Hombres ejemplares de Sinaloa

 

JUAN DE DIOS BÁTIZ PAREDES, HACEDOR DE HOMBRES

 

Por: Gonzalo Armienta Calderón

 

DECRETO QUE CREA LA ME DALLA DE HONOR “BELISARIO DOMÍNGUEZ” DEL SENADO DE LA REPÚBLIC A. Artículo Primero.- Se crea la Medalla de Honor “Belisario Domínguez” del Senado de la República, para premiar a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad.

3 de enero de 1953.

Es la Medalla “Belisario Domínguez” la más alta presea a que puede aspirar un mexicano. En ella está grabada la efigie de aquél que un día fustigara al tirano magnicida, para elevar, con su verbo candente, la más airada protesta y con vertir en fuego el justo rencor de una nación encarnecida. El héroe civil está presente en cada homenaje y su voz, ya sin tiempo y sin espacio, se extiende, con la rosa de los vientos, como un hálito que vivifica la fe en el hombre y en su destino.

Sinaloa es una madre orgullosa. A cuatro de sus hijos los ha distinguido el Senado de la República; y los cuatro, caballeros del ideal, abrieron el surco generoso que hizo germinar la semilla de la patria nueva.

Ramón F. Iturbe,… esconde en una estrella lejana la serena inquietud de su espíritu vagabundo…

Ignacio Ramos Praslow… envuelto en una flama de esperanzas, inscribe su firma -impronta de credo, lucha y convicciones— en el libro excelso del renovado amanecer republicano…

Pablo Macías Valenzuela,… lanza espirales de humo y juega con los niños que sus maestros enseñaron a leer…

Y al volver la mirada hacia el pasado, la Revolución que es recuerdo del ayer e inquietud de frustración, busca a sus mejores hombres y ya en la ancianidad esplendorosa encuentra a Juan de Dios Bátiz y los muestra a la juventud que hoy empuña airada la palabra, abre senderos de ilusiones y mira desafiante al porvenir.

Sataya es un alegre caserío de la provincia sinaloense, suavemente enclavado en el tríptico que en el terruño forman el mar, el valle y la montaña. De ahí partió, en un bajel, henchidas las velas, bogando por el tiempo infinito el espíritu alerta del sinaloense forjador de hombres, hermano en los ideales del Caudillo de Jiquilpan.

Juan de Dios Batiz estrecha la mano amiga del Granito de Oro y se lanza por los caminos del viento de la Revolución para entonar el himno nuevo de las treinta-treinta; y al finalizar la contienda, que provocaron la injusticia y el hambre ancestral de su pueblo, recorre los desiertos de la cultura y estampa en el paisaje milenario de la patria un oasis en el que abrevaran los jóvenes de hoy y del mañana.

Hurga en el alma palpitante de la juventud y descubre la mejor de sus vetas: la del espíritu que tramonta cimas y laderas del México piramidal, cuya cúspide es espiga de realidades y de fantasías; fantasías de ahí que son realidades del mañana, en el visionario quehacer del gigante de pies telúricos que eslabona su pensamiento en la cadena invisible que ata al presente con el futuro.

En el vespertino incendio de las tardes sinaloenses Sataya añora a su hijo predilecto y cuenta, con los dedos del destino, las estrellas que fueron testigos de su terco y afanoso peregrinar por la ruta señera de la educación y de la enseñanza.

La congoja de saber que a su lado se derramaron en sangre los ideales y encontrar una realidad plasmada, todos los días, de equívocos y de claudicaciones, lo lleva a dejar caer, en la mente siempre alerta del Presidente Cárdenas, un viejo sueño, el de crear un centro de estudios que preparará a los hijos de campesinos y de trabajadores, para ser, en la tecnología y en el humanismo, los conductores de su pueblo.

Y un día, en la década de los años treinta, el paladín, el guía, el maestro, arrebata de los cuatro horizontes manos jóvenes, manos campesinas, manos obreras, que colocan, uno a uno, los cimientos de la nueva Atalaya de la cultura popular: el Instituto Politécnico Nacional.

Un sueño —arco iris de la revolución— nace en la Sierra Madre cabalgando con Buelna, meteoro de luz y fuego, y se plasma magnífico en el Casco de Santo Tomás. Juan de Dios Bátiz, audaz en las ideas, afable en el ademán, recio en la palabra, quiere forjar, con espléndida pasión, técnicos y profesionales que hagan de México un país libre, con la energía vital de su raza ecuménica.

Ha terminado la Jornada, y un 7 de octubre de 1977 la voz ciudadana, en el grave recinto del Senado de la República, pregona emocionada:

Juan de Dios

Juan de los jóvenes…

Juan de los sinaloenses…

Juan de Dios, hacedor de hom¬bres…

La Patria te honra justamente agradecida.

México, D. F., octubre de 1977.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 4, página 19-20.

 

Ing. Juan de Dios Bátiz Paredes, hacedor de hombres

Juan de Dios Bátiz Paredes, joven con uniforme del Colegio Militar

 

Summary
Name
Juan de Dios Bátiz Paredes
Job Title
Educador
Company
Secretaría de Educación Pública
Address
Sataya, Navolato,Sinaloa, México

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