José Rentería

March 25, 2013

Gente en Sinaloa

 

CORONEL Y PROFESOR JOSÉ RENTERÍA

 

Por: Humberto Ruiz Sánchez

Aunque don Filiberto Leandro Quintero en su historia de la región, dice desconocer fecha de nacimiento, fecha de llegada a Sinaloa y objetivos de su viaje, nosotros en los archivos de El Fuerte encontramos datos que dan un poco de luz al respecto.

Por ejemplo unos dicen que era jalisciense y otros de Michoacán; la realidad es que nació en Huetamo, Michoacán, el año de 1835, estudia en Guadalajara la carrera de maestro alcanzando título de normalista; ingresa al Colegio Militar en la ciudad de México pero por razones que desconocemos trunca sus estudios.

En 1856 contando con 21 años de edad trabajó en la ciudad de México en el bufete de un notable abogado, ahí aprendió bastante de leyes y estudió idiomas llegando a dominar el inglés y el francés a la perfección.

Se estableció un poco de tiempo en Morelia, capital de su estado natal y debido a sus ideas liberales ya muy definidas sostuvo alegatos y polémicas fuertes en un periódico local nada menos que con el propio obispo de Michoacán, don Clemente de Jesús Munguía; esto le acarreó grandes problemas en una ciudad como Morelia empapada de religiosidad. Este don Clemente lo registra la historia como uno de los primeros mexicanos en viajar a Europa a ofrecer a Maximiliano el trono de México. No andaba entonces muy errado el joven Rentería cuando lo combatía años antes de este suceso.

Entonces el fogozo joven Rentería tuvo que perder la tierra, incursionando por el noroeste buscando ambiente propicio, así llega a Sinaloa a mediados de 1858 cuando tiene apenas 23 años de edad, era pues casi un excomulgado. No sabemos por qué circunstancias, Rentería sigue al norte, Llegando a la Villa de El Fuerte, donde al ponerse de manifiesto su preparación intelectual el prefecto del distrito don Ramón Félix y Buelna le encarga la dirección del Instituto Municipal “Benito Juárez” que no es otra cosa que la escuela primaria del lugar.

Sinaloa era en ese tiempo, terreno propicio para el desarrollo de la causa liberal contra los llamados conservadores. Es cuando un joven loco e inquieto de ideas similares a las de José Rentería, declara un pronunciamiento en El Fuerte el día 19 de agosto de 1858 y se levanta en armas a favor de la Constitución de 1857; el profesor Rentería se une sin titubeos a ese movimiento que por principio de cuentas toma la Villa de El Fuerte para la causa; ese joven se llama Plácido Vega y Dasa, y en ese primer brote de rebeldía le ayudan también los siguientes vecinos: Adolfo Ibarra, Camilo y Manuel Vega, Mariano Delgado, Jesús Vega Pacheco y varios más.

A los dos o tres días sucede lo mismo en Culiacán, y la mecha está ya prendida; se ha desatado la guerra civil en Sinaloa de liberales contra conservadores.

Volviendo a nuestro biografiado, en 1860 el profesor ya convertido en militar, contrae matrimonio en El Fuerte con la señorita Refugio Rivera Vega pero al parecer, no tuvieron descendencia, pues no encontré en los archivos del Registro Civil nacimiento de Rentería alguno.

Este movimiento fue el que llevó a Placido Vega ya como general a la gubernatura del estado; para entonces ya había llegado a Sinaloa a pelear por la misma causa Antonio Rosales y Ramón Corona, pues en el centro del país y en la región de Jalisco poco podían hacer por sus objetivos.

Así tenemos pues al profesorcito de nuestra historia convertido en combatiente, dando rienda suelta a una inquietud que ya había saboreado cuando fue alumno del colegio militar. Ya no está al lado del Gral. Plácido Vega pues el barbón de El Fuerte vuela muy alto, ahora está a las órdenes del coronel Antonio Rosales, a quien no ve con muy buenos ojos, pues se ha dado cuenta de ciertas ambiciones tanto del zacatecano Rosales como del jalisciense Corona.

