Héroes de la Revolución Mexicana; gente de Sinaloa

 

El heroico capitán José Martínez del Río

 

Por: José Ramón Velázquez

Una vez consolidado el triunfo de la revolución maderista, el gobierno de la república ordenó el licenciamiento de las tropas revolucionarias que habían hecho posible este triunfo, con la orden de entregar las armas, disposición que no fue obedecida por grandes núcleos de guerrillas alegando en primer lugar que las armas eran de su propiedad, cosa por demás cierta. Aquí en Sinaloa, desde fines de 1911 se empiezan a formar grandes conjuntos de tropas revolucionarias descontentos con las disposiciones el señor Madero y su política. Ya en los comienzos de 1912 estos núcleos de inconformes suman miles en todo el estado, siendo acaudillados por sus antiguos jefes: Francisco Quintero, Manuel Antúnez, Pilar Quintero, Antonio Franco y otros de menor importancia que enarbolan la bandera de Emiliano Zapata, quien en el estado de Morelos sigue la lucha descontento también con la política del presidente Madero. Uno de los núcleos de inconformes en número aproximado a 1,500 hombres, ya en franca rebelión escoge como zona de operaciones la región de Pericos, en el municipio de Mocorito.

El señor gobernador del estado de Sinaloa, profesor José María Rentería, pide ayuda al gobierno del centro, pues día a día crece el movimiento Zapatista; ya en el sur del estado operan grandes contingentes de descontentos, la pequeña guarnición de la capital Culiacán, es incapaz e insuficiente ante lo numeroso del enemigo que ya se dice suman varios miles.

El gobierno de la república responde al llamado de auxilio del gobernador José Rentería enviando 500 hombres al mando del coronel Héctor Pino Suárez, quien establece su cuartel general en la hacienda de Pericos, lugar que estratégicamente no ofrecía ninguna seguridad, menos con lo reducido de sus tropas y la superioridad numérica del enemigo. Se le hace saber al coronel Pino Suárez lo peligroso de su situación, pues se ha metido en la boca del león; lo conveniente era seguir hasta Mocorito y esperar el ataque o de allí mandarlo en contra del enemigo.

El coronel pone oídos sordos a estos consejos pues parece que ve con mucho menosprecio al enemigo. El ataque sorpresivo de los Zapatistas no se hace esperar destrozando y aniquilando completamente al coronel Pino Suárez y sus tropas; éste muere en el combate junto con la mayoría de su oficialidad, salvándose apenas pequeños grupos de tropa que llegan a Culiacán en el estado más lastimoso.

Envalentonados los Zapatistas con este triunfo y habiéndose apoderado de casi todo el armamento y parque del coronel Héctor Pino Suárez, que les sirve para reforzarse, se disponen a un nuevo ataque; los más atrevidos quieren lanzarse a la toma de Culiacán, pero al fin deciden apoderarse de la cabecera del distrito: la plaza de Mocorito.

El jefe de la guarnición de este lugar, capitán primero José Martínez Del Río, sostiene una vigilancia muy estrecha sobre el enemigo, pues se ha enterado del lastimoso desastre de Pino Suárez y sabe que el siguiente objetivo de los Zapatistas será esta cabecera de Mocorito. Desde el día primero de mayo los insurrectos empiezan la movilización de sus tropas sobre esta plaza.

El capitán Del Río cuenta únicamente con una guarnición aproximada a los 150 hombres entre nacionales y soldados de línea del 14 batallón. Al amanecer del día 4 de mayo de 1912 recibe noticias muy alarmantes: el enemigo calculado por su espía cuenta con más de 1,000 hombres que amanecieron ese día en El Palmar de los Leal y El Jalón, se disponen ya al alcance sobre la plaza de Mocorito.

El capitán Del Río sabe lo numeroso del enemigo pues su tropas tendrán que pelear uno contra diez cuando menos, por lo que decide aprovechar el factor sorpresa, deja 2 soldados en el techo del cuartel, estos están enfermos de gonorrea y no pueden caminar pero han hecho el ofrecimiento a su jefe de defender el cuartel hasta el último, se los deja bien armados con una buena dotación de parque con órdenes de detener al enemigo.

Con el resto de sus tropas sale al encuentro de los Zapatistas y como a la altura de La Mojonera, aproximadamente a un kilómetro de la plaza se lanza sobre ellos a sangre y fuego. El enemigo, desconcertado por este sorpresivo ataque, se regresa por el mismo camino de El Jalón en completa derrota dejando muchos muertos y heridos, pero ésta una fracción de los atacantes.

