Biografías de Sinaloa

GABRIEL LEYVA SOLANO, SU VIDA Y SU OBRA

 

Por: Ismael Aguayo Figueroa

(Publicado en el “Diario de Colima” el día 4 de diciembre de 1954).

 

INTRODUCCION

Nos encontramos en el mes que la Patria consagra a rendir homenaje a los Precursores y a los Iniciadores de la Revolución Mexicana, movimiento manumisor que conmovió desde sus cimientos la estructura de la carcomida y tambaleante dictadura Porfirista, insolente y soberbia en su falso pedestal y opulenta y sanguinaria en su interminable festín de poder. La Revolución Mexicana surgió ante el imperativo indeclinable de distribuir con equidad y justicia el patrimonio nacional, de establecer un orden social y político donde se redimiera a los humildes y donde se manifestara libremente la voluntad popular, y ante el ansia incontenible de expresarse respondiendo al anhelo vehemente de decir al mundo una verdad perdurable en el campo de las ideas, de las realizaciones y del espíritu.

Cuarenta y cuatro años después de iniciado el drama social mexicano, el Gobierno revolucionario del Estado de Sinaloa hace plena justicia a uno de los más notables precursores de la revolución de 1910, disponiendo el traslado de los restos del Íntegro revolucionario, Gabriel Leyva Solano, inmolado cobardemente el 13 de junio del mismo año, a inmediaciones de la ranchería de Cabrera de Inzunza, Sinaloa, en aras de sus nobles ideales libertarios, a la Rotonda de los Hombres Ilustres que se inaugura oficialmente el 20 del actual en la bella Perla del Humaya, Culiacán de Rosales, capital del Estado de Sinaloa. Los restos del egregio revolucionario se encuentran actualmente en el Panteón Municipal de Sinaloa de Leyva, Sin.

Un destacado escritor revolucionario contemporáneo, afirma, con sobra de razón, que el olvido ingrato en que se ha tenido a muchos preclaros paladines que enarbolaron la bandera del antirreeleccionismo, tremolada por el Apóstol Madero, radica en gran parte en el ostracismo en que se han mantenido muchos de los que fueron actores directos en la contienda armada que propició, con sus ideas y con su ejemplo, el Caudillo Coahuilense. Y es que a ellos corresponde situar, en su lugar y en su época, los hechos sobresalientes de la epopeya revolucionaria de México, haciendo a un lado rencillas y odios estériles, y el provincialismo celoso que impide ver, sobre todas las cosas, un hecho indiscutible que nuestros héroes no lo son de tal o cual Estado o de tal o cual región. Son simple y llanamente, héroes de México, porque su vida la ofrendaron en holocausto de la Patria amplia y generosa.

Tal ha sido el dilema planteado desde hace muchos años entre los panegiristas de Aquiles Serdán y los del General Gabriel Leyva Solano; el conocimiento personal de los mártires, la simpatía por su obra, o la participación directa en los trágicos y memorables acontecimientos de Sinaloa y de Puebla, han originado que, a través del tiempo, se agiganten las ofrendas de cariño y devoción en su memoria, pero con la tendencia siempre de exaltar los méritos de uno en detrimento de los otros y viceversa.

Para nosotros que nos ha tocado vivir en la etapa plena de realizaciones de la Revolución Mexicana, no existen distinciones ni establecemos diferencias. Nos basta comprobar que ambos sucuambieron en hermandad de ideales y propósitos con una ventaja cronológica en favor del General Gabriel Leyva Solano, que lo coloca como primer Protomártir de la Revolución Mexicana, meses antes de que Serdán y sus valientes hermanos hicieran frente a la dictadura con su enorme temple y su acendrado valor de mexicanos.

Y como ellos existen muchos más perdidos en las nebulosidades de la historia, esperando el momento en que la mano infalible de la justicia los saque del olvido y haga resplandecer sus méritos, tarea que corresponde, en el futuro, al Instituto de Estudios Históricos de la Revolución, creado a iniciativa del Presidente Ruiz Cortines y absolutamente indispensable para que las nuevas generaciones tengan a su disposición el manantial donde puedan nutrirse con la fe y los propósitos que inspiraron a los mártires que como Gabriel Leyva Solano, Aquiles Serdán, Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, regaron generosamente su sangre en la simiente noble y fecunda que ellos mismos sembraron para que germinara, altiva y gallarda, en el panorama de un México nuevo y vigoroso.