Las desconfianzas de Rentería hacia Rosales tenían su razón como se verá más adelante. En enero de 1863 el gobernador Plácido Vega tuvo la necesidad de dejar su delicado y peligroso puesto en manos del general Jesús García Morales y trasladarse él a una importante comisión encomendada por el Presidente Juárez.

Cuando García Morales asume el poder, da nombramiento de prefecto del distrito de El Fuerte a Rentería. La fecha exacta es el 4 de julio de 1864, ya ostenta el grado de coronel, y como se ve es hombre de confianza del inmortal sonorense cuya estatua engalana hoy el Paseo de la Reforma en la ciudad de México.

Rosales siempre le tuvo un gran respeto, envidia hasta temor al Gral. Plácido Vega y Dasa, la prueba está que mientras él estuvo presente, Rosales no movió un dedo en su contra, pero cuando se queda García Morales como gobernador, entre el Gral. Ramón Corona y él lo atacan, derrotan y tumban del poder.

Como García Morales era sonorense y estaba recién llegado a Sinaloa, no quiso derramamiento de sangre y mejor cortó por lo sano. Entonces Rosales se autonombra gobernador pasando sobre la Constitución pues debería haber asumido la gubernatura el Lic. Don Jesús M. Gaxiola como presidente que era del Supremo Tribunal de Justicia. ¿Y saben ustedes que hizo el Gral. Rosales con este alto magistrado?, lo tomó preso y le colocó un uniforme de kaki igual que si fuera un soldado castigado por corrección a la limpieza, y así, por orden de quien hoy identificamos como el Héroe de San Pedro, se hizo cargar el barril de las inmundicias al presidente del Tribunal Superior, al legítimo gobernador de Sinaloa.

El anterior derrocamiento que citamos ocasionó que el coronel José Rentería no sólo no reconoció aquella acción de su antiguo jefe sino que disgustado por la situación, se viene a El Fuerte con su contingente compuesto por unos 300 elementos.

Por esos días un conservador recalcitrante como lo era el exgobernador don Francisco de la Vega y Rábago había sido derrotado en Culiacán por García Morales y hecho huir con su ejército a los limites de Durango, ahí se reorganizó y cuando volvía a tratar de reconquistar Culiacán, sorprendió a las fuerzas del coronel José Rentería a las cuales tomó dormidas en un lugar amado Mirasoles la madrugada del 28 de octubre de 1864.

Los fuertenses que en ese momento acompañaban al coronel Rentería como combatientes y con distintos grados eran: Narciso Félix, Juan B. Amarillas, Camilo Meneses, Pacífico Meneses, Paulino Soto, Tiburcio Vega, Patricio Robles, Jesús Vega Pacheco, Guillermo Vega y los hermanos Ramón y Cecilio Rivera Vega, este último de sólo 18 años de edad y que eran sus cuñados.

Mirasoles queda a cinco leguas (20 kilómetros) de Culiacán por el camino real que va a Mocorito, ahí a las tres de la mañana fue la brutal carnicería; perdieron todo, armamento y pertrechos de guerra, el coronel Rentería herido fue conducido a la Villa de Sinaloa y ahí quedó prisionero sólo unos días, pues al reconocerse en Culiacán la gubernatura de Rosales, fue dejado en libertad viniéndose a El Fuerte nuevamente. De este combate se dice que fue el único que ganó coronel don Francisco de la Vega.

A los pocos días a Rentería le tocó presenciar con beneplácito por supuesto, cómo en la plazuela de El Fuerte era fusilado y colgado su victimario el coronel don Francisco de la Vega y Rábago que se despidió de este mundo portando la vergonzosa etiqueta de imperialista.

Rentería tuvo muchos hechos de armas en ese lapso conflictivo que abarcó la Reforma, la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano; se ganó a pulso el grado de coronel otorgado por el Presidente Juárez. Enumeraremos algunos: batalla de La Noria entre Mocorito y Culiacán, en octubre de 1858; batalla de Los Mimbres, Cosalá en marzo de 1859; Toma de Mazatlán en abril de 1859; batalla del Salitral, Álamos, Sonora en agosto de 1861 y varios más.

