Historia de Sinaloa México

Breve historia de nuestras constituciones

 

Por: Antonio Uroz

 

QUE ES LA CONSTITUCION

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es una Ley: la Ley Suprema, y es un Código: el Código Máximo de México. Es una ley, porque señala normas de cumplimiento obligatorio para todos los mexicanos, y un código, porque reúne las sugerencias o semillas de varias otras leyes que, emanadas de la propia Constitución, van formando el acervo jurídico del pueblo mexicano, es decir, la riqueza en Derecho de los mexicanos.

 

La Constitución es la ley fundamental de nuestra nación, porque constituir es formar la esencia de una cosa. Al constituirse nuestro pueblo como nación libre, se formó, se estableció y se fundamentó de acuerdo a normas de conducta general, específicas, que constituyen el Código Supremo, la Constitución. A ella obedecen o deben obedecer todos los habitantes del país, y de ella emanan todas las disposiciones posteriores que se han ido dictando para normar la vida común y privada de los mexicanos.

 

Toda aquella ley, disposición, mandato, decreto, orden o acto de autoridad y de particular que no esté de acuerdo con las disposiciones constitucionales o transgreda sus principios, serán espurios y no obligarán a su cumplimiento o ejecución, o serán perseguidos por las leyes penales, legítimamente derivadas de la propia Constitución.

 

Los actos de gobierno, aun los inconstitucionales o anticonstitucionales, nunca deberán combatirse con las armas o el desorden, con la violencia o el terror, sino con el propio sistema jurídico de la Nación. Para que esos actos sean declarados espurios y se califiquen como tales, eximiéndose a cada quien de la obligación de acatar o de hacer lo mandado, es necesario que sea la autoridad constitucionalmente capacitada, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la que declare tal situación en sentencia judicial y habiendo seguido los procedimientos requeridos, después de presentada la queja respectiva y haberse protegido contra los actos de autoridad por el Juicio de Amparo.

 

NUESTRAS CONSTITUCIONES

La Constitución Apatzingán de 1814, aunque no estuvo prácticamente en, sí fue la inspiradora de la Constitución de 1824, emitida ya, como la primera norma propia, por el Congreso Constituyente que se creó, para gobernar al país recién nacido a la libertad política, desde febrero de 1822. Ya entonces se previó nuestra actual organización política en un sistema de gobierno republicano, representativo, popular y federal; y el país quedó dividido en 19 Estados libres y soberanos en su régimen interior: 4 territorios dependientes del Centro, y un Distrito Federal, para la residencia de los Poderes de la Unión de los Estados.

 

Ya desde entonces el Poder Público se dividía, para su ejercicio, en Legislativa, depositado en dos Cámaras, de diputados y senadores; el Ejecutivo, encargado a un presidente y a un vicepresidente del país; y el Judicial, que se confiaba a la Suprema Corte de Justicia, a los tribunales de circuito y a los jueces de distrito.

 

Esta Constitución de 1824 había adoptado los principios liberales de la Constitución española de Cádiz y de la francesa, y un mecanismo de gobierno semejante al de los Estados Unidos de América. Conservaba muchas tradiciones del coloniaje español; pero también acogía las ideas avanzadas de Hidalgo, Morelos y los hombres de la Independencia política.

 

Conforme a ella, a sus principios, la nación libre empezó a forjarse, no sin los dolores propios al crecimiento y al desarrollo. Se sucedieron los gobiernos emanados de la Constitución de 1824; pero en los titubeos de alcanzar el camino claro, hubo una nueva Constitución Centralista en 1836, y una más de regreso al federalismo en 1842.

 

Esta última, emitida ya por el grupo liberal que habría de salvar al país, intervenido más tarde por imperialismos extranjeros auspiciados por los centralistas y conservadores, era trasunto fiel de lo que sería la Constitución de 1857.

 

LA CONSTITUCION DE 1857

Desde 1833, arribó al gobierno de México un hombre que habría de ser considerado, más tarde, como “el patriarca del liberalismo y el precursor de la Reforma” liberal, que consolidaría mas tarde el Benemérito abogado Benito Juárez.

 

Es con él, don Valentín Gómez Farías, desde su gobierno erigido al margen y contra las ideas conservadoras de Antonio López de Santa Anna, que empiezan a aparecer y emitirse leyes para afirmar la libertad de creencia y de conciencia, la abolición de los fueros eclesiástico y militar, la libertad de enseñanza, las reformas al ejército, y tantas más que habrían de conformar la Constitución de 1857.

