GENTE SINALOENSE

 

JOSÉ MARÍA FIGUEROA DÍAZ (1923-2003)

 

Por: Francisco Higuera López

 

José María Figueroa Díaz nació el 23 de marzo de 1923 en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, por mero accidente.

Cuando Chema fue traído al mundo, su padre, José María Figueroa Armienta, formaba parte del conjunto de cuerdas Hermanos Figueroa, fundado en 1902.

José María Figueroa padre dominaba el contrabajo y el violín, además de ser un artesano muy competente. En el pueblo de San Ignacio tenía fama de ser un fino ebanista y en la iglesia del pueblo tocaba música sacra en las grandes ceremonias litúrgicas. Su madre, doña Elvira Díaz, se dedicó siempre a las tareas hogareñas.

Realizó sus estudios básicos y de nivel medio en Culiacán, pero a partir de 1938 su padre comenzó a tener problemas de salud, lo que motivó que disminuyeran sus ingresos para solventar los gastos familiares.

El 14 de mayo de 1941 murió en la ciudad de México el señor Figueroa Armienta. A partir de entonces Chema comenzó a buscar trabajo “de lo que fuera”. En esos años logró ubicarse por honorarios en distintas dependencias estatales, con magros ingresos.

Un día, cuando ya había rebasado los 19 años de edad, acudió a las oficinas del ingeniero Manuel Rivas, un empresario de prestigio y político brillante en la primera mitad del siglo XX, para intentar venderle un terreno en la colonia Almada.

El ingeniero Rivas ya había ocupado el importante cargo de director general de la Comisión Nacional de Irrigación, senador de la República y años después alcalde de Culiacán.

Don Manuel escuchó con atención la propuesta del joven, lo interrogó y por sus respuestas pronto advirtió que era un agente inmobiliario inexperto.

El señor Rivas le dio las gracias diciéndole que no le interesaba la propuesta, que buscara otro cliente.

“Recomiéndeme, don Manuel”, arguyó Chema todo compungido.

El señor Rivas lo volvió a interrogar: “¿Qué sabes hacer?”

“Nada, contesto Chema, pero desearía escribir a máquina como su secretaria. Me gusta la taquigrafía.”

“Bien, bien, dijo el señor Rivas, eso se resuelve de inmediato.”

Una semana después comenzó a estudiar un curso completo de taquimecanografía que concluyó en poco más de un año con las más altas calificaciones.

Con diploma en mano Chema entró a trabajar en la Comisión Nacional de Irrigación y posteriormente a la Junta Local de Caminos del Gobierno del Estado, siempre con el lápiz en la oreja y la libreta de taquigrafía en el bolsillo trasero.

 

Bohemia tempranera

Soltero, con trabajo medianamente retribuido, sano y bastante comunicativo comenzó a visitar con sus compañeros de trabajo los escasos centros de diversión de aquel Culiacán provinciano de 1944. Por las noches, allá de vez en cuando se animaba a bailar con las sensuales y románticas damas de la noche.

Durante varios años Chema no alteró su ritmo de vida. No fallaba a su trabajo, cumplía con sus responsabilidades y en punto de las 2 de la tarde, previa cita, se reunía con amigos de farra en cualquier cervecería, con preferencia las que ofrecían ricas botanas regionales, como el 7 Mares —el antiguo- y el bar del hotel Rosales.

No todo era jolgorio y parrandas con los cuates. Chema no olvidaba a don Manuel Rivas, su primer benefactor; con frecuencia lo visitaba y se ofrecía a desahogar el archivo personal de don Manuel y a mecanografiar sus cartas privadas.

El señor Rivas observaba los progresos del taquígrafo y le agradaba su lealtad y espíritu de colaboración. También reía de las ocurrencias inesperadas del aquel jovencito que no perdía la ocasión de contar chascarrillos.

 

Su ingreso a la política

A fines de junio de 1949 fue llamado por el señor Rivas para ofrecerle un puesto de auxiliar, sin renunciar a su trabajo en la Junta de Caminos.

Fue así como comenzó a relacionarse con destacados miembros de la iniciativa privada y con personajes políticos locales. Un mundo vedado para José María Figueroa Díaz se abrió de pronto dentro de su modesta concepción de la vida.

Don Manuel era viejo amigo del Lic. Enrique Pérez Arce y por esa época ya comenzaba a ser mencionado como el probable sucesor del gobernador Pablo Macías Valenzuela.