Al triunfo de las fuerzas liberales contra el invasor francés y la caída y muerte del emperador Maximiliano ocurrida el 19 de junio de 1867, el profesor y coronel José Rentería se establece en Álamos; le gustó el auge que este centro minero tenía entonces y ahí funda una escuela que fue de gran prestigio y a la que asistieron jóvenes del lugar y los alrededores; Rentería tenía entonces 32 años de edad.

No sabemos con precisión cuantos años dura en Álamos con su escuela el profesor Rentería, suponemos que entre tres y cinco, pero lo que sí estamos en posibilidad de afirmar es que para cuando don Porfirio Díaz asume el poder presidencial por primera vez o sea en 1877, Rentería ya está radicando nuevamente en El Fuerte.

Rentería admiraba mucho al Porfirio Díaz liberal, al defensor de la causa juarista y de la República hasta la caída de Maximiliano, pero cuando el oaxaqueño se convirtió en dictador, cayó de la gracia del maestro y al identificarse éste como antiporfirista se le cerraron muchas puertas en lo militar y en la política, dedicándose entonces de lleno a la carrera magisterial.

En la Villa de El Fuerte fundó don José Rentería una grandiosa escuela militarizada; lo podía hacer puesto que su grado de coronel nunca se le retiró. Impartía primaria y secundaria y además algo nunca visto antes: tenía “internado” formado por unos sesenta jóvenes procedentes de distintas partes como la Villa de Sinaloa, Culiacán, Mazatlán, de Álamos, Sonora y hasta de Hermosillo.

La incipiente Universidad de Sinaloa en esos tiempos llamada Colegio Civil Rosales andaba en panales, por eso a su escuela se le reconocía como el mejor centro educativo del noroeste.

A los alumnos, para estimularlos, el maestro Rentería les otorgaba grados militares, así el jefe de alumnos era subteniente y a los más destacados les daba el grado de sargento y cabo; los novatos recibían bautizo de ingreso ya fuera rapándolos o dándoles comisiones que llamaran a risa o bien mandándolos a la leña.

Algunos de esos alumnos del maestro Rentería que después destacaron en diferentes actividades fueron los siguientes:

Brígido Caro, periodista y político nacido en Álamos; actuó en Durango, Zacatecas y Guadalajara, en esta última sufrió prisión de varios meses por sus candentes escritos en contra de la dictadura porfirista.

Ricardo Topete Armada, general de división nacido en Álamos; como diputado federal contestó un informe presidencial de don Plutarco Elías Calles.

Fausto Topete Almada; alamense, llegó a general de división y fue gobernador de Sonora.

Pablo Macías Valenzuela, general de división, gobernador de Sinaloa y ministro de la Defensa Nacional.

Alfredo Delgado Ibarra, general de división y gobernador de Sinaloa.

Francisco A. Rivera, coronel del estado mayor presidencial de don Álvaro Obregón.

Francisco R. Serrano, general de división, gobernador del Distrito Federal, ministro de Guerra y Marina y candidato presidencial.

Antonio A. Guerrero, general, jefe de operaciones militares en Sonora, Coahuila y Chihuahua.

Manuel Lugo, general, jefe de las guardias presidenciales de don Plutarco Elías Calles.

Manuel Ortega, general revolutionario, comisionado en el Distrito Federal.

Gregorio Delgado Ibarra, general revolucionario con comisiones varias en la ciudad de México.

Aureliano A. Rivera; presidente municipal de Ahome.

Aunque usted no lo crea, el propio “Liceo Rosales” impartió la instrucción secundaria y profesional en base al entonces llamado “Movimiento Magisterial Positivista”, corriente educativa introducida a Sinaloa nada menos que por el Profr. José Rentería en base a los lineamientos del inmenso maestro don Gabino Barreda.

Don José Rentería era un inquieto incorregible, se había acostumbrado a la intensa actividad en sus años de combatiente, por eso un tiempo después deja El Fuerte, y así como se había radicado en Álamos, se aposenta en Mochicahui y a la vez que funda ahí también una escuela, le entra de agricultor pues le llamaron mucho la atención las feraces tierras limosas de la orilla del río.

Estando en ese pintoresco pueblo lleno de muchachas hermosas, el ya maduron Rentería le da por andar de conquista, se enamora de dama con compromiso, y cuando el ofendido le reclama, se hacen de palabras y como él anda armado, le “sonraja” un balazo en la cabeza a su oponente que viene a ser nada menos que hermano de don Filiberto R. Quintero y obviamente tío de don Filiberto Leandro Quintero Vega insigne historiador regional.

