Personajes en Sinaloa

DON JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ DE HERMOSILLO

 

 

Por  Antonio Nakayama

Entre las figuras del frustrado movimiento de la insurgencia en Sinaloa, la más conocida, por haber sido la del primer actor del breve drama revolucionario en el noroeste, es la de don José María González de Hermosillo, quien según algunos nació en Tepatitlán, Jal., o en Jalostotitlán, según otros; se ignora la fecha de su llegada al mundo. Agricultor, muy respetado por su caballerosidad y honradez, parece que era hombre de no muchos estudios y se le ha reputado como persona de buena fe e ingenuo proceder, costumbre esta última que se puso de manifiesto a raíz de su victoria en El Rosario.

En 1810 se levantó en armas bajo las órdenes de Portugal y pronto empezó a distinguirse, cobrando el afecto de su jefe. Tal parece que estaba enterado de la geografía sinaloense, ya que propuso a su superior ir a insurreccionar el noroeste de Nueva España que él conocía palmo a palmo, lo que hace creer que en sus años mozos se haya dedicado a la arriería.

José María González de Hermosillo tuvo la oportunidad de tratar al padre Hidalgo durante la estancia de éste en Guadalajara, y tal vez directamente, o a través de Portugal, daría a conocer al Libertador su deseo de revolucionar a Sinaloa y Sonora, a lo que el Caudillo accedió comisionándolo con ese objeto, así que partió de Guadalajara con unos cuantos compañeros, entró a La Magdalena, y luego de reclutar gente pasó rápidamente por la región de Tepic.

Acompañado del teniente José Antonio López y asesorado por el dominico fray Francisco de la Parra, del que se ha dicho era el jefe real de la expedición, por más que no quiso que se hiciese público su nombramiento —que iba en contra de su estado religioso—. Entró en tierras del noroccidente con unos 2 mil soldados, para enfrentarse a los 600 que al mando del teniente coronel Pedro de Villaescusa guarnecían la plaza de El Rosario con el apoyo de 6 piezas de artillería.

Algunos historiadores han asentado que Hermosillo atacó el Real el día 18 de diciembre de 1810, y otros sitúan la fecha el 23; pero un pormenor de los sucesos más salientes de la independencia en esa región, enviado al gobernador de la mitra por el cura de El Rosario, Lic. Manuel María Encinas en noviembre de 1826, dice que el jefe insurgente inició el asalto el 21 de diciembre a la hora de estar saliendo la gente de misa mayor. El pueblo rosarense se puso del lado de los realistas, y así se dio el caso de que bandas de muchachos combatían a los insurgentes a pedradas, pero a pesar de esa ayuda, el teniente coronel Villaescusa quedó con solo 40 hombres ya que al acercarse los insurrectos, la gran mayoría de sus soldados defeccionó y huyó del lugar. Tampoco los insurgentes deben de haberlas tenido todas consigo, pues al iniciarse se desbandó gran número de ellos y llegaron hasta Acaponeta pregonando la derrota de González de Hermosillo. La lucha prosiguió hasta otro día y terminó cuando la poca tropa que restaba a Villaescusa se fugó de la población dejando solo a su jefe, quien se rindió ante el jefe de la expedición. Los muertos en esa acción fueron 2: un soldado realista y el adrninistrador de alcabalas don Diego Pérez, a quien los indios cortaron las partes genitales y las pasearon por las calles atadas a un cordel, lo cual llenó de terror a los habitantes que corrieron a refugiarse en sus casas.

Tomando como base los partes rendidos por don José Antonio López al cura don José María Mercado, se ha dicho que Villaescusa al rendirse se comprometió a no tomar las armas ni a prestar su influjo contra las operaciones de los insurgentes y sus disposiciones, pero en los que González de Hermosillo rindió a Hidalgo no se hace mención a esas condiciones. Lo cierto es que el jefe realista salió del pueblo con amplias garantías, y siguiendo su ejemplo muchos vecinos lo imitaron.

