Antonio Rosales

 

Autor: Francisco Javier Gaxiola

 

Rosales, independientemente del triunfo de San Pedro, es una de las personalidades más enérgicas de la historia de México.

En uno de los cuarteles del escudo de su familia figura el nombre de uno de los héroes que el estado de Zacatecas dio a la causa de la independencia nacional y en su árbol genealógico la rama ilustre de un apellido blasonado por la virtud y por la ciencia. El, personalmente, tiene el antecedente de haber sido un estudiante de latinidad, filosofía y derecho en el Seminario de Guadalajara, de haber salido de las aulas para ir a combatir en la frontera del Norte contra los invasores de los Estados Unidos, de haber cultivado la gaya ciencia y de haber sido un periodista independiente y viril, en la época en que las convicciones liberales y los arrestos antigobiernistas no tenían más recompensa que la cárcel, ni mas estímulo que el flojo aplauso de tibios correligionarios y el entusiasta elogio de exaltados reformistas.

Con esos antecedentes se presentó Rosales en Mazatlán en plena dictadura santanista, cuando el general don Miguel Blanco gobernaba militarmente el Departamento de Sinaloa. El joven militar había sido ayudante y secretario del general López Uraga y llevaba, además el estigma de haber sido recluido en una prisión por un delito de imprenta. Sus ideas liberales encontraron amplio campo en aquellas tierras cansadas de caducos e insuficientes caciquismos; y las “Olas altas” exaltaron su temperamento y dieron nuevos vuelos a sus convicciones avanzadas. Pronto se hizo sospechoso al duro e implacable militarismo imperante, que lo confinó al pueblo de Choix, de acuerdo con una circular de la Dictadura. De ahí lo saco la revolución de Ayutla para confiarle puestos de importancia y lo vemos primero fungiendo como secretario de la Alta Corte de Justicia de Sinaloa, y, sucesivamente como secretario particular del gobernador don Pomposo Verdugo, redactor del “Periódico Oficial” y Secretario General de Gobierno. El imprimió en aquella anodina administración el sello de su personalidad y de sus ideas radicalmente liberales. Y por eso vemos que, cuando todos vacilaban, él se imponía.

Cuando se trató de jurar la Constitución del 57, él se puso a la altura de sus deberes y se apartó de los hombres que, por escrúpulos de conciencia, titubeaban sobre el camino que deberían seguir.

Entonces se inició la verdadera lucha de principios y se pensó en alejar a Rosales de Sinaloa. Fue a México como diputado al Primer Congreso Constitucional y su credencial fue reprobada, y tras el golpe de Estado de Comonfort, buscó en el campo de batalla el triunfo de sus ideales. En defensa de ellos luchó en Jalisco, y, tras la toma de Colima, en abril de 1859, en la que cooperó brillantemente, lo vemos aparecer como Secretario General de Gobierno en Sinaloa y realizar, en octubre de ese año, su osada aventura a bordo de la fragata inglesa “Amethyst”. Después contuvo las hordas de Lozada que trataban de invadir el estado y rompió el cerco que le pusieron en Escuinapa, en donde el Congreso mando erigir un monumento que recordara a los soldados que ahí murieron en defensa del “orden legal y de las instituciones sociales”.

Rosales, con su Segundo Batallón Ligero de Sinaloa, combatió con Márquez de León contra el general Calatayud en las lomas de Santiago Ixcuintla y contra el general Cajén en El Espinal y no bien llegaba victorioso a Mazatlán, cuando, a fines de diciembre de 1860, tuvo que ir al fondeadero de San Blas a rescatar la fragata “Reforma”, que había sido declarada presa de empeño por una corbeta francesa.

Desgraciadamente, Rosales se vio envuelto —antes y después de estos sucesos— en todas las revoluciones que se tramaron en Sinaloa para derrocar el Gobierno de don Plácido Vega, al que él mismo había servido en puestos de importancia. Convertido Rosales en conspirador consuetudinario, que es la única falta de su vida, tuvo que sufrir prisiones, como la que Ie impusieron en el castillo de Acapulco; que desterrarse a los Estados Unidos o que buscar refugio al lado de sus amigos. Por fin, la revuelta que acaudilló junto con Corona y Sánchez Román, lo llevo al Gobierno de Sinaloa en octubre de 1864 y Ie proporcionaba la oportunidad de cumplir su promesa de justificar aquel acto indigno, con una victoria contra los franceses.