No sabemos cuánto tiempo permanece Rentería detenido por el crimen citado, a lo mejor se declaró la defensa propia, pero lo cierto es que cuando se desembaraza del penoso incidente reabre su escuela en El Fuerte.

Con tamaña instrucción académica, con tal preparación como tenía, no fue raro que al profesor le entrara el gusanito de escribir; se convierte pues en un colaborador de periódicos y revistas de la época, así edita un libro en 1892 el cual titula “Estudios y recuerdos”; en el da opinión de la época juarista, habla muy bien del Gral. Ramón Corona pero pone los puntos sobre las íes al tocar el tema escabroso del comportamiento del Gral. Antonio Rosales que se la llevó haciendo rebeliones y asonadas cuando el país más necesitaba la unión de todos los mexicanos; y no se crea que fueron reproches personales contra el zacatecano pues sabido y comprobado está que el Presidente Juárez reclamó airadamente algunas actuaciones del glorioso héroe de San Pedro, que yo creo que buscaba la inmortalidad con sus tozudeces y caprichos pues fue a entregar su vida en forma inocente y tonta como el peor de los estrategas militares a Álamos, Sonora, a manos del tristemente célebre Tranquilino “El Chato” Almada.

 

DON PORFIRIO SE AFIANZA EN EL PODER

Así, en el ambiente tranquilo de la pintoresca villa transcurre la vida de Rentería hasta recibir el nuevo siglo, estamos pues en 1901; el célebre maestro no ve con buenos ojos el que don Porfirio Díaz se ha apoderado del mando del país y lo va convirtiendo en una dictadura pero el veterano de las tres guerras —Reforma, Intervención e Imperio— ya con más de 65 años a cuestas no tiene mucha oportunidad de protestar, pero esta se le presentara más delante.

Por esos años se está construyendo una vía férrea a la que sus dueños han bautizado como Ferrocarril Kansas City México y Oriente; son norteamericanos los realizadores encabezados por el Ing. Albert K. Owen. Dicha construcción se desprende del incipiente puerto de Topolobampo y en difícil y casi milagroso avance tratara de llegar en una primera etapa de su proyecto al estado de Chi-huahua.

Así a finales de 1903 la “punta de fierrro” o sea el tendido de rieles llega al rancho del Joyanco que así se convierte en estación. El 9 de enero de 1904 va a ser histórico, llega a estación Joyanco procedente de Topolobampo, el primer tren de pasajeros; fue aquello lo nunca visto, la gente de El Fuerte se volcó en la estación. Multitudes recorrieron a pie la distancia de 7 kilómetros para estar presentes y ver un milagro realizado.

Con ese motivo el profesor Rentería desde una tribuna improvisada de madera lanzó elocuente discurso ante personalidades como el prefecto del Distrito don Rafael J. Almada, don Francisco Orrantía y Sarmiento, los ingenieros Owen y Tays y ahí estaba también don Benjamín F. Jonhnston; total aquello fue el apoteosis pues se había realizado el milagro de tender nada menos que cien kilómetros de vía férrea en forma particular; y eso era una pequeña parte del descomunal sueno de Albert K. Owen. Tendrían que transcurrir sesenta años para que el gobierno mexicano terminara el proyecto con el llamado Ferrocarril Chihuahua-Pacifico.

En 1908 muere doña Dolores Rivera y Vega, cuñada justamente del profesor Rentería, y éste al hacer la presentación del cadáver y asentar el acta respectiva en el Registro Civil, declara ser originario de Huetamo, Michoacán, tener 73 años en la fecha y dedicarse además de maestro a agricultor. Con esta aclaración salida del propio Rentería se descubre lo que el historiador don Filiberto Leandro Quintero no pudo encontrar, pero se descubre por quien esto escribe apenas el año de 1991.

Estamos en 1909, don Porfirio lleva casi treinta años de dictadura y a la par con el oaxaqueño acá en Sinaloa el Gral. Francisco Cañedo ha hecho lo mismo como gobernador del estado, sólo que la infalible muerte viene por el nayarita en ese ano citado.