 

PERFILES DEL HEROE

Gabriel Leyva S., encarnó en Sinaloa, el prototipo del liberal puro que años atrás representan tan dignamente Ignacio Ramírez, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, el inconmensurable Benemérito de las Américas Don Benito Juárez, Ignacio M. Altamirano y tantos magníficos prohombres de la Reforma que escribieron con su actuación uno de los más brillantes capítulos de nuestra historia, cimentando con las célebres Leyes de Reforma, la vida institucional y jurídica de México. En su ejemplo inmaculado, en sus arengas vibrantes, en sus escritos iluminados con el verbo resplandeciente y sonoro como campanas de libertad, debió nutrirse en su juventud Don Gabriel Leyva. De él dice el Ing. Emiliano Z. López, uno de sus panegiristas… “En medio de la pobreza, que no es una mancha y si un crisol donde se purifica el corazón humano, siempre lo vimos sereno, impávido, desafiando con actitud heroica los golpes malignos y audaces de sus adversarios, fustigando el crimen, defendiendo los derechos del débil, por lo cual sufrío vejaciones, viniendo por último a caer como caen los mártires, asesinados en un cadalso, para satisfacción de sus nefandos victimarios…”

Hijo de un ejemplar matrimonio y dotado de una privilegiada inteligencia Gabriel Leyva Solano, conoció desde pequeño las estrecheces de la pobreza y el desequilibrio existente entre las diversas clases sociales, que por injusto y brutal mereció su repulsa y su ferviente deseo de consagrarse a la defensa de los desamparados, con los que se encontraba plenamente identificado. Quizá por ello eligió como profesión la de Agente de Negocios Judiciales, rechazando en numerosas ocasiones las oportunidades que se le brindaron en la Capital del Estado y en la Villa de Sinaloa, su tierra natal, para hacer carrera y fortuna al lado del régimen conservador. El mismo panegirista, en otro bello pasaje literario que simboliza de cuerpo entero la personalidad del héroe, dice lo siguiente… “Luchador incansable, se forjó a sí mismo, vivió pobre; en sus alforjas sólo recogió el cariño de su hogar y el aprecio de los que fuimos sus amigos. Nada de honores ficticios, nada de fanfarrías que, para la vida real, “pesan tanto como un puñado de alas de mariposa”. En su afán de buen ciudadano compartió con nosotros sus anhelos y aspiraciones; testigos fuimos de sus luchas por la democracia. Por eso hoy que nuestros pulmones reciben el aire de la libertad, que nuestros labios pueden arrojar al mundo las concepciones de nuestros cerebros sin las inquisiciones de otros días, tócanos en suerte venerar, —como lo hacemos—, la memoria de aquel hombre para quien nadie puede arrojar sobre sus obras el puñado del menosprecio y el olvido…”

Y más se levanta la majestuosa personalidad de Gabriel Leyva Solano si examinamos las circunstancias particulares en que se encontraba colocado en la época turbulenta que le tocó vivir, en medio de las inquietudes en constante ebullición de un pueblo vejado y oprimido, insatisfecho en sus más legítimas aspiraciones y pisoteado por los esbirros de la dictadura que se enseñaban con quienes, como Leyva, eran capaces de poner en marcha un ideal de justicia y de exaltar el entusiasmo y el patriotismo de quienes estaban dispuestos a la lucha. Y Gabriel Leyva Solano nunca fué silenciado ni amordazado ni por el dinero, ni por las amenazas, ni por los atropellos de sus adversarios.

 

ANTECEDENTES DEL CRIMEN DE CABRERA DE INZUNZA

Año de 1909. Tocaba a su fin, consumida por sus propios desaciertos, la dictadura del otrora venerado Caudillo de Tuxtepec, General Porfirio Díaz, que durante más de tres décadas, en unión del tristemente célebre Partido Científico y en contubernio con intereses religiosos y latifundistas de látigo y garrote, se convirtió en “El Supremo Elector” de México, quitando y poniendo a su antojo Gobernadores, funcionarios, caciques y jefes políticos, que representaron dignamente, con su brutalidad y su desatino, la satrapía de la dictadura.

Todavía en ese año, en un alarde de inútil demagogia, el Porfirismo anunció que sería respetada, en lo sucesivo, la voluntad popular manifestada en los comicios que se llevarían a cabo, declaración que tuvo como resultado multiplicar el odio y exacerbar las pasiones contra la dictadura cuando, después de las elecciones para Gobernador en los Estados de Morelos y Sinaloa, se impuso como tales a don Pablo Escandón y a don Diego Redo, respectivamente, adictos hasta la médula al Porfirismo, robando el triunfo legítimo a quienes gozaban de todas las simpatías populares: el Ingeniero Patricio Leyva y el Licenciado Don José Ferrel, cuya derrota tuvo la virtud de hacer surgir en Sinaloa, con fuerza insospechada, una bandera, —el Ferrelismo—, nutrida con los postulados básicos del ideario Maderista, y sostenida por liberales de la talla de Juan Sánchez Azcona, director del periódico de combate “México Nuevo”, y el insigne Heriberto Frías, que en “El Correo de la Tarde” editado en Mazatlán, fustigó incesantemente a los tiranos y abrió el camino para las nuevas ideas libertarias.