Chema, por instrucciones de don Manuel, entabló contacto con el poeta Pérez Arce para comunicarle informes reservados del señor Rivas.

A principios del mes de diciembre de 1949 fue comisionado por don Manuel para que se trasladara a Escuinapa a esperar en la estación del ferrocarril el convoy en que llegaría el Lic. Enrique Pérez Arce, recién destapado como candidato del PRI al Gobierno del Estado. Así lo hizo. Cuando saludó al famoso bardo y le entregó un sobre lacrado, este hizo alto y comenzó a leer su contenido. Al concluir le dijo: “Considérese incorporado a mi equipo de colaboradores.”

De esa manera ingresó José María Figueroa Díaz a la política y al PRI. Por primera vez solicitó su registro como militante del tricolor.

Durante la campana electoral hizo amistad con dos jóvenes prometedores en el mundo de la política: Leopoldo Sánchez Celis y Antonio Toledo Corro. Era este último el centro de atención en la campaña por su simpatía innata, su elegancia en el vestir y su generosidad a la hora de pagar las cuentas. Toño ya había reunido un pequeño capital con su propio esfuerzo, aunque todos tenían presente que era hijo natural de don Natividad Toledo, el legendario agricultor y ganadero de Escuinapa.

A fines de diciembre Sánchez Celis hizo pública su inminente designación como futuro presidente del PRI estatal y su candidatura a diputado local. Polo venía de México con una fuerte recomendación del presidente del Comité Nacional del PRI, coronel Rodolfo Sánchez Taboada.

Como invitados especiales aparecieron en la comitiva del candidato el doctor Rigoberto Aguilar Pico y el ex gobernador Manuel Páez, cargado de carnes y de años.

 

La campaña

El coordinador general de la campana fue el político callista Carlos Careaga; también intervenía en asuntos de asesoría política don Manuel Rivas y el operador “en la zona sur” era el diputado federal Othon Herrera y Cairo.

Chema tuvo oportunidad de conocer de cerca el mundo interior de la política, las luchas intestinas, el choque de grupos y el incesante deseo de los protagonistas de acumular poder y dinero.

La campaña avanza con lentitud en el sur, los discursos plazueleros, los banquetes y los bailes populares le dan color. Nadie piensa en elaborar programas de trabajo y comienza muy temprano la puja por los cargos públicos.

Muchos años después José María “Chema” Figueroa Díaz rememoró que sus conocimientos en taquimecanografía le habían abierto las puertas del éxito, luego que don Manuel Rivas lo condujo por el camino de la superación y lo relacionó con personajes de la época.

Cuando el señor Rivas es postulado como candidato a la presidencia municipal de Culiacán, Chema lo visita y se pone a sus órdenes.

Don Manuel agradece el gesto y procede a aleccionarlo: “No, amigo Figueroa; mejor continúe con el abogado Pérez Arce, ahí aprenderá más. Usted está joven y tiene futuro.”

 

Funcionario público

A fines de diciembre de 1950, cuando todavía los nombres de los futuros funcionarios se mencionaban en los corrillos políticos, Chema recibió nombramiento de secretario taquígrafo del gobernador Pérez Arce, y el profesor químico Juan B. Ruiz el de secretario particular.

La relación de Chema con Juan B. Ruiz fue siempre más formal que amistosa. El químico Ruiz no asume plenamente sus funciones por desgano y el trabajo recae sobre Chema Figueroa.

Chema y su queridísima esposa Fabi Galvez posan en un momento feliz.

El 26 de enero de 1951 José María Figueroa Díaz contrae matrimonio con la bella profesora normalista Fabiana Gálvez, originaria de Badiraguato. Procrean seis hijos, cuatro varones y dos mujeres.

La administración del gobernador Pérez Arce es un caos, se habla de corrupción generalizada y de desorden administrativo; no hay obras públicas, la disciplina se relaja y aumenta peligrosamente el pasivo.

Los diputados locales denuncian el derroche, se rebelan y piden la cabeza del gobernador poeta. Sánchez Celis emerge como caudillo de los inconformes, es —como lo auguró- diputado local y presidente del CDE del PRI.