Los sinaloenses cansados de aquel yugo, al ver muerto a Cañedo se aprestan a elegir y llevar al poder a un hombre de sus simpatías; se viene pues la lucha electoral entre el periodista y licenciado don José Ferrel y el acaudalado hombre de empresa don Diego Redo de la Vega.

El Fuerte es en ese tiempo un bastión político importante en esos álgidos momentos que narramos; don José Rentería a pesar de su edad, con gran fogosidad escribe con elocuencia a favor de Ferrel en “El Correo de la Tarde“, periódico que dirige el ultra-ferrelista don Heriberto Frías. Todo Sinaloa (menos los ricos) vota por el Lic. Ferrel pero en un milagro de alquimia electoral y con el apoyo del que manda allá arriba gana don Diego Redo. Sinaloa quedó profundamente lastimado con aquel fraude electoral, y muy pronto las cosas cambiarán.

Estamos en 1910, don Francisco I. Madero lucha contra la llamada dictadura; acá en El Fuerte, en un golpe de audacia, el recluso de la cárcel don José María Ochoa toma por asalto la prisión, libera a los presos y con un pequeño contingente se apodera de la prefectura. El primero en apoyarlo es don José Rentería y ambos toman la plaza en nombre de la Revolución Maderista.

Cae el prefecto político don Gonzalo Martínez y es designado inmediatamente por Ochoa como nuevo prefecto don José Rentería. La arenga que el viejo maestro dirigió a la multitud reunida en el pórtico del Palacio Municipal fue de antología; nunca antes nadie se había dirigido a los fuertenses con tal elocuencia, retándolos, incitándolos a tumbar el régimen sin importar la vida. Esto sucedía en diciembre de 1910 y como es sabido en mayo del siguiente año caía lo que se veía tan imposible, el régimen dictatorial del general Díaz.

Cuántos años guardó don José Rentería el odio hacia el porfirismo, pues él había sido liberal incondicional a Juárez, y durante la dictadura prácticamente había sido relegado al no comulgar con el sistema; todo ese tiempo se la pasó de maestro refugiado en Álamos y El Fuerte como ya lo describimos.

A la caída de don Porfirio, acá en Sinaloa el gobernador Redo se va al exilio, entonces el general revolucionario Juan Banderas toma la gubernatura en forma provisional mientras se celebran elecciones constitucionales. En ese momento aunque usted no lo crea El Fuerte es el centro político del estado y lo prueba el hecho de que de su seno salen los dos candidatos que contenderán por la gubernatura del estado.

Ellos fueron el acreditado abogado don José A. Meza y por supuesto nuestro biografiado el profesor José Rentería.

Pero vayamos al detalle: don José Rentería está en sus funciones de prefecto político cuando llegan hasta El Fuerte representaciones de Culiacán y Mazatlán a proponerle la candidatura a gobernador; por Culiacán viene el prestigioso licenciado don Enrique Moreno y el destacado político don Tomas Alvarado, mientras que por Mazatlán lo hace nada menos que el periodista don Heriberto Frías.

Rentería acepta —no obstante sus 76 años cumplidos— y para no alargarles tanto el cuento, en junio, en unas elecciones limpias y tranquilas triunfa el viejo maestro con los siguientes, resultados en la votación general: el Lie. Meza 3,929 votos; Rentería 25,377 votos. En el distrito de El Fuerte sufragaron así: Lic. Meza 1,450 votos; Rentería 2,823 votos. En el incipiente Los Mochis (estamos hablando de 1911) votaron 320 personas: Meza 86, Rentería 234. Así fue pues la primera contienda electoral en Sinaloa emanada de la Revolución.

Con el triunfo en sus alforjas parte Rentería de El Fuerte por ferrocarril con su comitiva y acompañantes rumbo a la capital del estado. Fue la apoteosis esa llegada de Rentería a Culiacán; en la estación había música y gente de todos los niveles sociales; ahí lo recibió el Gral. Juan Banderas en su calidad de gobernador provisional revolucionario.

