Gente en Sinaloa

 

FRAY BERNARDO DEL ESPÍRITU SANTO MARTÍNEZ Y OCEJO, QUINTO OBISPO DE SONORA

 

Por: Antonio Nakayama

Entre las grandes figuras que desfilaron por el escenario del noroccidente mexicano, pocas pueden compararse a la de este fraile batallador, Bernardo del Espíritu Santo que vio en las ideas absolutistas algo solamente inferior a sus deberes pastorales. Nacido Bernardo Martínez y Ocejo el 21 de mayo de 1759 en Comillas, Santander, España, pasó muy joven a Nueva España, tomando el hábito de los Carmelitas Descalzos en la ciudad de Puebla, donde hizo su profesión religiosa y se ordenó presbítero. Catedrático de teología en el convento de Valladolid y en el de Toluca, el 24 de abril de 1798 recibió la designación de prior del de Guadalajara. Pasó de nuevo a Puebla para desempeñar el cargo de maestro de novicios; después llevó el priorato en los conventos de Toluca y México, y en el desempeño de este último, el virrey don Pedro de Garibay le nombró su confesor. Era 4° definidor cuando el Capítulo Carmelitano lo proclamó provincial de San Alberto el 7 de mayo de 1813; en su actuación destacó por el ejemplo que dio al promover la observancia de la regla, habiendo visitado 16 conventos, y a los que no pudo ir personalmente debido a las contingencias de la guerra de independencia, les envió por carta sus instrucciones, recomendando el santo temor de Dios y la unión fraternal.

El 12 de marzo de 1816, el rey Fernando VII lo presentó a la Santa Sede para el obispado de Sonora, y es probable que Su Santidad el Papa Pío VII lo preconizara el 14 de abril de 1817. La consagración episcopal le fue conferida por el arzobispo de México Dr. don Pedro Fonte el día 27 de diciembre de 1817 en el templo de Santa Teresa la Antigua, de la capital del virreinato, y acto seguido, otorgó poder al vicario capitular Lic. Francisco de Angulo para que tomara posesión en su nombre, acto que se efectuó el 4 de abril de 1818, ratificándolo personalmente en el templo parroquial del Real de Minas de Nuestra Señora del Rosario el 7 de mayo siguiente. Una de sus preocupaciones fue verificar la visita pastoral, y fue el único de los obispos de Sonora que la realizó casi en su totalidad, ya que recorrió desde Escuinapa hasta el presidio de San Agustín del Tucson, faltándole únicamente de visitar las misiones de las dos Californias.

Fray Bernardo del Espíritu Santo sentía una gran pasión por la política, y con la decidida ayuda de los presbíteros Miguel María y Carlos Espinoza de los Monteros pudo dominar a la vasta región que se le había confiado para regirla espiritualmente. Designado miembro de la Diputación Provincial de Sonora y Sinaloa, al consumarse la Independencia se le nombró individuo de la Junta Nacional Institutiva, y el emperador Agustín de Iturbide le condecoró con la Orden de Guadalupe. Hombre apostólico y de gran caridad, no pudo sobreponerse a la pasión realista, lo que motivó que no se tomaran en cuenta sus prendas personales. Fiel a sus ideas absolutistas, al Instaurarse el régimen republicano lo atacó duramente, culminando con una carta pastoral denominada La Soberanía del Altísimo, defendida por el Illmo. Sr. D. Fray Bernardo del Espíritu Santo, obispo de Sonora, acusado como reo a la superioridad, en la que hizo profesión de fe de las convicciones que sustentaba en materia política. El gobierno federal tomó cartas en el asunto e inclusive se dictaron medidas para aprehender al carmelita si no se retractaba de lo dicho, pero antes de que esto sucediera, el obispo de Sonora falleció en la villa de San Sebastián el 23 de julio de 1825.