El licenciado Ángel Carvajal, secretario de Gobernación, recibe en audiencia extraordinaria al gobernador Pérez Arce. Compungido, don Ángel le da las gracias por los servicios prestados y le sugiere que pida licencia como gobernador al Congreso del Estado. Acepta el poeta la indicación con resignación y el 25 de marzo de 1953 envía su solicitud de licencia. Ya no vuelve a Sinaloa. Aborda el tren para irse a descansar a Tlaquepaque, Jalisco.

José María Figueroa Díaz retrata así al gobernador Pérez Arce: “Don Enrique fue una persona cultísima, excelente y elegante orador de muy altos vuelos.

Todos nos quedamos extasiados con aquella pieza de la elocuencia y del bien decir que pronunció como mantenedor de los Juegos Florales del Carnaval de Mazatlán en 1951, en el primer ahí de su gobierno. Aún conservaba vestigios de su glorioso pasado como tribuno.

Fue un hombre honesto a carta cabal. Sus bienes de fortuna antes y después de su gobierno fueron insignificantes. Casado con dona Lolita Jiménez, la fiel y amante compañera de su vida, procreó dos hijos: Daniel y Enrique.

Era de estatura regular, tez apiñonada, mofletudo, semigordo, de grandes cejas y pelo completamente blanco. Vestía con desaliño y nunca dejó de usar tirantes en los pantalones.

Le gustaba a morir el tequila acompañado de limón y sal. Su barecito particular nunca dejó de contar con el Herradura y el Sauza o el mezcal de Los Vasitos, que deglutía con fervoroso afán y deleite en el desayuno y después de mediodía.”

 

El doctor Aguilar Pico

Llega al gobierno el doctor Rigoberto Aguilar Pico y de inmediato hace una limpia total de funcionarios. En la secretaría particular designa al profesor Enrique Romero Jiménez y en la secretaria auxiliar ratifica a José María Figueroa.

Fueron años de intensa actividad. Aguilar Pico pone orden en las finanzas, liquida los pasivos y emprende obras en todos los terrenos: carreteras, escuelas, mercados, sistemas de agua potable, de electrificación, pavimentación de calles, hospitales. El contraste entre los dos mandatarios es notable.

Fue un gobernador probo. Contaba Chema que solo recibía su sueldo a secas y ocho horas diarias de frenética actividad, incluyendo los sábados.

Recuerda Chema de esta manera al doctor Aguilar Pico: “El doctor Rigoberto Aguilar Pico fue un pediatra de fama mundial, director del Hospital Infantil de la Ciudad de México y fundador del Instituto Nacional de Pediatría.”

“Doña Clotilde Bernal de Aguilar, su amantísima esposa, fue la primera compañera de un gobernador que dejó los trastos de la cocina y el costurero para emprender campanas de auténtica asistencia social en auxilio de la niñez desvalida y los ancianos olvidados.

Aguilar Pico era corpulento, de elevada estatura, blanco lechoso, de mirada cordial, amable, de modales finos, corteses y de voz un poco delgada, por eso muchos críticos regionales y observadores superficiales interesados, decían que no era “muy hombre”, pero su corazón palpitó con fuerza más de una vez con varias bellezas sinaloenses.”

En 1956 cuando concluía la administración dinámica del gobernador Aguilar Pico, Chema ya es ampliamente conocido en los círculos políticos y periodísticos. Ahora tenía que luchar solo, ya que el doctor Aguilar Pico no había formado ningún grupo político y por lo tanto dejaba en libertad de acción a todos sus colaboradores.

 

Gabriel Leyva Velázquez

Al tomar posesión el general Gabriel Leyva Velazquez del gobierno del estado el primero de enero de 1957, por extraño que parezca, no designa secretario particular y esta función es asumida en la práctica por el teniente José Octavio Ferrer —era jefe de ayudantes-, que nada sabía de asuntos administrativos. Fue por esta circunstancia que Chema permaneció en la secretaría particular, además de que muy pronto le demostró al gobernador Leyva su capacidad de trabajo y conocimientos.

El último día de febrero del citado año, tras ser objeto de una baja maniobra política urdida por un columnista de temas políticos de ingrata memoria, renunció al cargo y le dio las gracias al general Leyva por su comprensión y ayuda.

No obstante la fugaz relación que mantuvo Figueroa con el gobernador Gabriel Leyva Velázquez, su corazón guardó estas imágenes del general: “Era un hombre alto, esbelto, rígido, sin llegar a ser magro; de color moreno cetrino, cara alargada, boca regular, frente alta, huidiza; cabello rebelde y negro. Su voz era de tonalidades suaves, aunque el general la engolaba con frecuencia para ponerla a tono con su figura hierática.