Dicen las crónicas de entonces que Rentería descendió del tren pero se negó a subir al carruaje que se le había preparado, se fue a pie rodeado del pueblo desde la estación hasta la plaza Rosales. En ese lugar, justo bajo la estatua ecuestre del Gral. Antonio Rosales se instaló el presídium. Y así teniendo como mudo testigo a su antiguo jefe, Rentería habló con gran elocuencia pues ya fue dicho que era excelente orador. Dijo entre otras cosas que le sobraban fuerzas —recuérdese que tenía 76 años de edad— para borrar por completo todo vestigio del régimen anterior; luego veremos lo que le costará querer cumplir al pie de la letra lo antes dicho.

Ya en el Salón Rojo de Palacio de Gobierno, el Lic. Ignacio M. Gastélum —diputado por El Fuerte— en su calidad de presidente del H. Congreso del Estado tomó la protesta al nuevo gobernador. Presentes en el trascendental acto el gobernador provisional Banderas que hizo entrega del cargo; el Gral. Ramón F. Iturbe; el Gral. Juan Carrasco; los coroneles Maximiliano Gámez, Rafael Buelna, Gregorio L. Cuevas y presente también el hombre a quien Rentería debía gran parte de esa gubernatura ganada, coronel José María Ochoa.

Luego, de Culiacán, siguió también en tren rumbo a Mazatlán, y ahí la misma cosa, el gran recibimiento. Llegó a la tierra donde el coronel Rosales derrocara 47 años atrás al gobernador Jesús García Morales, motivo por el cual Rentería y Rosales se hicieron enemigos para siempre. Ahí en Mazatlán don José fue cargado en hombros por los estibadores del puerto.

Rentería toma posesión de la gubernatura el 1 de septiembre de 1911, pero es hasta el día 21 cuando es declarado gobernador electo por los integrantes del XXV Congreso del Estado.

El gobernador José Rentería a los pocos días de mandato empezó a discrepar con la política impuesta por don Francisco I. Madero; por principio de cuentas no estuvo de acuerdo en que el gabinete del presidente provisional Francisco León de la Barra estuviera formado por porfiristas como Alberto García Granados que era nada menos que ministro de Gobernación. Por este motivo Rentería y García Granados se hicieron enemigos; Madero le tomó tal animadversión al viejo liberal juarista que se propuso tumbarlo a como diera lugar.

Cuando sale León de a Barra y asume la presidencia el señor Madero y esto fue en noviembre de 1911, Rentería reafirma su inconformidad por las inocentadas del buenazo de Madero; entonces éste le envía a Culiacán a su ministro de Comunicaciones el Ing. Manuel Bonilla a que lo vigile y presione con el claro fin de hacerlo renunciar, todo esto por los disturbios que Zapatistas y otros grupos no definidos ocasionaban en la parte sur del estado.

Ante esta delicada situación, el gobernador Rentería decide tomar el toro por los cuernos; se va a la ciudad de México a enfrentarse al propio Presidente Madero, entablando con éste airadas discusiones, resultando de todo esto que Madero, al no poderlo hacer renunciar y atribuyéndole todos los males que en Sinaloa ocurrían, le ordenó a Rentería; permanecer en la ciudad de México y que debía presentarse todos los días ante el ministro de Gobernación; es decir, el gobernador constitucional de Sinaloa tenia la ciudad por cárcel.

Pero Rentería era un hombre de muchos pantalones, no obedeció la inconstitucional orden del Presidente Madero y tomando el ferrocarril se vino a Sinaloa. Acá, para acabarla de amolar, los Zapatistas o revoltosos de que hablábamos, habían matado al coronel Néstor Pino Suárez, hermano del vicepresidente, y pues otra culpa más a las alforjas del gobernador Rentería.

Por esos días se desata en Sinaloa una rebelión en contra del gobierno establecido; este levantamiento lo acaudilló don Justo Tirado, y no fueron pocos los que afirmaron que fue auspiciado por el propio gobierno central. En Mazatlán, el gobernador José Rentería, por su seguridad, se refugia en un barco de guerra surto en la bahía, pero el capitán lo hace prisionero, así fue enviado en el citado barco a Manzanillo y de ahí a la ciudad de México.

Mientras tanto acá en Culiacán se declara al gobernador Rentería desaforado, destituido de su cargo Constitucional y en su lugar se nombró gobernador interino el Lic. Carlos C. Echeverría, el 2 de mayo de 1912; había durado de gobernador ocho meses.