Su habilidad política era bastante y esto le sirvió de mucho para poner en práctica su plan de dominación en Sinaloa y Sonora, y como es natural no estaba inmune a los halagos de sus corifeos. Sin embargo, en su correspondencia privada podemos advertir que los honores no lo mareaban, como suele suceder con la mayoría de los políticos. Condecorado por Iturbide con la Gran Cruz de la Imperial Orden de Guadalupe, al caer el Imperio le decía al Br. Carlos Espinoza de los Monteros:

[. . .] poco o ningún cuidado me da la extinción de la orden Guadalupana por que como hechura de mi padrino, luego que se efectuó su destronamiento la juzgué abolida. . . y así no hay que pensar en insignias, ni gastar dinero alguno en cosas que ya no existen, pues aun el tratamiento de Excelencia lo veo con desprecio, porque se ha hecho tan común como las mujeres de la calle. [. . .]

Tal parece que el carmelita era hombre que vivía con los pies firmemente apoyados en la tierra, y que veía las cosas tal como eran, sin esperar milagros, especialmente en el campo de la política; así que cuando Iturbide cayó, decía en una de sus cartas:

[. . .] No dejo de conocer la situación en que se halla mi padrino, su vida está muy expuesta, pues así como la nación lo puso en el trono, esta misma lo ha despojado sin otro mérito que su voluntad, por lo que considero que todo cuanto hizo y dispuso en beneficio del Imperio será revocado, sus hechuras serán privadas de los destinos en que las colocó, ya no hay orden Guadalupana, se acabó la Excelencia, y en fin todo fue una representación cómica en que mi Padrino hizo el principal papel. pero la comedia concluyó.

Fray Bernardo del Espíritu Santo Martínez y Ocejo estaba impuesto a gobernar muchedumbres, tal como antes había gobernado monjes, así que su experiencia le decía que Iturbide ya no sería la figura principal en el escenario nacional.

La independencia de carácter y el desprecio hacia los respetos humanos, que eran parte de la personalidad del obispo de Sonora, se ponen de manifiesto en la copiosa correspondencia que sostuvo durante el tiempo en que rigió la diócesis. Su trato epistolar, desde luego que era correcto y respetuoso; mas si se trataba de algo que pudiera ofender la doctrina de la Iglesia; que pusiera en entredicho la teoría del derecho divino de los reyes, o bien cuando se dirigía a sus enemigos políticos, sus cartas encerraban, dentro de la corrección, una dureza de acero y la franqueza necesaria para llamar al pan, pan y al vino, vino.

En ocasión en que excomulgó a una persona de El Rosario, quien, como es natural, le escribió sobre los efectos que la medida le había causado, fray Bernardo le contestó:

El edicto que mandé expedir en 24 del pasado octubre y las expresiones que en él vierto, no han quitado a U. el crédito, ni lo han puesto en el lamentable estado en que se halla y me significa en el memorial que me dirige. . . No dudo de su arrepentimiento pues si faltara este sería dar prueba de su eterna reprobación. . .; mas vale que para expiación de sus crímenes sufra U. el sonrojo de verse castigado por la Iglesia que no pasar de este mundo á recibir el castigo en las horrorosas cavernas de los infiernos; y si mi Padre incurriera en tan enormes excesos, con este procedería en los mismos términos que contra Usted.

En el año de 1822 en que Agustín de Iturbide fue proclamado emperador, el obispo escribió una carta a su secretario Br. Carlos Espinoza de los Monteros, que se hallaba representando a Sinaloa como diputado en el Congreso de la Nación, y entre otras cosas le decía:

[. . .] Ojalá que en este Imperio se estableciera un Govierno Monárquico, y no constitucional pues este ha sido el que perdió a la España, y no hay duda q. si las testas coronadas de Europa, unidas con la Francia, auxilian la causa de Fernando 7o. pronto será este un Rey absoluto, en quien resida la soberanía, y los mexicanos viendo este exemplo cederían a la idea de su constitución, y N. Augusto Emperador sería un Monarca absoluto, y atendería a nuestra felicidad [. . .]