Le encantaban y extasiaban las faldas femeninas, así también las fiestas y los bailongos. Era alegre como un cascabel prendido en el pecho de una guapa rubia o morena de cuerpo cadencioso.

Fue un hombre bueno, demasiado bueno, noble, generoso, que nunca de propósito hizo mal a nadie. Muchas veces perdonó las flaquezas y fallas de más de alguno de sus colaboradores que se le salían del carril. Pero Leyva tuvo el pecado de ser muy susceptible al chisme y a la intriguilla palaciega. Creía que todos eran unos santos incapaces de mentir.

Realizó una extraordinaria labor editorial rescatando del olvido a los más importantes prosistas y poetas sinaloenses, desde la época colonial hasta la primera mitad del siglo XX, en ediciones antológicas cuidadosamente preparadas por Ernesto Higuera.”

 

Ingresa al periodismo

En marzo de 1957 ingresa como reportero al periódico El Sol de Sinaloa a invitación expresa de su antiguo y apreciado amigo Manuel Ferreiro y Ferreiro. Comienza una nueva etapa de su vida, azarosa y plena de carencias, viviendo de un magro salario, pero eso sí, alegre y feliz. Aumenta el círculo de sus amigos con periodistas, poetas, impresores, profesores de banquillo y bohemios con aficiones intelectuales.

Las noches de ronda mitigan las ilusiones de Chema y las flores que encuentra en el camino perfuman fugazmente su corazón galano.

En el mes de enero de 1958 el diputado federal Leopoldo Sánchez Celis, precandidato a senador de la República, lo manda llamar para que forme parte de su equipo de campaña.

Fue en esta coyuntura política cuando Chema estrecha sus lazos amistosos con Polo, le sirve con absoluta lealtad y cumple sin fallas con todas las instrucciones.

El triunfo de Sánchez Celis es arrollador, llevó como suplente al licenciado Héctor López Castro, letrado de amplio prestigio en Mazatlán y puntos circunvecinos. Para esas fechas Polo y López Castro eran amigos íntimos, nada presagiaba que romperían con violencia esa amistad cinco años después.

Chema fue invitado a trabajar con el senador Sánchez Celis a la ciudad de México, como lo hizo con varios colaboradores. Lo meditó largamente porque le parecía muy complicado dividir su tiempo entre la gran capital y la ciudad de Culiacán. Como de costumbre no tenia reservas para afrontar un trance de esta naturaleza, además, la familia había crecido y el sabor de la provincia lo arraigaba con fuerza. Total, declinó la oferta del senador, sugiriendo que mejor le serviría desde Culiacán enviándole análisis de prensa y noticias del mundillo político local. Polo aceptó y le adelantó que muy pronto lo ubicaría en alguna dependencia federal para que nivelara sus ingresos.

Chema hace un recuento de su vida, tiene 35 años, se siente fuerte y sano; su familia cuenta con lo necesario, pero nada más eso, reconoce. Su perfil como periodista y servidor público lo coloca en un lugar apriciable. Marcha bien el reloj de su vida.

Pasan los meses y no llegan noticias de Sánchez Celis. Al inicio del año 1959 se comienza a preocupar por la escasez de recursos. ¿Qué hago?, se preguntaba Chema.

 

Con Toledo Corro

En abril de 1959 se traslada a Mazatlán para entrevistarse con Antonio Toldo Corro, fuerte aspirante a la presidencia municipal. Observa mucho optimismo entre las diversas clases sociales que están decididas a llevar a Toño a la presidencia municipal. No se daba este fenómeno de popularidad y confianza en Mazatlán desde que Alfonso “Poncho” Tirado, allá en la década de los años treinta, fue llevado en peso por el pueblo a la alcaldía de Mazatlán.

Ya trabajan con Toño Toledo dos entrañables amigos de Chema, Gonzalo Armienta Calderón y Filiberto Patiño.

Toledo le ofrece la secretaría particular a Chema y sin más preámbulos lo pone a trabajar de inmediato en las oficinas de campaña. “Amigo Chema, aquí no hay penurias, todo lo que deseo es que trabajes y sigas mi ritmo. Todo lo demás queda resuelto.”