Otra numerosa columna hace su entrada por el camino de La Cofradía; el capitán José Martínez Del Río recibe este aviso, deja el lugar del combate y se viene a Mocorito con toda la prisa posible en auxilio de la plaza donde el enemigo ya se encuentra adueñado de parte de la población. Entra a sangre y fuego entablando por la calle Benito Juárez reñido combate y derrota completamente a esta numerosa fracción, logrando el resto protegerse en la casa de don Atilano Sánchez, hoy escuela preparatoria Lázaro Cárdenas de la UAS, así como en la casa de enfrente perteneciente en aquel entonces a la familia Pérez. Deja controlado este sector siguiendo su ataque contra otras partidas haciéndolas huir rumbo al río y la Otra Banda.

Otra fuerte columna de Zapatistas al mando del cabecilla oriundo de este lugar, Juan José Lara, “el Pino Lara”, tiene como objetivo el cuartel defendido por los 2 soldados de línea enfermos que no pudo llevarse el capitán. Hacen una defensa heroica hasta que el parque se les agotó, habiendo dado muerte al cabecilla Pino Lara que personalmente los atacaba desde la esquina de la casa de don Lorenzo Sánchez; en una asomada que se dio fue muerto instantáneamente de un certero balazo en la frente. Así fue como lograron detener durante 2 horas al enemigo hasta que con el parque agotado el cuartel cayó en manos de los Zapatistas junto con sus 2 defensores; ese par de valientes soldados del 14 batallón.

Ya adueñados de su objetivo los atacantes tratan de reorganizarse para prestar auxilio a sus compañeros atrapados en la calle Juárez; muchos de los que al principio había huido rumbo al río tratan de regresar, por lo que la situación de los defensores se pone muy peligrosa. El sector del centro junto con la casa cural es defendida por el valiente subteniente José Betancourt, quien a pesar de haber recibido una herida de bala en un pierna no se retira de su puesto sosteniéndose de una manera por demás crítica y escaso de parque, pues sabe perfectamente que si su sector cae en manos del enemigo, el capitán Del Río y sus 20 soldados quedan en una situación por demás peligrosa y desventajosa, es decir entre 2 fuegos de los Zapatistas. Del Río ve lo comprometido de la defensa y trata de intimidar pidiendo la rendición de los casi 100 enemigos que tiene cercados en casa de las señoritas Pérez, quienes ante la amenaza del capitán se rinden empezando a entregar las armas; algunos tratan de reaccionar al ver lo reducido del número de sus atacantes, quienes a punta de culatazos controlan la situación. El capitán está sumamente desesperado al saber que el subteniente Betancourt está herido y el enemigo sigue atacando.

En esos críticos momentos recibe el aviso de que los refuerzos están por llegar, pues ya se escucha a lo lejos los gritos de la tropa. Ordena a su corneta de órdenes tocar diana, éste sube a la azotea de la casa del padre Platón y desde allí sin parar ni un momento cae herido de un balazo que le atraviesa los carrillos inutilizándole la corneta.

El enemigo siente la aproximación de los refuerzos que vienen en auxilio de los defensores de la plaza y comienza a retirarse rumbo al río y la Otra Banda. Los que están en cuartel huyen en desbandada dejando abandonados al par de soldados que tan heroicamente lo habían defendido. El capitán José Martínez Del Río, una vez logrado su objetivo de tomar prisioneros con su escasa dotación de tropa a los aproximadamente 100 prisioneros en casa de las señoritas Pérez, acude inmediatamente en auxilio del valiente subteniente Betancourt que junto con su corneta de órdenes son llevados al puesto de socorros que se encuentra instalado en la casa cural.

Para las 9 de la noche la situación ha sido controlada: los Zapatistas que no huyeron están muertos unos, heridos o prisioneros otros; los restantes emprenden la huida en desbandada completamente derrotados y desmoralizados.

En esas condiciones hacen su arribo al pueblo de Baromena ya en el municipio de Sinaloa, donde se dedican al pillaje, saqueos y abusos de sus habitantes, escribiendo una página vergonzosa como epílogo de este movimiento subversivo, que con esos comportamientos en ese pueblo indefenso quisieron vengar su derrota sufrida en Mocorito.