En 1821 en que Iturbide proclamó el Plan de Iguala fue secundado en El Rosario por el teniente coronel Fermín de Tarbé, quien se autonombró coronel y jefe político y militar, cargos que después le reconoció el Libertador. Desde luego Tarbé se dirigió al obispo dándole a conocer su resolución, mas fray Bernardo del Espíritu Santo, como buen español, se negó a darle la debida importancia y aun prohibió a su clero que lo reconociese. Pasó el tiempo y en 1823 en que Tarbé secundó el Plan de Casa Mata, el obispo escribió al diputado Espinoza de los Monteros para decirle:

[. . .] Tengo escrito a U. las borucas de Tarve pues como le salió bien el grito que pegó en El Rosario (efecto del vino que allí le dieron) de que resultó llegar a obtener el grado de coronel, ha querido ahora hacer lo mismo, pero como se introdujo en mi jurisdicción y se atrevió a oficiarme le contesté duramente haciéndole ver lo ilegal de sus procedimos. y aunque amenaza con gente y armas pero no se atreve a venir por que ha temblado y tiembla con mi contestación. [. . .]

Fermín de Tarbé se encontraba en San Juan Bautista de Mazatlán, y no sabemos por qué motivo no avanzó hacia el norte, ya que en verdad la fuerza militar con que podía contar fray Bernardo del Espíritu Santo no debe de haber sido muy numerosa. Tampoco conocemos qué fue lo que el carmelita le escribió para ponerlo a temblar, mas algo debe haber habido entre los dos hombres, ya que el jefe militar optó por usar la intriga y se dirigió a uno de los ministros informándole que el obispo había girado una circular atacando al nuevo gobierno, lo que sirvió para que el prelado al escribir al Br. Espinoza le dijera:

[. . .] Ningún cuidado me asiste por lo que dijo el Ministro al congreso sobre la circular que se me atribuiye y aunque a primera vista había tornado el consejo de U. y satisfacer el dho. Ministro pero reflexionando bien la materia, me acorde de aquel vulgar adagio que dice satisfacción no pedida acusación manifiesta; con tal motivo me recervo para cuando el gobierno me reconbenga, por que como conozco ser informe de Tarve espero dar a este una bofetada sin mano, haciendo que se le pida la tal circular que nunca podrá remitir por no haber yo aun pensado en ella, y entonces ¿qué dirá el Mnstro. cuando conozca la falsedad con que habla un hombre tan sin temor que ha levantado tal calumnia? [. . .]

Estamos seguros de que fray Bernardo del Espíritu Santo no expidió la circular que se dice, ya que tenía un gran valor civil y de haberlo hecho no lo hubiera negado, tal como después no negó la paternidad de la pastoral Defensa de la Soberanía del Altísimo. Y a propósito de esta última, al enviar dos ejemplares de la misma a un fraile carmelita, le escribía para decirle que unos la impugnaban mientras otros la alababan, pero a mi nada se me da de unos y otros, porque mi ánimo á el escribirla solo fue defender este dogma católico, que tan insultado se ha visto en la voca de los liberales, y al remitirla también al prior del convento de México, le decía que el papel había echo mucho ruido en los pueblos de la federación, y que mientras unos lo elogiaban, otros lo menospreciaban, pero yo —decía— hago lo de Quevedo, que ni subo ni bajo, y me estoy quedo.

Fray Bernardo era hombre que no sentía miedo por nada ni por nadie, y prueba de ello fue su actitud ante el gobierno de la República, ya que todo el aparato oficial no logró atemorizarlo para evitar que hiciese ostentación de sus ideas antirrepublicanas. Amaba la pelea y no la rehuía aunque viese que estaba en una situación difícil, como en la que se vio cuando cayó el imperio de Iturbide y el país adoptó el régimen republicano, pues entonces sus enemigos —que los tenía bastantes y poderosos— iniciaron una campaña en su contra, y aun así continuó porfiando por conservar su poderío político en Sonora y Sinaloa.