Toledo imprime a un dinamismo nunca antes visto en una administración municipal. Llama la atención de la clase política por la envergadura de su obra: unidades habitacionales, pavimento, drenaje, un rancho TIF, agua potable, alumbrado, escuelas. El presidente Adolfo López Mateos visita tres veces el puerto de Mazatlán y a finales de 1961 declara a Toño el mejor presidente municipal del país.

Mientras tanto, Chema sigue el ritmo de trabajo de Toledo Corro y en 1961 lo incremento al asumir la subdirección de los periódicos El Demócrata Sinaloense y El Heraldo de Sinaloa, órganos que meses más tarde se utilizaron para promover en toda la entidad la aspiraciones de Toledo Corro a la gubernatura del Estado, rompiendo de esa manera con el pacto político que había sellado con Leopoldo Sánchez Celis.

Un nuevo dilema de lealtad se le presenta a Chema. Se pregunta con angustia: ¿Con Sánchez Celis o con Toledo Corro?

En enero de 1962 viaja a México para entrevistarse con el senador Sánchez Celis. Las conversaciones se prolongan. Las promesas de Polo y el brillo de su fuerza política vencen toda resistencia de Chema. Vuelve a Mazatlán, platica extensamente con Toledo y con el licenciado Gonzalo Armienta Calderón, secretario del Ayuntamiento de Mazatlán. Los entera con toda entereza de su decisión, les da las gracias por el inestimable apoyo y al mismo tiempo les presenta la renuncia irrevocable.

Don Antonio resiente la baja y guarda silencio. Gonzalo Armienta habla con Chema horas después en el bar del hotel Belmar. Todo es inútil, Figueroa se inclina definitivamente por Sánchez Celis.

 

Con polo

Durante la breve y fulgurante campana electoral de Sánchez Celis, Chema se desempeña como secretario particular y jefe de prensa. Nada de bohemia. El trabajo incesante no se lo permite.

El primero de enero de 1963 Polo protestaba como gobernador del Estado. El primer nombramiento que firma es el de Chema confirmándolo en los dos cargos que venía desempeñando durante toda la campaña electoral: secretario particular y jefe de prensa del gobierno, “pero cobrando nada más como secretario particular”, se quejaría posteriormente.

Lo cierto es que no le fue mal, Polo lo compensó ampliamente por sus servicios y le otorgó toda su confianza.

Las remembranza de Chema en torno a Polo Sánchez Celis son abundantes, aquí reproducimos una parte de ellas: “Antonio Toledo Corro era presidente municipal de Mazatlán y había realizado durante dos años una labor espectacular, que le valió el título de el mejor alcalde mazatleco en su historia. (Acotación: en realidad fue el Presidente Adolfo López Mateos quien declaró a Toño Toledo “El Mejor Alcalde de México” al inaugurar un conjunto habitacional en el puerto de Mazatlán).

“Pero no faltaron quiénes —principalmente el grupo 33, compuesto por los ricos dueños de medio Mazatlán- le comenzaron a endulzar y a cantar al oído que el tenia meritos suficientes para ser gobernador, que si él se lo proponía podría serlo y que mandara al diablo a su compadre Polo.

Nota del autor: En realidad Polo tenía mala fama en la sociedad mazatleca por sus antecedentes de político aventurero con pistola al cinto, agitador violento de mítines y asistente cotidiano de bares y tugurios del puerto.

Continúa Chema: Toledo era el jefe en Sinaloa del grupo sanchezcelista. (Era) el hombre de todas las confianzas de Leopoldo. Habían sellado un pacto político: primero llegaría el senador al poder y enseguida él.

Ejemplar fue la vida familiar de don Leopoldo. Amantísimo hijo, excelente esposo y padre —estuvo casado con Blanca Duarte y fueron fruto del matrimonio Leopoldo, Celsa Patricia, Jaime, Lourdes, Rodolfo y Blanca-, afectuoso hermano y patriarca magnánimo de toda la numerosa descendencia de los Sánchez Celis.

Polo hizo un verdadero culto a la amistad. Como amigo se quitaba la camisa para dársela al que la necesitara, pero como enemigo no era para deseárselo a nadie. Un acto de deslealtad recordemos el caso de Cosalá en que le dijo unas cuantas frescas al gobernador Alfonso Calderón- un desaire, una mala mirada o hablada en su contra, lo sacaban de sus casillas y no iban muy lejos por la respuesta.