Gabriel Leyva Solano, fue desde el principio un Ferrelista sincero y entusiasta. En la Villa de Sinaloa, donde ejercía la profesión de Agente de Negocios Judiciales, se hizo significar por su labor incansable y tesonera y por la difusión de los postulados Maderistas, ya en plena marcha en otras regiones de la República y cuando el Apóstol de la democracia visitó Sinaloa fundando los Clubes Antirreeleccionistas que más tarde darían la batalla a la opresión, conoció a Gabriel Leyva Solano, lo contagio de su entusiasmo y de sus ideales y lo nombró jefe del Antirreeleecionismo en el Estado, sosteniendo después con el copiosa correspondencia.

Y desde ese momento las acechanzas y los atentados se multiplicaron contra Leyva y sus amigos, muchos de los cuales desertaron de la causa ante el temor de las represalias. Nada doblegó el propósito del caudillo y sus fieles, al grado de que, siendo ya intolerable las vejaciones constantes, los encarcelamientos injustificados y las amenazas insolentes, don Gabriel Leyva expresaba lo crítico de la situación a uno de sus amigos con las siguientes palabras: “es ya intolerable la vigilancia que el Prefecto ejerce sobre nosotros, por lo que estoy resuelto a hacer mejor la guerra con las armas que con la Ley”.

Y efectivamente, en los primeros días del mes de junio de 1910 Don Gabriel Leyva Solano trasladó a su familia a un lugar seguro, después de lo cual, acompañado de los señores Maximiano y Narciso Gámez salió a efectuar un recorrido, en plan de franca subversión, por las rancherías aledañas a la Villa de Sinaloa, donde contaba con gran cantidad de partidarios dispuestos a seguirlo en la contienda.

CONSUMACION DE LA IGNOMINIA

Conocida por el Prefecto de Sinaloa, Capitán Antonio Barreda. la salida del señor Leyva y de sus amigos y temiendo la posibilidad de una revuelta armada en el Distrito a su cargo, mandó inmediatamente una fuerza de rurales, compuesta por 27 hombres al mando del comandante Jesús López, en su persecución, con órdenes terminantes de traerlo vivo o muerto. Mientras tanto, los revolucionarios en ciernes ya habían recorrido el rancho de Agua Caliente de Cota, y las Haciendas de “El Salado” y “Mazocari”, propiedad esta última de Guillermo P. Peña, persona en la que el señor Leyva tenía confianza ilimitada y quien había prometido su ayuda incondicional a la causa.

De este lugar, ya de regreso y con rumbo a Cabrera de Inzunza, rancharía de que era originario el señor Maximiano Gámez, pasaron por los ranchos de “Portuguez de Norzagaray” y “Veranito”, donde continuaron sembrando la semilla de rebelión, arribando el día 8 de junio a Cabrera de Inzunza, donde fueron informados por los familiares del señor Gámez que se habían destacado tropas en su persecución, las que, efectivamente se hicieron presentes momentos después, obligando a los señores Leyva y Gámez a salir apresuradamente de la casa, parapetándose en otras derruidas, donde recibieron con fuego nutrido y certero a sus atacantes, haciéndoles un muerto y dos heridos graves, entre ellos el propio comandante de la patrulla, circunstancia que desmoralizó al resto de esbirros permitiendo la huída de los noveles revolucionarios, no sin que Don Gabriel hubiera sufrido una herida ligera en una parte del rostro. ,..

En su precipitada escapatoria pasaron nuevamente por “El Veranito”, arribando después de muchas penalidades a la Hacienda de don Guillermo F. Peña donde creían poder encontrar protección y ayuda inmediata para proseguir la lucha, inútil fué, pues Guillermo F. Peña no era sino un traidor que encubría bajo su apariencia liberal sus bajos instintos mercenarios. Y como todos los canallas disfrazó sus torvos propósitos con solícitas atenciones, conduciendo a los refugiados a un “lugar seguro”, en las laderas de próxima montaña, llamado “El Aguajito de Bainoro”, a donde les prometió mandarles provisiones mientras él iba “a hacer una exploración” a la Villa de Sinaloa para conocer los movimientos y propósitos del enemigo.