El día 24 entró a la población la totalidad del ejército, sin ocasionar daño alguno a los habitantes. Permanecieron allí durante algún tiempo, mas sin encontrar buenos alojamientos entre la gente del lugar, ya que la fobia de los vecinos llegó al grado de atentar contra la vida de los insurgentes, pues según dice el pormenor que arriba se cita, hasta las mujeres les daban veneno en las comidas.

Hermosillo recibió el 30 de diciembre el grado de coronel que le enviara Hidalgo como recompensa a su hazaña. Comenzó a hacer promociones; a despachar enviados a los pueblos y a embargar los bienes de los españoles, habiendo remitido al Caudillo de la Independencia 12 marcos de oro, producto del que existía en el Real. Habiendo españoles a quienes se les había otorgado papel de indulto y libertad, y existiendo algunos de quienes se tenía la certeza de que trabajaban porque se restableciera el gobierno colonial, hizo una consulta a Hidalgo para saber cuál debería ser su línea de conducta hacia ellos, lo que el cura respondió en 3 de enero de 1811 manifestándole:

Deponga V. todo cuidado acerca de indultos y libertad de europeos, recogiendo V. todos los que haya por esa parte, para quedar seguro; y al que fuere inquieto, perturbador o seductor o se conozca con otras disposiciones, los sepultará en el olvido, dándoles muerte con las precauciones necesarias, en partes ocultas y solitarias, para que nadie lo entienda.

Mientras tanto, Villaescusa, que había partido hacia el norte, al mismo tiempo que enviaba urgentes llamadas de auxilio al intendente Alejo García Conde, fue reclutando gente en el camino y finalmente se encerró en San Ignacio de Piaxtla. Por su parte, González de Hermosillo, quien tenía prisa por llegar al Real de Cosalá, lugar que al padre Hidalgo le urgía tomara por las gruesas cantidades de reales y mucha plata en pasta, útil y muy necesaria para la manutención de las tropas y crecidos gastos del ejército, después de pasar revista a sus hombres en el poblado de Cacalotán, emprendió el camino hacia el norte con 4 mil infantes, 600 caballos y las 6 piezas de artillería que había quitado a Villaescusa. Llegó al presidio de San Juan Bautista de Mazatlán y después torció rumbo a la villa de San Sebastián, con la mira de sacar el mayor partido posible extorsionando a los españoles residentes en esa importante población. Mucho se ha dicho que en ese lugar recibió ayuda del cura don José María de Aguirre y Vizcarra, y que este eclesiástico era ferviente partidario de la independencia. Sin embargo, es de creer que la versión sea una de las ficciones bordadas alrededor de los escasos datos que hay sobre la lucha libertaria en Sinaloa, por la sencilla razón de que el Br. Aguirre y Vizcarra era miembro de la nobleza colonial pues pertenecía a la familia del marqués de Pánuco. Por otra parte, hubiera dado un paso muy grave, y si tomamos en cuenta que la lucha fue muy breve, se le hubiera procesado incontinenti, y da la circunstancia de que no hay indicios de que se le haya seguido algún juicio. Además, el padre Aguirre no era cura de San Sebastián en el tiempo en que llegó González de Hermosillo a ese lugar, pues la parroquia estaba encomendada al Br. José María Tirado, contra quien tampoco se encuentra ningún juicio por el mismo motivo. El único clérigo a quien se abrió proceso fue al padre Andrés Pario, por haber servido de capellán a los insurgentes, a los que tal vez se incorporó cuando llegaron a San Sebastián, ya que era teniente de cura en el Real de Copala. Pario salió bien librado del juicio que se le abrió, ya que en 1817 era cura de Matatán. Como ya hemos visto, mientras que González de Hermosillo iniciaba su marcha hacia el norte, don Pedro de Villaescusa se había hecho fuerte en la población de San Ignacio de Piaxtla, esperando los refuerzos del intendente García Conde quien, por su parte, se dirigía a marchas forzadas para auxiliarlo llevando 600 hombres, en su mayoría indios ópatas. El 7 de febrero de 1811 llegó González de Hermosillo frente a San Ignacio, como parte de las rutas seguidas por el movimiento insurgente en el noroeste de la Nueva España, quedando separado del pueblo por la corriente del Piaxtla, y en la misma fecha, García Conde alcanzó el pueblo de Elota, distante de San Ignacio unas 10 leguas. La incapacidad militar del jefe insurgente se puso de manifiesto en esa ocasión, ya que no supo organizar su plan de campaña, ni tomar providencias para enterarse de la situación de los realistas. Su torpeza llegó al grado de no darse cuenta de que García Conde venia en auxilio de Villaescusa, ni de que el intendente había entrado al poblado en la madrugada del día 8.