 

El camino abierto por Gómez Farías sería luego transitado con éxito llenado con las aportaciones del grupo liberal, dentro del cual destacarían diversas épocas Juan Álvarez, Ignacio Comonfort, Ponciano Arriaga, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez, Melchor Ocampo y Santos Degollado, hasta llegar a esa cumbre de la justicia y el derecho, de la libertad de pensamiento y el respeto al derecho ajeno, que es el camino franco hacia la paz; de esa cima de la Reforma liberal que fue Benito Juárez, cuyo centenario de su muerte se recordó el año de 1972.

 

El 18 de febrero de 1856 se reunió el Congreso Constituyente liberal, bajo la presidencia de Ponciano Arriaga, para formular una estupenda Constitución de libertades, muy superior a las constituciones de otros pueblos de entonces. Se emitió el 5 de febrero de 1857, y se puso en vigor durante los gobiernos liberales que siguieron. Juárez mismo la adicionó con varias leyes reformistas que empezó a dictar en 1860, y que fueron descubriendo y consagrando algunas de las más caras libertades de que hoy gozamos.

 

Hasta que, erigido el maximato de Porfirio Díaz, casi a raíz de la muerte de Juárez, la Constitución Política de 1857 se fue postergando poco a poco en el cumplimiento de sus postulados.

 

LA CONSTITUCION DE 1917

Otra vez la lucha liberal, con el sentido democrático que el siglo XX supo imprimir a varios movimientos sociales en el mundo, erigió en México una Revolución armada en 1910, cien años justos desde que la guerra por la independencia política la desatara Hidalgo, en 1810. Con ello se anticipó México a todo el mundo, aun a la revolución rusa, que no surgió sino hasta 1917.

 

Y los anhelos revolucionarios, encaminados especialmente a poner en vigor las conquistas logradas ya por la Constitución de 1857, volvieron a plasmarse, con los nuevos ropajes de la época, en la Constitución de 1917,

en la que se incluyeron muchas nuevas reformas sociales, de una revolución pequeño-burguesa, encaminada sin embargo a un mejoramiento necesario de las llamadas clases desheredadas.

 

Otra vez también, reformas preconstitucionales surgieron en los manifiestos y planes de los primeros revolucionarios: Madero, Zapata, Carranza. Este último habría de convocar a un Congreso Constituyente en 1916 que, reunido en Querétaro, emitiría la nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el 5 de febrero de 1917.

Novísimas aportaciones revolucionarias a nuestro constitucionalismo fueron, en ese Ordenamiento máximo, la cuestión agraria, normada en favor del campesinado mexicano, en el artículo 27 constitucional; y la defensa obrera, contenida en el 123. Por ese camino y con base en tan progresista Constitución, es que los gobiernos posteriores, emanados de la Revolución, como dice un estereotipo político, tuvieron que ir conformando un México moderno, en franco desarrollo económico y de justicia social cada vez más lograda, al través de la enseñanza laica, la seguridad social, el salario mínimo y el proporcionamiento de viviendas a los trabajadores.

 

Mucho falta por hacer aún; pero todo dentro de la Constitución.

 

LV ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCION DE 1917

Revisando nuestra Historia es como hemos visto planteada la trascendente situación de un pueblo que ha realizado esfuerzos sobrehumanos para superarse económica, social y políticamente con una destacada cultura que del interior se está reflejando hacia el exterior al amparo de un lema tenazmente sostenido: “ser fuertes en el interior para ser considerados y respetados en el exterior”. No a otra cosa tienden los preceptos fundamentales de la Constitución mexicana de 1917.

 

Y toda esta impresión hemos estado desde hace tiempo experimentando en un mundo nuevo cada vez más dinamíco, en nuestro caso, desarrollado y fortalecido durante la serie cronológica de tres generaciones.

Es a esas nuevas generaciones a quienes los Constituyentes de 1917 debemos dedicar una rendida muestra de homenaje y de admiración por haber conservado y fortalecido el sentimiento patrio fundamental que hizo nacer

la Revolución Mexicana de 1910. Esta es a la vez nuestra manifiesta reciprocidad en torno de un pasado de luchas y de sacrificios que se ha convertido en el ambiente actual de bienestar y de progreso para proyectarse

sobre un porvenir de luz y de perfección, si humanamente la ley ha de iluminar la senda de un pueblo del futuro, y siempre que también humanamente llegue a conquistarse la perfección.

 

Nosotros pertenecemos a un pasado que actuó dentro del marco de sus posibilidades; y las generaciones que nos están sucediendo tienen la obligación de enfrentarse no solamente con lo que bien o mal se creó en el pasado, sino también con los graves problemas creados durante el presente por la inevitable contingencia de las transformaciones económicas y sociales que repercuten, quiérase o no, en la transformación política de la estructura gubernamental. ¿Y el futuro?… Esta interrogante constituye el enigma social de la actualidad. La respuesta ya no depende de nosotros.

 

México D.F., marzo de 1972

 

 

Las constituciones de México

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos 1917

 

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