La Conquista de Sinaloa

January 16, 2013

 

La conquista de Sinaloa

 

Por: Eustaquio Buelna

 

El descubrimiento y conquista de Sinaloa por los españoles no se verificó de una vez, como la de Anáhuac, sino en varias expediciones.

La primera, que se hizo por tierra, fue mandada por don Nuño Beltrán de Guzmán, presidente de la Real Audiencia de México. Este hombre emprendedor, a la cabeza de 400 españoles, más de ocho mil indios auxiliares y muchos de carga, salió de México a fines del año de 1529, y después de haber conquistado la Nueva Galicia, hoy estado de Jalisco, determinó más al norte hasta encontrar las ricas minas de oro y plata y las grandes ciudades que se decía haber en estas regiones.

A principios de 1531 entró Nuño Beltrán de Guzmán a Chametla, habiendo deshecho el día anterior a los indios que le opusieron resistencia en el Llano de las Vacas, y le pidieron después la paz. De Chametla salió para la provincia de Culiacán, pasando por Piaxtla, por el pueblo de la Sal — probablemente las Salinas de Ceuta— y el de Baila, donde pasó el Miércoles de Ceniza.

En todo el tránsito se libraban combates y escaramuzas que terminaban por la derrota de los naturales, y en todas partes se quemaban sus caseríos por los bárbaros conquistadores.

En algunas poblaciones, especialmente a orillas del río Ciguatán, hoy San Lorenzo, no hallaron los españoles sino mujeres, lo que dio pábulo a la especie de que estaban habitadas por amazonas; pero tal circunstancia era debido a que los varones andaban fuera, pensando en dar guerra a los invasores.

Refiere el padre fray Antonio Tello que, al llegar a Oso la expedición, fue recibida en paz por el Señor del pueblo y diez mil indios, que los fueron acompañando hasta Navito, cuyos moradores a su vez y en mayor número salieron a recibir a sus huéspedes, danzando y cantando por el camino, que tenían muy barrido y enramado, y obsequiándoles al pasar el río con una batida de caimanes, que flechaban y lanzaban, y aún se subían en ellos.

Dice también que Guzmán determinó fundar allí una villa con el titulo de San Miguel de Navito, pero que en el mismo año fue trasladada a Culiacán, que es donde hoy permanece.

De Navito, continuando para Culiacán, pasaron los españoles por el pueblo de Quilá, que incendiaron después del combate; el de las Flechas, que nombraron así por haber hallado en él grandísimo acopio de dichas armas; el de Cuatro Barrios —uno de los cuales debe haber sido el que hoy llamamos El Barrio — ; y el de León, donde atravesaron un río que se les dijo siguieran abajo para ir a Culiacán, y en cuyo punto la descubierta de a caballo lanceó y persiguió la guarnición de indios que estaba allí por parte del cacique de dicha ciudad; después de esto siguieron su marcha por Humaya y Colombo.

En este último pueblo, que al parecer debió existir donde se halla situada la hacienda de Mucurimí, pernoctaron a la vista del enemigo los dos destacamentos de caballería que había avanzado Guzmán, los que al día siguiente, sin esperar el grueso del ejército, derrotaron y persiguieron a cerca de treinta mil indios, tomando prisionero al Señor de dicho lugar, que dijo ser hermano del de Culiacán.

La persecución se hizo más allá de esta ciudad —que es probable haya existido donde hoy está el pueblo de Culiacancito —, y habiendo avanzado Guzmán halló en ella los dos destacamentos que volvían de seguir el alcance, retrocediendo todos al pueblo de Colombo, a donde los indios acudieron de paz.

Nuño Beltrán de Guzmán expedicionó en seguida por la costa, los pueblos de las Vegas y el Vizcaíno, y después por la sierra de Capirato; y a su regreso fundó con cien españoles la villa de Culiacán, en la margen izquierda del río de Orabá y enfrente de la punta del mismo con el de Humaya, como tres leguas arriba de la antigua y misteriosa ciudad azteca, de la que no queda más vestigio que el nombre diminutivo del pueblo donde pudo estar ubicada.

El capitán José de Angulo, enviado por Guzmán rumbo al oriente, descubrió a Topia y recorrió las llanuras de Durango.

Pero Almíndez Chirinos, otro capitán español, expedicionó por el norte, derrotó a los indios que le opusieron resistencia en los ríos de Mocorito y Sinaloa, y bajó a Tamazula, donde tuvo noticia que en esa costa había sido muerto, con todos sus compañeros, Diego Hurtado de Mendoza, jefe de la expedición que por mar había enviado Hernán Cortés en pos de nuevos descubrimientos.

Los españoles llegaron hasta el Yaqui por la costa, en cuyo camino padecieron muchas necesidades; y a la vuelta, en el punto de Los Ojitos, fueron alcanzados por Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, Andrés Dorante, Alonso del Castillo y un negro llamado Esteban, únicos de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida que escaparon de morir a manos de los bárbaros, y peregrinando entre ellos por muchos años, habían atravesado el Continente, hasta que adquirieron noticias de sus paisanos en dicho río y se apresuraron a ir en su seguimiento.

Con más de 600 indios que los acompañaban, reverenciándolos como a dioses, y que por amor a ellos no quisieron volver a sus tierras, se formaron a orillas del Petatlán dos pueblos llamados Popuchi y Apucha, que aún subsisten con otros nombres.

Cabeza de Vaca y sus compañeros no encontraron a Nuño Beltrán de Guzmán en Culiacán, por lo que pasaron a Compostela, donde se hallaba, y de allí partieron para México.

La segunda expedición a Sinaloa fue obra del virrey don Antonio de Mendoza, movido por las relaciones de Cabeza de Vaca y sus compañeros de peregrinación, quienes habían llegado a México el 22 de julio de 1536, y pintaban a dicha provincia como una tierra abundante y rica.

 

En 1538 el virrey envió a don Francisco Vázquez de Coronado por gobernador de la Nueva Galicia, en cuya demarcación estaban entonces comprendidas las provincias recién conquistadas. Desde luego este señor, sabiendo el apuro en que estaban los pobladores de Culiacán por la guerra que les hacía un poderoso cacique llamado Ayapín, los fue a socorrer y logró prender a este, y lo ahorcó.

Pacificada la provincia, envió Coronado a la exploración proyectada por el virrey al padre fray Marcos de Niza, acompañado del negro Esteban y algunos indios, y partieron de Culiacán el 7 de marzo de 1539. El padre Niza avanzó mucho al norte de Sinaloa, donde Esteban fue muerto o quedó extraviado entre las selvas; volvió a Compostela a fines del año, y allí dio cuenta a Coronado, remitiendo además al virrey una relación por escrito.

Francisco Vázquez de Coronado salió de Culiacán en abril de 1540 a conquistar y poblar las tierras descritas por el padre Niza; y cerca de los límites septentrionales de la antigua provincia de Sinaloa fundó, con 40 españoles, una villa que llamo Puebla de los Corazones, la que a poco destruyeron los indios del Yaqui, matando casi a todos sus pobladores, a causa de la barbarie y dureza que para con ellos empleaba el alcalde y justicia mayor Diego de Alcaraz.

El ejército que, fundada la villa, había avanzado más al norte, retrocedió sin éxito alguno en la empresa, por haber recibido Vázquez de Coronado un gran golpe cayendo de un caballo.

 

 

La Conquista de Sinaloa, escrita por Eustaquio Buelna

La Conquista de Sinaloa, representación del códice Lienzo de Tlaxcala (fragmento)

 

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