Abandonada la plaza de Mazatlán el 13 de noviembre de 1864, Rosales reconcentra en Culiacán todos sus elementos y organiza la defensa de Sinaloa, en toda la zona que tenía bajo su autoridad. Los invasores y los traidores buscan la manera de atraerse a aquel hombre que disfrutaba una justa fama de valiente, de probo y de ilustrado, y él rehúsa sin jactancia todas las ofertas que se Ie hacen y se dispone a cumplir con su deber. Al saber que una expedición franco-mexicana al mando del comandante Gazielle, del general Cortés y del comandante Carmona ha desembarcado en Altata y avanza sobre Culiacán, se apresta a la lucha y contesta rechazando cortés pero dignamente las propuestas que Ie hicieron para que se pusiera al servicio del Imperio de Maximiliano.

Al encuentro de los invasores destaca a los bravos lanceros de Jalisco y Sinaloa, que lograron atraerlos hasta los campos de San Pedro, en donde Rosales ha escogido ventajosas posiciones, y allí se libra una batalla campal el 22 de diciembre de 1864, que culmina con el triunfo de los soldados de la República. Los franceses clavan sus armas sobre las arenas del “Humaya” y se rinden a discreción al jefe vencedor, quien perdona la vida de los prisioneros, manda curar a los heridos y ordena que los traidores sean incorporados a las fuerzas nacionales, para ensenarles a cumplir con sus deberes de mexicanos.

¿Cómo era Rosales? En el libro Estudios y Recuerdos, editado en 1892, su contemporáneo el maestro, escritor y guerrillero chicano don José Rentería, nos lo presenta en las siguientes líneas: “Enjuto de carnes, rígidos músculos, de mediana estatura como Ciro, como Alejandro, como Cesar; velludo hasta las manos, el pecho un tanto hundido, angostas las espaldas, coronado su busto de una cabeza correcta, con rostro anguloso, de expresión severa y frente de inspirado, brillando en su viva mirada por momentos la ira y la generosidad por horas”.

“Impaciente —sigue apuntando don José Rentería —, obstinado, fiero y tan altivo, que jamás habría bajado a especulaciones vergonzosas y habría sido siempre probo hasta en épocas de administración corrompida. Contundentes y copiosas sus palabras, desdeñaba la metafísica y era, sin embargo, apegado a la dialéctica de Aristóteles, ergotista de fuerza. En la batalla es el impetuoso adalid y no el capitán severo que mide y calcula. Descollando por su actitud altanera, dominante con su voz atronadora; muy enardecido con el silbar de las balas, el piafar de los caballos y el humo de la pólvora, va y viene entre las fuerzas, y rápido se multiplica hallándose siempre donde la acción se compromete”.

Para pintarlo de cuerpo entero, basta copiar la proclama que firmó en el puerto de Mazatlán, cuando desempeñaba el cargo de Gobernador y Comandante Militar de Sinaloa, hacia el año de 1864, en la que dice:

“Tomaré para la guerra los recursos estrictamente necesarios, sin entrabar en nada el movimiento industrial y comercial”.

“El patriotismo se provoca dando ejemplos de probidad y abnegación en los puestos públicos, y de arrojo y valentía en los campos de batalla”.

“Mi principal objeto será la guerra; la guerra sin tregua contra los que intentan degradarnos a los ojos del mundo civilizado. Entre morir y ser esclavo, no puede titubear un alma elevada”.

“Si la suerte de los combates no nos destina a ver a la patria emancipada de toda presión extranjera, prefiramos en el sepulcro el sueño de los valientes, a cuyos oídos no llega el ruido de las cadenas de la esclavitud”.

 

Los personajes de otros estados del país que dieron gloria al estado de Sinaloa y a México

 

GENERAL ANTONIO ROSALES

General Antonio Rosales

Summary
Name
Antonio Rosales
Nickname
(Héroe de San Pedro)
Job Title
Militar mexicano, Gobernador de Sinaloa
Company
Ejército Mexicano, Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
Juchipila,Zacatecas, México

Share and Enjoy

1 Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*