Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

HACE FALTA UNA VERDADERA CONCIENCIA DE LA SOLIDARIDAD

 

Por: José Rodolfo López Monroy

 

¡QUIEN NIEGA A LOS SUYOS SE NIEGA ASÍ MISMO!

Padre nuestro que estás en los cielos

santificado sea tu nombre………

La noticia llegó a los oídos de todos los labradores de aquel apartado y minúsculo pueblecillo. Nadie lo podría creer. Dos jovencitos, apenas ayer asomados a la vida con la ilusión reflejada en sus limpios rostros, hoy esperanzas fallidas, sueños truncados, gritos ahogados en el tropel de la muerte,

Nadie faltó al velorio. Los dos cuerpos juntos puestos sobre el camastro, pálidos, sin una sola mueca de dolor, Antonio y Serafín parecían inmutables al llanto de todos los vecinos del pueblo.

La madre de los infortunados jovencitos, doña Rosa, había perdido el conocimiento de tanto dolor que cargaba en el cuerpo, y decían las gentes que ya casi no tenía lágrimas para seguir llorando; parientes y amigos de doña Rosa hacían esfuerzos en un rincón del jacal para reanimarla, dándole frotaciones con alcohol casi por todo el cuerpo.

 

Allá, fuera del jacal, junto a la enramada, en donde se velaban los cuerpos de los dos hermanos, los vecinos del pueblo rezaban, tomaban café, un trago de vino, otra vez a rezar, y luego a comentar lo sucedido apenas un día anterior.

Dicen que todo se hizo muy en silencio, nadie supo nada, ni siquiera a la hora en que los sacaron con engaños a los pobres inocentes, decía una vecina de los muertos, Lupe; “eso sí, ya casi amanecía, porque Toño y Serafín platicaban hasta ya muy noche, como si ya presintieran que era la última vez que lo hacían”.

Es cierto dijo Pancho, su marido, yo siempre he dicho que Dios siempre le avisa a uno, pos de algún modo de lo que le va a pasar, por que éllos éstos últimos días como que eran más hermanables y casi siempre los encontraba uno juntos, y así se fueron, como que se agarraron cariño de repente, y yo creo que los mataron juntos porque sus cuerpos quedaron en forma de cruz.

¡Diez pocitos en el pecho y uno en la frente tenían los dos, como, que querían los desgraciados que no quedaran con vida! No, y así como estaban, ni cómo les quedara resuello, quedaron bien tilinques los pobres.

 

Se me hace que estos desgraciados que hicieron esta cochinada, pues yo creo sin jerrarle ni tantito, que vinieron de algún lugar de muy lejos, porque había rodados de algún carro llegó allí en el portezuelo no de ellos vino hasta el los pobres muchachos y los sacaron con mentiras, porque de otro modo no los podían haber sacado, tenían que haber pedido auxilio y pues yo o la Lupe los hubiéramos oído, ni cuando no. Y ésto de los muchachos está de la patada, porque dicen que en otros ranchos y hasta en las ciudades están pasando cosas piores, solamente Dios sabe que es lo que sigue.

Solamente Dios, y muchas gentes “bien intencionadas” saben lo que pasa y saben que es lo que sigue. Para los pobres allá en los pueblos apartados, los marginados de todo lo bueno de este siglo y hermanados con la miseria, todas estas desgracias tienen su orígen y fin, en la voluntad de Dios.

Allá, todo se ve con la filosofía de la resignación; para éllos los marginados, la felicidad está en la generosidad de Dios manifestada en la abundancia de la naturaleza, que pone los frutos al alcance y sabor del que con éllos quiera regalarse.

Que ni la vanidad ni la ignorancia nos lleven al extremo del crimen y la traición de nosotros mismos, cuando podemos ser fraternalmente comprensivos ofreciendo nuestro brazo al débil y quitando los crespones del llanto y el dolor con la dulzura de la amistad y la generosidad.

El pan nuestro de cada día dásnolo hoy

y perdona nuestros pecados……

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 1, página 33.

 

Relatos y cuentos sinaloenses; la solidaridad

Relatos y cuentos de Sinaloa, La conciencia de la solidaridad

 

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Hace falta una verdadera conciencia de la solidaridad
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Cuento sinaloense sobre tragedia familiar en los pueblos

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