Judas el eterno

November 11, 2014

Cultura del estado de Sinaloa, México

 

JUDAS EL ETERNO

 

Por: Enrique Romero Jiménez

 

En el drama cristiano de la pasión, Judas no solamente se convierte, por derecho propio, en el símbolo de la traición que perdura al través de los siglos. Es, también, el instrumento necesario para que el Rabí de Galilea cumpla inexorablemente con su destino mesiánico que termina, de manera ignominiosa, en el Monte de las Calaveras.

Además, el hombre de Karioth, al vender a su maestro, hace resaltar el valor del perdón y de la misericordia en quién se sabe ya, y se proclama, víctima del sacrificio inevitable.

Así, su denuncia y aprehensión constituyen las fases finales, los últimos toques de una entrega voluntaria, en las que el discípulo desleal es el factor imprescindible para la consumación completa del martirio.

Más fijándose bién, Judas introduce un elemento nuevo en la traición: el beso.

Con él intenta dulcificar su acto, suavizarlo, darle un valor estético y refinado; abrir cauce a las voces de su conciencia, a los últimos, obscuros y desconocidos estratos de su alma

 

Es, por ello, el creador de un nuevo género: el del traidor que besa a quién se entrega al furor de los sayones, para que sufra luego dolorosamente la muerte que le espera; más dolorosa porque se sabe traicionado por uno de los suyos y se siente desamparado y solo en el trance supre¬mo que habrá de llegar con las sombras finales de la noche.

Pero Judas termina con su vida y con su obra, ahorcándose simplemente, elementalmente, en una de las ramas de la higuera señalada?

Acaba así la obra de este hombre de rostro cetrino, de mirada intensa y de manos sarmentosas?

Sería éste el final prosaico de su clásica entrega para una humanidad ansiosa siempre de modelos a imitar, de nuevos cambios, de otros métodos, de diferentes modos de vivir, anhelante de otras actividades y distintas formas de pensamiento?

No, Judas no ha muerto. Está vivo para siempre, hasta la consumación de los siglos.

Es eterno por lo que representa en la historia del hombre y en la historia del mundo.

En el amplio escenario de las generaciones, es indispensable su presencia y la repetición constante y diaria de su acto para hacer resaltar, en contraste obligado, la bondad, el amor, la generosidad, la grandeza del alma, la elevación de sentimientos, la nobleza de conducta, que de otra manera pasarían inadvertidas en el tráfago del tiempo y de los pueblos.

Es necesaria su figura y su delito para que haya mártires sacrificados en aras de una idea, de una causa o de un símbolo.

“Por cada hombre que triunfa, que se distingue, que sobresale del nivel común de su grupo, hay diez judas que lo acechan para ejercitar en él, a la hora precisa, su atávico quehacer”.

“Junto al funcionario que ejerce la responsabilidad de un elevado car¬go, existen cien judas que lo rodean y lo envuelven en un círculo metálico de elogios, de alabanzas, de intrigas cortesanas, de rumores tendenciosos”.

 

Son los que a diario le refrendan su juramento de lealtad hasta la muerte, pero que a las primeras señales de tormenta, de informes ominosos, de equivocaciones naturales, de simples contratiempos o aconteceres explicable, inician la desbandada, cambian el rumbo, buscan nueva sombra protectora, no sin repetir su macabra tarea de traición, reafirmando otra y otra vez el espíritu del Iscariote, compañero perpetuo del género humano.

Numerosos artistas, sabios y pensadores, filósofos, estadistas y filántropos; gentes significadas por el esfuerzo y el trabajo, deben la perennidad de su memoria al amigo íntimo, al confidente, al colaborador que les fué desleal.

Judas está vivo. No murió ni morirá.

 

A donde volvamos los ojos lo distinguiremos. Se encuentra en todas partes: en las grandes ciudades y en el campo, a la orilla del mar, en los valles y en las montañas.

En todos los lugares donde el hombre nace, sueña, lucha y muere.

Se ha incorporado a nuestra frágil naturaleza. Se ha fundido en nuestro barro, temporal y precario.

Y en numerosas ocasiones, a la hora del alba, a plena luz del sol o en la penumbra de la noche, lo vemos contar y acariciar, impúdicamente, las míseras monedas de su venta diaria.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 2, páginas 10-11.

 

Judas, cultura sinaloense

Judas, dibujo del artista sinaloense Alvaro Blancarte

 

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Judas el eterno
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Artículo sinaloense de corte religioso dedicado a la figura de Judas

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