Historia de Sataya

September 3, 2014

Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa, México

 

 

HISTORIA DE SATAYA

 

 

Por: Héctor R. Olea

 

Sataya es un poblado en la sindicatura de su nombre, municipalidad de Culiacán (hoy pertenece a Navolato), Estado de Sinaloa. “Sataya”, dice el Historiador D. Eustaquio Buelna, es nombre a mi entender profundamente alterado. Yo lo hago procedente de Cetaya, -agrega documentado en “El Arte de la Lengua Cahita”, del padre Velasco- palabra azteca, compuesta del verbo ceti, derivado del numeral ce, uno, significa unirse, juntarse, de atl, agua o río, y de la terminación verbal yan; de manera que el todo quiere decir, lugar en que están juntas las aguas. Y efectivamente, hasta un poco más debajo de este lugar corren así las del Humaya, pero ya después se bifurcan en dos cauces, uno de los cuales es el llamado Río Viejo, por donde antes corrían, y el otro, el actual por donde desembocan en la bahía de Altata. En cahita, sata quiere decir “Barnizar” y también “Almagre”, pero estas significaciones no tienen analogía alguna con las circunstancias del lugar.

El andariego clérigo don Domingo Lázaro de Arregui, que viajó por toda la Nueva Galicia en el año de 1621, al hablar del valle de Culiacán y de su costa comprendida en la nación Tague no menciona ningún poblado con el nombre de Sataya. Por este tiempo tan sólo existía un pueblo de indios llamado Navolato, que tenía por titular a San Francisco, distante de su cabecera diez leguas al poniente, con noventa y cinco familias compuestas de trescientas veintidós personas.

En consecuencia, eran ociosos y baldíos campos hasta la mar del Sur. Al finalizar el siglo XVII, estaban yermas y despobladas lo más de las tierras del contorno y distrito de la Villa de San Miguel de Culiacán y no fue sino hasta el año de 1701 cuando el alférez don Nicolás Verdugo hizo registrar ante el Alcalde Mayor, don Pedro López de Sequeiroz, un sitio de tierras que había en el puesto llamado Sataya entre los términos de la Laguna de este nombre, y tierras de los indios del pueblo de Navolato por el norte y sur, y por el oriente y poniente la vega del río de la villa y unos montes firmes de mezquites y pitahayas.

El alférez don Nicolás Verdugo era español, vecino de la villa de Culiacán, quién manifestó en todos sus actos muchos desvelos y cuidados por satisfacer a su Majestad. En virtud a sus altos méritos, el Rey de España declaró: “hago merced al dicho alférez, don Nicolás Verdugo, del referido puesto de Sataya“, tomando en consideración que aquellas tierras “eran realengas pertenecientes al real patrimonio”.

La diligencia de medidas fue ejecutada por don Pedro López de Sequeiroz, vecino de la jurisdicción de Culiacán, en virtud del despacho que se le libró por el señor Licenciado don Francisco Feijoo Centellas, Juez privativo que fue de esta intendencia. El día 14 de febrero del año de 1705 se hizo el reconocimiento, medida y aprecio de un pedazo de tierra que el alférez don Nicolás Verdugo estaba poseyendo en el puesto nombrado Sataya.

Después de hecho el pregón de estilo, el día 20 de abril del mismo año de 1705, juramentada la justicia, comisario y oficiales, en nombre del Rey de España y de las Indias, confirmaron la posesión que tenía de cuatro años antes de aquellos predios. “Por medio de los oficiales con cincuenta varas usuales dio principio la medida desde un corral que el dicho don Nicolás Verdugo les señaló por centro, midiendo desde él para la parte del Sur dos cientos y veinte cordeles que remataron en la orilla de la Laguna de Bataoto, quedando comprendida de esta medida un pozo y la vuelta que da el río que va para la villa de Culiacán; y para el Norte desde el dicho centro treinta y un cordeles hasta la orilla de un monte y los álamos asignados por los indios de Navolato, que ellos mismos señalaron como lindero de sus pertenencias, y por el Oriente veintidós cordeles hasta la orilla de un monte firme junto al camino que viene de dicha Villa; y para el Poniente veintisiete cordeles que remataron en la propia orilla del río que, como dicho es, va para la mencionada Villa (de Culiacán), con lo cual concluyó la medida y (se) procedió a recibir una información de oficio”. En total comprendió Sataya “veinticinco caballerías de tierra y dos quintas partes de otra”.