La señal característica de que nuestra personaje tenía algún problema o de que alguien le había hecho pasar un mal rato, era que alzaba y fruncía una de sus dos cejas y entonces ¡cuidado¡, porque había borrasca en puerta y no podía tocársele ni siquiera con un alfiler. Pero su mal humor duraba un suspiro. Al instante se transformaba y volvía a ser lo que siempre fue: ¡El Polo de corazón grandote¡.

 

Diputado local

En junio de 1968 Chema protesta como candidato a diputado local por el distrito de San Ignacio, la tierra de SUS mayores y funge como miembro de la XLVI Legislatura del Estado del primero de diciembre de 1968 al 30 de noviembre de 1971.

Premiaba de esa manera el gobernador Sánchez Celis los valiosos servicios que durante muchos años la prestó fielmente Chema.

 

Relación con Valdés Montoya

Fueron compañeros en la administración del gobernador Sánchez Celis y se conocieron en la ciudad de México meses antes de que el político cosalteco fuera destapado como candidato al Gobierno de Sinaloa en agosto de 1962.

Investido de diputado local por el distrito de San Ignacio, Chema mantuvo excelentes relaciones con el gobernador Valdés Montoya y con el líder de la Cámara de Diputados, Luis Alfonso Gastélum.

Se iniciaba la apertura de los expendios de cerveza, una vez que fue relegada al olvido la campaña contra el vicio que mantuvo en todo su sexenio el gobernador Sánchez Celis.

Fue Chema Figueroa uno de los beneficiarios de apertura de expendios de cerveza, tras solicitar personalmente el gobernador del Estado una concesión. Esto sucedió cuando Chema concluía su gestión como diputado en 1971. Meses después hizo gestiones para obtener otros tres, los que obtuvo de manera paulatina, Para el año de 1972 regenteaba cuatro concesiones.

Esta etapa de su vida la recrea Chema con estos comentarios publicados en su libro Los Susurros del Tejaván: Aquí entre nos lo que más me gustaba de este lícito y humanitario quehacer, independientemente del dinerito que me ingresaba era el “chupe” a discreción y a mis anchas de las siempre repletas y refrigerada hieleras de mis sacrosantos depósitos.

¿Cuántas me tomé a mi salud de mi distinguidísima clientela? No lo sé, nunca llevé cuentas, pero deben haber sido varios miles de ricas y espumosas “cartitas” y tecates.

Había que hacer algo, pero ya. No podía quedarme de brazos cruzados esperando que Alfonso (Genaro Caderón), al llegar al gobierno, pusiera los sellos a mis queridos negocios.

Y se vino Alfonso a Sinaloa a iniciar su campaña electoral y yo, nada tontuelo, pedí a la dirección de “los Debates” me comisionaran para cubrir la gira del hombre de Calabacillas

Fue, desde las cumbres de Picachos Choix, un peregrinar incesante, loco, por toda la geografía sinaloense, subiendo y bajando de la Madre Sierra a los valles y viceversa, en un trague y trague polvo, lodo e incendiarios discursos para escribir y comentar en sesudos artículos los mensajes políticos del susodicho,

Final y felizmente el cansado recorrido terminó en Los Mochis. Había concluido también misión periodística los sanos propósitos que me animaron a emprenderla.

Con el alma en un hilo, rezándole y prendiéndole veladoras a San Alfonso, esperé la toma de posesión del Atila cervecero.

Mis cuatro changarros funcionaron como relojitos. Ese diciembre de 1974, en Badiraguato, vendí 30 mil cartones de botes de Tecate — Chema exagera en este punto para darle sabor al relato-, cifra récord que me valió un diploma y una medalla di oro por parte de Julio Apodaca.

Pero llegó el fatídico mes de enero de 1975 y Poncho, el ingrato, cumplió su palabra al pie de la letra: cerró fulminantemente todos los expendios de cerveza en Sinaloa, y entre ellos los míos y los de otros eximios compañeros periodistas.

Se me había acabado la sabrosa papita. Ya no contaría pilas de cartones ni de billetes. Ya no chuparía “cheve” de mis expendios. Ya me había quedado en la banca fría y dura, descervezado.

Calderón, mi amigo, en premio a mis desvelos periodísticos, me había dado en la santa torre.

Sin embargo, salud, Alfonso, donde quiera que estés. ¿Nos tomamos otra?”