El primer trueno en la tormenta que se desató sobre el obispo fue la acusación que presentaron ante la Federación los vecinos del pueblo de Tepahui, los que señalaron abusos de las autoridades eclesiásticas y civiles involucrando a los Espinoza de los Monteros. El presidente de la República turnó el escrito al Ministerio de Estado y Negocios Eclesiásticos, cuyo titular se dirigió a fray Bernardo manifestándole que los párrocos y eclesiásticos deberían abstenerse de inmiscuirse en asuntos profanos y políticos y dedicarse a los de su ministerio, y esto fue motivo para que el prelado dirigiese un irrespetuoso oficio al jefe del Poder Ejecutivo quien, a pesar del desacato, tratando de ser conciliador fingió creer que el escrito era obra del secretario de la Mitra Br. Carlos Espinoza de los Monteros, y en su contestación al obispo le señaló la conveniencia de que lo separara de la Secretaría. La política del presidente resultó peor, ya que entonces fray Bernardo contestó que el padre Espinoza no tenía que ver nada con el escrito, ya que él mismo había sido el autor, pero acto seguido hizo algunas observaciones sobre su inocencia, señalando también las maquinaciones de sus enemigos, y con esto, el gobierno dio por terminado el incidente.

Un nuevo golpe contra el obispo y sus partidarios fue el asesinato del licenciado Manuel Gómez de la Herrán, acaecido en Culiacán, ya que don Miguel Antonio de Quiroz, presidente del ayuntamiento, presentó acusación en contra de fray Bernardo y los Espinoza de los Monteros de ser los autores intelectuales del crimen. Como es de suponerse, el escándalo fue muy grande dada la posición social y política de la víctima y de los acusados, aunque al final de cuentas éstos salieron indemnes en virtud de que no pudo precisárseles su culpabilidad, y tal parece que no tuvieron ninguna participación en el asesinato. Posiblemente el señalarlos como responsables solamente fue una maniobra para desprestigiar más al grupo teocraticopolítico, ya que el señor Quiroz era pariente político de los Fernández Rojo, enemigos jurados del prelado y los Espinoza, y lo más factible es que el crimen haya obedecido, más que a motivos políticos, a rencillas que existían entre las familias patricias de Culiacán.

Al efectuarse las elecciones para diputados constituyentes del Estado Libre de Occidente, el obispo seleccionó sus candidatos y luchó por nulificar a los de sus enemigos, enfocando sus baterías hacia los presbíteros Lic. Francisco de Orrantia y Br. Antonio Fernández Rojo. Al primero lo aprisionó por supuestos delitos y al segundo lo suspendió in sacris, pero esta maniobra no le valió, ya que de cualquier manera lograron entrar a la Asamblea Constituyente. Después la lucha continuó en el seno de ésta, cuando los diputados adversos al obispo decidieron reformar los aranceles eclesiásticos, sólo que en esta vez fray Bernardo ganó la pelea dado que el asunto caía dentro de la jurisdicción federal y el estado no tenía ningunas facultades para legislar sobre la materia.

Caritativo en grado extraordinario, fray Bernardo murió en la pobreza porque todo lo daba a los necesitados. Al caer el imperio de Iturbide, una de sus primeras providencias fue dar instrucciones al diputado Carlos Espinoza de los Monteros para que socorriese con $500 a don Joaquín de Iturbide, padre del emperador, y a principios de 1825, antes de emprender la visita pastoral a las parroquias del sur del obispado, escribió al cura de El Rosario indicándole que repartiera $395 que tenía depositados en ese lugar por concepto de multas por dispensas, procediendo de la manera siguiente:

