Cuentos de Sinaloa

JUSTICIA SALOMONICA

 

Por Alejandro Lomelí Cota

— ¿Qué es lo que te pasa Tranquilino? — Preguntó Belén Torres, alarmado por la cara retinta de rabia que lucía el así llamado.

—Que me ha de pasar— respondió— que éste “Joto”, al que le hace agua la batea, el desgraciado del “Tinterillo” se niega a pagarme una sandía de mi propiedad que se comió y que mis trabajos me costaron cuidarla, desde que reventó la semilla hasta que creció tanto que si te digo que pasaba de la vara, debes creérmelo.

—Te lo creo, concedió el Síndico, —con profundo interés campesino en el problema, pero explícame de que se trata.

—Pues verás, tu sabes que todos los años siembro un veranito de melones valencianos —de esos amarillos que parecen que nunca van a madurar pero que por dentro son pura miel.

—Cuando los sembré a principios de febrero posiblemente entre las semillas de melón venía una semilla de sandía “Alabama” de las que trajo Jorge Almada y me dije para mis adentros ahora si me voy a hacer de un buen número de semillas finas de sandía, eso pensaba ¿tú verás?

Tan pronto como nació la matita me dí a la tarea de atenderla, arrimarle tierra, procuré que el riego nunca la faltara y le puse su poquito de estiércol. Y en fin, la matita respondió a los cuidados, se dio lozana y su guía mayor se metió por una rendija del cerco del solar del “Tinterillo” que en su perra vida, nunca ha sembrado nada? ¿Sabes Belén? Yo ya me soñaba con un buen puño de semillas.

— ¿Te imaginas el verano que hubiera tenido

el próximo año de puras sandías Alabama?

Diariamente regaba la matita y veía como iba creciendo una hermosa sandía de esas de color verde obscuro, con unos rayos aserruchados un poco más pálidos a lo largo del lomo.

—Total que no te hago el cuento largo. Hoy mi sandía no estaba, sólo había cáscaras y mas cáscaras y las semillas que yo tanto quería, escupidas en el terregal, se notaba que éste méndigo que, traje conmigo amenazándolo con esta 38 súper ¿Sabes? se dio una hartada, un banquete, éste joto desgraciado.

—Tienes algo que alegar en tu favor?

—Sr. Síndico Municipal permítame expresarle que yo no he cometido ningún acto penado por la ley, lo único que hice fue ejercer mis derechos por que a de saber Sr. Autoridad (esto le molestó tanto a Belén como si le hubieran pisado el callo del dedo chiquito del pie izquierdo) que mis papeles legales dicen que, lo que está dentro de mi cerco me pertenece. Es mío y muy requeté mío ¡Señor!. . .

— iAjá! ¿Con que esas tenemos, entonces te niegas a reconocer que le debes la sandía a Tranquilino?

— Le repito Señor que mis papeles dicen que, lo que esté dentro de mi cerco me pertenece y por lo tanto es mío.

—Con que esa tenemos ¿No? Belén Torres, en el colmo de la indignación cerró el puno de su manaza y parando hacia arriba el dedo anular, de la derecha, con la mano izquierda, pegó sobre la mesa un puñetazo que hizo volar los papeles, mientras sordo de rabia decía: (todo lo que sigue: es sugestión del demonio).

— Entonces, si yo te meto este dedo (y amenazaba con ensartar un orificio imaginario) en el hoyo que traes en medio de las nalgas ¡díme grandísimo cabrón¡ ¿De quién es el dedo? —Tuyo Belén, muy tuyo— repitió y al decir esto; se llevaba ambas manos hacia atrás, simulando protegerse el orificio cloacal.

— ¡ Paga la sandía ! Además que, ya sabemos que eres un pinche joto. . .

 

Tomado del libro; Entre Pujidos y Angustias, compiladores José María Figueroa Díaz y Nicolas Vidales Soto, Culiacán, Sinaloa, 1993.

 

Justicia salomónica

La justicia salomónica de Belém Torres

Summary
Article Name
Belém Torres, anécdota
Author
Description
Una anécdota del personaje popular del municipio de Navolato, Sinaloa, México, Belém Torres, sobre su modo particular de impartir justicia.

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*