Para cumplir con el mandato de la Real Cédula intervinieron los siguientes personajes: Licenciado don Prudencio Antonio de Palacios, del Consejo de su Majestad electa del de Hacienda y Oidor de la Real Audiencia de este Reyno de la Nueva Galicia, en obediencia al mandado del Rey; Licenciado don Diego de Zúñiga, caballero de la Orden de Santiago, de un Consejo en el Real y Supremo de las Indias, quien la subdelegó en el señor Doctor don Pedro Malo de Villavicencio del Orden de Calatrava, Oidor decano que fue de esta dicha Real Audiencia y hoy fiscal de la de México, quien a su vez la subdelegó a López de Sequeiroz. El título de Sataya se expidió a solicitud del Bachiller don Pedro Verdugo del Castillo, colegial en San Juan de Guadalajara y primogénito del alférez don Nicolás Verdugo; en la ciudad de Guadalajara el día 3 de octubre de 1722.

Posteriormente se fundó el pueblo de Sataya con familias próceres de la Villa de Culiacán, entre los cuales figuran los patronímicos: Verdugo, Castaños, Palazuelos, Zazueta, García, Trapero, Zambada, Sanz, Rosell, Arechega, Paredes, Cárdenas, Taylor, Cameron, y otros que, aunque posteriores, nos comprueban el hecho de que en las ensenadas de su amplia costa llegó y estuvo oculto el corsario inglés, Thomas Caldrens, y esperó por meses para despojar la nao Santa Ana de las Filipinas “de toda la riqueza que en ella venía, que según fama fue mucha”, y también fue refugio de los marinos chilenos que burlaban a los navios “de registro” y durante el siglo pasado, al separarse Mazatlán, en el año de 1852, por el levantamiento del Coronel Pedro Valdés, los satayenses hicieron el alijo de las mercancías destinadas a dicho puerto y algunos aventureros extranjeros se aprovecharon de sus mujeres de preciosas formas y de mucha gracia en sus maneras”.

Cuando en 1828 los diputados Juan Manuel Riesgo y Antonio J. Valdés, recorrieron el territorio señalan por la costa del sudeste: los pueblos de Huchibalato, las Flores, Culiacán, (no confundirlo con la capital) Laguaruto, Otameto, Bachimeto, San Pedro Navolato y los ranchos llamados Iraguato, Sataya, Chilacagüeto, San Rafael, Batueto, Aguapepe, Tala, Aguablanca, las Higueras y Oricuto.

Sobre las costumbres de los habitantes, documentados por los mismos escritores, podemos decir, que son: hospitalarios, dóciles a insinuaciones luminosas, naturalmente sobrios e inclinados a las labores del campo. Alejados del bullicio de la capital y de gran lujo, sujetos a doctrineros laboriosos, y escasos de grandes poblaciones urbanas, vivían como diseminados en una vasta extensión que los obligaba a costumbres más sencillas y a procurarse el sustento por los esfuerzos de una industria campestre, limitada en su generalidad al arado, la caza y la pesca. Así vemos en los campos gente fornida, de buena talla, temperamento vigoroso, y de carácter honrado; pero no es lo mismo en las ciudades y villas, cuyo pueblo bajo se resiente de los influjos indicados.

Tal es la historia del pueblo de Sataya, ejemplar por sus hombres y laboriosidad, en aquella vasta región del país.

 

Tomado de la revista: Letras de Sinaloa, número 04, Universidad Autónoma de Sinaloa, septiembre 1947.

 

Sataya, Navolato

Sataya, Navolato, Sinaloa, México

 

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Historia de Sataya
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Historia y significado del nombre del pueblo navolatense de Sataya.

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