[. . .] a las viudas vergonzantes verdaderamente pobres que no tengan hijos viciosos que le den mal giro á esta limosna, las socorre usted por sola una vez con $20.00 a cada una; a las doncellas huérfanas de igual clase, o aunque tengan padres, como sean po¬bres y de buena conducta les ministrará igual cantidad, entendiéndose que si fueren dos ó mas, dé a una de ellas prefiriendo siempre la más necesitada. A los hombres y mujeres enfermos impedidos para el trabajo y que estén cargados de familia les dará V. $10.00 por una sola vez, y a los demás pobres que no sean de la clase de aquellos pero si que sean de arreglada conducta les dará $4.00 a cada uno hasta distribuir entre estos los que sobre de los primeros [...,]

Otra carta igual escribió al Br. don Juan Francisco Escalante y Moreno, cura de El Pitic, para que distribuyera en los mismos términos entre el vecindario la cantidad de $496 que le entregaría don Francisco Monteverde. Igualmente se dirigió a don Bruno Palacios enviándole una libranza de $700 contra el cura de Álamos, y otra carta más a este último para que hiciera entrega de $296 a doña Isabel de Quiroz y Mora, quien se encargaría de socorrer a las gentes pobres del dicho Real. Por otra parte, durante muchos años sostuvo con sus proventos episcopales a numerosas familias indigentes, y envió socorros a religiosas que los necesitaban, y por todo esto puede verse que las riquezas no le tentaron.

Fray Bernardo del Espíritu Santo era un buen escritor, y prueba de ello es que don José Mariano de Beristáin y Souza lo incorporó a su Biblioteca Hispano Americana Septentrional con motivo de la docta Carta Pastoral a los Prelados y Religiosos de la Provincia de Carmelitas Descalzos de México, publicada en México en 1815, y ya en 1813 había dado a la luz pública en Cádiz una erudita Vindicación apologética de Santa Teresa de Jesús, como reparación a un escrito breve que publicó en El Diario de México, en el que se le escapó decir que la andariega religiosa de Ávila anduvo por los caminos del vicio antes de convertirse. En el aspecto de su oratoria, sus enemigos políticos dijeron que sus sermones en las iglesias se dirigían siempre contra los liberales, herejes, francmasones y aun contra la soberanía de las naciones, esparciendo una virtud soporífera en el auditorio. La pasión política les hacia subestimar la verdadera talla del carmelita, ya que en verdad tenía un gran influjo entre su grey. En lo único que deben haber tenido razón sería en lo referente al tema de su predicación, pero en cuanto a lo demás, su verba candente, admonitoria y llena del fuego de la pasión, no era para que sus oyentes tuvieran oportunidad de descabezar la más ligera siesta.

Hombre de contrastes, al tratar con los poderosos y los hombres públicos, era hasta cierto punto áspero, sin importarle la categoría que ostentaran, e igual se mostraba con sus enemigos, con los sacerdotes que delinquían y los pecadores públicos, pero para con sus amigos y para el resto de la gente, su tratamiento era suave y cariñoso. De acuerdo con el juicio de un historiador sinaloense, Fray Bernardo del Espíritu Santo Martínez y Ocejo —no es— una figura borrosa o insignificante de nuestra historia local; por el contrario, tiene una gran personalidad que alienta activa y vigorosa, en una época difícil para un obispo español. Esto último fue su tragedia: ser intensamente español y apasionado de la monarquía absoluta, para llegar al final de sus días en un país que se libró de la dominación española y adoptó la forma republicana al entrar en su vida independiente.

 

 

Bernardo del Espíritu Santo

Fray Bernardo del Espíritu Santo Martínez y Ocejo

 

Summary
Name
Fray Bernardo del Espíritu Santo Martínez y Ocejo
Job Title
Obispo de Sonora
Company
Junta Nacional Institutiva, Obispado de Sonora
Address
Comillas,Santander, España

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