Como es de suponerse, ya no volvieron a tener conocimiento del falso aliado. Dos días después fueron cercados por una fuerza de 200 hombres, al mando del Capitán Ignacio Herrera y Cairo la que, sin embargo, no atacó de inmediato, permitiendo que pudieran huir a instancias del señor Leyva, los señores Maximiano y Narciso Gámez, ya que él se encontraba herido e imposibilitado para intentar con éxito esta arriesgada empresa. Fué tornado prisionero y conducido con lujo de fuerza a la cárcel pública de la Villa de Sinaloa donde ya se encontraban detenidos algunos de sus amigos.

Cabe haber constar aquí la actitud gallarda del señor licenciado Jesús Gallo, juez de Primera Instancia del lugar, que prefirió renunciar a su puesto antes de prestarse a la farsa del “juicio” que se pretendía iniciar contra el señor Gabriel Leyva Solano, motivo por el cual el día siguiente de su aprehensión (12 de junio) llegó al lugar el licenciado Ignacio M. Gastélum, debidamente aleccionado para llevar a cabo, con el disfraz de la Ley, uno de los más infames crímenes de la dictadura.

Y con el pretexto de “una reconstrucción de hechos” en la ranchería de Cabrera de Inzunza al día siguiente, el señor Leyva fué sacado de la mazmorra, atado fuertemente en un caballo y escoltado por feroces matones al mando del funesto Herrera y Cairo, siendo villanamente asesinado a inmediaciones del lugar en que disparó sus primeros tiros, precursores de la hecatombe que se cernía sobre el cielo de México. Así cayó el Protomártir de la Revolución.

 

UBICACION HISTORICA DE GABRIEL LEYVA SOLANO PROTOMARTIR DE LA REVOLUCION MEXICANA

Cuando se serenan los ánimos y se contempla con ecuanimidad y justicia el panorama de nuestras luchas reivindicadoras, ha llegado el momento de colocar a los paladines en el justo lugar que les corresponde.

Y por lo que respecta a la ubicación histórica del señor Gabriel Leyva Solano como Protomártir de la Revolución Mexicana, nada queda ya por investigar respecto a los méritos que le corresponden en el fulgurante sitial que la Patria reserva a sus hijos predilectos. Su fugaz, pero vibrante actuación en el campo de las ideas liberales que conmovieron al México de 1910; la defensa con las armas en la mano de los ideales que fueron su obsesión; sus antecedentes de limpio luchador y defensor de las clases humildes en su Estado natal; su identificación con los principios que sostuvo y enarboló el Maderismo y la ofrenda generosa de su vida en el más incalificable y monstruoso de los asesinatos, han sido expuestos por las plumas exaltadas, trémulas aún de indignación, de muchos de sus compañeros de lucha que vivieron con el héroe Sinaloense sus momentos culminantes y conocieron de cerca la tragedia que le costó la vida.

Ernesto Higuera, Felipe Riveros, Rosendo Verdugo, Juan D. Salcedo, Evaristo Sandoval, Adolfo M. Wilhelmy, Juan Sánchez Azcona, Manuel Estrada Rousseau, Heriberto Frías, Jesús Gallo, Emiliano Z. López y el colimense Elías Figueroa, ex-senador de la República, entre otros, han dejado indeleblemente grabados para la historia cada uno de aquellos momentos angustiosos y dramáticos de los primeros días del mes de junio de 1910, vividos por quienes, en las pródigas tierras sinaloenses, alentaban en el pecho nuevas y firmes esperanzas de salvación para la patria expoliada, burlada y escarnecida.

Y su valiosa intervención ha dejado limpia, inmaculada, esta verdad inobjetable: Gabriel Leyva Solano enarboló, defendió y murió por la Bandera Maderista, meses antes que Aquiles Serdán, en Puebla, siguiera su patriótico ejemplo, lo que sitúa a los dos prohombres en el mismo lugar resplandeciente de la historia: PROTOMARTIRES DE LA REVOLUCION MEXICANA, PRECURSORES GLORIOSOS DEL MOVIMIENTO ARMADO DE 1910, HONOR Y VENERACION A SU MEMORIA.

 

 

Gabriel Leyva Solano

Gabriel Leyva Solano, biografías de Sinaloa

Summary
Name
Don Gabriel Leyva Solano
Nickname
(Protomártir de la Revolución de México)
Job Title
Profesor, revolucionario, Agente de Negocios Judiciales
Company
Club Antirreelccionista de Sinaloa
Address
Villa de Sinaloa,Sinaloa, México

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