En esa fecha, el jefe de los insurgentes se lanzó al ataque de la plaza, la que suponía defendida únicamente por la gente de Villaescusa. Pasó el río con sus soldados, para caer en una emboscada, ya que al llegar a las primeras casas del poblado fue contraatacado por los ópatas de García Conde, que le infligieron una espantosa derrota, obligándolo a retirarse en completa fuga, dejando abandonado el campo con 500 muertos, heridos, bagajes, parque, archivo y los 6 cañones que había conquistado en El Rosario. El estandarte de la Virgen de Guadalupe que servía de bandera a los insurrectos, quedó abandonado en la hacienda de La Labor; fray Francisco de la Parra cayó prisionero y a los pocos días, don José Antonio López se presentó ante el intendente solicitando indulto. Así, de esa manera tan lastimosa, terminó la expedición enviada por el padre Hidalgo para liberar al noroeste.

González de Hermosillo pudo escapar y regresar a Jalisco, donde nuevamente entró en acción, especialmente en los cantones de Colotlán y Tepic. Después revolucionó en Teocaltiche, Tepatitlán y Lagos, sirviendo bajo las órdenes de don Víctor Rosales, Pedro Moreno y otros jefes de la insurgencia. El año de 1814, el Congreso de Chilpancingo le otorgó el grado de general brigadier, dándole además el título de comandante general de Nueva Galicia. Pasó a Michoacán y retornó a Jalisco ostentando la jerarquía de mariscal de campo, y en 1816 atacó la plaza de Huejúcar, más habiendo sido derrotado se refugió en Zacatecas. Incansable, batallador, continuó ganando victorias y recibiendo derrotas, siempre fiel a su ideal libertario. Parece que murió combatiendo en el rancho de Baltierra, Jalisco el 31 de octubre de 1819, y tras la consumación de la Independencia, el estado de Jalisco le honró dándole el nombre de Hermosillo al pueblo de Huejúcar. Años más tarde, el Congreso del Estado de Occidente hizo otro tanto al otorgárselo a la villa de El Pitic.

Los errores militares de José María González de Hermosillo son indiscutibles, pero a pesar de ellos, el jefe insurgente es merecedor del respeto y de la gratitud de los sinaloenses, ya que comisionado por Hidalgo para romper la hegemonía española en el noroeste, luchó en la medida de su capacidad para lograrlo, aunque por desgracia no haya podido realizar su cometido.

Su personalidad, labrada en el campo y entre los ladridos de la fusilería, ha sido injustamente olvidada. No fue un genio de la guerra, tampoco un jefe celebrado. Fue un hombre entero lleno de amor a la libertad que no dudó en dar su vida por ese ideal.

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

 

 

 

Jose María González de Hermosillo

Teniente coronel José María González de Hermosillo, retrato de la artista sinaloense Rina Cuéllar

 

Summary
Name
José María González de Hermosillo
Job Title
Militar mexicano independentista, agricultor
Company
Ejército Insurgente de México
Address
Tepaltitlán,Jalisco, México

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