Esos tres anos de prosperidad económica se cortaron de tajo, porque Chema Figueroa no había hecho economías, Casi lodo se despilfarró en rondas de bohemia, préstamos a muchos amigos tronados, compra de billetes de lotería, negocios mal administrados y otras fugas que minaron el ingreso extraordinario de los i expendios cerveceros.

 

Vuelve al periodismo

En 1972 Chema se encuentra sin trabajo y con recursos económicos menguados, pues fue muy poco lo que guardó de las dietas que recibió como diputado. Retorna al periodismo de manera esporádica, escribe columnas políticas jocosas en El Debate y comienza a preparar artículos históricos regionales. Funda una empresa editorial y la pone en manos ajenas para su administración. El fracaso es rotundo.

En marzo de 1974 Chema le hizo una entrevista al senador Alfonso G. Calderón, un día después de haber sido destapado como candidato al gobierno de Sinaloa. El larguísimo artículo se publicó en la revista ABC de la Política, de la cual yo era director propietario.

El contenido del artículo gusto tanto al senador Calderón que ordenó un tiraje extra de cinco mil ejemplares para distribuirlos durante el transcurso de su campaña electoral. Chema vibraba de emoción y sentía que sus posibilidades de volver a la administración pública tenían certidumbre.

Nuestro hombre participó en la campana electoral del senador Calderón como enviado del periódico El Debate y al mismo tiempo fundó el Tejavan Susurrante en el patio de su casa, una especie de peña bohemia donde se daban cita políticos, periodistas, artistas y funcionarios. En tales ocasiones Chema daba lectura precisa a pronósticos políticos hilarantes, aderezados con abundantes brindis, botanas variadas y música de cuerdas.

El 8 de enero de 1975 el presidente municipal de Culiacán, Fortunato Álvarez Castro, leyó en el patio central del palacio de gobierno una larga lista de concesionarios de expendios de cerveza, entre los que se encontraban ex funcionarios, políticos, influyentes de todas las capas sociales, periodistas y….!José María Figueroa Díaz!

Comenzaba a cobrarse de esa manera el gobernador Calderón viejas cuentas pendientes con Leopoldo Sánchez Celis.

 

Presagio

Chema aceptó la sugerencia de José Ángel Sánchez, director del periódico El Debate de Culiacán para que reingresara el periodismo, y fue así como en 1976 continuó sus trabajos de investigación histórica regional con el valioso auxilio de Enrique Ruiz Alba, y a escribir su columna política. Fueron años muy duros. El gobernador Calderón no quería saber nada de José María Figueroa Díaz.

A principios de 1977 llegó Chema a mi despacho de la revista ABC de la Política en la ciudad de México, traía todo el material del primer número de la revista Presagio.

Me confesó: “Como te digo Pancho, no tengo un centavo para editar la revista, a ver cómo le hacemos.

Por accidente, días después, nos encontramos al ingeniero Rodolfo Díaz de la Vega, antiguo amigo mío y a la sazón director del Centro Nacional de Educación Técnica Industrial (CENETI), un organismo técnico educativo patrocinado por el gobierno de México y el de Francia.

Otro día, cuando desayunábamos los tres en el restaurante del hotel Reforma, expuse al ingeniero el proyecto de Chema y los problemas financieros que se presentaban.

Sonriente, solidario y atento como siempre, Rodolfo nos dijo que el CENETI contaba con talleres de impresión de alta calidad. Agregó que abriría una línea de crédito a la palabra, redimible con las posteriores utilidades comerciales de la revista. Así se resolvió el problema financiero de Presagio.

En julio de 1977 se imprimió y comenzó a circular en Sinaloa el primer número de la revista Presagio, teniendo como meta fundamental recoger la herencia cultural popular de los 18 municipios de la entidad, proyecto jamás intentado por ningún otro periodista en la historia de Sinaloa.

En la primera etapa de Presagio (1977-1982) se imprimieron 60 números, el último de los cuales apareció el mes de junio y fue dedicado íntegramente a la obra literaria del finado bardo Juan Eulogio Guerra Aguiluz.

La segunda etapa se inició en septiembre de 1994 y se alargó hasta el mes de noviembre de 1999, habiendo comprendido la cantidad de 37 ediciones.

En total se editaron 97 números que contienen un valioso legado de la cultura popular en los 18 municipios de la entidad, mismos que están sirviendo como fuente de información para investigadores y lectores de todos los niveles culturales.

