la encomienda y a la misión, manifestó su desasosiego e inconformidad con el simple abandono del poblado donde había sido “reducido”. No siempre”.

Hubo ocasiones en que el grito de rebeldía armada resonara en el Valle de Culiacán, en las orillas del Río Zuaque, en las riveras del Petatlán y en las serranías tepehuanas.

Y ese grito de rebeldía alcanzó perfiles de leyenda homérica en el caso del indio Nacabeba, quien en el año de 1594 se alzara en contra de los españoles a orillas del Río Petatlán, hoy Río Sinaloa. Porque en Nacabeba se dan cita el heroísmo, la traición y la crueldad. El heroísmo en Nacabeba, la traición en los indios tegüecos, la crueldad en los españoles.

“… Porque en un pueblo llamado Deboropa, distante como media legua de la Villa de San Felipe y Santiago (1), había un indio viejo… llamado Nacabeba, que quiere decir: herido o señalado en la oreja…”

 

Nacabeba inició su labor de conspiración reuniendo en su propia sementera a grupos cada vez más numerosos de indígenas de su parcialidad. Y allí les hablaba de cómo hombres extraños habían venido a someterlos a vasallaje, cómo sus dioses habían sido suplantados, cómo nuevas costumbres les eran impuestas, como el diario trabajo era para el presidio y la misión, cómo las tierras donde antes señoreaban eran ya de otro señorío. Pero su tarea de prédica y proselitismo llegó a oídos del Padre Gonzalo de Tapia. Y,

 

“… Entendió el Padre el mal oficio que hacía Nacabeba y el grande tropiezo y escándalo que era para la cristiandad. Procuró primero con suavidad y blandura… reducir a este indio y persuadirle a que oyese la palabra de Dios y mudase de costumbres, con que traía escandalizados a sus naturales. Duraron casi un año estas amonestaciones amorosas y de padre; pero sin provecho. Por atajar, pues, el grave escándalo de aquel indio en la comarca y particularmente entre los nuevos cristianos, dió cuenta de lo que pasaba al alcalde mayor de la villa, que también hacia oficio de capitán, llamado Miguel Maldonado, pidiéndole pusiese de su parte otro más eficaz remedio que el que él había tornado, para atajar los daños que se seguían de las pláticas del endurecido indio. El alcalde mayor, entendido el caso, envió por él y habiendo averiguado sus delitos, y cuan culpado estaba, lo mandó azotar”.

Pero el castigo sólo sirvió para encender más los ánimos de Nacabeba y de su gente. Y así, al atardecer del 11 de julio de 1594, el cacique indio dió muerte al Padre Gonzalo de Tapia. Este acto marcó el levantamiento general de los indígenas de la región, los que por primera providencia se lanzaron al monte. La persecución hecha por los españoles fue cruel y sanguinaria; pero a Nacabeba no le pudieron aprehender; si, en cambio a su esposa, a la que degollaron. También echaron mano a uno de los seguidores de Nacabeba. Torturas, amenazas y ofrecimientos de perdón no logran alcanzar la delación deseada sobre el paradero de Nacabeba, sino que, aprovechando un descuido de sus aprehensores, comió de una yerba ponzoñosa y murió a las veinticuatro horas.

 

“… Viendo Nacabeba con estos sucesos que no tenía seguridad en los montes, determinó acogerse con la gente que le quedaba a la belicosa nación Zuaca, que era la que se preclaba de matadora de españoles. Admitieron lo en sus pueblos, y andaban tan altivos e insolentes, que llegaba su atrevimiento a dar nuevos asaltos a la villa, pretendiendo abrasar casas así de españoles como de indios amigos; y cuando en ellas, ni en los vecinos no podían hacer fuerte, porque estaban muy en vela, la hacían en los caballos y bestias de servicio, llevándose unos para servirse de ellos y flechando a otros y haciendo otras insolencias y afrentas, que en la misma noche de Navidad ejecutaron”.

Entre los zuaques Nacabeba tenía la protección debida y la ayuda necesaria para mantener su actitud rebelde; pero Ilegó a considerarse él mismo como la causa de que los españoles continuamente acosaran a los zuaques, unas veces, y otras los tentaban con ofrecimientos de premios y vestidos a los que entregaran la cabeza de Nacabeba o de cualesquiera de sus seguidores. Ante tal situación, el indio rebelde determinó acogerse a los tegüecos (2).

“… Los tegüecos los admitieron con condición bárbara de que les habían de ser francas las mujeres e hijas que llevaban. Aceptó el partido el desventurado… y con esto lo admitieron”.

Y los tehuecos le hicieron traición. Recordaron viejos agravios de la nación de Nacabeba y se cobraron la deuda.

“… Porque aunque los tegüecos, con la infame condición de que les hiciese francas las mujeres que consigo traía le ofrecieron la protección, no se la guardaron. Porque luego que lo tuvieron en su poder, lo amarraron aun palo porque no se les huyese; y teniéndolo en guarda, despacharon aviso a la villa de los españoles, que fuesen por él, que allí lo tenían para entregarlo”.

Los españoles a marchas forzadas marcharon de la Villa de San Felipe y Santiago hacia la nación tehueca, para recoger tan valiosa presa. Llegados los españoles frente a Nacabeba, éste…

 

“… exclamó a los indios presentes: ah tegüecos! No os había pedido, que vosotros me matárades antes que entregarme a los españoles?”.

Volviendo grupas los españoles enfilaron rumbo al presidio de Petatlán llevando consigo a Nacabeba, a una hija y a un sobrino suyos, así como a gran número de mujeres participantes de su gesta. En la Villa de San Felipe y Santiago sus captores dictaron sentencia:

“… ahorcar y hacer cuartos a Nacabeba cori otro sobrino suyo, cómplice de sus delitos…”.

Y a la hija se le condenó a:

“…servicio perpetuo y destierro de la provincia, remitiéndola a México…”.

Cumplidas las sentencias,

“Quedó la provincia de Sinaloa libre del escándalo que padecía y estorbo de la dilatación del Santo Evangelio”.

 

(1) Aun hoy en el municipio de El Fuerte sobrevive el núcleo indígena de los tehuecos. Incluso hay un poblado denominado Tehueco.

(2) Hoy la Villa de Sinaloa de Leyva. Esta cita y las siguientes han sido tomadas de la obra que sobre las misiones jesuitas en lo que hoy es el noroeste de México, escribiera el Padre Andrés Pérez de Ribas

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 1, páginas 34-35.

 

Nacabeba

Nacabeba, la rebelión

 

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La rebelión de Nacabeba
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La lucha contra al conquistador y opresor español del lider indígena sinaloense Nacabeba

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