En México a los pocos días Rentería fue puesto en libertad pero ya no tenía poder, no le hicieron caso al viejo, lo tildaron de senil se burlaron de su sordera, de sus “caprichos” y de su testarudez.

El presidente Madero en el pecado llevó la penitencia, dejó junto a él, al general porfirista Victoriano Huerta, y lo demás es de todos conocido.

Y para acabar de darle la razón que sólo el tiempo le dio a Rentería, baste decir que cuando Huerta asesina a Madero y usurpa el poder a su lado está como ministro de Gobernación el nefasto García Granados; perdonen lo reiterativo, ¿tenía o no tenía razón el viejo liberal juarista?, el tiempo, sólo el tiempo, puso las cosas en su lugar.

Ahí en México paseó su cólera, su desencanto y, por qué no decirlo, su tristeza don José Rentería por algunos años trabajando en lo que pudo, y cuando en 1917 el Gral. Ramón F. Iturbe es designado gobernador de Sinaloa llama a Rentería a que colabore en su gobierno como consejero; el maestro se rehúsa pero finalmente Iturbe lo convence y así vuelve don José a Sinaloa, a la tierra que tanto quiso y a la cual sirvió tanto tiempo.

Dijimos párrafos atrás que don José Rentería había dejado en apuntes sus experiencias y sentires; al respecto transcribimos lo siguiente:

“Tan viejo como soy, he podido ser testigo de muchos episodios referentes a la guerra de Reforma, a la Intervención, Imperio y también un poco atrás a la ultima administración de Santa Anna; todo lo he plasmado en apuntes, los cuales alguna vez he querido publicar como complemento histórico para que se juzgue lo mejor de nuestros hombres públicos y se conozcan rasgos y personas que aún se hallan ignorados, pero como por desgracia la crítica entre nosotros no es a menudo más que procacidad insultante, consultando la paz del espíritu he dejado arrumbados mis apuntes”.

¿Qué les pareció? Hay desencanto y tristeza en el final de su vida, y no es para menos; vio a los que traicionaron a Juárez; vio las inocentadas de Madero y por último vio los desvíos de la Revolución.

Decíamos que Iturbe invita al profesor Renteria a Sinaloa; pero a estas tierras sólo volvió a morir, quizá ese fue su real objetivo. Eran las 9:30 de la noche del 8 de marzo de 1919 cuando rinde el tributo infalible a la madre tierra. A El Fuerte ya no volvió desde el día aquel en que le comunicaron su candidatura a la gubernatura de Sinaloa.

Su sepelio fue solemne mas no tumultuoso; la oración funebre fue pronunciada por el Profr. Arnulfo N. García; el cortejo fue presidido por el presidente de la Cámara de Diputados; ahí estaban don Miguel L. Ceceña, Epitacio Osuna, Andrés Magallón, etc. Fue sepultado en el panteón San Juan, ahí en Culiacán; su tumba si todavía existe, debe carecer de inscripción pues quien esto escribe no pudo localizarla no obstante la pequeñez del cementerio.

Don Filiberto Leandro Quintero escribió muy poco del maestro Rentería pero sí dice lo siguiente: Era un hombre muy instruido, escritor fogozo y de ideas precisas, de pensamiento político avanzado para su tiempo. Ahora yo, que de poco tiempo acá me he dedicado a escribir cosas de mi tierra, pues me sentía en deuda enorme con el maestro al no escribir algo más de su increíble vida, por eso finalizo este trabajo exponiendo lo siguiente: Si le dedicó más de 60 años de su vida a Sinaloa, ¿Cómo no lo hemos de considerar sinaloense? Si le dedicó medio siglo de su existencia a El Fuerte ¿cómo no lo hemos de considerar fuertense?.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 73, páginas 4-12.

 

 

personajes en Sinaloa, José Rentería

José Rentería, gente en Sinaloa

 

Summary
Name
José Rentería
Job Title
Gobernador de Sinaloa, general militar, educador
Company
Gobierno del Estadod e Sinaloa, Liceo Rosales, Ejército Mexicano
Address
Huetamo,Michoacan, México

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*