Desgraciadamente entre ellos iban algunas gentes de este lugar, que creyeron en la razón y legalidad de ese levantamiento armado; al saberse en este lugar lo de la Baromena por los Zapatistas, aumentó el agradecimiento y admiración de la gente para el capitán Del Río y sus tropas, quienes junto con los 2 guachitos valientes defensores del cuartel, fueron objeto de muchos homenajes y gratificaciones.

Con lo de Baromena prácticamente terminó el movimiento Zapatista en el estado. El gobierno reaccionó con mano férrea al decretar que todo aquel que fuera aprehendido y que hubiera tornado parte en esos hechos, fuera inmediatamente pasado por las armas sin formación de juicio.

Un muchacho joven vecino de este lugar de nombre Federico Lugo, dejó su negocio de abarrotes para entrarle al movimiento Zapatista creyendo en la razón y justicia del levantamiento. Durante los vergonzosos hechos de Baromena hubo muchos testigos entre los mismos victimados vecino, diciendo que su comportamiento fue digno y honroso al tratar con riesgo de su vida evitar varios actos criminales de sus compañeros.

Creyéndose libre de toda culpa se separa de ellos y sin hacer caso a los consejos de sus amigos, llega a su casa ubicada en Mocorito por la calle Benito Juárez al lado poniente de a casa de los Buelna. Inmediatamente después de su llegada es sitiada la cuadra y hecho prisionero conduciéndosele al cuartel, e inmediatamente es puesto en capilla notificándole que será fusilado a las 9 horas del siguiente día.

La noticia corre como reguero de pólvora por todo el pueblo, varias gentes que tienen amistad con el reo tratan de salvarlo, se sabe que no tiene ninguna culpa de los criminales comportamientos de sus compañeros de aventura, más bien el trató de evitarlos. El prefecto del distrito, señor Cándido Avilés y el comandante militar del mismo, general Ramón F. Iturbe, acceden por amistad y humanitarismo interceder por el perdón de ese muchacho; telegráficamente y de manera muy urgente se hace la solicitud, de indulto a Culiacán; la contestación no se hace esperar: “Todo aquel que estuvo en los criminales hechos de Baromena será pasado por las armas sin formación de causa, procedan acatar inmediatamente disposiciones ya ordenadas”.

No se podía hacer nada por el reo y se dispone su fusilamiento para las 10 de la mañana. Este pide que le lleven ropa limpia, y ya vestido se pone a las órdenes del pelotón, quienes lo conducen por la calle de Comercio, doblan por la Morelos para coger la Alameda rumbo al panteón, lugar señalado para la ejecución. Se va despidiendo del gentío acumulado en las banquetas levantando su sombrero blanco, mostrando una entereza y valor poco común.

En la esquina sur del frente del panteón se le forma el cuadro de fusilamiento, la mayoría de la gente llora, él con mucha naturalidad atiende las indicaciones del jefe del pelotón de ejecución. Al momento de recibir la descarga de muerte se quita el sombrero y grita: ” Adiós Mocorito!”, ante la consternación de todos los que presenciaron este acto y de sus mismos verdugos que no ocultaron nunca su admiración por la valentía y entereza que este muchacho demostró al recibir la muerte.

Hubo otro caso de un muchacho que también estuvo en Baromena, era originario de El Palmar de los Leal, apodado El Palomo. Cayó también preso por su confianza al sentirse ajeno a los hechos y que como Federico trató de evitar.

Es inmediatamente puesto en capilla y conducido al día siguiente al panteón para su fusilamiento. El capitán José Martínez Del Río siempre acostumbraba esperar a los reos en media alameda, en la entrada del camino que comunica con el que va rumbo a La Ladrillera. Detiene al pelotón que lleva al Palomo diciéndole: “Usted es el famoso palomito, aquí termina su fama”. La contestación del reo no se hace esperar: “A poco usted va a quedar para semilla, capitancillo hijo de su perra madre”. Del Río levanta el fuete que siempre llevaba consigo, pero al descargar el golpe reacciona y detiene el fuetazo, diciéndole únicamente al jefe del pelotón: “Cuelen con él”.

Después en platica con sus amigos el capitán les decía “Me dio mucho coraje el insulto del Palomo, pero qué bueno que reaccioné y me detuve a tiempo de descargar el fuetazo, porque a valientes como él no se les humilla, al contrario, se les respeta y admira”.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 91, páginas 18-21.

 

 

José Martínez del Río, gente de Sinaloa

José Martínez del Río; Héroes de la Revolución Mexicana

 

Summary
Name
José Martínez del Río
Job Title
Militar revolucionario
Company
Ejército revolucionario mexicano
Sinaloa, México

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