Historia de Sinaloa México

 

LA PRIMERA REFORMA AGRARIA EN AMÉRICA

 

Por: Jesús Munguía Mexía

 

El historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre ha refrescado recientemente toda la prodigiosa historia, toda la gran aventura espiritual de América. Se ha detenido muy bien en lo de la Reforma Agraria.

Remontémonos hasta1590; entonces la vida en América, que en ese tiempo era Hispana, mostraba ya en carne viva todos los conflictos que en el curso de un siglo producen aquellos humanos que se lanzan a la conquista de las riquezas y del poderío, que vinieron a medrara más y mejor. Esa lucha de fieras se pretendió contenerla, frenarla, con las leyes. Los gobernantes y gobernados llamados a cumplirlas, cuando caían en el vértigo de la ambición de las riquezas, volvíanse contra la ley, sembrando el sufrimiento en torno y encadenado a los hombres para explotarlos sin límites y sin misericordia.

A la Corona llegaban de continuo quejas por la mala conducta de los ambiciosos, de los explotadores. Frente a ellos estaban los funcionarios cumplidores de la ley, los hombres que, autoridades o no, respetaban y obedecían a su rey. Toda la colonización de América es el maravilloso espectáculo de una batalla, de una polémica, de una lucha a brazo partido, entre los buenos y los malos, entre los fieles y la voluntad del Trono y los burladores de esa voluntad. Hacia 1590 ya han pasado y pasan tantas cosas desagradables, que el mismo Rey Felipe II toma cartas en el asunto. Y las toma a su manera: enérgico, radical, tajante.

Como de la propiedad de la tierra han hecho los infieles, los malos, lo que han querido, pues el Rey se lanza y ordena toda una Reforma Agraria. La primera Reforma Agraria que habría de cumplirse en el Nuevo Mundo.

 

Las cédulas que fijaron su alcance y características, fueron promulgadas por Felipe II en El Pardo. Venían ellas a enmendar yerros y transgresiones que sobre lo dispuesto en 1525 en materia de tierras, habían hecho los conquistadores y los encomenderos. Por eso se abría la Reforma Agraria con la orden real de revisar todos los títulos de propiedad.

Sabia Felipe II que una merced de 200 hectáreas se había convertido misteriosa y mañosamente en un latifundio de 20,000 hectáreas, cuando la condición esencial que se señalara para otorgar aquellas 200 era la de trabajar la tierra.

Sabía también la Corona que contra su disposición, los indios se habían quedado sin tierras, contraviniendo la orden real de formación de ejidos comunales y de ejidos particulares; éstos para ponerlos en manos de los indios a quienes se les fijaban dos condiciones: Vivir en la tierra y hacerla producir.

Con esas cédulas, Felipe II obtuvo la reconquista para la Corona de una enorme cantidad de tierra, que fue distribuida de nuevo entre los indios y entre los nuevos pobladores y emigrantes.

El texto de Felipe II expedido el 1o. de noviembre de 1591 dice textualmente:

“Aunque yo he tenido y tengo siempre voluntad de hacer merced o repartir justamente el dichoso suelo, tierras e baldíos, asignado a los lugares y Consejos lo que pareciere que les convenga para que tengan suficientes ejidos, propios e términos públicos la calidad de los dichos lugares y Consejos, y asimismo a los naturales indios y españoles para que tengan en propiedad en que poder labrar y criar más, la confusión y exceso que ha habido en este por culpa e omisión de mis Virreyes, Audiencias y Gobernadores pasados, que han consentido que unos con ocasión que tienen de la merced de algunas tierras se hayan entrado e ocupado otras muchas sin título, causa ni razón, e que otros las tengan e conserven con títulos fingidos e inválidos de quien no tuvo poder ni facultad para poderlos dar, es causa que se ha ocupado la mejor y la mayor de toda la tierra, sin que los Consejos e indios tengan lo que necesariamente han menester e que ninguno posea con justo titulo, habiéndose visto e considerado en mi Consejo Real de Indias y consultándose conmigo, ha parecido que conviene que toda la tie¬rra que se posee sin justos y verdaderos títulos, se me restituya según y cómo me pertenece para que, reservando ante todas las causas lo que os pareciere necesario para plazas y ejidos, propios, pastos y baldíos de los lugares y Consejos que están poblados, así por lo que toca al estado presente en que se hallan como al porvenir e al aumento e crecimiento que puede tener cada uno y repartiendo a los indios lo que buenamente hubieran menester para que tengan en qué labrar y hacer sus sementeras e crianzas, confirmándoles en lo que tienen de presente y dándoles de nuevo hasta los que les fuere necesario toda la demás tierra quede y esté libre y desembarazada para hacer merced y disponer de ella a mi voluntad.

Y para este efecto os mando que luego proveáis que dentro del término que para ello señalaréis, exhiban ante vos y ante las personas de letras, ciencias y conciencia que nombraréis para ello, los títulos que para ello tuvieren de las tierras, estancias, chacras e caballerías que cada uno tiene e amparándolas en las que con buenos títulos y recaudos poseyeran, se me vuelvan y restituyan las demás para disponer de ellas a mi voluntad, sin que haya ni pueda haber sobre ello pleito alguno, más que la declaración que vos y las personas que tuvieren Vuestro Poder y Comisión hicieren acerca de ello, que para el dicho efecto a vos os doy e concedo tan bastante e cumplido poder como se requiere”.

La Reforma Agraria de Felipe II había pretendido asegurar la alimentación de los indios, así como la posesión por éstos, con título de propiedad, de un pedazo de tierra. Pero los resultados de esa Reforma no se vieron cumplidos.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 1, página 32.

 

Reforma agraria en México y América

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La primer reforma agraria de América
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Las grandes reformas de las actividades económicas en la América colonial

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