José María Figueroa Díaz fue presidente de la Asociación de Periodistas de Sinaloa en 1985. En junio de 1986 recibió el Premio Sinaloa de Periodismo “Samuel Híjar” y en junio de 1995 mereció en el género cultural el premio” Inés Arredondo”, otorgado también por la Asociación de Periodistas de Sinaloa.

El éxito de la revista Presagio le pertenece en un tajo importante al finado periodista Enrique Ruiz Alba, fallecido el 3 de diciembre de 1992, como lo reconoció ampliamente Chema Figueroa, quien lo recordó de esta manera en su libro Crónicas Susurrantes: Había llegado a Culiacán a mediados de 1953 como mensajero de la oficina de Telégrafos, para luego escalar el puesto el puesto de telegrafista, hasta lograr asumir el liderazgo de la sección sindical de esta agrupación.

Al tiempo fundaría El Costeño, en Navolato, un pequeño pero claridoso periódico, donde entre otras campañas sociales que emprendió, gesto la independencia y creación del hoy decimoctavo municipio de Sinaloa.

Aquí se casó y crecieron todos sus hijos, que fueron motivo y meta de su existencia. !Cuánto trabajo para formarlos y educarlos! Fue un excelente, cumplido y amoroso padre de familia.

Trabajó y colaboró en los periódicos La Voz de Sinaloa, El Sol de Sinaloa, El Debate de Culiacán y El Diario de Sinaloa durante diferentes épocas, y fue galardonado con el Premio Sinaloa de Periodismo en dos ocasiones por sus extraordinarios reportajes y entrevistas.

Fue un brillante y esforzado presidente de la Asociación de Periodistas de Sinaloa. (En dos períodos consecutivos de dos anos que comprendieron de 1974 a 1977).

Fue Enrique Ruiz Alba mi compañero solidario e inseparable en esa romántica y quijotesca aventura de la revista cultural Presagio.

Fungió como mi brazo derecho en esa vieja publicación, en la que dejó constancia de su gran talento periodístico.

Si viviese todavía, Ruiz Alba brincaría de gusto al ver que Presagio, como el ave fénix, resurge de sus cenizas para continuar caminando por los senderos culturales de Sinaloa.

Durante cerca de cinco años de 1978 a 1982 anduvimos juntos por toda la geografía sinaloense, recogiendo y rescatando parte de nuestra historia diseminada o perdida en este Sinaloa nuestro.

!Cuántas estrecheces pasamos los dos en el tiempo que le dimos vueltas y revueltas a la entidad buscando el sustento, el pan de cada día, para medio satisfacer las necesidades de nuestras respectivas familias?

¿Cuántas heladas ambarinas nos tomamos los dos durante ese largo y glorioso período de convivencia y combebencia? En esta difícil contabilidad fracasaría una moderna computadora, que se declararía incompetente para sacar el número de cheves que nos echamos entre pecho y espalda.

Nunca jamás nos arrepentimos de los buenos y malos ratos que pasamos juntos. Después que me vi en la penosa necesidad de echarle tierra a Presagio, continuamos Enrique y yo unidos prestándoles impagables servicios de divulgación a varios alcaldes del sur y norte de Sinaloa. Luego nos “divorciamos”, entre comillas, se lo pasé con todo y plumas al Chito Rosas, y cada quien agarró su rumbo sin nunca perder la relación y la amistad.

Fue un bohemio hasta decir basta. Los miembros del Tejaván Susurrante lo recordamos cuando bajo los efluvios de las ricas y heladas Pacífico o Carta Blanca, no tenía, como El Negrumo y el de la voz, marca aborrecida, nos deleitaba entonando viejas y sentimentales canciones, siempre con su voz aguardentosa y de altos decibeles.”

 

Tomado de: Perfil de José María Figueroa Díaz, Higuera López, Francisco, Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2005.

 

José María "Chema" Figueroa Díaz

José María Figueroa Díaz, “Chema”

 

Summary
Name
José María Figueroa Díaz
Nickname
(Chema Figueroa)
Job Title
Periodista, promotor cultural, escritor
Company
Revista Presagio, Gobierno del Estado de Sinaloa, El Sol de Sinaloa, El Debate, Academia Cultural Roberto Hernández Rodríguez
Address
Culiacán,Sinaloa, México

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