A Inés Arredondo; poesía

December 20, 2014

 

Poesía para las mujeres sinaloenses

 

A INÉS ARREDONDO

 

Y el mar seguía escuchándose

cuando nosotros, cuatro seres felices

nos abrazamos con inmenso amor, sin

atrevernos a decir nada.

Los espejos

 

 

Por: Nino Gallegos

 

Bertha Alicia y la hermanita Murúa y yo

compartimos la nefritis en tu brazo derecho

la silla de ruedas y el bastón como tercera pierna

y algo más: el dolor de por vida flagelando y maravillando

tu espalda y todo tu cuerpo y toda tu carne

y todos tus huesos Inés niña hija adoptiva y adicta

de las drogas para más o menos aliviarte el dolor

que te partía la boca en muecas y gestos electrizantes

que te hacía sonreír y hablar con una voz subterránea

(no de tu libro ni de tu cuento) sino de tu dolor doloroso

hierro helado y quemante como el fuego hasta agotarte

y hacerte sentir “el color del frío en un día sin sueños”

casi toda tu vida

casi alucinada y sonámbula

casi sobrenatural por aguantar el tanto dolor doloroso

de tan dolorosamente tuyo

casi mío y casi de todos

casi sosteniéndote íntegra y austera

con tu bata de luz pálida cubriéndote el cuerpo

como una sábana

casi como un lienzo donde todos los colores del dolor

casi eran como mortaja

pero aún así Inés como te sobreponías y como te dirigías

a nosotros con una dignidad atenta que uno sentía como un

signo de vitalidad aferrándote amorosa y dolorosamente a

la vida y a las lúcidas ganas de mandar el dolor a la chingada

con uno o varios tragos de mezcal o tequila: Inés madre

adoptiva impaciente por saber cositas y anécdotas de tu tierra

porque según ya no tenias mucho qué contar de ella.

Y el mar seguía escuchándose cuando nosotros

te contábamos Inés las últimas noticias de tu Sinaloa

de la cual tú solamente conservabas en la memoria del

olor a mar del aroma frutal floral y frugal

de los perfumes en frasquitos de infancia y ausencia

de las formas intangibles pero tocadas por el vuelo de tu mano

izquierda dibujándolas con la imaginación de quien las ve y

las toca y las dibuja para hacerlas suyas y compartirlas

a través de la mirada (no analizada por los críticos Iiterarios)

sino por quienes sentíamos y sentimos que desde tus ojos nos

decías levántenme de esta silla de ruedas

quítenme este bastón como tercera pierna

sáquenme de esta casa córtenme esta venda nefrítica de la

mano derecha porque quiero bailar completa

abrazarlos con el estorbo dolor helado y quemante de esta

columna vertebral que no me deja.

Y el mar —Inés— seguía escuchándose cuando nosotros

cuando tu y yo

cuando yo te hablé por teléfono y tú me contestaste

diciéndome que ya no podías más

y que tu voz más subterránea que nunca se quebró

se volvió confesión y llanto conversado

se volvió —desde mi distancia a la tuya— una confesión de

casi un hijo adoptivo por todo lo que te dije y nos dijimos [llorándome

tu dolor por lo que quizá callamos: Inés

qué dolorosamente ha sido que te hayas muerto

porque ya no habrá dolor alguno que te duela

ya no habrá más que el reposo de la muerte

el dormir dulcemente de todos tus sueños.

 

(El Suplemento)

 

Tomado de: Antología de Poesía Sinaloense Contemporánea 1960-1993, Salazar, Crisanto; Salazar, Refugio, coedición UAS-Difocur, Culiacán Sinaloa, 1993.

 

Inés Arredondeo, poesia sinaloense

A Inés Arredondo; poesía de Nino Gallegos

 

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A Inés Arredondo
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Poema a personalidades sinaloenses, a la gran escritora Inés Arredondo

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